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Utilizando
el vasto refranero español:
“Unos se llevan la fama
y otros escardan la lana”.
¡Qué analogía
más adecuada para hablar
de Ancient! Formados en la segunda
oleada del black metal noruego
(la más popular a nivel
masivo), es decir, a principios
de los noventa, su EP de debut,
“Det glemte riket”,
quizá tardó en
salir un poco más de
lo que hubiera sido deseable
para ellos. Además, que
yo sepa no se vieron envueltos
en ningún suceso de asesinatos,
quema de iglesias y demás,
pero, por el contrario, editaron
el excelente “Svartalheim”
en 1994, un fantástico
trabajo lleno de melodías
propias de la prolífica
escena de aquel país.
Digamos que no eran tan “unholy
trve” como Mayhem, Dark
Throne, primeros Dodheimsgard,
pero si bien no consiguieron
el estatus legendario de gente
como Emperor o Enslaved, lograron
cierta notoriedad. Tanta que
después del minicd “Trollhatan”
firmaron con un sello mítico
como Metal Blade, ficharon un
cantante americano (el ínclito
Lord Kaiaphas de los políticamente
dudosos Grand Belial´s
Key) y, como era previsible,
ya poco importaba la calidad
de sus obras, eran unos “vendidos”.
Desgraciadamente,
el público no supo apreciar
el valor de un magnífico
álbum como “The
Cainian chronicle” en
donde, curiosamente, aparecía
Kimberly Goss, antes de formar
Sinergy y convertirse (de manera
efímera) en la esposa
de Alexi Laiho de Children Of
Bodom. De ahí en adelante,
hay que reconocer que su trayectoria
no ha sido espectacular, alternando
discos interesantes (aunque
nada que te vuele la cabeza)
con otros muchos más
pobres. Todo esto cúmulo
de circunstancias hicieron que
Ancient, y en particular su
líder y fundador Aphazel,
pasaran a un segundo o tercer
plano mientras otros como Satyricon
subían como la espuma
en el imaginario popular habiendo
hecho, seguramente, tan pocos
méritos o menos que nuestros
protagonistas. La diferencia
es que Satyr, Frost y demás
evolucionaron con la audiencia
menos selectiva del black metal.
Sirve toda
esta introducción para
comentar que, de buenas a primeras,
y sin razón aparente
porque no editan nada desde
hace un lustro, Ancient se embarcaron
en una minigira española
que, a priori, estaba condenada
al fracaso. Los conciertos de
este género no tienen
nada de tirón, salvo
que sea un nombre medio grande;
la banda no pasa por su mejor
momento; la promoción
fue escasa; estamos en plena
época de avalancha de
eventos;… El inicio en
Barcelona fue caótico,
con los cabezas tocando menos
de veinte minutos porque la
sala les cortó, para
enfado generalizado de los pocos
asistentes. En el País
Vasco transcurrió con
normalidad pero la entrada fue
escasísima.
Madrid, domingo,
no presagiaba nada bueno. Para
intentar atraer algo más
de gente, además de los
alicantinos Gothmog que eran
los teloneros oficiales, añadieron
al cartel a Crying Blood. Y
la jugada salió a medias.
Me explico. Los de Alcalá
de Henares trajeron unos cuantos
amigos pero no pudieron salvar
la lamentable impresión
que daba Ritmo y Compás
con, más o menos, cincuenta
personas, de las cuales una
veintena corrían a cargo
de los madrileños. Sin
embargo, ya digo que viene Satyricon
y congregan diez veces más.
Ver para creer. A Crying Blood
les había visto hacía
muchísimo años.
Si mal no recuerdo, en 2000
abriendo para los dioses Ancient
Rites. Por aquel entonces, estaban
dando sus primeros pasos con
“Rituales de sangre”.
