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La locura
es un estado de lucidez pasajera
que te impulsa a hacer burradas.
Esto pensamiento tan banal me
lo acabo de inventar para definir
la aventura que significó
viajar a Palencia para ver a
Lizzy Borden que, por primera
actuaba en España, en
dos lugares tan poco habituales
en el circuito como la localidad
castellana y Zaragoza. Era muy
fácil quedarse en casa
porque desde hacía una
semana se anunciaba temporal
en gran parte de la península
pero fuimos bastantes los que
acudimos desde diferentes puntos
de la geografía a la
llamada de un grupo que no contará
con muchos seguidores pero sí
fieles porque un número
importante de los que fuimos
al concierto les veremos en
el Keep It True dentro de unos
meses. No obstante, lo siento
pero no era lo mismo porque
esto era aquí y también
se trataba de apoyar, cada uno
a su manera, la llegada de tours
tan atípicos como éste,
organizado por la gente de Heavencross
que siempre apuesta por cosas
raras o poco vistas en estos
lares.
Desde primera
hora de la mañana, la
cosa pintaba en bastos en Madrid.
Por eso, me acerqué a
comprar unas cadenas para el
coche previendo la que se avecinaba.
Me llegaban mensajes de amigos
que viven en la sierra alertándome
del temporal pero, tras comer,
partimos rumbo al norte. A veinte
kilómetros de la capital
comenzó a nevar y, al
rato, aquello se tornó
en complicado. De tres carriles
pasamos a dos, para, posteriormente,
quedarnos en uno solo, marcado
por la máquina quitanieves
justo antes de entrar al túnel
del Puerto de Los Leones. Muy
cerca, en Navacerrada, más
de tres mil vehículos
se quedaban atrapados. Mal que
bien, pudimos superar la nevada
y adentrarnos en el otro lado
de la meseta.
Curiosamente,
y salvo unas peligrosas capas
de hielo al salir del túnel,
en esta zona, tradicionalmente
más fría, llovía
con intensidad pero poco más.
Al llegar a Palencia la temperatura
rondaba los cero grados pero
las precipitaciones dejaron
de caer. Tras un pequeño
paseo por el centro de la ciudad,
nuestra primera toma de contacto
con el heavy metal llegó
en el hall del hotel, el mismo
en el que los miembros de Lizzy
Borden se alojaban. Allí
pudimos ver caras de cansancio,
salvo la de Ira Black que departía
animado con la organización.
Era el día del clásico
por antonomasia del fútbol
español, Barcelona-Real
Madrid, pero no era mi prioridad
porque uno es madridista no
masoquista.
Nunca había
estado en un frontón
para presenciar un concierto.
Como casi todos, he jugado muchas
veces en el pueblo soriano de
mi padre pero nada más.
Dos cosas sí tenía
claras: que, a pesar de estar
cubierto, el frío podía
ser de aúpa, y que, como
las pelotas, el sonido iba a
rebotar. Ignoraba cuánto
influiría esto último
pero seguro que condicionaba.
El recinto se encuentra a orillas
del río Carrión,
con lo que la sensación
térmica es aún
más baja, en un complejo
deportivo presidido por el Pabellón
Marta Domínguez, dedicado
a la enorme atleta palentina.
El frontón comparte edificio
con la piscina y el gimnasio,
con lo que nada más abrir
la puerta el olor a cloro penetraba
por la nariz irremediablemente.
Un cartel rezaba que por motivos
de incompatibilidad con los
horarios del resto de actividades,
todo se retrasaba una hora.
En el bar del pabellón
esperamos hasta que, finalmente,
se abrió la puerta que
conduce al frontón.
Estamos hablando
de una capital de provincia
por lo que había una
grada en la pared libre que
estaba cerrada para la ocasión.
Y es que ya se vio que sobraba
espacio por todos los lados
aun no estando el escenario
en un fondo. Hablando de éste,
decir que muy grande, ideal
para un concierto, nada que
ver con el minúsculo
de la Sala Carabel que padecimos
cuando hace dos años
y medio viajamos a ver a Riot.
