| La
cinta de Moebius, las pinturas de Escher y la supresión
de los límites entre realidad y ficción
en la literatura son algunas de las claves de esta sorprendente
novela de Trías de Bes. Una novela que yo definiría
de misterio, un misterio alimentado por el continuo
suspense que encierra sus páginas, por una narración
en primera persona que nos lleva de la mano de los temores
y el desconcierto del protagonista, y por la evocación
de imágenes, parajes y acontecimientos surrealistas
que sin embargo tiene un engarce con la realidad que
provoca la inquietud del lector. Y además hay
un componente de aventura y de búsqueda que hace
que esta sea una novela con todos los ingredientes de
un relato clásico de aventuras y misterio.
En la novela hay imaginación,
creatividad y habilidad para crear extraños ambientes.
También hay claridad en el planteamiento y descripciones
muy precisas de cosas no tan sencillas como la filosofía
de esa especie de secta de los Moebius y las teorías
sobre la difuminación de planos que propone la
novela. La faceta de divulgador de Trias de Bes funciona
también en el plano de la ficción y constituye
una ayuda esencial para el lector que rápidamente
comprende y entra en el juego que el autor propone.
Con estas armas el lector participa del relato y, como
el protagonista de la novela, se ve inmerso en una trama
delirante pero que tiene la suficiente fuerza como para
someter a quien la lee a la necesidad de resolver los
misterios que plantea.
Da la casualidad de que este libro
aparece al mismo tiempo que “El hombre en la oscuridad”
y hay un punto en común que une a Trias de Bes
y Auster: la rebelión del personaje frente a
su creador, trasladándonos a un mundo en el que
la literatura ejerce de puente fantástico hacia
otra vida, que no necesariamente es mejor que la real.
Algo que, como se nos recuerda en el prólogo,
ya experimentó Pirandello y sus “Seis personajes
en busca de autor”. Hay una metáfora que
Trias de Bes utiliza reiteradamente en la novela, la
imagen de “Gregorio Samsa leyendo “La metamorfosis”
y tomando conciencia de ser un personaje en el interior
del libro”. Pues algo así nos espera en
estas páginas donde la imaginación pasa
a veces malas pasadas y los paraísos que el autor
anhela, a veces tienen muestran una orografía
inquietante. Y todo ocurre por el poder de las palabras
que tienen una fuerza casi sobrenatural, capaz no sólo
de cuestionar la realidad, sino también de transformarla.
“La historia que me escribe”
es un derroche de imaginación bien planteada
que hace al lector transitar por terrenos a veces inhóspitos
a veces gratos, pero que nunca dejan indiferentes. Se
trata de una interesante contribución a esas
grandes novelas de misterio, lista para degustar por
intrépidos lectores.
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