No me gustaron demasiado y les
perdí la pista. Eran
black metal melódico,
con bastantes teclados y con
un deje de los primigenios Cradle
Of Filth (incluso, si mi memoria
no me falla, se marcaron aquel
día en “The forest
whispers my name”).
Casi una década
después me reencuentro
con este quinteto en el que
militara Iván Manzano
de Silver Fist. En este tiempo,
solo han sacado “Réquiem”
aunque en breve verá
la luz “Animae damnatae”,
su tercera entrega. Cuando accedí
a la sala ya habían comenzado
su descarga con “Santa
inquisición”, tras
la intro tétrica de rigor.
Personalmente, las pintas que
me llevan no me gustan nada.
Me parecen más de cara
a la galería que otra
cosa pero ellos sabrán.
Además, esto tiene poco
importancia porque lo que realmente
era necesario es que sus canciones
no engancharan y atraparan.
En este sentido, mi impresión
se fue forjando en los cuarenta
y dos minutos que dispusieron.
Crying Blood tocan aceptablemente
bien, saben como estructurar
un tema para que no suene forzado
y son bastante ortodoxos en
el equilibrio de la caña
y la melodía. Sin embargo,
les falta punch, calidad compositiva
y capacidad de atracción
en el oyente, al menos en este
que escribe. Si en 2000 me parecieron
malos y bisoños, aquí
me resultaron correctos pero
intrascendentes.
“Placer
sepulcral” tenía
una parte de teclado notable
y me pareció de lo más
potable. Por el contrario, “Armagedon”
pasó sin pena de gloria.
Eso sí, al tener a su
parroquia cosecharon los mayores
aplausos de la velada porque
ganas le echaron. Aprovecharon
la oportunidad para presentarnos
un par de temas de “Animae
damnatae” que, casualmente,
no parecieron nada malos. “Tierra
de lobos” se anunció
con un comienzo inquietante
mientras que “Solo una
oportunidad solo…”
era más variada y con
una buena labor de la sección
rítmica formada por xTro
y Kaexar. La parte final de
su show la dejaron en manos
de “Sin tiempo para llorar”,
con buenas líneas de
guitarra y teclados, componiendo
un tema más lineal pero
efectivo; “Ofrenda de
sangre”, cañera
y aturullada pero con un trozo
final destacable; y una versión
horrenda del “Raining
blood” de Slayer que no
había por dónde
cogerla.
El hecho de
cantar en castellano es indigente,
ni aporta en exceso a nivel
musical pero tampoco perjudica
su sonoridad. Lo que no me hace
gracia, aunque casi todos lo
hacen, es la manía de
los vocalistas de black (en
este caso, Delicardes) de seguir
hablando “rarito”
para presentar las canciones.
Me resulta ridículo pero
eso es otra historia. La nuestra
es que Crying Blood cumplieron
pero pienso que su propuesta
sigue sin tener el recorrido
necesario para despuntar en
un mundo tan complicado y de
capa caída como el black
melódico. Veremos qué
tal está “Animae
damnatae” y si pueden
conseguir su objetivo. Tengo
mis dudas pero sorpresas te
da la vida.
Con Gothmog
la situación iba a cambiar
un poco, tanto a nivel musical
como en la reacción del
público. Un sentimiento
de indiferencia generalizada
se adueñó de Ritmo
y Compás. Los de la Comunidad
Valenciana acaban de lanzar
al mercado su debut, “A
step in the dark”, vía
Xtreem Music, un álbum
que aunque viene marcado por
el black metal mete otro tipo
de influencias, algunas positivas
(como los trozos thrash), otras
no tanto (a veces los pasajes
más death son excesivamente
melódicos). La diferencia
fundamental con Crying Blood
es que mientras estos no aportan
gran cosa y te dejan frío,
Gothmog, sin inventar la pólvora,
tienen algo más que sacar.
