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¿Guernica?.
¿Jerez?. ¿Jerez?.
¿Guernica?. Casi lo que
nos faltaba por ver en España
eran los “festivales gemelos”.
Ésta es una idea que
se hace en eventos como el Rock
Am Ring – Rock Im Park
de Alemania pero claro, allí
es un acto “mainstream”
o generalista y en el Metalway
nos centramos en Metal, y encima
sin los nombres más importantes
del género. Por lo tanto,
pensamiento inteligente y arriesgado
de la promotora más absolutamente
irracional como luego se demostró.
Esta configuración, además,
ha determinado mucho las contrataciones
de este año. Se quiso
hacer a lo grande y hubo que
recortar, y eso que había
una serie de formaciones absolutamente
atrayentes para el paladar selecto
pero que, reconozcámoslo,
no son del agrado del heavy
medio patrio que, una y otra
vez, considera que hay poca
vida después de Iron
Maiden, Judas Priest, Metallica
o Manowar. Es lo que hay, por
muchos que algunos nos quejemos.
Antes de comenzar a desgranar
lo que fueron las actuaciones
en sí mismas, es necesario
ubicarse en el contexto de esta
edición del Metalway.
Por ello, vamos a hablar en
primer lugar de los días
previos, segundo de todo lo
extramusical que rodea a un
evento así y, por último,
ya que viene al caso como comprobaréis
en breve, de las circunstancias
del equipo de esta revista digital
desplazado a Gernica.
Le han llovido
muchísimo palos a la
promotora en los meses anteriores
al festival, unos con razón
y otros desmedidos. Es cierto
que había más
de lo mismo en muchos casos
(Helloween, Edguy, Stratovarius,
Rage, Saxon y Primal Fear en
Jerez) pero se vio un afán
por ofrecer algo distinto. Díganme,
si no, en donde existe la posibilidad
de ver a Celtic Frost por primera
vez en nuestro país,
The Gathering, Metal Church,
Nevermore o Ministry. Que yo
sepa, estos y algunos otros
que me dejo, no se pasan todos
los días por España.
Por lo tanto, la mezcla era
necesaria a pesar de que, por
ejemplo, la mayoría de
los “repetidos”
a mí no me interesaban
nada los he visto mil veces
y, encima, no son favoritos
personales. Lo que sí
queda en el debe de la organización
es la ausencia de noticias y
ese toque de oscurantismo con
que nos han obsequiado. Se anunciaron
tres cabezas de cartel, al final
uno y gracias. Cuando ya se
preveía el fracaso de
Jerez, se parcheó el
asunto con bandas locales. Está
muy bien dar una oportunidad
a este gente (en especial, me
hubiera gustado presenciar la
descarga de Anvil Of Doom) pero
los que ya tenían su
entrada sufrieron una decepción.
Las bandas patrias y/o noveles
deben ser anunciadas al principio
y con muchos meses de antelación.
Sigamos, se caen WASP y Axel
Rudy Pell, pues como va a haber
déficit económico
no los sustituyo por nadie.
Creo que ningún asistente
se hubiera quejado si un mes
antes se anuncia en todos los
sitios posibles (esencialmente,
en su propia web): “Señores,
la cosa no va como esperábamos,
y no podemos afrontar la llegada
de un gran grupo porque las
negociaciones no han dado sus
frutos. Por lo tanto, el festival
se queda como está”.
No obstante, reconozco que esto
algunos no lo entenderían
e, incluso, la asistencia habría
sido menor.
Una vez metidos
en faena, hablemos de lo que
rodea el festival. Nos centraremos
en Guernica porque es donde
estuvimos. Por segundo alo consecutivo,
el campo de fútbol de
Santa Lucía acogió
durante tres días a metaleros
de la mitad norte del país
dispuestos a disfrutar con los
grupos pero, sobre todo, a pasarlo
bien. Un breve vistazo desde
la distancia a la zona de acampada
y alguna charla con los allí
presentes, nos puso en antecedentes
de que se había ampliado
y no se sufrieron las penurias
del año pasado.
Eso sí,
el asunto de los sanitarios
y las duchas es un mal endémico
de todo festival nacional que
se precie. ¿Acaso somos
más guarros que los europeos?
Yo diría que no, entonces
no comprendo por qué
no se limpian. El precio de
las bebidas sigue siendo un
poco excesivo. Sin embargo,
en el apartado culinario hay
que hacer notar una mejora substancial.
Se instaló una especie
de carpa comedor con platos
calientes (paella, pizza, macarrones)
y fríos (ensalada normal,
de pasta). Uno que siempre aprovecha
los festivales para hacer dieta
y así evitar visitas
al “señor Roca”,
piensa que, al menos, al paella
se podía comer. Evidentemente,
no era una delicatessen pero
sí que el arroz no estaba
revenido ni en pegotes asquerosos.
La ensalada y los macarrones
también estaban aceptables
y, lo mejor, te llenaban el
cuerpo. Eso sí, el pan
a ver si mejora un poco porque
era del pleistoceno, ni las
moscas se acercaban a él.
A la prensa se nos dieron muchas
facilidades pero yo rogaría
que las ruedas de prensa no
coincidan con actuaciones. Sé
que es difícil pero podrían
esperar a los veinte minutos
de descanso entre bandas ya
que el don de la ubicuidad todavía
no lo he conseguido. Si van
cuatro personas (cosa rara,
en mi opinión, y no demasiado
necesaria) acreditadas entiendo
que se puedan desdoblar y compaginar
pero un redactor y un fotógrafo
lo primero a lo que tienen que
estar es atentos a las actuaciones.
Claro que no es el caso de muchos
compañeros habituales
de la barra libre de la carpa
de prensa (así luego
lees lo que lees) pero esa es
otra historia.
Por último,
comentar que la crónica
del festival está incompleta.
Desgraciadamente, todos tenemos
nuestros curros y, en ocasiones,
surgen imprevistos. Por mucho
que se negoció, fue imposible
conseguir más de un día
de vacaciones lo que nos hizo
pensar en salir el viernes al
mediodía y regresar,
tranquilamente, el lunes a Madrid.
El problema es que al ver los
horarios (¡que salieron
una semana antes!) observamos
para nuestra desgracia que Nevermore
tocaban las cinco de la tarde
y The Gathering inmediatamente
después. Replanteamos
la situación decidiendo
intentar coger el viernes y
perdernos la última parte
del festival con formaciones
requetevistas aunque era una
pena no poder ver a Megadeth.
Además, para nosotros
el domingo era el día
más flojo y nuestra obsesión
(por lo menos, la mía)
se centraba en Jon Oliva (de
ahí el disgusto posterior
que leeréis). Como estos
cambios hubo que hacerlos en
la misma semana del festival,
nuevas trabas surgieron pero,
finalmente, a las 15:00 del
viernes estábamos ya
dentro de campo de fútbol
prestos a vivir dos días
y medio de emociones, alegrías
y decepciones, que de todo hay.
VIERNES
28 DE JULIO
ANNEKE,
ÁNGEL(ES)
Una lluvia,
por momentos, pertinaz comenzó
a caer cuando dejamos el coche
y nos dispusimos a ingerir las
viandas que nos darían
fuerzas ya que nos habíamos
levantado pronto y habíamos
encarado un viaje. Eso sí,
estábamos de sobra para
ver a Nevermore, uno de los
grandes alicientes, aunque quienes
se llevaron la palma, en mi
opinión, de este nublado
y gris viernes fueron Ángeles
del Infierno y el “ángel”
Anneke Van Giesbergen de The
Gathering.
FINNTROLL:
“POLKA” MISERIA
Fue adentrarnos
en el recinto e ir, para variar,
a los puestos de tiendas de
discos, dentro y fuera del Metalmarket.
La carpa de éste era
algo más pequeña
que el ejercicio pretérito
pero os aseguro que si buscas
joyas (tanto en vinilo como
cd y camisetas) las encuentras.
En el exterior, las dos o tres
interesantes habituales en todo
festival español que
se precie. La intro de los finlandeses
Finntroll comenzó a sonar
cuando aún estábamos
de compras por lo que apuramos
los eurillos para presenciar
la primera actuación
en nuestro país de Vreth,
el encargado de sustituir a
Wilska en el apartado vocal.
Destacar, de inicio, su aspecto
antitético, del orondo
Wilska hemos pasado al enclenque
Vreth. Esto, evidentemente,
no debería importar demasiado
dentro de esa mezcla entre viking
(si alguien los considera así,
que yo no), polka, humppa y
metal, más un poquito
de la charanga del tío
Honorio. Ascendimos la pequeña
cuesta hasta llegar a un un
terreno semiembarrado por la
lluvia caída el día
anterior y durante la descarga
de Hamlet que quedaría
cubierto por alpaca de paja
en los días posteriores.
Ésta
es la quinta, si no recuerdo
mal, vez que lo veo y según
pasan los años me desengancho
más de su propuesta,
sobre todo encima de un escenario.
Se me hacen sosos y repetitivos.
El asunto suele empezar bien
pero minuto a minuto tengo la
sensación de que se quedan
sin fuelle y eso que, salvo
Vreth, no se mueven de un lado
para otro como locos. Hablando
de éste, señalar
que sus registros son un tanto
diferentes y para nada te hace
olvidar a Wilska que sin nada
del otro jueves, imprimía
cierto carácter con su
peculiar tono. Vreth es más
plano y lineal, incluso se notó
en algún tema nuevo que
ofrecieron como primicia en
Guernica.
Del repertorio,
poco que decir, muy parecido
al que desgranaron en la visita
correspondiente a la gira del
“Nättfodd”
ya que en aquellos ocasión
tocaron setenta minutos y en
el primer día de Metalway,
cincuenta y cinco. Eso sí,
cada día intentan pasar
más página y eliminan
alguno de sus cortes antiguos.
¡Menos mal que aún
nos queda “Jäktens
tid”!. Del resto, pues
“Nättfodd”,
la ineludible “Trollhammaren”,
“Sägersang”,
“Kitteldags”, probablemente
la que más aplausos cosechó,
y demás que no pueden
faltar en un show de los de
La Tierra de los Mil Lagos.
En general, la audiencia no
pasó de cortés
y no se movió en exceso
con un grupo que sí podría
cuajar en un gran acontecimiento
pero no en estos lares. Correctos,
sin más.
NEVERMORE:
CALIDAD SUPREMA, CORAZÓN
MUERTO
El motivo de
todo los cambios realizados
por los que confeccionamos este
reportaje llegaba a nosotros.
No es que nos desplazásemos
a Guernica sólo por Nevermore
(que yo ya los había
visto) pero sí que era
gran aliciente, máxime
después del inconmensurable
“This godless endeavor”
y, qué narices, por toda
la trayectoria de los de Seattle.
Steve Smith seguía convaleciente
por sus problemas de riñón
e inicialmente parecía
que la formación sería
de cuatro. Grata sorpresa cuando
aparecieron los miembros oficiales
acompañados del gran
Chris Broderick de Jag Panzer
que ya había estado con
ellos en su gira americana.
Yo me pregunto aquí:
¿No se podrían
haber traído a Jag Panzer
por tres duros? ¡Que estos
vienen hasta gratis y hubiera
sido la caña!. Ilusiones
aparte, cinco minutos antes
de lo previsto comenzó
el espectáculo con “Final
product”, el single de
su última obra. El sonido
era aceptable pero nunca bueno
y Warrel Dane se encargó
de fastidiarlo al hacer movimientos
compulsivos con los brazos que
hacían que el micrófono
fuera y viniera de su boca provocando
subidas y bajadas de voz. Tal
vez se dio cuenta en algún
momento porque en la segunda
parte de la actuación
dejó de hacerlo.
