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LIZZY BORDEN + THE MIRAGE

Frontón Eras De Santa Marina (Palencia) 13-12-2008

La locura es un estado de lucidez pasajera que te impulsa a hacer burradas. Esto pensamiento tan banal me lo acabo de inventar para definir la aventura que significó viajar a Palencia para ver a Lizzy Borden que, por primera actuaba en España, en dos lugares tan poco habituales en el circuito como la localidad castellana y Zaragoza. Era muy fácil quedarse en casa porque desde hacía una semana se anunciaba temporal en gran parte de la península pero fuimos bastantes los que acudimos desde diferentes puntos de la geografía a la llamada de un grupo que no contará con muchos seguidores pero sí fieles porque un número importante de los que fuimos al concierto les veremos en el Keep It True dentro de unos meses. No obstante, lo siento pero no era lo mismo porque esto era aquí y también se trataba de apoyar, cada uno a su manera, la llegada de tours tan atípicos como éste, organizado por la gente de Heavencross que siempre apuesta por cosas raras o poco vistas en estos lares.

Desde primera hora de la mañana, la cosa pintaba en bastos en Madrid. Por eso, me acerqué a comprar unas cadenas para el coche previendo la que se avecinaba. Me llegaban mensajes de amigos que viven en la sierra alertándome del temporal pero, tras comer, partimos rumbo al norte. A veinte kilómetros de la capital comenzó a nevar y, al rato, aquello se tornó en complicado. De tres carriles pasamos a dos, para, posteriormente, quedarnos en uno solo, marcado por la máquina quitanieves justo antes de entrar al túnel del Puerto de Los Leones. Muy cerca, en Navacerrada, más de tres mil vehículos se quedaban atrapados. Mal que bien, pudimos superar la nevada y adentrarnos en el otro lado de la meseta.

Curiosamente, y salvo unas peligrosas capas de hielo al salir del túnel, en esta zona, tradicionalmente más fría, llovía con intensidad pero poco más. Al llegar a Palencia la temperatura rondaba los cero grados pero las precipitaciones dejaron de caer. Tras un pequeño paseo por el centro de la ciudad, nuestra primera toma de contacto con el heavy metal llegó en el hall del hotel, el mismo en el que los miembros de Lizzy Borden se alojaban. Allí pudimos ver caras de cansancio, salvo la de Ira Black que departía animado con la organización. Era el día del clásico por antonomasia del fútbol español, Barcelona-Real Madrid, pero no era mi prioridad porque uno es madridista no masoquista.

Nunca había estado en un frontón para presenciar un concierto. Como casi todos, he jugado muchas veces en el pueblo soriano de mi padre pero nada más. Dos cosas sí tenía claras: que, a pesar de estar cubierto, el frío podía ser de aúpa, y que, como las pelotas, el sonido iba a rebotar. Ignoraba cuánto influiría esto último pero seguro que condicionaba. El recinto se encuentra a orillas del río Carrión, con lo que la sensación térmica es aún más baja, en un complejo deportivo presidido por el Pabellón Marta Domínguez, dedicado a la enorme atleta palentina. El frontón comparte edificio con la piscina y el gimnasio, con lo que nada más abrir la puerta el olor a cloro penetraba por la nariz irremediablemente. Un cartel rezaba que por motivos de incompatibilidad con los horarios del resto de actividades, todo se retrasaba una hora. En el bar del pabellón esperamos hasta que, finalmente, se abrió la puerta que conduce al frontón.

Estamos hablando de una capital de provincia por lo que había una grada en la pared libre que estaba cerrada para la ocasión. Y es que ya se vio que sobraba espacio por todos los lados aun no estando el escenario en un fondo. Hablando de éste, decir que muy grande, ideal para un concierto, nada que ver con el minúsculo de la Sala Carabel que padecimos cuando hace dos años y medio viajamos a ver a Riot. Las luces eran escasas aunque tampoco es que condicionaran la visibilidad. Muy poco a poco aquello se fue poblando pero apenas habría ciento cincuenta personas cuando los gallegos The Mirage, a eso de las diez de la noche, saltaron a las tablas.

