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CAMPO DE FÚTBOL SANTA LUCÍA (GUERNICA) 28, 29 Y 30 DE JULIO DE 2006

¿Guernica?. ¿Jerez?. ¿Jerez?. ¿Guernica?. Casi lo que nos faltaba por ver en España eran los “festivales gemelos”. Ésta es una idea que se hace en eventos como el Rock Am Ring – Rock Im Park de Alemania pero claro, allí es un acto “mainstream” o generalista y en el Metalway nos centramos en Metal, y encima sin los nombres más importantes del género. Por lo tanto, pensamiento inteligente y arriesgado de la promotora más absolutamente irracional como luego se demostró. Esta configuración, además, ha determinado mucho las contrataciones de este año. Se quiso hacer a lo grande y hubo que recortar, y eso que había una serie de formaciones absolutamente atrayentes para el paladar selecto pero que, reconozcámoslo, no son del agrado del heavy medio patrio que, una y otra vez, considera que hay poca vida después de Iron Maiden, Judas Priest, Metallica o Manowar. Es lo que hay, por muchos que algunos nos quejemos. Antes de comenzar a desgranar lo que fueron las actuaciones en sí mismas, es necesario ubicarse en el contexto de esta edición del Metalway. Por ello, vamos a hablar en primer lugar de los días previos, segundo de todo lo extramusical que rodea a un evento así y, por último, ya que viene al caso como comprobaréis en breve, de las circunstancias del equipo de esta revista digital desplazado a Gernica.

Le han llovido muchísimo palos a la promotora en los meses anteriores al festival, unos con razón y otros desmedidos. Es cierto que había más de lo mismo en muchos casos (Helloween, Edguy, Stratovarius, Rage, Saxon y Primal Fear en Jerez) pero se vio un afán por ofrecer algo distinto. Díganme, si no, en donde existe la posibilidad de ver a Celtic Frost por primera vez en nuestro país, The Gathering, Metal Church, Nevermore o Ministry. Que yo sepa, estos y algunos otros que me dejo, no se pasan todos los días por España. Por lo tanto, la mezcla era necesaria a pesar de que, por ejemplo, la mayoría de los “repetidos” a mí no me interesaban nada los he visto mil veces y, encima, no son favoritos personales. Lo que sí queda en el debe de la organización es la ausencia de noticias y ese toque de oscurantismo con que nos han obsequiado. Se anunciaron tres cabezas de cartel, al final uno y gracias. Cuando ya se preveía el fracaso de Jerez, se parcheó el asunto con bandas locales. Está muy bien dar una oportunidad a este gente (en especial, me hubiera gustado presenciar la descarga de Anvil Of Doom) pero los que ya tenían su entrada sufrieron una decepción. Las bandas patrias y/o noveles deben ser anunciadas al principio y con muchos meses de antelación. Sigamos, se caen WASP y Axel Rudy Pell, pues como va a haber déficit económico no los sustituyo por nadie. Creo que ningún asistente se hubiera quejado si un mes antes se anuncia en todos los sitios posibles (esencialmente, en su propia web): “Señores, la cosa no va como esperábamos, y no podemos afrontar la llegada de un gran grupo porque las negociaciones no han dado sus frutos. Por lo tanto, el festival se queda como está”. No obstante, reconozco que esto algunos no lo entenderían e, incluso, la asistencia habría sido menor.

Una vez metidos en faena, hablemos de lo que rodea el festival. Nos centraremos en Guernica porque es donde estuvimos. Por segundo alo consecutivo, el campo de fútbol de Santa Lucía acogió durante tres días a metaleros de la mitad norte del país dispuestos a disfrutar con los grupos pero, sobre todo, a pasarlo bien. Un breve vistazo desde la distancia a la zona de acampada y alguna charla con los allí presentes, nos puso en antecedentes de que se había ampliado y no se sufrieron las penurias del año pasado.

