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Y PUNTO.
Mercedes Castro (Alfaguara)

Sólo cabe de calificar como sorprendente la primera novela de Mercedes Castro. Hay muchas cosas buenas en este denso libro de más de 600 páginas, fruto de nueve años de trabajo. Un trabajo ingente que se traduce en la creación de un personaje sólido, real, y extremadamente atractivo como es Clara Deza.

En los primeros capítulos conocemos a esta subinspectora de policía, una mujer de apariencia fuerte, contundente, malhablada, y tajante (Y punto.), que por dentro se revela como una persona sensible, real, harta de remar cada día en una comisaría poblada por hombres de instinto y formas que pasan por una exaltación de la masculinidad algo infantil y que agreden constantemente la sensibilidad de una mujer que, lejos de aclimatarse a la telaraña de tópicos hombrunos en la que vive, se rebela frente a ellos casi hasta la extenuación. Fuera de la comisaría, en su vida personal, Clara también tiene sus problemas, sus diatribas, sus anhelos. Durante muchas páginas el puzzle de un personaje complejo se va completando, a través de lo que dice y de lo que piensa. Al principio verbo y reflexión parecen confundirse, pero lo importante es que poco a pocos teje un cuadro completo del interior de Clara y en cuyo proceso se logra implicar de buen grado al lector.

Es curioso como Mercedes Castro alterna con gran fluidez y naturalidad el uso de la primer y tercera persona en la narración, de una manera tan efectiva que lejos de despistar al lector, colabora a entender mejor al personaje, con el logro añadido de elegir el enfoque a la narración que mejor viene en cada momento. También es admirable el empleo del lenguaje directo, salpicado de argot reconocible, fresco, sorprendentemente espontáneo hasta el punto de llegar a meternos en situación y que sobre todo aporta toneladas de verosimilitud a las reflexiones de Clara y al transcurso de la acción de la novela.

No soy policía, ni he estado en una comisaría más allá de lo estrictamente necesario para hacer un carnet, pero intuyo verdad y realismo en el retrato que de este mundo hace Mercedes Castro, lejos de los tópicos televisivos y cinematográficos. Quizás pueda parecer un poco exagerado el comportamiento de los policías masculinos, que a veces roza lo infantil, pero hay que tener en cuenta que todo pasa por el tamiz de Clara, por su capacidad crítica e irónica que monopoliza la novela y que no esta exenta de cierto dogmatismo, otro rasgo de realismo considerable. A pesar de esa polarización de caracteres, la novela esquiva cualquier tufo que nos permitiera calificar de feminista, porque la realidad que crea Castro está por encima de los clichés, y si estos cohabitan en la novela son simplemente el reflejo de su existencia real.

Podemos apreciar dos partes de la novela, si atendemos a la intensidad con la que se pone el foco en la narración de los sentimientos y reflexiones de Clara o en la trama policial propiamente dicha. Según avanza la historia y cuando ya tenemos un completo retrato psicológico de Clara, la novela transcurre por la parte más policiaca, la de la sucesión de hechos y pesquisas en los que la subinspectora se adentra cada vez más, arrastrándonos con ella a una investigación plagada de incógnitas que se resuelven con trabajo, empeño y sagacidad de la protagonista. Esta parte está también perfectamente lograda y como los grandes escritores de la novela negra y policiaca, Mercedes Castro toma el pulso al género sin renunciar a sus premisas previas. Clara Deza sigue sintiendo, sigue preocupada, sigue abrumada por unos compañeros que no siempre la comprenden aunque en los momentos difíciles la protejan, sigue con sus tensiones familiares y con ese cansancio diario que va arrastrando durante toda la novela. Pero además, la trama policiaca es interesante, está contada con suspense, hace al lector entrar en el juego de las sospechas, de la deducción, de la incertidumbre ante los nuevos acontecimientos. Y pese a lo abigarrado del caso, es curioso como se sigue con sencillez a los personajes de la trama gracias a una buena labor descriptiva, en la que se destacan los elementos, circunstancias y caracteres de cada personaje, de tal forma que el lector tiene una foto nítida de cada uno de ellos, a pesar de formar un frondoso árbol genealógico.

El último tramo de la novela es realmente trepidante. La sagacidad de Clara, los aportes forenses y dactilares de sus compañeras Lola y Zafrilla, el interés creciente de su compañero por el caso, y la sucesión de hechos marcados por el empuje de Clara a pesar de su cansancio físico y vital, marcan una pendiente de la que es difícil escapar y en la que al lector sólo le queda la opción de devorar páginas para llegar al ansiado desenlace.

“Y punto.” Es una novela completa: bien escrita, con personajes sólidos, que transpira realismo, ironía y humor, y que tiene una trama atractiva, bien planteada y hábilmente resuelta. Transitar por sus páginas es un placer que reconcilia con la lectura y que devuelve la fe en los buenos narradores que defienden sus historias con esfuerzo y pericia. Un debut literario impresionante que nos obliga a seguir a Mercedes Castro, ya enfrascada en su segunda novela.

ypunto
Daniel Vega