A mí
con cualquier cosa que hubieran
tocado me bastaba y sobraba
pero el set list fue, cuanto
menos, curioso. Como preveía,
sus tres primeros álbumes
fueron completamente ignorados,
si bien es cierto que es desde
“Dead Heart in a dead
world” cuando han conseguido
notoriedad. Así, tras
“Final product”
llegó “I, voyager”
de “Enemies of reality”,
y a continuación, la
retahíla de “Dead...”.
Increíblemente siguen
empeñados en interpretar
“The river dragon”
que siendo buena, es la menos
interesante del disco pero favorita
de la banda. “Engines
of hate” posee ese riff
ultramoderno que alguno calificó
de nu metal. Por su parte, el
tema título “Dead
Heart in a dead world”
perdió cierto encanto
porque la parte lenta inicial
la hizo Wane a capella y nos
escamotearon las maravillosas
guitarras del magnífico
Jeff Loomis. Por cierto, Warrel
no está mal de voz aunque
hace cinco años en Bélgica
fue la leche en bote. No llega
a los agudos más contundentes
pero es normal porque el tipo
ya no tiene veinte años.
Siempre ataviado con su gorro,
molaba cuando se soltaba esa
melena rubia platino que aún
conserva. Mención especial
para Van Williams, grandioso
batería, prodigio de
técnica, y a un Jim Shepperd
que le acompaña de forma
sobria.
“Enemies
of reality” dio un aire
más oscuro a la descarga
y “Narcosinthesis”
resultó de las mejores,
como no podía ser de
otra manera. Sin embargo, la
palma se la llevó la
monumental “This godless
endeavor” y sus más
de ocho minutos de placer auditivo
con cambios de ritmo, melodía,
tralla. Muy distinta, un “Born”
caótico con Warrell perdido
puso colofón a un buen
concierto, sin duda, pero bastante
por debajo de las enormes expectativas
que tenía con Nevermore
ya que me parece de las mejores
bandas de metal de la actualidad.
Digamos que se quedaron a medio
camino.
BRAINSTORM:
SIEMPRE POR ENCIMA
Lo de Brainstorm
es significativo. Después
de seis discos y más
de una década en activo,
siempre que vienen es para tocar
de los primeros en festivales
o de teloneros de algún
grupos más importante.
Se puede cargar lo que sea contra
ellos pero, en mi opinión,
las huestes de Andy B. Franck
cumplen de sobre con su cometido
cada vez que se suben a las
tablas y, en particular, es
por el vocalista que, además
de ser muy bueno, sabe como
manejar a una audiencia normalmente
no demasiado conocedora de su
carrera. La única pega
que le veo a esta actuación
es que fue exactamente igual
a la de Atarfe de hace cuatro
meses y es una pena porque pienso
que de “Metus mortis”
en adelante, que es de donde
sacan su repertorio, los teutones
tienen canciones más
que de sobra para cambiar un
poco. Con todo, yo me lo pasé
bastante bien desde que las
notas de “Worlds are coming
through” retumbaron en
la tarde vizcaína. Como
fue constante de este jornada,
el sonido flojete, a Andy no
se le escuchaba nítido
pero gracias a su chorro vocal,
el asunto no llegó a
mayores.
Ya casi de
memoria sabemos que después
viene “Blind suffering”,
y luego “The leading”,
y luego bla, bla, bla. De todas
formas, cada vez que veo al
quinteto germano me asalta la
misma cuestión sobre
el por qué no han dado
un salto más en su status.
No digo que tengan que encabezar
giras de mil personas por noche
pero sí para una sala
de trescientas o cuatrocientas
les debía dar de sobra.
Si no, no se entiendo como Andy
es capaz de que el respetable
come de su mano en “Inside
the monster” o vibre con
“Highs without the laws”
aun sin saberse la letra. También
es paradójico que “Shiva´s
tears” se haya convertido
en imprescindible y bien que
me alegro por ello porque es
mi preferida de “Soul
temptation”. Quizá
ese aire árabe que tiene
enganche a más de uno.
No vamos a
descubrir a estas alturas que
Brainstorm no son virtuosos
de su instrumento pero sí
que ostentan la rara cualidad
de ser compactos, es decir,
“parecen” alemanes
(je, je) porque no hacen alardes
pero tampoco fallan. En la parte
final, cómo no, “Doorway
to survive” y su canción
más conocida y comercial
de “Liquid monster”,
“All the words”,
con la que se despidieron bajo
una importante ovación
que premiaba su buena labor.
Previsible repertorio, buen
desarrollo.
THE
GATHERING: LA CHISPA ADECUADA
Y en estas
llegó Anekke. Tardaron
algo más de lo previsto
The Gathering en salir sobre
todo porque Rene Rutten tenía
problemas con su guitarra y
andaba por el escenario discutiendo
con los técnicos de sonido.
Después de la última
actuación de los holandeses
en Madrid, reconozco que me
quedé un poco frío
sobre sus prestaciones en directo
ya que, entonces, el lado roquero
de la banda quedó difuminado
casi por completo. En Guernica
albergaba muchas esperanzas
ya que estábamos en un
festival metalero por lo supuse
que los de Nimega mezclarían
tempos y atmósferas.
Estaba en lo cierto. Probablemente
muchos no consideren a este
grupo adecuado pero supuso un
contrapunto brillante y reinó
en esta jornada inaugural.
Desgraciadamente
en España nos quedaremos
sin ver la gira otoñal
de presentación de “Home”
por lo que también era
conveniente escuchar algunas
piezas de esta obra. Así,
comenzaron con “Shortest
day” e “In between”,
los dos primeros cortes del
álbum. Los instrumentos
estaban ecualizados correctamente
aunque al teclista Frank no
lo oía en toda su magnitud.
No obstante, fue salir la señora
Van Giesbergen y pararse el
tiempo. Más guapa que
nunca y eliminados esos kilitos
de más que le dejó
la maternidad, nos recordó
a su imagen en aquel lejano
“Mandylion” en el
que se nos dio a conocer. De
voz, como siempre, va sobrada.
Probablemente, tenga menos potencia
que hace una década pero
ha aprendido a modular sus inflexiones
hasta conseguir que sus seguidores
caigan hipnotizados. Sus movimientos
sobre las tablas siguen siendo
tan raros que enganchan, qué
forma tiene de sentir las canciones
más extraña.
En una hora
no da tiempo a demasiado pero
su selección de temas
fue, cuanto menos, inteligente.
Como he comentado quisieron
enseñarnos “Home”
por lo que su ya extensa trayectoria
fue pasada casi de puntillas,
eso sí, rescatando, al
menos, una tema de todos sus
discos desde “Mandylion”.
Así, pudimos disfrutar
de “Liberty bell”,
“Saturnine” o la
excelente “Broken glass”.
El amigo Rene estuvo centrado
en tocar la guitarra y no en
meter esos infinitos efectos
que llegan a saturar. La sección
rítmica algo más
amena que de costumbre con un
Hans más poderoso en
la batería y Marjolein,
bueno ella es así, centrada
en su bajo, con media sonrisa
y sin moverse de su sitio.
Cuando Anneke
anunció que iban a tocar
alguna antigua, los seguidores
(no demasiados) de The Gathering
que allí estábamos
irrumpimos en una ovación.
Sin embargo, tampoco esperaba
ese impactante final con “In
Motion II”, “Eleanor”,
“On most surfaces (Inuit)”
y, sííííííí,
“Strages machines”
que había sido fulminada
en sus últimas apariciones
en vivo. Ya sólo por
ese final mereció la
pena el Metalway. ¡Qué
maravilla y qué grande
esa Anneke!. Si bien en estudio
nunca perdí la confianza
en ellos, sí que en directo
me sentía un poco “fuera
de juego” con sus rollos
semiacústicos. Por ello,
necesitaba una reafirmación
de fe en mis profundas convicciones
y la conseguí con creces.
The Gathering se salieron y
en el viento quedó un
susurro que decía “Anneke,
Anneke...”.
ANNIHILATOR:
“¡BAJA ESE BAJO!”
Tras la calma
llegaba la tormenta. Una semana
llevaba por el País Vasco
Annihilator y las dos fechas
del Metalway eran las únicas
veraniegas de la formación
canadiense. No tenían
disco que presentar pero hay
que matizar que el, para mí,
buenísimo “Schizo
deluxe” no había
sido mostrado en directo en
nuestro país ya que desde
el extinto Rock Machina de 2002,
los de Jeff Waters no aparecían
por aquí. El gran Jeff
ya había anunciado que
sería un concierto diferente
y, en parte, así resultó.
En mi opinión, un repertorio
de ensueño para los fans
de los primeros discos pero
algo confuso por la no inclusión
de temas de la época
Dave Padden que para eso estaba
allí. Además,
por lo menos desde mi posición,
el sonido arruinó lo
que se suponía una gran
descarga. En nuestra zona la
gente no paraba de gritar “¡Baja
ese bajo!” y es que Russ
Bergquist tapaba las guitarras
de Waters y eso, en Annihilator,
es pecado mortal.
La intro (grabada)
de la mítica “Crystal
Ann” dio el pistoletazo.
Ante nosotros estaban los mencionados
Waters, Bergquist y Padden,
más el batería
Ryan Ahoff. Me gustaría
mencionar las pintas de Dave
Padden, me parecen perfectas
pero me chocó ya que
me recordaba a todos estos grupos
de pseudo rockabilly patrio
de los 80 tipo Rebeldes, La
Guardia, 091,... Me hizo gracia.
El gran Jeff saludó y
dijo eso de “This is the
King of the Kill!!”. La
primera en la frente, pedazo
de canción con el guitarra
a cargo de las voces y Dave
concentrado en la rítmica.
Ya en estos compases iniciales
la cosa no pintaba bien en cuanto
al sonido algo que se fue agudizando
según avanzaba el tema.
Otra introducción
famosa del grupo abrió
fuego a “Set the world
on fire” ya con Padden
cantando y aquí se vio
que, sin ser malo, el hombre
estaba tan concentrado en no
fallar con la guitarra que a
veces parecía un poco
frío con la voz. No sé
si me explico, lo hizo y se
adaptaba con soltura a los temas
(los que más le costaban,
los de “Never, neverland”)
pero resultó un tanto
soso incluso cuando nos dio
la “bienvenida”
a un “The fun palace”
que nos le quedó especialmente
bien. Jeff tomó el mando
de las operaciones vocales en
otros dos cortes, “Refresh
the demon” (lógico
igual que “King of the
kill” porque ya hizo en
estudio) u en la recuperada
“Welcome to your death”
de su debut “Alice in
hell”. Lástima
que los licks y solos se tuvieran
que abrir paso entre el amasijo
de sonido porque la actuación
podría haber sido bestial
ya que, a pesar de todo, canciones
como “Phantasmagoria”
fueron la tralla con ese increíble
riff cortesía de Waters.