Eso sí, el asunto de los sanitarios y las duchas es un mal endémico de todo festival nacional que se precie. ¿Acaso somos más guarros que los europeos? Yo diría que no, entonces no comprendo por qué no se limpian. El precio de las bebidas sigue siendo un poco excesivo. Sin embargo, en el apartado culinario hay que hacer notar una mejora substancial. Se instaló una especie de carpa comedor con platos calientes (paella, pizza, macarrones) y fríos (ensalada normal, de pasta). Uno que siempre aprovecha los festivales para hacer dieta y así evitar visitas al “señor Roca”, piensa que, al menos, al paella se podía comer. Evidentemente, no era una delicatessen pero sí que el arroz no estaba revenido ni en pegotes asquerosos. La ensalada y los macarrones también estaban aceptables y, lo mejor, te llenaban el cuerpo. Eso sí, el pan a ver si mejora un poco porque era del pleistoceno, ni las moscas se acercaban a él. A la prensa se nos dieron muchas facilidades pero yo rogaría que las ruedas de prensa no coincidan con actuaciones. Sé que es difícil pero podrían esperar a los veinte minutos de descanso entre bandas ya que el don de la ubicuidad todavía no lo he conseguido. Si van cuatro personas (cosa rara, en mi opinión, y no demasiado necesaria) acreditadas entiendo que se puedan desdoblar y compaginar pero un redactor y un fotógrafo lo primero a lo que tienen que estar es atentos a las actuaciones. Claro que no es el caso de muchos compañeros habituales de la barra libre de la carpa de prensa (así luego lees lo que lees) pero esa es otra historia.

Por último, comentar que la crónica del festival está incompleta. Desgraciadamente, todos tenemos nuestros curros y, en ocasiones, surgen imprevistos. Por mucho que se negoció, fue imposible conseguir más de un día de vacaciones lo que nos hizo pensar en salir el viernes al mediodía y regresar, tranquilamente, el lunes a Madrid. El problema es que al ver los horarios (¡que salieron una semana antes!) observamos para nuestra desgracia que Nevermore tocaban las cinco de la tarde y The Gathering inmediatamente después. Replanteamos la situación decidiendo intentar coger el viernes y perdernos la última parte del festival con formaciones requetevistas aunque era una pena no poder ver a Megadeth. Además, para nosotros el domingo era el día más flojo y nuestra obsesión (por lo menos, la mía) se centraba en Jon Oliva (de ahí el disgusto posterior que leeréis). Como estos cambios hubo que hacerlos en la misma semana del festival, nuevas trabas surgieron pero, finalmente, a las 15:00 del viernes estábamos ya dentro de campo de fútbol prestos a vivir dos días y medio de emociones, alegrías y decepciones, que de todo hay.

VIERNES 28 DE JULIO

ANNEKE, ÁNGEL(ES)

Una lluvia, por momentos, pertinaz comenzó a caer cuando dejamos el coche y nos dispusimos a ingerir las viandas que nos darían fuerzas ya que nos habíamos levantado pronto y habíamos encarado un viaje. Eso sí, estábamos de sobra para ver a Nevermore, uno de los grandes alicientes, aunque quienes se llevaron la palma, en mi opinión, de este nublado y gris viernes fueron Ángeles del Infierno y el “ángel” Anneke Van Giesbergen de The Gathering.

FINNTROLL: “POLKA” MISERIA

Fue adentrarnos en el recinto e ir, para variar, a los puestos de tiendas de discos, dentro y fuera del Metalmarket. La carpa de éste era algo más pequeña que el ejercicio pretérito pero os aseguro que si buscas joyas (tanto en vinilo como cd y camisetas) las encuentras. En el exterior, las dos o tres interesantes habituales en todo festival español que se precie. La intro de los finlandeses Finntroll comenzó a sonar cuando aún estábamos de compras por lo que apuramos los eurillos para presenciar la primera actuación en nuestro país de Vreth, el encargado de sustituir a Wilska en el apartado vocal. Destacar, de inicio, su aspecto antitético, del orondo Wilska hemos pasado al enclenque Vreth. Esto, evidentemente, no debería importar demasiado dentro de esa mezcla entre viking (si alguien los considera así, que yo no), polka, humppa y metal, más un poquito de la charanga del tío Honorio. Ascendimos la pequeña cuesta hasta llegar a un un terreno semiembarrado por la lluvia caída el día anterior y durante la descarga de Hamlet que quedaría cubierto por alpaca de paja en los días posteriores.

