| Densa
novela de Anna Gavalda protagonizada por Charles, un
hombre cerca de los cincuenta años que entra
en crisis al enterarse de la muerte de un personaje
capital en su infancia. “El Consuelo” transita
por ese conflicto universal que surge cuando el ser
humano contrapone sus sueños de infancia, su
visión vital con perspectiva de futuro cuando
se es un niño, con lo que realmente se es al
llegar a la vida adulta. En este caso el conflicto se
plantea desde una perspectiva psicológica, con
tintes realistas y lejos de referencias “peterpanescas”,
lo que hace que nos encontremos con una primera parte
de la novela totalmente desasosegante. El proceso de
cambio en Charles, estimulado en parte por el análisis
del pasado, está expresado en primera persona
y con ribetes de amargura que emborronan una historia
ya de por si oscura. La fuerza de este tramo de la novela
reside en la desaparecida Anouk, la madre del mejor
amigo de Charles, la protagonista ausente de la novela,
que vista por los ojos de Charles toma entidad propia
de manera que es capaz incluso de transmitir el motivo
de su amargura, lo que supone el descubrimiento para
nuestro protagonista de la verdadera personalidad y
del sufrimiento de su añorada Anouk.
En esta novela el sufrimiento es una
característica que sirve de punto en común
de los personajes que la pueblan. La gran diferencia
es la forma con que cada uno lo afronta o lo sobrelleva;
y la revelación es el cambio de actitud de Charles
ante su propio dolor por no tener la vida que desea.
La búsqueda del consuelo es común en todos,
pero el consuelo implica la constatación del
fracaso, lo que a la vez supone un punto de partida
que sólo algunos personajes están dispuestos
a afrontar.
La originalidad del planteamiento de
la novela reside en dos aspectos. El primero es la utilización
del lenguaje, muy directo y eficaz para expresar toda
esa primera parte de decepción y hastío;
más contenido pero escapando de la formalidad
para narrarnos la segunda parte de la historia de Charles,
iluminada por la presencia de Kate. El lenguaje es natural,
vivo, en ocasiones juguetón y su apariencia muta
dependiendo del servicio al que la autora lo pone: de
la evocación, del pensamiento, del diálogo,
de la narración, de las hipótesis…
El otro aspecto que resulta atractivo
es el hecho de que Charles sea un hombre. Sus tribulaciones
no son las de un Raskolnikov, sino la de un hombre del
siglo XXI, acomodado y sensible, que sufre cuando descubre
que su vida es muy pobre en términos espirituales.
Si Charles hubiese sido un personaje de Houllebcq, este
lo habría conducido hacia a desesperación
absoluta, a la esquizofrenia cómo única
salida del hombre contemporáneo de profesión
liberal que se atreve a cuestionar su existencia. Gavalda
dota sin embargo a Charles de la sensibilidad suficiente
para que su revolución interior sea positiva,
dura, intensa, pero siempre hacia la meta de la superación.
Y constituye un hallazgo de normalización en
la atribución de procesos internos, conflictos
y actitudes relegados tradicionalmente a los personajes
femeninos, sin mella en la masculinidad de Charles.
En ese sentido Gavalda ha hecho un trabajo fantástico,
porque ha sabido plasmar las tribulaciones de Charles
sin la tentación de feminizar el personaje para
hacerlo más sencillo y cercano al universo de
la autora.
“El Consuelo” es un emocionante
tránsito vital contado con dedicación
y en el que podemos encontrar unos cuantos personajes
peculiares y muy bien construidos. Quizás se
puede criticar cierto exceso de detallismo y nula capacidad
de síntesis que nos hace ese tránsito
quizá un poco largo y que por tanto el lector
puede experimentar altibajos en los puntos de interés,
pero a cambio tenemos un completo retrato de una historia
con la que podemos encontrar diversas referencias, emociones
y complicidades.
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