Como siempre
otros puntos álgidos
en los shows de Annihilator
son las interpretaciones de
“Alison hell” y
“Never, neverland”,
probablemente sus cortes más
representativos y ambos en una
línea épica y
monumental que muy pocos pueden
lograr. En un momento la banda
abandonó en el escenario
a excepción del jefe
que hizo un breve solo de guitarra,
un tanto insulso, para atacar
unas notas del “Hell bells”
de AC/DC, presentar a la formación
y ejecutar ese riff deudor,
homenaje o plagio (escoged la
que más os guste) de
los australianos en la divertida
“Shallow grave”
que Padden cantó muy
bien. Sin más dilación,
y aún no habiéndose
cumplido la hora convenida,
Jeff miró al encargado
de los horarios de escenario
pero como estaba en otros menesteres,
dijo que tenían tiempo
para una más y presentó
“Human insecticide”,
otra pasada de su debut. Sin
embargo, no llegaron a tocarla
ya que, acto seguido, les anunciaron
que no podían alargarse
más. Vamos a ver, no
llevan una hora y se iba con
adelanto (cosa que me parece
mal porque los conciertos empiezan
en el momento fijado, no antes
ni después), y les dicen
que ni una más. Me pareció
un feísimo detalle aunque
Waters y los suyos tampoco hicieron
demasiado por remediarlo (ver
crónica de Axxis del
día siguiente).
En definitiva,
un concierto mucho menos interesante
de lo que debería haber
sido por culpa del horrible
sonido. Con todo, a mí
Annihilator me gustan tanto
que me lo pasé bien con
ellos. Eso sí, no entiendo
muy bien eso de marginar completamente
“Schizo deluxe”,
al menos, un tema no hubiera
estado de más, no sé,
un “Maximum Satan”
o “Plasma zombies”
habrían sido buena prueba
de lo infravalorado que ha sido
este disco. Esperamos a su nueva
entrega para que se pasen en
una gira en condiciones y no
sufran la ignominia de tocar
ante noventa personas como sucedió
en su última visita madrileña,
en el “Carnival diablos”
tour, junto a Nevermore, Soilwork
y Rawhead Rexx.
ÁNGELES
DEL INFIERNO: ESCLAVOS DEL GRAN
PASADO
No es fácil
que un grupo español
sea de los principales alicientes
de un festival estatal por lo
poco que se dejan ver por estas
tierras. Pues así sucede
con Ángeles del Infierno
que, afincados al otro lado
del charco desde hace más
de una década, sus contadas
apariciones en la península
llegaban en el Viñarock
y sólo por ellos no me
voy a pasar tres días
viendo a bandas nacionales que,
en su mayoría, no me
interesan. Nunca jamás
acudí a conciertos de
los donostiarras y para mí
sus dos primeros álbumes
están en el olimpo del
metal hispano, y los tres siguientes
son, como mínimo, notables.
Con una introducción
un poco larga, saltaron Juan
Gallardo, Robert Álvarez
y el resto de tíos (si
no recuerdo mal, todos mejicanos)
que les acompañan bajo
los acordes de “El principio
del fin”. Según
parece, por delante no se oía
la voz nada pero desde donde
me ubicaba, unos metros más
atrás, siendo esto así
no era tan exagerado como en
las primeras filas y aunque
muy acompañado de las
voces de todos los de mi alrededor,
sí que se distinguía
a un Gallardo que, sin ser el
de los mejores tiempos (obviaba
muchos agudos), cumplió.
Por cierto, me hizo bastante
gracia el discursito de amor
a Euskadi y demás que
se marcaba entre tema y tema,
sobre todo cuando viene de alguien
que se largó a Madrid
y, posteriormente, a hacer las
Américas sin el mayor
miramiento. Además, el
acento ese tan raro que ha adquirido
allende el Atlántico
lo hacía si cabe aún
más cómico.
Demagogias
aparte, sin ser la actuación
de mi vida, disfruté
un montón con ese viaje
al pasado que sólo se
vio truncado con “Todos
somos ángeles”,
el corte que da título
a su cochambrosa última
obra, endurecido respecto a
su versión en estudio.
Sin ser un grupo de alardes
instrumentales, la banda estuvo
impecable salvo Robert que no
sé que le ocurrió
pero en un momento dado abandonó
unos instantes el escenario.
La cosa volvió a la normalidad
con dos temazos como “Sombras
en la oscuridad” y un
“Con las botas puestas”
coreado a grito pelado por los
asistentes. Se nota que la gente
de aquí le tiene un cariño
muy grande a Ángeles.
Una de las composiciones que
no esperaba era “Hoy por
ti, mañana por mí”
del “666”, álbum
al que el grupo tiene en alta
estimo, por encima de “Joven
para morir”. Desgraciadamente,
sólo disponían
de una hora (aunque se alargaron
5 minutos para deleite de todos)
pero la aprovecharon bien y,
sucesivamente cayeron “Héroes
del poder”, “Rocker”
(con la colaboración
estelar de Iñaki Munita,
su primer batería), “Esclavos
de la noche” o la aplaudida
“666”. Mención
especial para “A cara
o cruz”, del disco del
mismo nombre, un trabajo que
pasó bastante desapercibido
por aquí y me parece
sumamente interesante en algunos
temas como el ejecutado, “Las
calles de mi barrio” o
“Detrás de las
puertas del mal”.
Muy a nuestro
pesar, y también al del
grupo, el show tenía
que terminar con la gran “Fuera
de la ley”, y es que Gallardo
se había reservado para
darlo todo en el adiós
parcial porque rápidamente
volvieron a salir para hacer
el clásico medley de
baladas “Al otro lado
del silencio / Si tú
no estás aquí
/ Pensando en ti” que,
personalmente, no me vuelve
loco, casi preferiría
únicamente “Al
otro lado del silencio”
y luego otra cañera tipo
“Diabolicca” “Vivo
o muerto” o “Joven
para morir”. El colofón,
lógicamente, fue para
la inmortal “Maldito sea
tu nombre” donde Juan
clavó hasta los gritos
y dejó un gran sabor
de boca entre los presentes.
Los que más me gustaron
del primer día junto
a The Gathering. En otro aspecto,
uno elegante y relajado, el
otro crudo y heavy, pero ambos
igualmente válidos. Ahora,
a ver cuándo se marcan
una gira completa con repertorio
de dos horas.
KREATOR:
PETROZZA, VARÍA EL SET
LIST, ¡POR DIO(S)!
No quiero pecar
de osado, pero ver a Kreator
otra vez en el festival no me
suponía un especial aliciente.
Me explico, los de Essen son
la repera, de acuerdo, y en
directo apisonadoras (nada más
recordar su concierto de febrero
de 2005 en la extinta Aqualung),
pero el temor (luego confirmado)
de que clavaran el set list
respecto al Metalway 2005 me
hizo tomarle las cosas con calma
y verlos más en la distancia.
Con un sonido decente (que no
inmaculado), todos los alicientes
se daban para el disfrute de
aquellos que lo deseaban. Desde
una posición más
aséptica, diré
que el concierto fue bueno mas
inferior al de uno año
antes fundamentalmente porque
no vi a Mille Petrozza especialmente
inspirado en el plano vocal.
“Enemy
of god” inauguró
el apocalipsis seguida de “Impossible
brutality”, es decir,
los dos temas estrella de su
último disco. El público
saltaba y organizaba un buen
pitote pero es que ya hasta
los discursos me sé:
“Guernica, I can feel
the agression, Extreme agression!”.
Y ahí iban con el clásico
de 1989, probablemente su disco
más representativo porque
es el que mejor muestra la mezcla
de violencia sonora con la técnica
que adquirieron progresivamente
tras empezar con un nivel instrumental
pobre (pero excelso compositivamente)
hasta por 1984. Al ser algo
más corto que en la edición
previa, algún corte como
“All of the same blood”
o “Voices of the dead”
quedó fuera pero sí
que intentaron dar cancha a
muchos de sus discos porque
en casi todos los trabajos de
Kreator podemos encontrar himnos
como la genial “Violent
revolution”, “People
of the la lie” o la adictiva
“Phobia”.
De la banda,
poco que comentar, la verdad,
ninguno destaca por encima de
los demás y así
Sami, Christian y Jurgen “Ventor”,
son una máquina engrasada
que se adapta perfectamente
a momentos más técnicos
como en “Suicide terrorist”
a otros más simples y
contundentes tipo “Pleasure
to kill” o “Terrible
certainty”, la mejor de
la velada, sin duda alguna,
o por lo menos, la que más
me hizo vibrar con ese riff
que se repite de nuevo cuando
parece que el tema se desvanece.
Memorable.
El final de
todos los conciertos de los
germanos suele ser similar,
sobre todo si hablamos de festivales.
Tiran de favoritas de los ochenta
como “Betrayer”,
que estuvo realmente bien, y
el habitual medley con “Flag
of hate” y “Tormentor”
aunque ya le vale a Petrozza
la tontería de que el
público repita hasta
cuatro veces eso del “It´s
time to raise the flag of...
HATE!”. Se me hace un
poco pesado. Por supuesto, Kreator
no decepcionaron a nadie, ni
a los que verían cada
quince días ni a los
que los veríamos cada
quince días pero variando
un poco el repertorio. No obstante,
digo yo que un “Riot of
violence”, “Renewal”,
“Terrorzone” (todas
tocadas en su gira) o alguna
recuperación sorpresiva
como la gloriosa “Under
the guillotine” o “Awakening
of the gods” hubiera sido
la caña.
STRATOVARIUS:
LA SINTONÍA DE LOS LUNNIS
¿Y qué
hacer después de tanto
grupo impresionante (unos más
y otros menos esta jornada)?
Pues ver a Stratovarius no es
lo más adecuado. El primer
día de un festival cuando
te has levantado pronto y tienes
que conducir una larga distancia
para, sin solución de
continuidad, ponerte a quebrarte
el cuello, suele ser el que
menos se disfruta de forma global.
Si a esto le añadimos
que el grupo que cierra no te
atrae lo más mínimo,
apaga y vámonos. Con
todo, aunque fuera un rato,
era menester comprobar si Tolkki,
Kotipelto y demás estaban
en tan baja forma como en noviembre
cuando tocaron en Madrid junto
a Hammerfall.
Como los finlandeses
son perros viejos, y sabiendo
que los fans estarían
casi derrotados, empezaron descaradamente
fuertes, tanto que casi parecía
que le habían dado la
vuelta al concierto. “Hunting
high and law”, para goce
de muchos, fue la elegida y
los más fanáticos
aplaudieron a rabiar. Sin embargo,
y pese a que el sonido era aceptable,
no había química
ni brilla y, para colmo, a Kotipelto
se le vio flojete, cosa que
en la gira mencionada no ocurrió
ya que el pequeño Timo
fue el más potable de
todos junto a Jörg Michael.
Para que la gente siguiera con
sus dosis de subidón
power finlandés, ni más
ni menos que “Black diamond”,
su himno más afamado.
¿Os resulta insuficiente?
Pues toma “Kiss of Judas”,
eso sí, tan mal tocada
como últimamente (mención
especial en incompetencia voluntaria
para Jens Johansson) y con las
voces fuera de tono. Aquí
el cansancio nos pudo y con
las notas “The abyss of
your eyes” (si mal no
recuerdo) fuimos alejándonos
del recinto. Yo lo siento por
ellos pero este regreso de Stratovarius
no ha sido lo triunfal que ellos
preveían, ni en disco
ni en directo. Y lo peor de
todo, es que hasta los más
acérrimos empiezan a
dudar porque el éxodo
era importante y los que se
quedaron me comentaron que ni
“Paradise” ni “Twilight
symphony” ni cosas más
modernas como “Eagleheart”
consiguieron levantar el clima
de monotonía y tedio.