El eclecticismo normalmente me suele gustar porque tiro de todos los palos (fundamentalmente en el hard rock, heavy y demás derivados) pero lo que había escuchado previamente del quinteto de Vigo no me convencía, se alejada en demasía de los parámetros que esperaba, máxime cuando en otros puntos de Europa habían tenido teloneros como los neerlandeses Martyr. No niego que The Mirage se entregan y lo dan todo pero su propuesta no termina de atraparme. Combinan riffs iniciales bastante cañeros con un hard más bien patrio y una voz más roquera que metalera. Asimismo, las composiciones se quedan a medio camino porque no poseen estribillos brillantes. Digamos que es la típica banda que no te molesta pero tampoco te dice nada.

Tienen un disco en el mercado, “Viviendo rock and roll”, y otro a punto de ver la luz por lo que su descarga mezcló temas de ambas entregas, intercalando alguna versión. Comenzaron con “Has jugado con fuego”, entiendo que un corte nuevo porque no aparece en su debut. Si ya en la mal seleccionada música de ambiente comprobé el rebote, en cuanto The Mirage empezaron lo certifiqué. Lo malo es que, por mucho que se cambiara de ubicación, la mejora era leve. Para colmo, considero que los gallegos sonaron menos mal que Lizzy Borden.

Continuando con material reciente, “Páginas en blanco” enfatizó sus buenas maneras con las guitarras pero lo flojito que me parece su cantante Mandi García que iba un tanto apurado. Con la power ballad “Buscando en tu interior” vivimos el primer instante positivo, con un buen cambio de ritmo y estructura. Los aires más simples y directos irrumpieron con la bailonga “Nada como el rock and roll” que les distanció casi definitivamente de la mayoría heavy que se encontraba en el frontón. Eso sí, tenían su pequeña “cla” que les había acompañado desde Vigo y coreaba cada tema. Ya digo que la ejecución era buena pero no había demasiado que rascar.

La primera versión fue el “Siempre estáis allí”, la maravillosa composición de Barón Rojo. Pues bien, casi eché de menos a Carlos de Castro porque a Mandi se le atragantó sobremanera, incluso el genial estribillo. El resto sacaron el envite pero el vocalista naufragó. Yo que ellos me pensaría el sustituirla por otra más acorde a las cualidades del cantante. Con “Otra noche, otra ciudad” volvimos a la cosecha propia y al hard rock insulso. Entre medias de la canción les dio por meter un medley un tanto atípico porque constó de tres cortes más que conocidos: “Won´t get fooled again” de The Who, “You really got me” de The Kinks y el “Lick it up” de Kiss. Sin embargo, solo en este último hubo algo de voz, circunscrita al coro.

Quizá la que más me gustó fue “No soy diferente a ti”, potente y adecuada para los registros de Mandi. “Cuando el mundo pare” sirvió para poner el teórico broche final tras cuarenta y cinco minutos de actuación pero ellos mismos (y sus seguidores) se “autopidieron” un bis que resultó ser “Sal en las heridas”, que abría “Viviendo rock and roll” y que les llevó a la despedida definitiva. Reconozco que no me gustaron mucho y se me hizo largo. A lo mejor en otras circunstancias…

No hubo prueba de sonido ni nada que se le parezca entre grupos. Lizzy Borden vienen con lo puesto en esta gira y la batería y prácticamente todo el backline eran de The Mirage. En un par de minutos se pusieron dos carteles (aún enrollados) a los lados y un baúl junto al micro principal. Ahí se quedó todo… y pasó el tiempo. Nada sucedía. Me enteré que Casillas paró un penalti y que Etoo y Messi apuntillaron a esa nave fantasmagórica llamada Real Madrid que intenta reflotar Juande Ramos. Se acababan hasta los temas de conversación y, en general, las trescientas personas que allí nos dábamos cita, se dedicaban a beber por lo que su nivel de borrachera era digno de mención. Lo que, inicialmente, estaba programado para las diez y media comenzó casi ¡dos horas después! Desconozco los motivos pero el caso es que fue desesperante. Lo más gracioso es que, como luego veréis, la espera fue tan larga como la duración del concierto de la banda de Los Angeles.

