| Ésta
parece ser la novela más famosa del momento en
Japón. Ha habido adaptaciones manga, televisivas
y cinematográficas de esta historia de amor.
Ya el título desvela un relato en el que el sentimiento
universal es llevado al extremo para ejemplificar su
fuerza y poder en la historia. Y el interior no defrauda
a quien comparta esa interpretación. La historia
de Sakutarô y Aki es hegemónica y melodramática.
Katayama sólo ha querido narrar la pérdida
dramática del primer amor, regodeándose
en imágenes y tópicos efectivos, pero
sin voluntad de profundizar en otros sentimientos, reflexiones
o en historias paralelas. Quizá esa circunstancia,
que podemos definir como una estructura narrativa muy
simple, ha facilitado la adaptación audiovisual
de la historia y quizás esa también sea
la clave del éxito de la novela entre el lector
adolescente.
Una cuestión que planea desde
el principio del libro es la de los paralelismos con
Tokio Blues, la celebérrima novela de Murakami,
con la que se pueden adivinar varias coincidencias sobre
todo en relación al argumento. Probablemente
las similitudes acaben ahí, porque la las intenciones
de ambos escritores nipones son a la vista diferentes
y los resultados, tampoco admiten comparación.
En “Un Grito de Amor desde el
Centro del Mundo”, la historia se bosqueja en
las primeras páginas. El desarrollo posterior
es un ejercicio de ilustración a base de imágenes
poderosas y de acontecimientos sencillos dotados de
gran trascendencia emocional que van consolidando este
drama. Hay pocas concesiones a otras cosas, a excepción
de algunas nociones de japonés, algún
trazo gastronómico e interesantes referencias
literarias. Solamente la historia del abuelo de Sukutarô
supone un pequeño respiro al monopolio de la
historia de amor, aunque la vida del abuelo aflore por
el claro paralelismo con el sufrimiento amoroso de su
nieto.
La novela es breve, está escrita
con un buen ritmo, utilizando un lenguaje directo y
sencillo construido con frases cortas, propio de los
protagónicos adolescentes. Esto facilita una
lectura rápida en la que los sentimientos de
Sakutarô van impregnándose en el lector,
que si es amante del melodrama, sin duda encontrará
eco de sus preferencias en esta novela.
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