Fin de la historia de este cansado
día en tierras vascas.
SÁBADO
29
La segunda
entrega del Metaway era, para
mí, la más fuerte
de largo con presencias brillantes
y algunas inéditas como
los dioses Celtic Frost. A la
una de la tarde el sol era abrasador.
La nubes se habían disipado
por completo y el cielo azul
presagiaba que la canícula
nos acompañaría.
Así fue aunque siempre
precisando que las noches en
esta zona son benignas y frescas,
ideales para disfrutar de buen
Metal aunque sea oscuro y místico.
AXXIS: HUMOR Y MÚSICA,
COMBINACIÓN PERFECTA
En las mismas
puertas de acceso nos enteramos
de un cambio, Axxis abrían
la jornada y Rage ocupaban su
lugar. Peavy y los suyos se
han “especializado”
en llegar tarde a festivales
españoles y ser cambios
de ubicación horaria.
Menos mal que nos levantamos
pronto porque me hubiera molestado
muchísimo perderme de
nuevo a los de Bernard Weib
en un festival con lo que me
gustan. Además, como
era previsible, no salimos decepcionados
con la banda comandado por el
simpático frontman.
Presentaban
su último trabajo, “Paradise
in flames”, y así
salieron con la intro de mismo
nombre que antecede a “Dance
with the dead”. No hizo
falta más que un segundo
para ver que Lakonia (la chica
que colabora en el álbum)
estaba con ellos en escena para
dar réplica a Bernard
en algunos agudos y aportar
un rollo gótico que,
sinceramente, no me atrae para
Axxis aun reconociendo que esta
adaptación del “Pimpinella
metal” es bastante más
graciosa que la de Lacuna Coil
porque, a veces, parece como
si la muchacha huyera del amigo
Weib que la mira con cara lasciva
(aunque, inciso “Salsa
heavy”, por lo que vi
la chica está con el
guitarra Guido Wehmeyer). El
sonido en esta segunda jornada
fue mucho mejor que en la apertura
y a los germanos se les distinguía
bastante bien pudiendo, todo
aquel que quisiera, disfrutar
con una descarga que continuó
con “Tales of glory island”,
de largo la mejor canción
de “Paradise in flames”.
Tuvieron la
suerte de gozar de bastante
público ya que muchos
de los que habían venido
a ver a Rage se quedaron e hicieron
bien. Curiosamente Lakonia también
se quedó para hacer coros
algunos temas antiguos. No tenían
demasiado tiempo para dar muchas
sorpresas en el repertorio pero
sí nos obsequiaron con
“My little war”
del “The big thrill”,
trabajo que en la gira que de
hace dos años por España
venía representado por
“Stay don´t leave
me” y “Brother moon”.
El resto de clásicos
ya serían de los que
no pueden faltar como “Save
me” del genial Axxis “II”.
Como estaba prevista, y dado
que tenían a Lakonia
con ellos, tocaron su single
“Take my hand” donde
se les ha ido un poco la mano
en el metal gótico pero
que, al fin y al cabo, no desentonó.
Si en Madrid
hace un par de temporadas fue
el momento de Loli, esta vez
Mar de Valencia resultó
la agraciada en el “sorteo
a dedo” de Bernard por
sacar una chica al escenario.
Lo que pasa es que de tino no
anda fino porque Mar tampoco
conocía demasiado a Axxis.
No importó porque, primero,
le dieron una cámara
de vídeo para grabar
y luego una pandereta para acompañar.
Lo que me pareció fatal
es esa versión medio
acústica de “Kingdom
of the night”. No pegaba
nada, sobre todo teniendo increíbles
baladas como “Fire and
ice”, “Hold you”
o el medio tiempo “Touch
the rainbow”. El único
fallo de la mañana, sin
duda. Volviendo a la vertiente
metalera cayó la fantástica
“Wind in the night (Shalom)”
de “Time machine”
las voces y los coros brillaron.
Con Mar de
vuelta al público encararon
el final de actuación
con uno de sus hits más
conocidos, “Living in
a world” y la cañera
“Angel of death”.
Aquí llegó otro
momento glorioso porque el manager
de escenario le dijo a Bernard
que una más y ya está.
El teutón con mirada
inocente le asintió pero,
en vez de hacer caso, empalmaron
“Angel of death”
con la maravillosa “Little
look back”. Pero no contento
con eso, nada más terminar
dijo “¿Queréis
una más? Sí, pues
hala” e interpretaron,
ya en tempo correcto, “Kingdom
of the night” con lo que
se alargaron más de su
horario pero había merecido
la pena. Un concierto sobresaliente
con una cantante que derrocha
simpatía y buen hacer.
Como siempre, Axxis grandes.
ARCH
ENEMY: ENEMIGOS DE SÍ
MISMOS
Que no se me
malinterprete, Arch Enemy dieron
un notable concierto en Guernica
sobre todo para ser las 14:30
y estar a cuarenta grados (es
la leche ver, a tres metros
tuyo, a un tipo derrumbarse
por una lipotimia, nunca te
acostumbras). Mi problema con
los suecos es, primero, la evolución
que han llevado a cabo en los
últimos trabajos que,
si bien han conseguido una mayor
aceptación popular especialmente
en Estados Unidos, a mí
me resultan fríos y sin
alma, por muy bien ejecutados
que estén. La segunda,
aunque menor, de las trabas
con las que me encuentro es
Angela Gossow. Que sí,
que estoy de acuerdo, que tiene
un vozarrón, que es una
metalera en toda regla y que
ya estaba bien de tantas pseudo
sopranos en el heavy pero, seamos
claros, esta chica no ha inventado
nada y prefiero mil veces a
Sabina Claessen que, además,
lleva dos décadas pegando
berridos. Lo siento pero los
registros de la Gossow no me
dicen nada y cada vez que toca
una antigua echo de menos a
Johan Liiva.
Sea como fuera,
la maquinaria de Halmstad surgió
potente con un par de temas
de “Doomsday machine”
que si bien en el País
Vasco ya había sido presentado
gira como ésta no pasó
por Madrid no tuve oportunidad
de ver si cosas como “Skeleton
dance” o “Nemesis”
adquieren una nueva dimensión
sobre las tablas. A mí
me parece que son brutales pero
carecen de las melodías
que encontrábamos en
sus álbumes de los 90.
Los riffs son curradísimos,
Michael Ammott es un crack y
el fichaje de Fredrik Akesson
es un acierto porque se le ve
acoplado a la perfección.
Hasta aquí, ni una queja
pero es que ni los solos recuerdan
a los Arch Enemy del inicio,
únicamente hace falta
escuchar, por ejemplo, los infinitos
juegos de guitarra cuando tocan
“Bury me an angel”,
la noche y el día, pero
como las canciones primigenias
que tocan son cada vez menos,
este efecto se diluye. Además,
yo por mí, que no interpretaran
ninguna porque Angela es tan
diferente a Johan que acabo
pensando que lo hace mal aposta
(por supuesto, no es así,
que quede claro).
Espero que
no de la imagen que tengo animadversión
por la chica porque no es así,
si Arch Enemy hubiera seguido
el camino del “Wages of
sin”, seguro que su propuesta
me seguiría atrayendo
a pesar de que tampoco éste
es mi favorito, pero si oigo
en directo cosas como “Burning
angel” o “Ravenous”
me vengo arriba. Por el contrario,
si las afamadas “We will
rise” o “Dead eyes
see no future” son las
que suenan, me quedó
frío incluso con la calorina
que caía en Guernica
a la hora de comer. Evidentemente
no soy tonto (o por lo menos,
intento no serlo) y la gente
que iba a verles se lo pasó
en grande con estas composiciones,
tanto como cuando ejecutaron
antiguas. Una cosa que no logro
comprender es esa pausa que
se marcaron después de
la quinta canción para
hacer un tema medio instrumental,
qué raro ese interludio
y qué insulso resultó.
En definitiva,
Arch Enemy dieron un gran concierto
para sus fans en el que ni el
mayor detractor del grupo puede
decir nada malo sobre ellos.
A mí, ni fu ni fa, un
buen show pero que pasó
desapercibido en mi impresión
general de esta edición
del Metalway.
Además,
creo que certifiqué mi
alejamiento con un tío
al que venero como guitarrista,
Michael Ammott. Bueno, siempre
nos quedarán Spiritual
Beggars.
DARK
FUNERAL: MÚSICA PARA
HACER LA DIGESTIÓN
El cambio de
ubicación de Axxis nos
vino bien, definitivamente.
Yo que, para variar, estaba
dispuesto a no comer en el festival,
como es tónica habitual,
para no perderme grupos pensé
que no estaría mal un
arroz pero ante mí existía
la posibilidad de no ver a Rage.
Acudimos a la carpa comedor
y desde allí escuchamos
las notas de “Speak of
the dead” que daba inicio
a la descarga. Como no sería
justo comentar un concierto
que sólo oyes desde lejos,
diré que un solo de batería
a las cuatro de la tarde es
lo menos apropiado para que
la paella se asiente en el estómago
y si encima luego cae el de
guitarra, pues apaga y vámonos.
Eso sí, puede asegurar
que el repertorio volvió
a ser más de lo mismo
quitando los ocho partes de
la “Suite Lingua Mortis”
(únicamente “No
regrets” tocaron de ésta)
pero el “Don´t fear
the winter”, “Soundchasers”
o “Higher than the sky”
de turno permanecieron invariables
al paso de los años.
Una vez de
vuelta a la zona de actuaciones
en sí misma, nos aprestamos
a presenciar la actuación
de Dark Funeral, unos más
a sumar a la lista de “bandas
del Metalway que habíamos
visto en los siete últimos
meses”. En concreto, los
suecos vinieron de gira a finales
de marzo y bien podemos asegurar
que lo único que se alteraron
fueron las condiciones atmosféricas
respecto a aquel día
lluvioso que antecedía
a la primavera. A las 17:00
Caligula, Ahriman y demás
podían achicharrarse
bajo el sol. Eso sí,
como son muy auténticos,
no renunciaron ni a su maquillaje
ni a sus cueros, en especial,
el “dicharachero”
vocalista que debía hacer
gala en toda su extensión
de su condición de “black
star”.
Como normalmente
en sus tours no sobrepasan los
setenta minutos, tampoco echamos
en falta demasiadas canciones,
eso sí, estos tampoco
cambian el set list ni para
atrás. Ante un público
no excesivamente numeroso pero,
sorprendentemente, bastante
más que el que acudió
a ver otras formaciones ese
mismo día, comenzaron
con “King antichrist”
de “Attera tottus sanctus”.
Pensaba que el sonido iba a
ser caótico pero no,
la cosa estuvo más que
aceptable para unos tipos como
Dark Funeral que sólo
una de las seis veces que los
he visto han sonado como dios
(perdón, satán)
manda. “Diabolis interium”
y la celebrada “Ravenna
strigoi mortii” continuaron
con un show bastante pulcro
y oscuro (a pesar de la hora)
que se veía alterado
con los “estelares”
comentarios de Emperor Magus
Caligula (hilarante la reacción
de muchos ante eso de “Spania!”,
como si el hombre tuviera que
venir con el tema de los problemas
internos del país estudiado).