Básicamente, lo que más
me gustó de los levantinos
fue el trabajo de guitarras
de Draug y Echak, técnicamente
notable y ejecutado con bastante
pasión. No es un grupo
que se mueva demasiado en escena
ni intente conectar en exceso
con la audiencia. Se centran
en tocar lo mejor posible, independientemente
del seguimiento que cosechen.
Comenzaron
con “Eternal hate”,
el corte que abre “A step
in the dark”, canción
rápida y rabiosa, bajo
un manto de correcto sonido.
Acertaron al contraponerla con
“Downwards the hades of
the soul”, más
desarrollada y larga, si bien
he de apuntar que no me atrae
en exceso la voz de Pikaath.
No obstante, es más una
cuestión de gustos que
otra cosa, ya que para nada
es mal cantante. Dado que únicamente
tienen un disco se dedicaron
a desgranarlo casi en su totalidad,
solo dejando de lado “Spirit
of nature”. En “Ghost
of ancient days” me vinieron
a la mente unos Unaminated blackerizado
y eso siempre es positivo. Me
pareció interesante el
aura épica que rodea
alguna de sus composiciones.
Por desgracia, las voces dobladas
y limpias que oímos en
el disco durante “Ghost
of ancient days” no aparecieron,
privándonos de lo mejor
del tema, junto a esa parte
central exquisita. Sin duda,
es mi preferida de Gothmog.
Si hubo algo
que eché en falta en
directo es que muchas de las
atmósferas que crea en
“A step in the dark”
se diluyeron. Por ejemplo, “Nostalgia
of heaven” destila melancolía
dentro de la caña con
unos teclados de fondo muy bien
puestos. Encima de las tablas,
al no tener teclista nos quedamos
en la tralla salvo en la sección
del solo donde las guitarras
cobran papel estelar. Algo similar
podríamos aplicar al
inicio de “The awakening
of Lord Strigoi”, una
canción que deja entrever
en demasía lo que comentábamos
de la influencia del death melódico
(aunque sea de manera indirecta).
Otra de mis favoritas es “Raging
spiritual ecstasy”, con
un riff de puro thrash entre
el que la voz de Pikaath se
abre paso para, posteriormente,
decelerar en un trozo que no
me encaja. Parecía que
su actuación iba a concluir
con la potentísima y
épica “Art of war”
pero se guardaron para el final
una versión de Emperor,
nada menos que “Ye entraemperium”,
bien interpretada y que puso
colofón a tres cuartos
de hora con Gothmog. Creo que
es un grupo que tiene algo.
Aún no han logrado que
aflore en todo su esplendor
pero en “A step in the
dark” está el germen
de lo que puede ser un brillante
porvenir. También es
cierto que, a día de
hoy, hay que aplaudirles más
por su capacidad compositiva
que por su directo. Sinceramente,
considero que les convendría
fichar un teclista para completar
su música en el escenario.
No es que necesiten más
teclados (que sería un
error grave) sino que los que
tienen, suenen. Con todo, buen
concierto.
Teóricamente,
el momento cumbre de la noche
estaba por llegar. Sin embargo,
a muy pocos parecía preocuparles,
más enfrascados en charlar
con los colegas mientras se
iba acondicionando la batería
al gran Nick Barker. El que
fuera componente de Cradle Of
Filth, Dimmu Borgir, Atrocity,
Leaves Eyes, Testament, Benediction,…
ganándose una mínima
soldada (o tocando por la comida
y el viaje, porque Ancient prácticamente
no cobraban) por tocar ante
medio centenar de tipos. Es
un poco triste pero el amigo
Barrer debe ser bastante rarito
y probablemente lo hiciera sin
ninguna razón aparente,
por pasar el rato. La verdad
es que todo era muy decadente
y este retorno a los escenarios
después de más
de tres años inactivos
demuestra que, o se plantean
la cosas de otra manera o Ancient
están muertos y enterrados.
Nos enteramos que Aphazel sigue
viviendo a medio camino entre
su Noruega natal, donde trabaja
como taxista seis meses al año,
e Italia, su país de
acogida y de donde provienen
algunos de sus músicos.
