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UN HOMBRE EN LA OSCURIDAD
Paul Auster (Editorial Anagrama – Panorama de Narrativas)

Auster sigue empeñado en contar historias, muchas, diferentes, conectadas por débiles hilos; historias tocadas por el azar, excepcionales, posibles e imposibles y que siempre encuentran un enfoque diferente para mostrarnos distintas facetas de la vida. En esta novela realidad y ficción vuelven a entrecruzarse en el marco de una invención adherente. Se trata de otro ejercicio de malabarismo literario del escritor neoyorquino que vuelve a atrapar al lector, que lo hace participe de esta ficción envolvente gracias a una táctica construida a base de un puñado de historias que se ciernen sobre el incauto lector.

Tomando como excusa la teoría de los mundos infinitos del hereje y compañero de destino de Galileo, Giordano Bruno, Auster vuelve a tejer historias que se entremezclan aunque habiten en planos distintos como son el del autor y el de los personajes que éste crea. Sólo que esta vez la historia del plano literario adquiere ribetes kafkianos lo que contribuye a que, apelando al título de la novela, quizás este sea el libro más oscuro de Auster, donde sus historias son secas, y las circunstancias de sus personajes poco ayudan a romper esa tendencia. La parte del soldado que se ve inmerso repentinamente en una batalla surrealista es angustiante, en ocasiones parece una pesadilla de la que es difícil de despertar. Y el otro protagonista de la novela (August Brill, que por supuesto es escritor), pese a una actitud vital positiva, no puede evitar que las circunstancias en que lo encontramos pongan coto a esa visión de la vida optimista que aparecía en anteriores novelas como Brooklyn Follies. De ahí reflexiones tan desgarradoras y tan poco austerianas como la de que “La gente se muere de pena. Ocurre todos los días, y seguirá sucediendo hasta el fin de los tiempos”.

Con todas esas tramas Auster vuelve a enredar al lector y de paso le cuenta historias, le traslada reflexiones e incide en las cosas que a él le interesan, como por ejemplo el cine. Auster muestra de nuevo su amor por el séptimo arte, al igual que lo hiciera en novelas anteriores como en “El Libro de las Ilusiones”, donde el acto de ver películas cómicas cambia para siempre al profesor deprimido por una reciente pérdida. El cine que aparece en esta novela es cine que sale del patrón del consumo, con un gusto muy europeo. A pesar de ese interés por las películas, el protagonista de la novela se encarga de razonar las diferencias con la literatura: “No es lo mismo evadirse en una película que en un libro. Los libros obligan a dar algo a cambio, a utilizar la inteligencia y la imaginación, mientras que una película puede verse –e incluso disfrutarse- en un estadio de irreflexiva pasividad”. No obstante el cine tiene un gran protagonismo en esta novela, el cine como género narrativo, como privilegiado soporte para contar historias en la que los detalles forman parte sustancial de las mismas, y sólo un ojo perspicaz y analítico, como de Brill o su nieta, o como sucedía con la querida portera de “La elegancia del Erizo”, pueden rescatar su significado e incorporarlo al conjunto de la trama para poder admirar toda su dimensión.

En el libro también hay espacio para la crítica a la política norteamericana de Bush, esa mirada crítica del intelectual neoyorquino que con una mentalidad cosmopolita es capaz de hacer autocrítica y cuestionar abiertamente la actuación del nefasto presidente americano.

En definitiva nos encontramos al Auster de siempre, pero quizás en una clave más oscura, con una novela que encierra cierta crudeza y que rompe con algunos convencionalismos de sus novelas anteriores. Llama la atención como Auster es capaz de prescindir en un momento dado de las historias que él crea, y que pese a ser instrumentales, atrapan al lector. También en ese aspecto aflora cierta crueldad.

Aprovecho estas últimas líneas para reivindicar a Auster como un excelente narrador. No creo que “Un hombre en la Oscuridad” sea su mejor novela, como algunos han querido sugerir, pero obviamente se trata de una buena novela. Lo que no entiendo es cierta tendencia de parte de la intelectualidad que ahora cuestiona al escritor neoyorquino, que quizá esté empezando a pagar el tributo de su éxito en los círculos literarios, pero su obra le avala y sus críticos pueden contrastar sus argumentos negativos en un puñado de excelentes novelas de Auster.