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LA ÚLTIMA LECCIÓN
Randy Pausch con Jeffrey Zaslow (Grijalbo)

La conferencia que dio el profesor de ciencias informáticas Randy Pausch en la Universidad Carnegie Mellon, trascendió de las aulas y se convirtió en un fenómeno social, en parte gracias al canal de internet, pero sobre todo por el tema de esta “Última Lección”. Randy Pausch comienza su charla poniendo al corriente a todos los presentes sobre su situación: tiene más de diez tumores en el páncreas y a penas le quedan unos meses de vida. Advierte que no va a hablar del cáncer, tampoco de realidad virtual, el campo de la informática en el que es experto. Su lección girará entorno a la vida vista desde la perspectiva de un optimista empedernido, incluso al borde de la muerte, y por tanto los temas de esta lección trascienden del academicismo y hablan de cosas que tienen que ver más con el alma que con la ciencia. Así Pausch nos habla sobre la lealtad, sobre la necesidad de recuperar los sueños de la infancia, de divertirse en la vida, sobre la importancia de la familia, los amigos…

Ese es el valor de la conferencia y del libro que ha recogido esta lección de vida. Más que de una visión especial de la vida ante la perspectiva de la muerte, se trata de una memoria vital cercana, emotiva, sincera, de un hombre que luchó por lo que quería y creía. Randy Pausch habla de experiencias, de actitudes, de valores con los que él personalmente intentó alcanzar la ansiada felicidad. En ese sentido el libro se convierte en un manual vital muy personal, que puede que no llegue a todos los lectores por igual, pero que sin duda contiene interesantes reflexiones que bien pueden justificar la etiqueta, en otras veces manida, de “libro de autoayuda”.

Como visión personal, Pausch tiene sus propios puntos de vista sobre la vida, también expone su propia moral y su sentido religioso, lo que puede que no convenza a todos, pero sus planteamientos carecen de dogmatismo y son presentados a través de cercanas ejemplificaciones en la vida de Pausch. Una vida que es analizada con alegría, sin atisbo de dramatismo por el hecho perturbador del inminente final. Y aunque tampoco escatima ni elude la reflexión sobre la muerte acechante, ésta no logra acaparar el protagonismo de la historia, ni tampoco condicionar de manera hegemónica el tono del libro. Pausch ha evitado hacer un discurso sensiblero y aunque el contexto es un factor determinante, el optimismo y el apego a la vida superan con creces a la sombra del fin.

“La última lección” recoge creencias bien expuestas, interesantes reflexiones y también algunas falaces, pero siempre denotan el resultado de un ejercicio de sinceridad expuesto sin pretensiones mesiánicas. Hay también frases que muchos se dedican a coleccionar, como la que inaugura la charla: “No podemos cambiar las cartas que se nos reparten, pero sí cómo jugamos nuestra mano”. A mi me llamaron la atención otras, que provienen del autoanálisis de la propia personalidad del Randy Pausch, como cuando dice “me gusta pensar que mis defectos pertenecen más al terreno social que a una categoría moral”, pero a buen seguro que cada lector subrayará o seleccionará alguna que tomará como propia.

También hay reflexiones para compartir y para discrepar. Desde luego coincido en la parte referida a la reflexión sobre la educación de su infancia, austera, despojada de valores materiales y encauzada hacia el conocimiento. Randy detesta a los niños mimados porque su infancia austera no fue infeliz, como dictaría un relato de Dickens, y además está satisfecho de su resultado. Es sin duda una de las reflexiones a tener en cuenta en estos momentos. Hay más y todas están expuestas de un modo sencillo, sin pretensiones literarias, sino más bien divulgativas, como debe ser una lección y más si tiene la importancia que esta.

Daniel Vega