Las luces eran escasas aunque
tampoco es que condicionaran
la visibilidad. Muy poco a poco
aquello se fue poblando pero
apenas habría ciento
cincuenta personas cuando los
gallegos The Mirage, a eso de
las diez de la noche, saltaron
a las tablas.
El eclecticismo
normalmente me suele gustar
porque tiro de todos los palos
(fundamentalmente en el hard
rock, heavy y demás derivados)
pero lo que había escuchado
previamente del quinteto de
Vigo no me convencía,
se alejada en demasía
de los parámetros que
esperaba, máxime cuando
en otros puntos de Europa habían
tenido teloneros como los neerlandeses
Martyr. No niego que The Mirage
se entregan y lo dan todo pero
su propuesta no termina de atraparme.
Combinan riffs iniciales bastante
cañeros con un hard más
bien patrio y una voz más
roquera que metalera. Asimismo,
las composiciones se quedan
a medio camino porque no poseen
estribillos brillantes. Digamos
que es la típica banda
que no te molesta pero tampoco
te dice nada.
Tienen un disco
en el mercado, “Viviendo
rock and roll”, y otro
a punto de ver la luz por lo
que su descarga mezcló
temas de ambas entregas, intercalando
alguna versión. Comenzaron
con “Has jugado con fuego”,
entiendo que un corte nuevo
porque no aparece en su debut.
Si ya en la mal seleccionada
música de ambiente comprobé
el rebote, en cuanto The Mirage
empezaron lo certifiqué.
Lo malo es que, por mucho que
se cambiara de ubicación,
la mejora era leve. Para colmo,
considero que los gallegos sonaron
menos mal que Lizzy Borden.
Continuando
con material reciente, “Páginas
en blanco” enfatizó
sus buenas maneras con las guitarras
pero lo flojito que me parece
su cantante Mandi García
que iba un tanto apurado. Con
la power ballad “Buscando
en tu interior” vivimos
el primer instante positivo,
con un buen cambio de ritmo
y estructura. Los aires más
simples y directos irrumpieron
con la bailonga “Nada
como el rock and roll”
que les distanció casi
definitivamente de la mayoría
heavy que se encontraba en el
frontón. Eso sí,
tenían su pequeña
“cla” que les había
acompañado desde Vigo
y coreaba cada tema. Ya digo
que la ejecución era
buena pero no había demasiado
que rascar.
La primera
versión fue el “Siempre
estáis allí”,
la maravillosa composición
de Barón Rojo. Pues bien,
casi eché de menos a
Carlos de Castro porque a Mandi
se le atragantó sobremanera,
incluso el genial estribillo.
El resto sacaron el envite pero
el vocalista naufragó.
Yo que ellos me pensaría
el sustituirla por otra más
acorde a las cualidades del
cantante. Con “Otra noche,
otra ciudad” volvimos
a la cosecha propia y al hard
rock insulso. Entre medias de
la canción les dio por
meter un medley un tanto atípico
porque constó de tres
cortes más que conocidos:
“Won´t get fooled
again” de The Who, “You
really got me” de The
Kinks y el “Lick it up”
de Kiss. Sin embargo, solo en
este último hubo algo
de voz, circunscrita al coro.
Quizá
la que más me gustó
fue “No soy diferente
a ti”, potente y adecuada
para los registros de Mandi.
“Cuando el mundo pare”
sirvió para poner el
teórico broche final
tras cuarenta y cinco minutos
de actuación pero ellos
mismos (y sus seguidores) se
“autopidieron” un
bis que resultó ser “Sal
en las heridas”, que abría
“Viviendo rock and roll”
y que les llevó a la
despedida definitiva. Reconozco
que no me gustaron mucho y se
me hizo largo. A lo mejor en
otras circunstancias…
No hubo prueba
de sonido ni nada que se le
parezca entre grupos. Lizzy
Borden vienen con lo puesto
en esta gira y la batería
y prácticamente todo
el backline eran de The Mirage.
En un par de minutos se pusieron
dos carteles (aún enrollados)
a los lados y un baúl
junto al micro principal. Ahí
se quedó todo…
y pasó el tiempo. Nada
sucedía. Me enteré
que Casillas paró un
penalti y que Etoo y Messi apuntillaron
a esa nave fantasmagórica
llamada Real Madrid que intenta
reflotar Juande Ramos. Se acababan
hasta los temas de conversación
y, en general, las trescientas
personas que allí nos
dábamos cita, se dedicaban
a beber por lo que su nivel
de borrachera era digno de mención.