Desde que se
convirtieron en quinteto todo
es más coherente en Dark
Funeral y el bajo ejerce su
labor de base rítmica
no como antes que era un estorbo
para el cantante. Así,
se pueden apreciar mejor cortes
como “Vobiscum Sathanas”
o “666 voices inside”
que para su público pasan
por fundamentales. El hecho
de que eso ya lo había
visto no ayudó a divertirme
más. Muy al contrario,
viendo lo que faltaba me resultaba
un poco aburrido el black metal
de los escandinavos por mucho
que Caligula siguiera empeñado
en su peculiar conexión
con el público invitándoles
a hacer coros (!!!) en “Hail
murder” con la excusa
de que es de las pocas que se
pueden cantar por la audiencia.
Sin comentarios.
Ejerciendo
su papel de estrellas, se marcharon
para regresar y regalarnos a
nosotros, pobres sureños,
un par de cortes más.
Y menos mal que lo hicieron
porque un concierto de Dark
Funeral sin “My dark desires”,
tema seminal del black sueco,
resultaría incompleto.
Como siempre, esta gran composición
sirve para dejar un buen sabor
de boca a una actuación,
para mí, correcta, supongo
que para sus fans irredentos
bastante buena dadas las circunstancias.
No desentonaron.
METAL
CHURCH: UNA “MASTER CLASS”
DE HEAVY METAL
Cuando anunciaron
la presencia de Metal Church
en el Metalway, una doble sensación
me invadió. Por un lado,
amo a esta banda, por el otro,
que sólo quede Kurdt
Vanderhoof me resulta un tanto
lastimoso. Además, reconozco
que cuando les vi con la casi
formación original en
la gira de su disco de regreso,
“Masterpiece”, no
satisficieron mi tremenda excitación.
Sin estar mal, no llegaron a
ser lo gloriosos que preveía.
Ahora los tiempos han cambiado.
Uno tras otro fueron huyendo
todos los miembros clásicos
(entre ellos el fallecido David
Wayne) y ya para su reciente
“A light in the dark”
ni tan siquiera quedaba Kirk
Arrington, el único que
había estado en todos
los discos. Eso sí, la
formación actual de los
de Seattle no debe ser menoscabada
porque, además de Vanderhoof,
en las guitarras está
el ex Malice Jay Reynolds (o
la Bruja del Norte, je, je,
je), al bajo el activo Steve
Unger, a la batería el
gran Jeff Plate (Savatage, Trans-Siberian
Orchestra) y como cantante el
antiguo componente de Rottweiler,
Ronnie Munroe, que ya en “The
weight of the world” dio
muestras de su capacidad. Ellos
nos deleitaron con uno de los
más vibrantes conciertos
de esta edición del festival.
Y eso que no
demasiada gente se dio cita
cuando sonaron los primeros
acordes de “A light in
the dark”. Incluso me
atrevería a afirmar que
menos que en Dark Funeral. La
ecualización no estuvo
mal y en las primeras filas
se oía decentemente.
La mayor alegría que
me dieron vino rápido.
Si bien en la gira de reunión,
sólo tocaban temas de
los discos con Wayne, desde
que se volvió a ir rescatan
cortes de los años con
Mike Howe donde editaron álbumes
tan buenos como “Blessing
in disguise” o “The
human factor”. De toda
esa época hay una canción
que me marcó porque fue
la primera que escuché
de Metal Church y, a día
de hoy, me sigue pareciendo
increíble. Me refiero
a la épica “Badlands”
que ha sido rescatada para bien
del baúl de los recuerdos.
A mí, con eso, ya habían
despejado mi escepticismo. Para
más inri, continuaron
con dos clásicos que
en directo funcionan de miedo,
“Ton of bricks”
y “Start the fire”,
coreadas por los acérrimos
del grupo que allí estábamos.
Es necesario decir que Ronnie
Munroe es un gran vocalista
y clavaba los temas de Wayne.
En los de Mike Howe sí
que noté diferencia pero
tampoco salieron perjudicados.
“Leave
them behind” fue la única
aparición de “The
weight of the world”,
creo que suficiente con eso
porque es la mejor canción
y a éste lo considero
un álbum marrado. No
así el más que
bueno “A light in the
dark” del que aparte del
mencionado tema título
nos obsequiaron la fantástica
“Mirror of lies”.
Bueno, tan presentaron como
tal la alucinante “Watch
the children prey”, revisitada
en este trabajo como tributo
a David Wayne aunque la historia
siempre dirá que es de
“The dark”. Quizá
la que menos lograda les quedó
fue “Date with poverty”
del “Human factor”,
un tanto deslavazada. Curiosamente
aún no había caído
nada de su debut pero se reservaron
la traca grande para el final
con los himnos “Gods of
wrath” (coreadísima
por la gente), la brutal descarga
de power americano “Beyond
the black” y el corte
más característico,
“Metal church”,
con el que se despidieron no
sin antes cosechar una colosal
ovación de los allí
congregados. Un excelente concierto,
una lección de heavy
metal con mayúsculas
por parte de estos veteranos
combatientes de la escena. Nunca
ganarán titulares, ni
harán giras masivas,
ni vivirán cómodamente
de esto, pero me rindo a sus
pies por la demostración
que hicieron en la calurosa
tarde vizcaína.
MY
DYING BRIDE: “LA VIDA
EN EL FILO”
Los festivales
tienen estas cosas. Sin tiempo
para asumir las magníficas
prestaciones de Metal Church,
una botellita de agua y otra
vez plantados ante los británicos
My Dying Bride, combo de tesituras
diametralmente opuestas a las
de los norteamericanos. Del
heavy directo y a la yugular
pasábamos al doom, a
los largos desarrollos, a la
tortura física y mental.
El placer que te dan uno y otros
será opuesto pero la
felicidad última puede
llegar a ser similar. Si el
día anterior decíamos
que The Gathering no es un grupo
de festivales, qué no
podríamos comentar Aaron
y sus compañeros, no
por el hecho de no ser metaleros
sino porque los amplios espacios
y las concentraciones masivas
de neófitos del género
no son lo suyo. Para disfrutar
a tope de los de Halifax se
necesitan, y ellos mismos también,
las condiciones idóneas.
Con todo, a mí me pareció
un muy buen concierto que fue
de menos a más, y eso
que las más conocidas
las pusieron en la primera parte
del show.
“Like
gods of the sun” abrió
el camino, quizá eligieron
ésta porque ante ellos
el astro rey les iluminaba o
más bien, les calentaba
aún más. El señor
Stainthorpe, siempre metido
en el papel de alma torturada,
llevaba un mono que debía
tener hielos por dentro porque
si no, era inaguantable porque
caía la tarde pero la
temperatura seguía siendo
elevada. El sonido resultaba
flojo, los problemas de bajo
demasiado alto del primer día,
se repitieron aquí aunque
paulatinamente la cosa mejoró
hasta quedar en aceptable a
pesar de que a la señorita
Sarah Stanton se le oía
más bien poco con su
teclado. Por cierto, este chico
debe beber vinagre porque jamás
he visto a alguien de piel tan
blanca. Los más enchufados
eran los guitarristas Andrew
Craighan y Hamish Glencross
(¡resucita a Solstice,
por favor!), y el bajo Ade Jackson
se mostraba como el más
activo yendo de un lado a otro
de las tablas.
Como suele
ser normal en una actuación
festivalera de My Dying Bride,
al no disponer de un gran minutaje,
varían el repertorio
y no sabes qué te vas
a encontrar. Además,
como su excelente “Songs
of darkness, words of light”
tiene ya dos años, no
es perentorio dedicarle un panegírico.
Con todo, una par de temas cayeron,
el primero de los cuales, “The
blue lotus”, es realmente
oscuro y melancólico.
En la línea del grupo
diréis, sí, pero
unos más que otros porque
la siguiente que tocaron, “For
you”, probablemente sea
el único “single”
potencial que han compuesto
y se notó en los más
fanáticos que rugieron
al adivinar las notas de la
misma. Claro que la mayor ovación
se la llevó la más
que conocida y admirada “The
cry of mankind”, su tema
bandera, con esa melodía
que se te queda para toda la
vida metida en el cerebro. Es
insustituible y favorita personal,
pero en directo sin el violín
de Martin Powell, nunca alcanza
las cotas de estudio (o las
de su lejanísima ya gira
con Iron Maiden).
Entre los no
familiarizados con su propuesta
vi caras de espanto y aburrimiento,
seguro que esperando momento
más “happy”
con Gamma Ray pero reitero que
es lo que hay. A mí no
me estaba impresionando el sexteto
porque les tengo en un altísimo
concepto. Sin embargo, en la
segunda mitad de la actuación,
y gracias también a una
ecualización más
acertada, mi grado de excitación
se vino arriba. Paradójicamente,
llegaba el momento de repasar
obras más actuales aunque
es cierto que en My Dying Bride
la calidad entre antiguo y moderno
ha estado muy pareja, máxime
cuando un álbum tan maravilloso
como “The dreadful hours”
es infinitamente más
doom que “Like gods of
the sun” o “34.788%...
Complete”. Así,
el tema que da título
a aquél resultó
tremendamente emotivo y “Catherine
Blake”, de su último
disco, ya consiguió que
mis sensaciones fueran gratamente
favorables. Además, interpretaron
ocho canciones en total por
lo que se demuestra una vez
más que, salvo casos
puntuales, no es necesaria la
comunicación con la audiencia
sino el centrarse en lo suyos.
¿Que queda muy fría
la cosa?. De acuerdo, pero me
imagino que se entiende que
My Dying Bride no demandan coros,
vítores ni cantos futbolísticos.
Para despedirse,
tiraron de fondo de catálogo
y recuperaron para la vida en
la carretera una de sus canciones
más death, la genial
“The forever people”
de su debut “As the flower
withers”, un epítome
del género que sirvió
para que algunos hicieran headbanging
y todo porque fue, a la postre,
lo más death metal puro
de todo el Metalway, por mucho
que Angela Gossow se empeñe.
A mí esta media hora
postrera me hizo amortizar y
renovar mi confianza en My Dying
Bride. Nunca la había
perdido (y menos en estudio),
pero una reafirmación
de convicciones no viene mal.
Por muchos que os digan, grandes
los ingleses.
TESTAMENT:
¡POR FIN!
El titular
bien podría servir de
resumen ilustrativo de mi impresión
de la descarga de Testament
en Guernica. Dos veces con anterioridad
había visto a los de
la Bay Area, siempre en festivales.
En el Graspop 2004 fue un concierto
soso y frío, muy por
debajo de las expectativas que
tenía creadas. Hace cuatro
meses, en el Atarfe Vega Rock,
estuvo bien pero el sonido impidió
que resultara una descarga memorable.
Parecía que andaban un
poco fuera de tono. Todo esto
se diluyó cuando entraba
la noche del sábado y
ya habíamos superado
el ecuador del evento.
Para que esto
sucediera, hubo un condicionante
fundamental: De largo, el mejor
sonido de todos los conciertos
vividos en esta edición.