De una forma un tanto extraña irrumpieron en el frontón los músicos que acompañan a Lizzy Borden. De la formación original, solo queda Joey Scott, baterista y hermano de Lizzy. Además, su compañero en Starwood (¡qué gran disco de hard rock sacaron hace un par de años Lizzy, Scott y compañía!) el bajista Marten Andersson, Ira Black, un gran guitarrista pero que únicamente ha sido “sustituto de” en bandas excelentes de los ochenta como Vicious Rumors o Heathen, y Chris Sanders. La presencia de este último me parece esencial porque, aunque lo imaginaba, en ningún sitio venían como formación de cinco, algo fundamental para su música porque abundan las dobles melodías de guitarra. Chris Sanders es, para mí, un desconocido pero su bagaje es amplio si bien nunca en una banda definida.

Las pintas que llevan los tíos en estos renacidos Lizzy Borden (no olvidemos que “Appointment with death” fue su primer álbum en siete años y el segundo en diecinueve) a mí no me parecen acordes. Siempre han sido un grupo de shock metal y su imagen era importante pero es que ahora se asemejan a una banda de black melódico de tercera división con el añadido de la cresta de Scott para hacerlo todo un poco más cómico. En cualquier caso, la trayectoria está ahí e incluso “Appointment with death” es un bastante buen disco, como lo fue en su día “Dealing with devil”, aunque como es lógico, no llegan a “Love you to pieces”, por ejemplo.

“Abnormal” fue la obvia elección para arrancar. Desde ese momento comprobamos que debíamos intuir lo que estaban tocando porque el sonido rebotaba por todos los lados. Algo tardó en salir Lizzy, una vez comenzadas las estrofas, encapuchado y con una de las múltiples máscaras que sacó. Me habían hablado muy bien de su estado vocal pero, o bien tenía algún problema o directamente no era oro todo lo que relucía, porque, sin hacerlo mal, sí que sus agudos han quedado lejos. Mantiene las melodías vocales pero no llega a los tonos altos pecando de cierta ronquera. Reitero que me comentaron que estaba medio enfermo por lo que no emitiré mi juicio definitivo hasta que no lo vea de nuevo.

Era curioso como entre canción y canción siempre se iba a cambiar, y así rápidamente se quitó la capa y cogió el hacha para descarnarnos con “Give´em the axe”, de su primer EP, que hizo que la gente se desperezara aunque no demasiado. Algo más de entusiasmo despertó “Notorious”, incomprensiblemente la única presencia de “Menace to society”. Siendo uno de mis cortes preferidos no la disfruté del todo porque ya Lizzy empezaba a renquear y las melodías de guitarra había que intuirlas porque aquello era un batiburrillo. Me chocó la cantidad de mini solos que se marcaron. Primero Ira Black, después Marten Andersson, posteriormente Ira de nuevo,… No es que restara dinamismo pero sí que afeaba un poco la contundente puesta en escena de los americanos.