Lo que, inicialmente, estaba
programado para las diez y media
comenzó casi ¡dos
horas después! Desconozco
los motivos pero el caso es
que fue desesperante. Lo más
gracioso es que, como luego
veréis, la espera fue
tan larga como la duración
del concierto de la banda de
Los Angeles.
De una forma
un tanto extraña irrumpieron
en el frontón los músicos
que acompañan a Lizzy
Borden. De la formación
original, solo queda Joey Scott,
baterista y hermano de Lizzy.
Además, su compañero
en Starwood (¡qué
gran disco de hard rock sacaron
hace un par de años Lizzy,
Scott y compañía!)
el bajista Marten Andersson,
Ira Black, un gran guitarrista
pero que únicamente ha
sido “sustituto de”
en bandas excelentes de los
ochenta como Vicious Rumors
o Heathen, y Chris Sanders.
La presencia de este último
me parece esencial porque, aunque
lo imaginaba, en ningún
sitio venían como formación
de cinco, algo fundamental para
su música porque abundan
las dobles melodías de
guitarra. Chris Sanders es,
para mí, un desconocido
pero su bagaje es amplio si
bien nunca en una banda definida.
Las pintas
que llevan los tíos en
estos renacidos Lizzy Borden
(no olvidemos que “Appointment
with death” fue su primer
álbum en siete años
y el segundo en diecinueve)
a mí no me parecen acordes.
Siempre han sido un grupo de
shock metal y su imagen era
importante pero es que ahora
se asemejan a una banda de black
melódico de tercera división
con el añadido de la
cresta de Scott para hacerlo
todo un poco más cómico.
En cualquier caso, la trayectoria
está ahí e incluso
“Appointment with death”
es un bastante buen disco, como
lo fue en su día “Dealing
with devil”, aunque como
es lógico, no llegan
a “Love you to pieces”,
por ejemplo.
“Abnormal”
fue la obvia elección
para arrancar. Desde ese momento
comprobamos que debíamos
intuir lo que estaban tocando
porque el sonido rebotaba por
todos los lados. Algo tardó
en salir Lizzy, una vez comenzadas
las estrofas, encapuchado y
con una de las múltiples
máscaras que sacó.
Me habían hablado muy
bien de su estado vocal pero,
o bien tenía algún
problema o directamente no era
oro todo lo que relucía,
porque, sin hacerlo mal, sí
que sus agudos han quedado lejos.
Mantiene las melodías
vocales pero no llega a los
tonos altos pecando de cierta
ronquera. Reitero que me comentaron
que estaba medio enfermo por
lo que no emitiré mi
juicio definitivo hasta que
no lo vea de nuevo.
Era curioso
como entre canción y
canción siempre se iba
a cambiar, y así rápidamente
se quitó la capa y cogió
el hacha para descarnarnos con
“Give´em the axe”,
de su primer EP, que hizo que
la gente se desperezara aunque
no demasiado. Algo más
de entusiasmo despertó
“Notorious”, incomprensiblemente
la única presencia de
“Menace to society”.
Siendo uno de mis cortes preferidos
no la disfruté del todo
porque ya Lizzy empezaba a renquear
y las melodías de guitarra
había que intuirlas porque
aquello era un batiburrillo.
Me chocó la cantidad
de mini solos que se marcaron.
Primero Ira Black, después
Marten Andersson, posteriormente
Ira de nuevo,… No es que
restara dinamismo pero sí
que afeaba un poco la contundente
puesta en escena de los americanos.
Dentro de un
repertorio reducidísimo,
el reciente (aunque ya tiene
más de un año)
“Appointment with the
death” se llevó
la mejor parte. “Live
forever” es una canción
que está bien aunque
no me mata, todo lo contrario
que la genial “Rod of
iron”, de “Love
you to pieces”, cuya primera
parte, al ser tranquila, gozó
del sonido más potable
si bien Lizzy falló un
poco en la interpretación.
En el camino se dejaron “Warfare”,
que sí venía cayendo
en la gira europea. En este
segmento relativamente más
tranquilo eligieron “Outcast”
de “Visual Lies”
como complemento de “Rod
of iron”. No es de las
que yo hubiera escogido pero
se agradeció. Con “Tomorrow
never comes” y “Under
your skin” se completó
el cuarteto del último
disco, siendo “Tomorrow
never comes” la que mejor
acogida tuvo, un fantástico
corte que vino precedido de
una buena intro de Marten con
el bajo.
A pesar de
las “inclemencias”
y los “elementos”,
hasta aquí no se les
podía reprochar nada.
Los tíos tienen una gran
puesta en escena, Lizzy es una
frontman comunicativo que intentaba
que el público se desperezase
(como bien dijo: “Tíos,
es sábado noche”)
y el resto se mueve constantemente
por un escenario que permitía
el juego. Mis “problemas”
con el grupo empezaron aquí
ya que metieron un riff que
me sonaba pero no adiviné
cuál era hasta las estrofas.
Jamás hubiera imaginado
no reconocer “Master of
disguise”, el tema que
da título a un disco
que habré escuchado cientos
de veces. No me gustó
nada su interpretación
y menos que no la terminaran.
Y es que aquí empezaron
con los amagos y las interrupciones.
No contentos
con acortar “Master of
disguise”, tocan las primeras
notas de “Come out at
night”, el tema “Marylin
Manson” de “Deal
with the devil”, pero
la dejan de lado para encarar
su compañera de álbum
“There will be blood”,
no sin antes Lizzy hacernos
el numerito de la sangre, que
no hace falta ser Gene Simmons
para que quede resultón.
Increíblemente, la siguiente
fue “American metal”,
uno de sus grandes clásicos,
con lo que me temía que
a aquello le quedaba poco cuando
ni tan siquiera alcanzábamos
la hora de actuación.
Aquí sí, el público
se enchufó pero cuando
Ira terminó el solo,
en vez finalizar la canción
la unieron con “Me against
the world”, la mejor de
“Visual lies” y
una de sus más grandes
composiciones. Con un pequeño
apoyo de un simple en los coros
(o, al menos, así me
pareció, aunque nada
importante), la interpretación
sí estuvo a la altura,
mucho más atinada que
“Red rum”, un tanto
descompasado, el cierre tras
menos de setenta minutos.
El apartado
surrealista llegó ahora
porque se fueron y se hizo el
silencio. Prácticamente
nadie pidió que salieron
con ahínco, como si a
la gente le daba igual que tocaran
Lizzy Borden o Los Porretas.
Vamos, yo si hubiera sido el
grupo me habría pensado
el volver para el bis (aunque
la duración había
sido impresentable) porque hasta
tuvo que salir un tío
al escenario para decir que
pidiéramos la vuelta
del grupo. Lo grande es que,
ni aún así, la
respuesta fue contundente. En
cualquier caso, volvieron para
interpretar “We got the
power”, una canción
que teóricamente está
escondida al final de “Master
of disguise” pero que
en su momento tuvo una cierta
repercusión aquí
porque un programa de radio
la pinchaba a menudo. A mí
me resulta un tema atávico,
comercial pero que no cuaja
con los años, prefiriendo
de ese trabajo, sin duda, “Be
one of us”, “Psychodrama”
o “Sins of the flesh”.
Lizzy Borden
se despidieron (supongo que
para no volver jamás
a España…), las
luces del frontón iluminaron
el recinto y los seguidores
del grupo iban saliendo…
¡pero no! A muchos pilló
en fuera de juego un nuevo retorno
para regalarnos la versión
del “Long live rock and
roll” de Rainbow que hicieran
en sus comienzos y que les acompaña
en muchas de sus descargas.
Entiendo que la audiencia sí
que conocía esta por
lo que el sabor de boca para
los “no iniciados”
fue bueno. Para mí, por
debajo de las expectativas creadas.
Es verdad que las circunstancias
de viaje, tiempo, espera eterna
y, sobre todo, sonido no ayudaron
pero ansiaba ver uno de los
conciertos del año y
se quedó en un bolo más.
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Lizzy Borden



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