Por lo menos, desde donde yo
me ubicaba, todo estaba en su
sitio y se pudo distinguir nítidamente
al grandísimo Alex Skolnick
que dio una demostración
con su guitarra. Con el escenario
y el juego de luces completo
a su disposición, el
quinteto saltó a las
tablas y Chuck Billy gritó:
“The preacheeeeerrrr!!!”
y el público empezó
a botar con si este concierto
fuera el último. El repertorio
elegido fue, salvo en un par
de temas menos, igual a Atarfe
incluso en el orden. Como es
habitual desde que se reunió
la formación clásica
(aquí como en Atarfe,
salvo Louie Clemente, excepcionalmente
suplido en el Metalway por el
tremendo Paul Bostaph, actualmente
en Exodus) sólo tocan
de sus cinco primeros trabajos,
centrándose en los dos
iniciales, “The legacy”
y “The new order”.
Precisamente, el tema que da
título a este fue la
siguiente en interpretarse.
Al igual que sucediera en Granada,
todos andaban muy enchufados
porque Greg Christian y Eric
Peterson no paraban de moverse.
Tal vez al que vi un poco más
justo fue a Chuck Billy, pero
tampoco anduvo mal. Además,
eso de meter aquí y allá
alguna voz más death
(como hacía en “Demonic”)
me parece perfecto porque ni
abusa ni desvirtúa el
sentido del tema.
Una tras otra
se sucedieron composición
muy conocidas por una amplia
mayoría que gozaba con
lo que allí ocurría:
“The haunting”,
la más accesible “Electric
crown”, la aplaudidísima
“Sins of omission”.
La verdad es que es genial poder
disfrutar de esta gente en todo
su esplendor. Eso sí,
les pondría el reto,
ya que están en tan buena
forma, de intentar plasmarlo
(como parece que va a ser así)
en disco porque me parece un
poco injusto que debido a esta
reunión se ignore una
obra como “The Gathering”
que es brutal. Volviendo al
show, si bien no son de mis
favoritas, tanto “Into
the pit” como “Trial
by fire” me parecieron
de lo mejorcito de la velada
pero rápidamente les
dieron réplica “Practice
what you preach” (con
ese principio que me parece
esencial dentro de la historia
del thrash) y “The legacy”,
favorita de los fans y una balada
intensa como pocas he escuchado.
No obstante,
siempre en Testament queda un
apartado especial y es deleitarse
con el solo que Alex en “Over
the wall”, un corte que
multiplica por dos su valía
gracias al genio Skolnick. Con
la nitidez de Guernica, uno
se transportó al séptimo
cielo viendo cómo se
despedían momentáneamente
para regresar y ofrecernos un
par de canciones más:
Una de mis preferidas, “Alone
in the dark”, que antes
iba y venía en el repertorio,
y el habitual cierre con la
trallerísima “Disciples
of the watch”. Aquí
puedo aseguraros que hubo unanimidad.
Probablemente algunos echasen
de menos “Souls of black”,
otros, como yo, les gustaría
que no se hubiera caído
“Burnt offerings”
o que se incluyera “C.O.T.L.O.D.”,
pero nadie dirá: “Testament
me defraudaron”. Sin ninguna
duda, visto de un modo objetivo
en la difícil conjunción
repertorio, sonido, actitud
de la banda, público,
lo mejor del Metalway 2006,
de largo.
GAMMA
RAY: YA NO SÉ QUÉ
DECIR
Una vez concluido
Testament, uno mira el programa
y ve que veinte minutos más
tarde comienzan Gamma Ray, probablemente,
la banda que más gente
congregó hasta este instante
en Guernica. No seré
yo el que le niegue nada a Kai
Hansen, es un tipo que se lo
merece todo por haber estado
ahí peleando en los complicados
90 y haciendo emerger a su formación
mientras otros contemporáneos
se venían abajo. El problema
es que tras más de una
década viéndoles
y con diez conciertos suyos
a mis espaldas, lo que puedan
ofrecerme en una hora no me
va a satisfacer porque tirarán
de clásicos recurrentes
que fueron precisamente los
que vimos en Atarfe hace unos
meses, sólo que aquí
disponían de bastante
menos tiempo. En todo caso,
a mí me gustaron más
que en el sur de España.
Con un sonido
aceptable, que no brillante,
arrancaron fuerte con “Rebellion
in dreamland”, esta vez
no unida a “Land of the
free” pero tampoco interpretada
en su totalidad porque antes
del gran final, la cortaron
y enlazaron con “Gardens
of the sinner”. La gente
respondió a esto como
se esperaba, es decir, coreando
y vitoreando cada pose de un
Hansen siempre limitado como
vocalista pero eficiente. “New
world order” bajó
un poco la temperatura aunque
a mí me encanta el estribillo.
No se olvidan de “Majestic”
y así descargaron, primero,
“Fight” y luego
la notable “Blood religion”.
Personalmente, me agradaría
que incluyeran de tarde en tarde
“Strange world”
porque me parece un temazo pero
estos dos tampoco le andan a
la zaga.
Otro tanto
para anotar en el haber de Kai
vino de la recuperación
de “Man on a mission”.
Sabiendo lo buenísimo
que es “Land of the free”,
y asumiendo que “Rebellion
in dreamland” es incontestable,
creo que saludable que le den
cancha a distintas composiciones
del mismo y vayan rotando. Eso
sí, en el debe queda
que nada se ejecutase del sobresaliente
“Somewhere out in space”
aunque reconozco que nunca llueve
al gusto de todos con bandas
con tanta trayectoria. Para
mí, el trozo más
aburrido llegó con “Heavy
metal universe” (nunca
me hizo gracia) y con “The
silence”, ésta
sí pero el amigo Hansen
no llega ni de lejos. Siempre
que Gamma Ray actúan
el público espera algo
de Helloween. De un tiempo a
esta parte les ha dado por tirar
de lo fácil y darle a
los fans lo que deseen que no
es otra cosa que “I want
out”. Claro que el respetable
se vuelve literalmente loco
con ella y se le puede calificar
de himno del Metalway 2006 porque
al día siguiente volvería
a aparecer ya con Helloween
que, curiosamente, la habían
sacrificado en la última
gira.
Estábamos
ya cerca del final pero una
más de “Powerplant”
no tardaría en llegar,
evidentemente me refiero a “Send
me a sign”, otra de las
que suelen caer sí o
sí. No se me olvide comentar
que Henjo Richter está
ya completamente recuperado
e hizo la buena labor habitual
con la guitarra, Dan Zimmermann
(¡qué diferencia
a cuando sale con Freedom Call!)
le pegó a la batería
más fuerte que de costumbre
y Dirk Sclachter parece que
no está pero siempre
llena escenario. En definitiva,
podría decir muchas cosas,
o tal vez pasar bastante de
ellos en un acontecimiento así,
pero Gamma Ray cumplieron y
dieron lo que su público
demandaba, power metal europeo
de los 90 en su mejor versión.
Por mucho que Kai Hansen no
llegue, lo suple con carisma.
MINISTRY:
¿DÓNDE OS DEJASTEIS
LA MELODÍA?
Como era previsible
estando en España, se
produjo un éxodo masivo
a la finalización de
Gamma Ray. Después tocaban
Ministry, “¿Quién?”
preguntaban. “Unos que
tocan metal moderno de ese”,
respondían. Perdónales
señor porque no saben
lo que dicen. Un grupo que lleva
tocando desde 1981 metal moderno
cuando posiblemente hayan pasado
por muchas fases en su carrera
menos esa. Desde el industrial
post punk de sus inicios, lo
que Al Jourgensen ha sufrido
es una involución que
le ha llevado a grabar bestialidades
como las recientes “Houses
of the molé” y
“Rio grande blood”,
con cotas metálicas no
alcanzadas ni cuando abrazó
este género allá
por el año 1992 con el
seminal “Psalm 69”.
Nunca me he considerado demasiado
fan suyo pero tenía gran
curiosidad por ver cómo
se desenvolvían estos
enajenados. Además, contaban
con un gran aliciente: La pedazo
de formación que llevan
en esta gira.
Pues si hablamos
de un “all stars”
no estaríamos exagerando
ni magnificando el asunto. A
saber, detrás de un kit
de batería adornado con
huesos, Joey Jordison de Slipknot;
al bajo un icono de underground,
Paul Raven de Killing Joke;
teclados y programaciones John
Bendel que está o ha
estado entre otros en Frontline
Assembly, Killing Joke, Fear
Factory y Prong: y a las guitarras,
Mike Scaccia que fuera miembro
de los fenomenales thrashers
Rigor Mortis y el inigualable
Tommy Victor, alma mater de
Prong. Por si esto fuera poco,
tuvieron que llegar ellos, los
denostados por el heavy de a
pie, para dar espectáculo
visual cono hicieran Korn el
año pasado. Un escenario
bien repartido y una pantalla
presidiendo en donde se sucedían
las imágenes, muchas
de ellas con la cara de enemigo
más odiado, George W.
Bush.
El núcleo
de su actuación se basó,
sobre todo, en sus dos últimas
obras ya que el contexto así
lo demandaba y supongo que también
la escenificación requería
ese estilo de música.
Eso sí, no hubiera estado
de más alguna presencia
más de “Psalm 69”.
Así, “Fear (is
big business)” y “Sr
Peligro” hicieron echar
a andar la máquina que
arrasó con los pocos
valientes congregados. Aquello
era una colección de
riffs brutales con una base
rítmica ultracelerada
y unas programaciones que ahondaban
más en la sensación
de ruido. Por encima de todo,
la voz nada delicada de Jourgensen
desgañitándose
con sus proclamas antisistema
desde su micrófono en
forma de cruz. Vamos, una nana
para los no iniciados. Con “No
W” empezaron los insultos
a la hipócrita (según
ellos) sociedad americana y,
sobre todo, a sus gobernantes.
No sé si habréis
visto el vídeo de la
canción, echadle un visto
que una imagen vale más
que mil palabras. “Waiting”,
“Worthless” y “Wrong”,
todas de “Houses of the
Molé” (el álbum
en el que todos los temas menos
el primero “No W”,
empieza con W), se alternaban
con “Lieslieslies”
o la propia “Rio Grande
Blood”. Yo, más
que perdido, estaba ya asustado
porque llevábamos treinta
y cinco minutos y ni rastro
de melodías, supongo
que las dosis de “felicidad”
se las había llevado
Kai Hansen de regreso a Alemania.
Cuando todo
parecía perdido logré
reconocer soniquetes más
familiares. Llegó el
mini repaso a su pasado más
laureado, encadenando “N.W.O.”
y “Just one fix”.
A mí me supieron a poco
pero las recibí como
gloria bendita entre tanto potencia.
Algo más de “Psalm
69” no hubiera estado
de más como el single
“Jesus built my hot rod”,
típica canción
para desfasar en directo aunque
supongo que al amigo Al le parecerá
excesivamente accesible. El
recuerdo concluyó con
“Thieves”, la composición
que les hizo ver que podían
ganar otro público distinto
y más mayoritario a finales
de los 80 con “The mind
is a terrible thing to taste”.
Entre la indiferencia
de muchos y la satisfacción
de unos pocos, la “bendita
tortura” concluyó
con “Khyber pass”,
también de su reciente
trabajo. A mí me gustaron
mucho aunque reconozco que más
tiempo me hubieran rallado completamente.
Ministry son una banda poco
digerible para las masas por
la escasa pasión que
demuestran por las melodías
pero ver a estos tipos hacer
el bestia es algo que hay que
experimentar al menos una vez.
Notables.
CELTIC
FROST: LA MADRE DE TODOS LOS
DEBATES
Me hace mucha
gracia escuchar las opiniones
vertidas por público
y periodistas después
de la actuación de Celtic
Frost en el Metalway. En primer
lugar, la gran mayoría
se rasgaban las vestiduras por
su posición de cabezas
de cartel el sábado.