Para colmo
del ambiente chusco y pasota
que flotaba en el ambiente resulta
que Aphazel se negaba a salir
a escena hasta que no le pagaran.
Diréis: “Es normal”.
Pues no, porque esto se hace
cuando acaba el evento. Aunque
estaba claro que no iba a venir
más gente, normalmente
se cierra la taquilla y se hace
caja cuando concluye la actuación
del cabeza de cartel. Quizá
los problemas en Barcelona le
hicieron ser más precavido
pero para menos de cuatrocientos
euros que se llevaban, buff,
queda fatal. Encima, era domingo
por la noche, los asistentes
estábamos cansados y
esta demora terminó de
matar a unos cuantos amiguetes
de Crying Blood que duraron
lo que un caramelo a la puerta
de un colegio. Me temí
que el retraso y supuesto cabreo
de Ancient supusiera un recorte
en la duración del show
pero, afortunadamente, fueron
profesionales y cumplieron,
si bien el repertorio tampoco
era excesivamente largo.
Una vez recibida
la pasta, se disparó
la cinta introductoria, nada
menos que “Ponderous moonlight”,
la brillante instrumental que
abría “The Cainian
chronicle”. El cuarteto
bajó las escaleras que
conducen al escenario y ahí
adivinamos que el fichaje más
reciente de Ancient, el gran
Morpheus de Limbonic Art y que
ha tocado en directo últimamente
con Mayhem, no estaba. En su
lugar, un habitual del grupo,
el italiano Aleister, componente
de los death metaleros Faust.
El lugarteniente de Aphazel,
Dhilorz, secundaba al líder
del grupo, mientras que la enorme
presencia de Barrer no se podía
ocultar tras un kit de batería
que, para él, sería
un juguete. Ya me imagino a
Baal Thamor de Gothmog rezando
(sí, incluso eso, je,
je…) para que el inglés
no le destrozara sus parches.
Arrancaron
con “A mad blood scenario”
de “Mad grandiose bloodfiends”,
disco que fue masacrado por
prensa y fans pero que con el
paso del tiempo no parece tan
malo. Tanto en este como en
“The Cainian chronicle”
cantaba Lord Kaiaphas, con unos
registros distintos a los de
Aphazel, por lo que se te hacía
un poco extraño. El sonido,
sin ser pésimo, tenía
un grave problema que condicionó
el disfrute de la velada. La
batería de Barker tapaba
las guitarras. En los temas
más internacionales (por
llamarlos de alguna forma) no
era vital porque son rítmicos
pero en aquellos que pertenecían
a los orígenes de la
banda, de mayor ortodoxia dentro
del black noruego, les hacía
perder el sentimiento y las
atmósferas que crean
con esos riff y melodías
tan características.
Ya digo que esto sucedía
con las canciones antiguas porque,
por ejemplo, “Rape the
children of Abel”, perteneciente
a “Night visit”,
les quedó realmente bien.
Ancient no
es una banda que arrase en directo
pero dentro de la media del
género, al menos no van
de posturitas ni de misántropos.
Se dedican a tocar y punto.
Algo que no me gustó
fue la poca dinámica
que hubo. Entre tema y tema,
Aphazel (ridículo con
su “corona de espina”
cuando ahora lleva el pelo corto),
se ponía a hablar con
Dhilorz. No sé muy bien
qué se contarían
pero llevaban una charla curiosa
lo que cortaba la continuidad.
“The draining” es
una de esas canciones que a
los puristas les llevó
a ponerles la cruz (imagino
que invertida) a Ancient. Más
que comercial, yo la llamaría
accesible. Personalmente, pienso
que está bastante bien,
lo que pasa es que comparada
con la siguiente en aparecer,
“Eerily howling winds”,
no es que palidezca sino que
parecen dos grupos completamente
distintos. Los cuatros “mataos”
que conocían las canciones
de Ancient reaccionaron positivamente
ante este corte antiquísimo.
