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PAISAJE CON GRANO DE ARENA
Wislawa Szymborska (Lumen)

Wislawa Szymborska es una poetisa iluminada por la obtención del Premio Nobel de Literatura en 1996 por el conjunto de su obra. Una obra no demasiado extensa y totalmente desconocida en España hasta ese momento. “Paisaje con Grano de Arena” es una selección autorizada de sus poemas, el primer volumen que la autora publicó en lengua castellana.

En sus páginas descubrimos a una poetisa sorprendente, anárquica, chispeante. Es la embellecedora de lo posible, de lo improbable, de lo azaroso... Muchos de sus poemas consiguen reducir pura filosofía en sencilla y bella poesía.

Nada sucede dos veces
Y es lo que determina
Que nazcamos sin destreza
Y muramos sin rutina

Sus versos transmiten sencillez, en gran medida por un estilo caracterizado por el ritmo ágil, los versos cortos, y un vocabulario sencillo. En sus poemas atrapa el detalle de una observación fugaz, que en su pluma acaba convirtiéndose en una bella, sorprendente y muchas veces definitoria esencia. En estas páginas habitan desde las mujeres de Rubens (“platos grasientos de amor”), hasta cosas tan poco líricas, a priori, como culturistas, boxeadores, piedras impenetrables.

Szymborska tiene tendencia a contar lo que nunca ocurre, ni probablemente ocurrirá, transformando imposibles evidentes en un original juego lírico, que curiosamente escapan de su natural lecho surrealista para remover al lector en cosas no tan alejadas de la realidad, que escupen la vulgaridad de la vida y transmiten dudas existenciales. Sus poemas sobre la familia son paradigmáticos de esta actitud y probablemente los que apelan más directamente al lector. En “El Álbum” explica como “Nadie en mi familia murió de amor”; en “La estación” plasma la inmaterialización del mito romántico del tren que propicia cambios, que conduce a las personas hacia el destino deseado; en el “Elogio de la hermana” ensalza las no inquietudes y las no virtudes literarias de la familia.

El azar es otro territorio explorado en estas páginas con gran perspicacia. Muchas veces el lector se topa con hallazgos sorprendentes en forma de poemas ocurrentes, como ese “prospecto” en el que un ansiolítico trata de seducir a su consumidor, “impresiones teatrales”, un regalo para los que amamos y hacemos teatro o ese credo científico en “descubrimiento”. Poemas para guardar, aprehender y reeler.

También hay cabida en sus poemas para hablar de lo que aflige al ser humano, de la muerte, del odio, las torturas. Sus últimos poemas parecen ennegrecerse un poco, como resultado de un epílogo agridulce sobre un siglo convulso del que ella fue testigo en primera línea. Aún así Wislawa nunca pierde sus premisas como poeta que recordaba el otro cracoviano ganador del Nobel, Czeslaw Milosz “austeridad, ironía y simplicidad”, más esa mirada lúdica.

Wislawa Szymborska tiene algo que atrapa. Ha seducido a generaciones posteriores a la suya, con una conexión sorprendente con la gente joven, que quizás se explique por el carácter lúdico y experimental de su obra aplicada sobre temas que interesan a todos. Pero fuera de cualquier elucubración sobre su éxito, lo cierto es que sus poemas ejercen un magnetismo que cualquiera puede experimentar repasando los poemas de esta interesante selección.

Daniel Vega