Lógico, estamos en España
y preferimos mil veces a Gamma
Ray o a Rage, con todos los
respectos para ambos que me
encantan. Luego, que si eran
fríos, ¿qué
esperaban? ¿A los Mötley
Crue?. La propuesta de Celtic
Frost pide ese tiempo de ambientación
escénica. Que si Tom
G. Warrior estaba ausente. Normal,
este hombre desde que deshizo
en el 92 a los suizos (y antes
también aunque no siempre
lo demostrara) es un auténtico
marciano, que vive en su mundo,
con su visiones cosmogónicas
particulares y demás.
Hechas estas
pequeñas matizaciones,
que luego seguirán, decir
que poquísima gente se
quedó a ver a una leyenda
del metal como Celtic Frost
lo que demuestra el nivel cultural
medio del heavy patrio. No digo
que te tengan que gustar porque
soy el primero en decir que,
de nuevas y con el grado de
frikismo del cuarteto, dudo
que captaran muchos seguidores
pero qué menos que la
curiosidad de contemplar una
de las reuniones más
solicitadas y ansiadas de la
última década,
corroborada (algunos de lo que
muy pocos pueden presumir) con
el excelente disco “Monotheist”,
una joya. Huelga decir que,
con todos los problemas (por
motivos laborales) que hemos
pasado parte del equipo de esta
publicación, sino hubieran
tocado Celtic Frost dudo mucho
que removiera Roma con Santiago
por estar en Guernica. Por muchos
nombres interesantes que se
congregasen en esta edición,
salvo Ministry y Ángeles
del Infierno, al resto los había
visto encima de un escenario.
Con los donostiarras, sé
que tarde o temprano vendrán.
Ministry me apetecían
pero más porque sabía
que no fallaban que por pasión
por esa formación.
En Celtic Frost
se conjugaban ambas cosas, dificultad
por verles (imagino que no durarán
mucho) y devoción por
un grupo sin el cual ningún
estilo extremo (englobo black,
death y doom) habría
tenido el desarrollo histórico
que conocemos hoy en día.
Con su encarnación previa,
Hellhammer (como diría
el otro, dos bandas distintas
y un solo dios verdadero) sentaron
las bases (junto a Bathory,
y por encima de Venom) del black
y marcaron algunos retazos del
death venidero. Ya bajo la denominación
de Celtic Frost editaron obras
que sobrepasan cualquier tipo
de comentario, álbumes
atemporales que vagan del thrash
primitivo de “Morbid tales”
al avant garde rupturista de
“Into the pandemonium”,
quedándose a medio camino
su pieza clave “To Megatherion”
donde absolutamente todo es
genial comenzando por esa portada
impactante de H.R. Giger (el
diseñador de “Alien,
el octavo pasajero” y
“Dune”, entre otras)
y terminando por las atmósferas
diabólicas de “Tears
in a prophet´s dream”).
Vamos, unos “don nadies”
para encabezar el festival.
Loas objetivas
aparte (si fuera subjetivo habría
dicho unas cuantas burradas
más), no hay que ser
muy listo para afirmar que la
actuación de Celtic Frost
fue confuso. En mi opinión,
a ratos desconcertante, a ratos
sublime. Ellos me proporcionaron
los mejores momentos del fin
de semana pero, a la vez, las
mayores sensaciones de desazón.
Con un juego de luces tétricos,
dispararon la eterna intro,
“Totengott”, que
no terminaba nunca. Uno a uno,
de forma pausada aparecieron
los cuatro componentes del combo.
El batería Franco Sesa
es, tal vez, el que más
se acercaba a la imagen de antaño
de grupo (y eso que él
en los 80 no estaba); A Anders
Odden se le denotaba que ya
ha disuelto definitivamente
Cadáver (o Cadaver Inc.)
y está concentrado en
los EBM techno rockers Apoptygma
Berzerk; Lo de Martin Erin Ain
es muy fuerte. Parece un sacerdote
negro, con su sotana, melenas
y barba, aspecto amenezador.
Queda Thomas Gabriel Fisher,
que va a su bola. De riguroso
negro (como el resto) pero con
atuendo nada metalero coronado
por un gorrito, allí
salió con un aura hipnótica
para encarar “Procrearion
of the wicked” con un
compás mucho más
lento de la versión original
para sembrar la duda entre los
atónitos asistentes.
Para continuar con la “broma”,
llegó “Dethroned
emperor”, también
excesivamente ralentizada. No
voy a negarlo, estaba viendo
a Celtic Frost pero, hasta ahí,
me sentía raro, no disfrutaba.
Si quedábamos
pocos, menos aún permanecimos
tras este inicio tan poco convencional.
Craso error porque ya con “The
usurper”, el tempo de
la actuación cobró
sentido y empezó el primer
headbanging (no demasiado) entre
los fans del grupo. El sonido
era espectacular, casi tan bueno
como el de Testament, con lo
que los alicientes estaban ahí,
todo quedaba en manos de los
originarios de Zurich (aunque
la Tom y Martin vivan en Estados
Unidos y Anders sea noruego).
Por cierto, el que llevaba las
riendas en la escasa comunicación
con el público (gélido
y menos participativo aún
que Celtic Frost) era Martin
Eric Ain que anunció
un tema de su nuevo disco, “Ain
Elohim”, sensacional encima
de las tablas y es que las composiciones
de “Monotheist”
poseen una atmósfera
malévola que acongoja
con unas disonancias melódicas
imposibles.
El concierto
había subido de tono
de manera exponencial y despegó
definitivamente con “Necromantical
screams” y “Dawn
of Meggido”. Quizá
el título del primero
refleja lo que era la música
de Celtic Frost es sus obras
iniciales y es que cada vez
que Tom hacía uno de
sus legendarios “Uurrggh”
me transportaba a mediados de
los 80, años en los que
veía “V”
o “Galáctica”
pero no atisbaba que estos tipos
procedentes de la monótona
suiza escribieran semejantes
canciones. De vuelta a su debut,
“Morbid tales”,
y ya en una fase salvaje, con
Warrior y Eric Ain nos adentramos
en la cripta del barón
Gilles de Rais para desmelenarnos
con la brutal “Into the
crypt of Rays” que unida
a la no menos brillante “Visions
of mortality” supuso el
momento culminante de la madrugada.
Faltaba, no
obstante, “Circle of the
tyrants” donde hubo, por
fin, una especie de pit, no
muy numeroso pero sí
significativo con algún
descerebrado que se pasó
en sus acometidas aunque el
asunto no llegó a mayores.
Martin tomó la palabra
y nos recitó en alemán
un trozo de la letra de “Sinagoga
satanae” que en el álbum
se encuentra en el tramo final
de la canción pero que
aquí precedió
al mencionado corte que ponía
los pelos como escarpias. A
éste quedó adherido
otra composición de “Monotheist”,
si no recuerdo mal “Progeny”,
y, de repente, a su conclusión
y cuando tan sólo llevaban
sesenta y tres minutos (más
cinco de intro, sesenta y ocho)
sobre los setenta y cinco estipulados,
desaparecieron del escenario
para no volver, lo que provocó
la decepción generalizada
por un final tan poco ortodoxo.
Desconozco las razones aunque
supongo que algo tendría
que ver la frialdad de la gente
y la poca asistencia pero ellos
deben ser profesionales sin
importarles el número
de personas que estén
en el recinto.
Con este sabor
agridulce acabó la segunda
jornada del Metalway. Mi resumen
de la actuación de Celtic
Frost ya lo dije arriba pero
ahondando en puntos débiles,
señalar que si de otros
me quejo que no cumplen horarios,
pues de ellos también,
máxime cuando obviaron
un álbum tan significativo
en la historia del metal como
“Into the pandemonium”,
del cual venía interpretando,
como poco, “Sorrows of
the moon”, “Babylon
fell” e “Inner sanctum”.
Tampoco me parece correcta la
ralentización, porque
sí, de algunas canciones.
Por lo demás, como todo
esto va por gustos, a mí
me fliparon y salí completamente
satisfecho. No fue el concierto
de mi vida pero sí que
lo recordaré por si acaso
no tengo otra ocasión
porque con Tom, Martin y demás,
nunca puedes predecir qué
deparará el futuro.
DOMINGO
30
Muy a mi pesar,
esta última jornada del
Metalway iba a ser “interruptus”
para nosotros. Habiendo asumido
esto, lo que no estaba en los
planes es que el aliciente fundamental
de este nublado domingo iba
a jugarnos una mala pasada.
Jon Oliva perdió el avión
pero su banda no. ¿Sospechoso?
Muchísimo. Sea como fuere
su actuación se retrasó
hasta casi las 4 de la madrugada,
lo que hacía del todo
imposible verlo e implicó
un cabreo considerable que amargó
el viaje de vuelta. Si ya molesta
perderse grupos, encima no ver
a uno de los que más
te apetece, os lo podéis
imaginar.
RUNIC: LA FUERZA VIKINGA DE
LEVANTE
Si hay algo
de lo que estoy seguro es que
en España vivimos días
de vino y rosas en el metal,
especialmente en el extremo.
Cada vez que hago una reseña
al respecto, suelo comentarlo
pero no está demás
repetirlo porque “Liar
flags”, el debut completo
de los castellonenses Runic
(tras su mini de hace unos años,
Awaiting the sound of unavoidable”)
se come con patatas a la gran
mayoría de representantes
nórdicos del viking metal.
Algunos podrán dudar
de la validez de una propuesta
así en la cálida
España. ¡Tonterías!.
Entonces, ¿qué
pasa? ¿Que un grupo alemán
no puede tocar thrash de la
Bay Area californiana?.
El día
anterior ya comprobé
en la zona de prensa que la
actuación de Runic se
había adelantado a la
una. Aunque el cansancio era
importante, nos levantamos con
tiempo para llegar a ver cómo
un sujeto con atuendo vikingo
anunciaba la llegada de la banda
con la inicial “When the
demons ride” que también
abre “Liar flags”.
El sonido no era pulcro aunque
se distinguían los instrumentos.
Bajo mi punto de vista, para
gozar del quinteto en toda su
extensión, es menester
que Runic apuesten a caballo
ganador y se arriesguen a girar
con regularidad. Sé que
es muy fácil decirlo
y muy difícil materializarlo
pero siendo un buen concierto,
para mí estuvo por debajo
de la excelsa calidad del disco.
Me hizo gracia
(como anécdota porque
es un cosa intrascendente para
mí) que, salvo Eneas
el teclista y tal vez el batería
Rivas), el resto no daban aire
pagano en su apariencia. Lo
digo porque, por ejemplo, los
cántabros Cristal Moors
sí que llevan esto hasta
el extremo luciendo ropajes
de batalla. Ya digo que resulta
más una curiosidad que
otra cosa que el cantante y
guitarra Juan dé más
el pego como miembro de Black
Label Society o el segundo guitarra
Iban pasaría por pertenecer
a alguna formación española
más convencional. Si
bien la actuación se
basó en “Liar flags”
no dejaron de lado “Showdown”,
el mejor tema del mini, que
no desentonó para nada
entre el resto. Grandes también
las dos partes de “The
last days of Aghrapur”,
“Ambush” y Lost
empire” donde surgieron
por primera vez, tres chicas
que hicieron coros aunque, por
desgracia, no se las oía
mucho.
“Vs myself”
tal vez sea la canción
que más conecte con aquellos
en la audiencia que no conocían
demasiado a Runic, y “To
the fallen ones” es mi
preferida de “Liar flags”
porque aborda diferentes pasajes
siempre de manera brillante.
Cómo no, la versión
de “The search”,
de la banda sonora de “Conan”,
que aparecía en “Awainting
the sound of unavoidable”,
fue inpertretada con éxito
(una lástima que no cupiera
la magnífica adaptación
del “Nau” de Luar
Na Lubre. “Liar flags”
sirvió casi de preámbulo
para la despedida con una, para
mí, descafeinada revisión
del “Blinded by fear”
de At The Gates que nunca igualará
a la que hacían en su
momento The Heretic.
Una buena actuación
de una gente que, en otras bandas,
está más que curtida
en el metal. No sería
de extrañar que cosecharan
éxitos a nivel internacional
si se la jugara y gozaran de
un poco de suerte. Me apetece
verlos con treinta conciertos
más como Runic, eso sí
que puede llegar a ser impresionante.
Con todo, reitero, bastante
bien.
CRUCIFIED
BARBARA: BOSTEZOS AL MEDIODÍA
La única
representación de hard
rock propiamente dicha venía
a cargo de este cuarteto sueco.
Eso y su condición de
féminas, que siempre
atrae, hizo que un buen número
de gente se acercara a ver a
estas muchachitas de la periferia
de Estocolmo aun sin conocer
una sola nota de su trayectoria
que únicamente consta
del debut, “In distorsion
we trust” más un
par de singles previos. Cuando
buceé para intentar saber
algo más de ellas antes
de la descarga en el Metalway
de Guernica, me chocó
cómo jugaban con títulos
archiconocidos del mundo del
metal en sus canciones o, al
menos, eso me pareció
a mí al leer nombres
como “Hide´em all”,
“I need a cowboy from
hell” o la propia “In
distortion we trust”.
Sin embargo, la realidad distaba
mucho de cualquier parecido
en calidad respecto a la bandas
que supuestamente homenajean.
El problema
principal que les veo es que
su música no engancha,
es decir, si yo toco black metal,
doom o sludge no pretendo que
mis canciones sean inmediatamente
aceptadas ya que están
escritas para una minoría
que es capaz de aguantar diez
rotaciones al cd para conseguir
aceptar esas composiciones difíciles.
Por el contrario, el hard rock
representa la inmediatez, la
animación, el coro tarareable,
el himno generacional. Crucified
Barbara no poseen ninguna de
esas cualidades. Sus temas son
lentos y pesados pero a diferencia
de formaciones como Black Label
Society no son intensas ni heavies,
todo lo contrario, se muestran
apáticas, en particular
su vocalista Mia a la que su
apodo de “Coldheart”
(“corazón frío”)
le viene que ni pintado. Pongo
un par de ejemplos que presentan
analogías con las escandinavas,
Skew Siskin (de quienes Mia
llevaba puesta una camiseta)
y Nikki Puppett. Skew Siskin,
aparte de estar compositivamente
a años luz, cuentan con
una cantante carismática
de la que llena el escenario
con su presencia. Nikki Puppett
no poseen grandes cualidades
como escritores de hits pero
sí que con su música
sencilla y actitud dejaron una
agradable sensación como
teloneros de Michael Schenker.
Respecto a
lo que tocaron, fueron escrupulosamente
tocando cosas de “In distortion
we trust”, como el tema
título, la antes mencionada
“I need a cowboy from
hell” o sus singles “Losing
the game”, “Play
me hard” o “Rock
´n´ Roll Bachelor”,
de todas las que escuché
la más potable. No se
olvidaron de rendir tributo
a sus héroes y destrozaron
el “Shout it out loud”
de Kiss de manera casi vergonzante.
¡Es que la gente ni se
movía con dicha canción!.
Eso es la prueba definitiva
porque, evidentemente, un 95%
de los presentes la conocía.
Instrumentalmente no son nada
del otro jueves, tampoco se
les pide, mas algo de garra
extra sí podían
haber. Desgraciadamente, escogieron
la opción de permanecer
quietas y no conectar con el
respetable. No sé si
el sol las sedó o qué
pero la impresión resultó
flojita, necesitando estas Crucified
Barbara un replanteamiento claro
en su evolución como
grupo de estudio pero, sobre
todo, encima de las tablas.
´S
PAIN (es decir, la banda de
Jon Oliva) + METAL CHURCH reloaded
A la conclusión
de las muchachas suecas que
tanto tedio nos habían
provocado, alguien de la organización
salió a comentarnos este
cambio de planes tan detestable
para nuestros intereses. A mí,
del bajón, me entraron
ganas de coger el coche y volverme
a Madrid pero había que
apurar y cumplir al máximo
en el festival con lo que allí
nos dirigimos para ver a la
banda de Jon Oliva tocar unas
versiones. El individuo que
nos dio la noticia dijo, textualmente,
que saldrían estos más
Metal Church con lo que supuse
que montarían un guirigay
extraño y tirarían
de clásicos de ayer y
siempre del heavy metal. Pues
no.
Los que salieron
fueron los componentes del grupo
del vocalista y teclista de
Savatage, en primer lugar, y
tiraron de repertorio de Jimmy
Hendrix, “Hey Joe”
o “Voodoo child”,
cantadas por el magnífico
guitarra Matt Laporte. Eso sí,
cuando llegó el “Confortable
numb” de Pink Floyd sentí
una especie de Deja Vu y una
imagen de los hermanos Cavannagh
de Anathema vino a mí.
¡No puede ser!. ¡Esta
canción me persigue!.
Así, huimos a gastar
los últimos euros en
el metal market, más
que nada porque las penas, con
discos, son menos penas, y estábamos
tristes por no poder ver a Oliva.
Para colmo,
cuando estábamos casi
en pleno pago, la música
de fondo (la del escenario)
me sonó familiar. Era
“The dark” de Metal
Church que se había quedado
fuera el día anterior.
La historia es que los de Seattle
se subieron a tocar, no versiones
(o sí, como ahora veremos),
sino a terminar lo que sería
un set completo suyo salvo “Batallions”.
Por ello, se marcaron el corte
que daba título a su
segundo trabajo que concluyó
cuando terminaba de subir el
terraplén. Cerraron con
“Highway star” (por
eso decía lo de la versión),
el tema de Deep Purple que también
hicieron en su debut y habitual
en las descargas de sus tours.
Pues eso, que tuvimos a Metal
Church casi completos aunque
en días partidos.
MOONSPELL:
DESPEDIDA Y CIERRE
Nuestra “deadline”
pasaba por decir adiós
tras el concierto de los portugueses.
Apurar para ver a Within Temptation
era una tontería sabiendo
que su repertorio es el mismo,
pero reducido, que pudimos ver
el año pasado dos veces
en el plazo de tres meses. Sin
embargo, con Moonspell existía
el aliciente de escuchar temas
de su reciente y más
que notable “Memorial”,
quizá la propuesta más
extrema de toda su trayectoria
sabiendo que los lusos siempre
gustan de interpretar material
de rabiosa actualidad junto
a las imprescindibles. Además,
como desde hace unos años,
no sé por qué
nadie los trae en las giras.
No lo entiendo porque viniendo
de Lisboa, en un par de fines
de semanas cubrirían
casi todos los circuitos habituales
de la España metalera.
Un par de telones
pequeños, unos más
grande fondo y la más
que cascada rama de árbol
adherida al teclado (que la
quiten ya, por dios, que es
ridículo) era el atrezzo
con el que saltó el quinteto
con la intro de apertura, “In
memoriam”. Rápidamente
atacaron “Finisterra”,
tema cañerísimo
con el que Moonspell se sueltan
la melena redimiéndose
definitivamente de los oscuros
días de “Butterfly
effect”. Hablando de melenas,
me da a mí que el amigo
Ribeiro se ha puesto extensiones
porque nunca le he visto con
esa mata de pelo. Por cierto,
horripilante su guardapolvos
rojo. El resto del grupo, como
siempre, eso sí, destacar
que Pedro Paixao (teclados y
segunda guitarra) estuvo algo
más comedido que de costumbre,
algo a agradecer porque sus
poses llegaban a ser cargantes.
Continuaron
con la excelente “Memento
mori”, una de mis preferidas
de “Memoria”. El
sonido, como el año pasado,
era aceptable pero no lucía
en exceso. Curioso de lo de
Fernando. Si en el Metalway
2005 falló en algunas
voces más blackeras,
en esta edición fue justo
al contrario. Probablemente
el esfuerzo de llegar a las
notas rasgadas supuso que perdiera
potencia en los tonos graves
y profundos con lo que apenas
se le distinguía. Tirando
de nuevo trabajo, llegó
“Blood tells”, otro
de los grandes momentos del
disco y que la numerosa gente
congregada recibió con
animación. Eso sí,
no tanta como cuando llegaron
las históricas. “Opium”
es la típica para cantar,
saltar y dar palmas, y “Wolfshade”,
ideal para el headbanging. El
riff de guitarra siguiente no
necesitó presentación.
En las últimas visitas
siempre la habían empalmado
con “Vampyria” mutilando
el glorioso final. Esta vez
“Alma mater” cobró
todo su esplendor y ya por esto,
la opinión sobre Moonspell
sería positiva.
Lo que no me
pareció de recibo es
que se largaran todos menos
Mike Gaspar que empezó
con el ritmo de batería
de la instrumental “Proliferation”
viendo como se incorporan bajo
y guitarras, en un insulso pasaje
para descanso de Fernando. Al
volver éste, llegaron
dos más de “Memorial”,
la intensa “Upon the blood
of men” y “At the
image of pain”. Yo tan
contento pero los que nos han
disfrutado aún del trabajo
estarían un tanto perdidos
porque cinco de diez más
las dos intros. Para concluir,
“Nocturna” del buen
“Of darkness and hope”
y, cómo no, “Full
moon madness”, a plena
luz del día como les
suele suceder en Guernica. Del
“The antidote” nada
de nada, ¿sintomático?.
Yo no le veo tan prescindible
pero en una hora no caben demasiadas
cosas. Eso sí, yo les
diría que como grupo
veterano que son, ya podían
variar un poquito más
sus típicas, es decir,
no estaría de más
obviar “Wolfshade”
y meter “An erotic alchemy”
o suprimir “Full moon
madness” y tirar de “Ravenclaws”
o “Ruin and misery”.
Más que nada para que
aquellos que los hemos visto
una decena de veces no nos sepamos
el repertorio de memoria. Con
todo, una notable actuación,
como siempre, de los portugueses.
Por desgracia,
nuestro Metalway concluye. Nos
quedamos sin ver cómo
Carlos de Castro sufre cantando
“Resistiré”;
sin los discursitos del jocoso
Tobias; sin “examinar”
a Andy Deris; sin pedir a Mustaine
que compramos la paz que él
vende; sin el karaoke “bardo”;
y, sobre todo, sin dejarnos
la garganta con los composiciones
de Savatage. Así es la
vida y no enviamos nuestros
barcos para luchar contra los
elementos. Dar las gracias al
compañero y amigo David
Ortego por el apoyo logístico
y moral durante todo el festival
y terminar con lo de siempre:
¡Nos vemos en el Metalway
2007!... donde quiera que se
celebre.
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