| Los
libros de entrevistas o conversaciones con directores
de cine tienen el referente claro de “El Cine
Según Hitchcok”, esa gran entrevista de
Francois Truffaut al “mago del suspense”.
Centrada en la figura omnipresente del director de Vértigo,
el libro trascendió de la mera entrevista a un
personaje decisivo en la historia del cine para convertirse
en un clásico sobre la cinematografía
contemporánea, en parte por la influencia que
Hitchcok ejerció posteriormente en el cine, con
su peculiar estilo y sus innovadoras ideas en muchos
aspectos técnicos y narrativos. Existen muchos
más libros de este tipo, algunos francamente
destacables (Conversaciones
con Billy Wilder de Cameron Crowe, por ejemplo),
la mayoría prescindibles o sólo recomendables
según el interés particular que despierte
el director en cuestión.
En estás “Conversaciones
con Woody Allen”, Eric Lax, periodista y biógrafo
de Allen, nos introduce en el peculiar mundo del director
neoyorquino. La figura de Allen se agiganta con el paso
del tiempo y con el aumento constante de su filmografía.
Su éxito y el respeto que se siente por él
como cineasta, sobre todo en Europa, bien justifican
la publicación de un volumen como este, porque
son muchas las incógnitas sobre la mente de un
creador tan particular como Woody Allen.
El libro es un compendio de entrevistas
realizadas desde principios de los años 70, hasta
la actualidad, ordenadas en torno a ocho grandes temáticas
seleccionadas por Lax. En estas conversaciones Allen
expone su peculiar visión sobre el cine, reflejo
de un universo propio. A través de las entrevistas
recomponemos el currículo de Allen desde que
muy joven empieza escribir para televisión y
para números cómicos como monologuista,
influenciado por los espectáculos de su infancia
y gente tan dispar como Bob Hope, Groucho Marx, e Ingmar
Bergman. Allen reflexiona en sus respuestas sobre su
oficio, sus anhelos como cineasta, su experiencia como
director, sobre sus películas, la música,
sus limitaciones como actor y sobre los compañeros
con los que ha ido trabajando a lo largo de tantos años.
En el libro encontramos un exhaustivo
repaso sobre todas sus películas hasta Cassandra’s
Dream. Eric Lax introduce paréntesis para recordar
las tramas de las películas, que además
de contextualizar las respuestas de Allen sobre esos
filmes, nos sirven para refrescar de manera rápida
su extensa filmografía.
En las respuestas de Allen encontramos
su particular visión sobre el cine y la vida
que en muchos casos ya está reflejada en sus
películas, pero también hallamos reflexiones
que pueden llegar a sorprender al lector: el continuo
intento de explicar la disociación entre él
y los papeles que interpreta en sus películas;
su querencia por el drama y la tragedia, que le ha guiado
en muchas películas con tanta insistencia como
por las comedias que le han hecho célebre; su
carácter autodidacta, intelectualmente y como
director de cine; o su sentido crítico con su
propia obra, por poner algunos ejemplos.
Sorprende también asomarse a
su rutina creativa, caracterizada por una fecundidad
insólita, que sin embargo transmite como algo
totalmente normal. De ahí su densa filmografía,
alimentada por un saco de ideas que parece no tener
fin y que le lleva a un ritmo de filmación atípico
para cualquier otro director. Eso, añadido al
éxito relativo de sus películas en Estados
Unidos, condiciona también un sistema de producción
que más o menos queda explicitado en sus respuestas
y que sin duda es una de las curiosidades que quedan
parcialmente satisfechas con la lectura del libro.
A diferencia de Hitchcok, Allen tiene
un universo mucho más particular y por tanto
menos imitable que el del director británico,
lo que hace este libro sea de interés especialmente
para sus seguidores o gente que sienta curiosidad sobre
el personaje. Si ese es el caso del lector, las entrevistas
en estilo directo aportan ese aroma de conversación
que le transporta a unas interesantes veladas con uno
de los cineastas más personales de la historia
del cine.
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