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caballo entre 2007 y 2008 Mario Benedetti nos brinda
otro modo de ver narrativa, de enseñar novela
corta a través de pequeños relatos a una
multitud llena de alborotado sentimentalismo. Como a
esa numerosa y multitudinaria juventud a la que al Profesor
le gustaba acercarse. Nunca mejor hecho, porque de la
mano de este libro, Vivir adrede, enseña la efervescencia
de la vida con dolor, amor, naturaleza, tiempo, lejanía,
espacio, agua, lluvia, imágenes, nada, nadie,
todos, odio, tempestades, manos, ustedes, vosotros,
tristeza, perdones, alegrías, personajes y un
infinito de cachivaches que adornan nuestro tiempo en
la tierra.
Está contado como él
sabe hacerlo: acercándose al lector, experto
e inexperto, joven y viejo, sencillo o ávido
de otra propuesta literaria. A través de retazos
exhalados con su pluma aparece el sello de su autor,
esa innegable sencillez. El hilo narrador está
dividido, para desbordar con sus sentimientos, en dos
grandes bloques. El primer bloque de relatos nos muestra
en setenta y cinco narraciones muy cortas lo breve e
inmenso de “vivir” para en un segundo bloque
gritar con rabia lo que se hace durante treinta y dos
espacios cortos de tiempo donde evocar “adrede”
el significado de diferentes palabras. Palabras, ese
suspiro que el autor exhala de su interior en cada página.
Su narración parece poesía
a nuestros oídos, sencilla como siempre, pero
difícil de copiar, con sus términos autóctonos,
su constante y allegado vocablo que nos muestra un narrador
donde el hilo conductor no es otro que una palabra distinta
en 107 capitulillos de vivencias, integrados en escasas
130 páginas con maestría. Sí, poesía;
pura poesía narrativa.
Ana
Marta Jiménez Santalla
Con ese título uno de mis escritores
preferidos nos toma de la mano para explicar hechos
cotidianos, sentimientos y sobre todo una forma muy
experimentada de la vida que hace reflexionar sobre
las cuestiones cotidianas que nos asaltan el pensamiento.
En el primer apartado, Vivir, comienza
con este texto corto pero eficaz, que titula Color del
Mundo:
Los sentimientos se deslizan, a
veces se refugian en guaridas de amor, pero cuando emergen
al aire preso o libre, dan color al mundo, no del universo
inalcanzable sino del mundo chico, el contorno privado
en que nos revolvemos. Gracias a ellos, a los sentimientos,
tomamos conciencias de que no somos otros, sino nosotros
mismos. Los sentimientos nos otorgan nombre, y con ese
nombre somos lo que somos.
Tras esta primera lección de
vida, nos sigue presentando la inteligente mirada de
la reflexión con palabras sencillas y de fácil
lectura. Nadie escapa al miedo, odios y amores o el
tiempo. Como punto final a este libro corto pero profundo,
nos incluye frases en su apartado de Cachivaches, donde
la sonrisa asoma bajo la barbilla o nos lleva a preguntar
lo ridícula que resulta leer La vocación
suele estar a pocos centímetros de la equivocación.
Una buena frase de epitafio sin duda, aunque no se para
quien.
Lou Bautista
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