Dentro de un repertorio reducidísimo, el reciente (aunque ya tiene más de un año) “Appointment with the death” se llevó la mejor parte. “Live forever” es una canción que está bien aunque no me mata, todo lo contrario que la genial “Rod of iron”, de “Love you to pieces”, cuya primera parte, al ser tranquila, gozó del sonido más potable si bien Lizzy falló un poco en la interpretación. En el camino se dejaron “Warfare”, que sí venía cayendo en la gira europea. En este segmento relativamente más tranquilo eligieron “Outcast” de “Visual Lies” como complemento de “Rod of iron”. No es de las que yo hubiera escogido pero se agradeció. Con “Tomorrow never comes” y “Under your skin” se completó el cuarteto del último disco, siendo “Tomorrow never comes” la que mejor acogida tuvo, un fantástico corte que vino precedido de una buena intro de Marten con el bajo.

A pesar de las “inclemencias” y los “elementos”, hasta aquí no se les podía reprochar nada. Los tíos tienen una gran puesta en escena, Lizzy es una frontman comunicativo que intentaba que el público se desperezase (como bien dijo: “Tíos, es sábado noche”) y el resto se mueve constantemente por un escenario que permitía el juego. Mis “problemas” con el grupo empezaron aquí ya que metieron un riff que me sonaba pero no adiviné cuál era hasta las estrofas. Jamás hubiera imaginado no reconocer “Master of disguise”, el tema que da título a un disco que habré escuchado cientos de veces. No me gustó nada su interpretación y menos que no la terminaran. Y es que aquí empezaron con los amagos y las interrupciones.

No contentos con acortar “Master of disguise”, tocan las primeras notas de “Come out at night”, el tema “Marylin Manson” de “Deal with the devil”, pero la dejan de lado para encarar su compañera de álbum “There will be blood”, no sin antes Lizzy hacernos el numerito de la sangre, que no hace falta ser Gene Simmons para que quede resultón. Increíblemente, la siguiente fue “American metal”, uno de sus grandes clásicos, con lo que me temía que a aquello le quedaba poco cuando ni tan siquiera alcanzábamos la hora de actuación. Aquí sí, el público se enchufó pero cuando Ira terminó el solo, en vez finalizar la canción la unieron con “Me against the world”, la mejor de “Visual lies” y una de sus más grandes composiciones. Con un pequeño apoyo de un simple en los coros (o, al menos, así me pareció, aunque nada importante), la interpretación sí estuvo a la altura, mucho más atinada que “Red rum”, un tanto descompasado, el cierre tras menos de setenta minutos.

El apartado surrealista llegó ahora porque se fueron y se hizo el silencio. Prácticamente nadie pidió que salieron con ahínco, como si a la gente le daba igual que tocaran Lizzy Borden o Los Porretas. Vamos, yo si hubiera sido el grupo me habría pensado el volver para el bis (aunque la duración había sido impresentable) porque hasta tuvo que salir un tío al escenario para decir que pidiéramos la vuelta del grupo. Lo grande es que, ni aún así, la respuesta fue contundente. En cualquier caso, volvieron para interpretar “We got the power”, una canción que teóricamente está escondida al final de “Master of disguise” pero que en su momento tuvo una cierta repercusión aquí porque un programa de radio la pinchaba a menudo. A mí me resulta un tema atávico, comercial pero que no cuaja con los años, prefiriendo de ese trabajo, sin duda, “Be one of us”, “Psychodrama” o “Sins of the flesh”.

Lizzy Borden se despidieron (supongo que para no volver jamás a España…), las luces del frontón iluminaron el recinto y los seguidores del grupo iban saliendo… ¡pero no! A muchos pilló en fuera de juego un nuevo retorno para regalarnos la versión del “Long live rock and roll” de Rainbow que hicieran en sus comienzos y que les acompaña en muchas de sus descargas. Entiendo que la audiencia sí que conocía esta por lo que el sabor de boca para los “no iniciados” fue bueno. Para mí, por debajo de las expectativas creadas. Es verdad que las circunstancias de viaje, tiempo, espera eterna y, sobre todo, sonido no ayudaron pero ansiaba ver uno de los conciertos del año y se quedó en un bolo más.


Lizzy Borden

 

 

 

 

 


The Mirage

 


Lizzy Borden

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Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego