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ANCIENT + GOTHMOG + CRYING BLOOD

Sala Ritmo & Compás (Madrid) 19-04-2009

Utilizando el vasto refranero español: “Unos se llevan la fama y otros escardan la lana”. ¡Qué analogía más adecuada para hablar de Ancient! Formados en la segunda oleada del black metal noruego (la más popular a nivel masivo), es decir, a principios de los noventa, su EP de debut, “Det glemte riket”, quizá tardó en salir un poco más de lo que hubiera sido deseable para ellos. Además, que yo sepa no se vieron envueltos en ningún suceso de asesinatos, quema de iglesias y demás, pero, por el contrario, editaron el excelente “Svartalheim” en 1994, un fantástico trabajo lleno de melodías propias de la prolífica escena de aquel país. Digamos que no eran tan “unholy trve” como Mayhem, Dark Throne, primeros Dodheimsgard, pero si bien no consiguieron el estatus legendario de gente como Emperor o Enslaved, lograron cierta notoriedad. Tanta que después del minicd “Trollhatan” firmaron con un sello mítico como Metal Blade, ficharon un cantante americano (el ínclito Lord Kaiaphas de los políticamente dudosos Grand Belial´s Key) y, como era previsible, ya poco importaba la calidad de sus obras, eran unos “vendidos”.

Desgraciadamente, el público no supo apreciar el valor de un magnífico álbum como “The Cainian chronicle” en donde, curiosamente, aparecía Kimberly Goss, antes de formar Sinergy y convertirse (de manera efímera) en la esposa de Alexi Laiho de Children Of Bodom. De ahí en adelante, hay que reconocer que su trayectoria no ha sido espectacular, alternando discos interesantes (aunque nada que te vuele la cabeza) con otros muchos más pobres. Todo esto cúmulo de circunstancias hicieron que Ancient, y en particular su líder y fundador Aphazel, pasaran a un segundo o tercer plano mientras otros como Satyricon subían como la espuma en el imaginario popular habiendo hecho, seguramente, tan pocos méritos o menos que nuestros protagonistas. La diferencia es que Satyr, Frost y demás evolucionaron con la audiencia menos selectiva del black metal.

Sirve toda esta introducción para comentar que, de buenas a primeras, y sin razón aparente porque no editan nada desde hace un lustro, Ancient se embarcaron en una minigira española que, a priori, estaba condenada al fracaso. Los conciertos de este género no tienen nada de tirón, salvo que sea un nombre medio grande; la banda no pasa por su mejor momento; la promoción fue escasa; estamos en plena época de avalancha de eventos;… El inicio en Barcelona fue caótico, con los cabezas tocando menos de veinte minutos porque la sala les cortó, para enfado generalizado de los pocos asistentes. En el País Vasco transcurrió con normalidad pero la entrada fue escasísima.

Madrid, domingo, no presagiaba nada bueno. Para intentar atraer algo más de gente, además de los alicantinos Gothmog que eran los teloneros oficiales, añadieron al cartel a Crying Blood. Y la jugada salió a medias. Me explico. Los de Alcalá de Henares trajeron unos cuantos amigos pero no pudieron salvar la lamentable impresión que daba Ritmo y Compás con, más o menos, cincuenta personas, de las cuales una veintena corrían a cargo de los madrileños. Sin embargo, ya digo que viene Satyricon y congregan diez veces más. Ver para creer. A Crying Blood les había visto hacía muchísimo años. Si mal no recuerdo, en 2000 abriendo para los dioses Ancient Rites. Por aquel entonces, estaban dando sus primeros pasos con “Rituales de sangre”. No me gustaron demasiado y les perdí la pista. Eran black metal melódico, con bastantes teclados y con un deje de los primigenios Cradle Of Filth (incluso, si mi memoria no me falla, se marcaron aquel día en “The forest whispers my name”).

Casi una década después me reencuentro con este quinteto en el que militara Iván Manzano de Silver Fist. En este tiempo, solo han sacado “Réquiem” aunque en breve verá la luz “Animae damnatae”, su tercera entrega. Cuando accedí a la sala ya habían comenzado su descarga con “Santa inquisición”, tras la intro tétrica de rigor. Personalmente, las pintas que me llevan no me gustan nada. Me parecen más de cara a la galería que otra cosa pero ellos sabrán. Además, esto tiene poco importancia porque lo que realmente era necesario es que sus canciones no engancharan y atraparan. En este sentido, mi impresión se fue forjando en los cuarenta y dos minutos que dispusieron. Crying Blood tocan aceptablemente bien, saben como estructurar un tema para que no suene forzado y son bastante ortodoxos en el equilibrio de la caña y la melodía. Sin embargo, les falta punch, calidad compositiva y capacidad de atracción en el oyente, al menos en este que escribe. Si en 2000 me parecieron malos y bisoños, aquí me resultaron correctos pero intrascendentes.

“Placer sepulcral” tenía una parte de teclado notable y me pareció de lo más potable. Por el contrario, “Armagedon” pasó sin pena de gloria. Eso sí, al tener a su parroquia cosecharon los mayores aplausos de la velada porque ganas le echaron. Aprovecharon la oportunidad para presentarnos un par de temas de “Animae damnatae” que, casualmente, no parecieron nada malos. “Tierra de lobos” se anunció con un comienzo inquietante mientras que “Solo una oportunidad solo…” era más variada y con una buena labor de la sección rítmica formada por xTro y Kaexar. La parte final de su show la dejaron en manos de “Sin tiempo para llorar”, con buenas líneas de guitarra y teclados, componiendo un tema más lineal pero efectivo; “Ofrenda de sangre”, cañera y aturullada pero con un trozo final destacable; y una versión horrenda del “Raining blood” de Slayer que no había por dónde cogerla.

El hecho de cantar en castellano es indigente, ni aporta en exceso a nivel musical pero tampoco perjudica su sonoridad. Lo que no me hace gracia, aunque casi todos lo hacen, es la manía de los vocalistas de black (en este caso, Delicardes) de seguir hablando “rarito” para presentar las canciones. Me resulta ridículo pero eso es otra historia. La nuestra es que Crying Blood cumplieron pero pienso que su propuesta sigue sin tener el recorrido necesario para despuntar en un mundo tan complicado y de capa caída como el black melódico. Veremos qué tal está “Animae damnatae” y si pueden conseguir su objetivo. Tengo mis dudas pero sorpresas te da la vida.

Con Gothmog la situación iba a cambiar un poco, tanto a nivel musical como en la reacción del público. Un sentimiento de indiferencia generalizada se adueñó de Ritmo y Compás. Los de la Comunidad Valenciana acaban de lanzar al mercado su debut, “A step in the dark”, vía Xtreem Music, un álbum que aunque viene marcado por el black metal mete otro tipo de influencias, algunas positivas (como los trozos thrash), otras no tanto (a veces los pasajes más death son excesivamente melódicos). La diferencia fundamental con Crying Blood es que mientras estos no aportan gran cosa y te dejan frío, Gothmog, sin inventar la pólvora, tienen algo más que sacar. Básicamente, lo que más me gustó de los levantinos fue el trabajo de guitarras de Draug y Echak, técnicamente notable y ejecutado con bastante pasión. No es un grupo que se mueva demasiado en escena ni intente conectar en exceso con la audiencia. Se centran en tocar lo mejor posible, independientemente del seguimiento que cosechen.

Comenzaron con “Eternal hate”, el corte que abre “A step in the dark”, canción rápida y rabiosa, bajo un manto de correcto sonido. Acertaron al contraponerla con “Downwards the hades of the soul”, más desarrollada y larga, si bien he de apuntar que no me atrae en exceso la voz de Pikaath. No obstante, es más una cuestión de gustos que otra cosa, ya que para nada es mal cantante. Dado que únicamente tienen un disco se dedicaron a desgranarlo casi en su totalidad, solo dejando de lado “Spirit of nature”. En “Ghost of ancient days” me vinieron a la mente unos Unaminated blackerizado y eso siempre es positivo. Me pareció interesante el aura épica que rodea alguna de sus composiciones. Por desgracia, las voces dobladas y limpias que oímos en el disco durante “Ghost of ancient days” no aparecieron, privándonos de lo mejor del tema, junto a esa parte central exquisita. Sin duda, es mi preferida de Gothmog.

Si hubo algo que eché en falta en directo es que muchas de las atmósferas que crea en “A step in the dark” se diluyeron. Por ejemplo, “Nostalgia of heaven” destila melancolía dentro de la caña con unos teclados de fondo muy bien puestos. Encima de las tablas, al no tener teclista nos quedamos en la tralla salvo en la sección del solo donde las guitarras cobran papel estelar. Algo similar podríamos aplicar al inicio de “The awakening of Lord Strigoi”, una canción que deja entrever en demasía lo que comentábamos de la influencia del death melódico (aunque sea de manera indirecta). Otra de mis favoritas es “Raging spiritual ecstasy”, con un riff de puro thrash entre el que la voz de Pikaath se abre paso para, posteriormente, decelerar en un trozo que no me encaja. Parecía que su actuación iba a concluir con la potentísima y épica “Art of war” pero se guardaron para el final una versión de Emperor, nada menos que “Ye entraemperium”, bien interpretada y que puso colofón a tres cuartos de hora con Gothmog. Creo que es un grupo que tiene algo. Aún no han logrado que aflore en todo su esplendor pero en “A step in the dark” está el germen de lo que puede ser un brillante porvenir. También es cierto que, a día de hoy, hay que aplaudirles más por su capacidad compositiva que por su directo. Sinceramente, considero que les convendría fichar un teclista para completar su música en el escenario. No es que necesiten más teclados (que sería un error grave) sino que los que tienen, suenen. Con todo, buen concierto.

Teóricamente, el momento cumbre de la noche estaba por llegar. Sin embargo, a muy pocos parecía preocuparles, más enfrascados en charlar con los colegas mientras se iba acondicionando la batería al gran Nick Barker. El que fuera componente de Cradle Of Filth, Dimmu Borgir, Atrocity, Leaves Eyes, Testament, Benediction,… ganándose una mínima soldada (o tocando por la comida y el viaje, porque Ancient prácticamente no cobraban) por tocar ante medio centenar de tipos. Es un poco triste pero el amigo Barrer debe ser bastante rarito y probablemente lo hiciera sin ninguna razón aparente, por pasar el rato. La verdad es que todo era muy decadente y este retorno a los escenarios después de más de tres años inactivos demuestra que, o se plantean la cosas de otra manera o Ancient están muertos y enterrados. Nos enteramos que Aphazel sigue viviendo a medio camino entre su Noruega natal, donde trabaja como taxista seis meses al año, e Italia, su país de acogida y de donde provienen algunos de sus músicos.

Para colmo del ambiente chusco y pasota que flotaba en el ambiente resulta que Aphazel se negaba a salir a escena hasta que no le pagaran. Diréis: “Es normal”.
Pues no, porque esto se hace cuando acaba el evento. Aunque estaba claro que no iba a venir más gente, normalmente se cierra la taquilla y se hace caja cuando concluye la actuación del cabeza de cartel. Quizá los problemas en Barcelona le hicieron ser más precavido pero para menos de cuatrocientos euros que se llevaban, buff, queda fatal. Encima, era domingo por la noche, los asistentes estábamos cansados y esta demora terminó de matar a unos cuantos amiguetes de Crying Blood que duraron lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Me temí que el retraso y supuesto cabreo de Ancient supusiera un recorte en la duración del show pero, afortunadamente, fueron profesionales y cumplieron, si bien el repertorio tampoco era excesivamente largo.

Una vez recibida la pasta, se disparó la cinta introductoria, nada menos que “Ponderous moonlight”, la brillante instrumental que abría “The Cainian chronicle”. El cuarteto bajó las escaleras que conducen al escenario y ahí adivinamos que el fichaje más reciente de Ancient, el gran Morpheus de Limbonic Art y que ha tocado en directo últimamente con Mayhem, no estaba. En su lugar, un habitual del grupo, el italiano Aleister, componente de los death metaleros Faust. El lugarteniente de Aphazel, Dhilorz, secundaba al líder del grupo, mientras que la enorme presencia de Barrer no se podía ocultar tras un kit de batería que, para él, sería un juguete. Ya me imagino a Baal Thamor de Gothmog rezando (sí, incluso eso, je, je…) para que el inglés no le destrozara sus parches.

Arrancaron con “A mad blood scenario” de “Mad grandiose bloodfiends”, disco que fue masacrado por prensa y fans pero que con el paso del tiempo no parece tan malo. Tanto en este como en “The Cainian chronicle” cantaba Lord Kaiaphas, con unos registros distintos a los de Aphazel, por lo que se te hacía un poco extraño. El sonido, sin ser pésimo, tenía un grave problema que condicionó el disfrute de la velada. La batería de Barker tapaba las guitarras. En los temas más internacionales (por llamarlos de alguna forma) no era vital porque son rítmicos pero en aquellos que pertenecían a los orígenes de la banda, de mayor ortodoxia dentro del black noruego, les hacía perder el sentimiento y las atmósferas que crean con esos riff y melodías tan características. Ya digo que esto sucedía con las canciones antiguas porque, por ejemplo, “Rape the children of Abel”, perteneciente a “Night visit”, les quedó realmente bien.

Ancient no es una banda que arrase en directo pero dentro de la media del género, al menos no van de posturitas ni de misántropos. Se dedican a tocar y punto. Algo que no me gustó fue la poca dinámica que hubo. Entre tema y tema, Aphazel (ridículo con su “corona de espina” cuando ahora lleva el pelo corto), se ponía a hablar con Dhilorz. No sé muy bien qué se contarían pero llevaban una charla curiosa lo que cortaba la continuidad. “The draining” es una de esas canciones que a los puristas les llevó a ponerles la cruz (imagino que invertida) a Ancient. Más que comercial, yo la llamaría accesible. Personalmente, pienso que está bastante bien, lo que pasa es que comparada con la siguiente en aparecer, “Eerily howling winds”, no es que palidezca sino que parecen dos grupos completamente distintos. Los cuatros “mataos” que conocían las canciones de Ancient reaccionaron positivamente ante este corte antiquísimo. Fue en estas composiciones donde afloró el problema de las guitarras que antes mencionábamos. Aphazel y Aleister tocaban pero Barker estaba por encima. Creo que se podría haber arreglado pero nada se hizo al respecto por el técnico de la sala. Por lo tanto, quedó un poco descafeinada.

Otra pausa valorativa, esta vez acompañada de la instrumental “Audrina, my sweet”, que sonó enlatada antecediendo a “On blackest wings”, notable composición y única presencia de “Proxima centauri” en el repertorio. De vuelta a “Svartalvhiem”, “The call of the Absu deep” resultó más aparente porque es una canción bastante rítmica y no tan basada en las melodías. Aun así, Nick ahogaba cualquier intento de atmósfera y el concierto se nos estaba cayendo. Menos mal que llegó “Trolltaar” para despertar a los adormecidos espectadores. Probablemente nos imaginamos o intuimos esa increíble sucesión de guitarras oscuras que despliegan en esta composición pero, en parte, demostró el por qué Ancient fueron un grupo muy prometedor, llamado a grandes cosas y se quedaron en algo simplemente bueno o notable. Entre los pocos climax que tuvo la velada.

Coges “Trolltaar” y luego “Nightvisit”, y claro, esta última queda empequeñecida pero tampoco seríamos justos. A mí “Nightvisit” me parece una grandísima canción, creo que su mejor corte desde “The Cainian chronicle”. Precisamente, hablando de este álbum, nada había sonado salvo la intro de inicio del show. Sin embargo, el combo multinacional guardó el equilibrio entre todas sus obras (a excepción de “The halls of eternity” que quedó inadvertido). Pronto paliarían este déficit, además con sus dos mejores temas: “Lillith´s embrace” y “Homage to Pan”. Mi impresión fue dispar. De la primera eché de menos la voz femenina, los registros de Kaiaphas y los teclados. No dejó una buena impresión, más bien al contrario, les quedó vacío y poco aprovechable. Por su parte, “Homage to Pan” cumplió las expectativas aunque también me faltaron los teclados del principio, absolutamente geniales.

No obstante, con “Homage to Pan” encaramos la recta final de la actuación que sí dejó un buen sabor de boca entre los pocos presentes ya que la enlazaron con su “hit”, por llamarlo de alguna forma, “Det glemte riket” (“El reino olvidado”), otra vez sin la atmósfera demandada pero con buena ejecución e incitando al headbanging, cerrando con una notable versión del “13 candles” de Bathory a pesar de que el micrófono de Dhilorz no se oyó en toda la noche. Poco más de una hora para disfrutar de un grupo aceptable pero por debajo de sus posibilidades, miembros muy parados y nada comunicativos. No es un concierto que pase a la historia aunque tuvo sus instantes de calidad.

Reitero, antes de terminar, que todo lo que rodeó a este concierto, empezando por los propios Ancient, resultó bastante decadente. No sé si podemos hablar de una formación dando sus últimos coletazos de vida o de un conjunto que intenta volver a la actualidad después de un período de letargo con lo que ello cuesta. El tiempo lo dirá pero, desgraciadamente, no espero mucho de aquellos que, en su día, estaban llamados a ser alternativa a asesinados, arrestados o encarcelados. Mimbres había para ello pero, como tantos otros, se quedaron en el camino de la forma más cruel: la indiferencia.


Ancient

 

 

 

 

 

 

 


Crying Blood

 

 

 

 

 

 


Gothmog

 

 

 

 

 

 

 


Ancient

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotos: David Ortego