Fue en estas composiciones donde
afloró el problema de
las guitarras que antes mencionábamos.
Aphazel y Aleister tocaban pero
Barker estaba por encima. Creo
que se podría haber arreglado
pero nada se hizo al respecto
por el técnico de la
sala. Por lo tanto, quedó
un poco descafeinada.
Otra pausa
valorativa, esta vez acompañada
de la instrumental “Audrina,
my sweet”, que sonó
enlatada antecediendo a “On
blackest wings”, notable
composición y única
presencia de “Proxima
centauri” en el repertorio.
De vuelta a “Svartalvhiem”,
“The call of the Absu
deep” resultó más
aparente porque es una canción
bastante rítmica y no
tan basada en las melodías.
Aun así, Nick ahogaba
cualquier intento de atmósfera
y el concierto se nos estaba
cayendo. Menos mal que llegó
“Trolltaar” para
despertar a los adormecidos
espectadores. Probablemente
nos imaginamos o intuimos esa
increíble sucesión
de guitarras oscuras que despliegan
en esta composición pero,
en parte, demostró el
por qué Ancient fueron
un grupo muy prometedor, llamado
a grandes cosas y se quedaron
en algo simplemente bueno o
notable. Entre los pocos climax
que tuvo la velada.
Coges “Trolltaar”
y luego “Nightvisit”,
y claro, esta última
queda empequeñecida pero
tampoco seríamos justos.
A mí “Nightvisit”
me parece una grandísima
canción, creo que su
mejor corte desde “The
Cainian chronicle”. Precisamente,
hablando de este álbum,
nada había sonado salvo
la intro de inicio del show.
Sin embargo, el combo multinacional
guardó el equilibrio
entre todas sus obras (a excepción
de “The halls of eternity”
que quedó inadvertido).
Pronto paliarían este
déficit, además
con sus dos mejores temas: “Lillith´s
embrace” y “Homage
to Pan”. Mi impresión
fue dispar. De la primera eché
de menos la voz femenina, los
registros de Kaiaphas y los
teclados. No dejó una
buena impresión, más
bien al contrario, les quedó
vacío y poco aprovechable.
Por su parte, “Homage
to Pan” cumplió
las expectativas aunque también
me faltaron los teclados del
principio, absolutamente geniales.
No obstante,
con “Homage to Pan”
encaramos la recta final de
la actuación que sí
dejó un buen sabor de
boca entre los pocos presentes
ya que la enlazaron con su “hit”,
por llamarlo de alguna forma,
“Det glemte riket”
(“El reino olvidado”),
otra vez sin la atmósfera
demandada pero con buena ejecución
e incitando al headbanging,
cerrando con una notable versión
del “13 candles”
de Bathory a pesar de que el
micrófono de Dhilorz
no se oyó en toda la
noche. Poco más de una
hora para disfrutar de un grupo
aceptable pero por debajo de
sus posibilidades, miembros
muy parados y nada comunicativos.
No es un concierto que pase
a la historia aunque tuvo sus
instantes de calidad.
Reitero, antes
de terminar, que todo lo que
rodeó a este concierto,
empezando por los propios Ancient,
resultó bastante decadente.
No sé si podemos hablar
de una formación dando
sus últimos coletazos
de vida o de un conjunto que
intenta volver a la actualidad
después de un período
de letargo con lo que ello cuesta.
El tiempo lo dirá pero,
desgraciadamente, no espero
mucho de aquellos que, en su
día, estaban llamados
a ser alternativa a asesinados,
arrestados o encarcelados. Mimbres
había para ello pero,
como tantos otros, se quedaron
en el camino de la forma más
cruel: la indiferencia.
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Ancient


Crying Blood




Gothmog





Ancient




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