Ésta es la quinta, si no recuerdo mal, vez que lo veo y según pasan los años me desengancho más de su propuesta, sobre todo encima de un escenario. Se me hacen sosos y repetitivos. El asunto suele empezar bien pero minuto a minuto tengo la sensación de que se quedan sin fuelle y eso que, salvo Vreth, no se mueven de un lado para otro como locos. Hablando de éste, señalar que sus registros son un tanto diferentes y para nada te hace olvidar a Wilska que sin nada del otro jueves, imprimía cierto carácter con su peculiar tono. Vreth es más plano y lineal, incluso se notó en algún tema nuevo que ofrecieron como primicia en Guernica.

Del repertorio, poco que decir, muy parecido al que desgranaron en la visita correspondiente a la gira del “Nättfodd” ya que en aquellos ocasión tocaron setenta minutos y en el primer día de Metalway, cincuenta y cinco. Eso sí, cada día intentan pasar más página y eliminan alguno de sus cortes antiguos. ¡Menos mal que aún nos queda “Jäktens tid”!. Del resto, pues “Nättfodd”, la ineludible “Trollhammaren”, “Sägersang”, “Kitteldags”, probablemente la que más aplausos cosechó, y demás que no pueden faltar en un show de los de La Tierra de los Mil Lagos. En general, la audiencia no pasó de cortés y no se movió en exceso con un grupo que sí podría cuajar en un gran acontecimiento pero no en estos lares. Correctos, sin más.

NEVERMORE: CALIDAD SUPREMA, CORAZÓN MUERTO

El motivo de todo los cambios realizados por los que confeccionamos este reportaje llegaba a nosotros. No es que nos desplazásemos a Guernica sólo por Nevermore (que yo ya los había visto) pero sí que era gran aliciente, máxime después del inconmensurable “This godless endeavor” y, qué narices, por toda la trayectoria de los de Seattle. Steve Smith seguía convaleciente por sus problemas de riñón e inicialmente parecía que la formación sería de cuatro. Grata sorpresa cuando aparecieron los miembros oficiales acompañados del gran Chris Broderick de Jag Panzer que ya había estado con ellos en su gira americana. Yo me pregunto aquí: ¿No se podrían haber traído a Jag Panzer por tres duros? ¡Que estos vienen hasta gratis y hubiera sido la caña!. Ilusiones aparte, cinco minutos antes de lo previsto comenzó el espectáculo con “Final product”, el single de su última obra. El sonido era aceptable pero nunca bueno y Warrel Dane se encargó de fastidiarlo al hacer movimientos compulsivos con los brazos que hacían que el micrófono fuera y viniera de su boca provocando subidas y bajadas de voz. Tal vez se dio cuenta en algún momento porque en la segunda parte de la actuación dejó de hacerlo.

A mí con cualquier cosa que hubieran tocado me bastaba y sobraba pero el set list fue, cuanto menos, curioso. Como preveía, sus tres primeros álbumes fueron completamente ignorados, si bien es cierto que es desde “Dead Heart in a dead world” cuando han conseguido notoriedad. Así, tras “Final product” llegó “I, voyager” de “Enemies of reality”, y a continuación, la retahíla de “Dead...”. Increíblemente siguen empeñados en interpretar “The river dragon” que siendo buena, es la menos interesante del disco pero favorita de la banda. “Engines of hate” posee ese riff ultramoderno que alguno calificó de nu metal. Por su parte, el tema título “Dead Heart in a dead world” perdió cierto encanto porque la parte lenta inicial la hizo Wane a capella y nos escamotearon las maravillosas guitarras del magnífico Jeff Loomis. Por cierto, Warrel no está mal de voz aunque hace cinco años en Bélgica fue la leche en bote. No llega a los agudos más contundentes pero es normal porque el tipo ya no tiene veinte años. Siempre ataviado con su gorro, molaba cuando se soltaba esa melena rubia platino que aún conserva. Mención especial para Van Williams, grandioso batería, prodigio de técnica, y a un Jim Shepperd que le acompaña de forma sobria.

“Enemies of reality” dio un aire más oscuro a la descarga y “Narcosinthesis” resultó de las mejores, como no podía ser de otra manera. Sin embargo, la palma se la llevó la monumental “This godless endeavor” y sus más de ocho minutos de placer auditivo con cambios de ritmo, melodía, tralla. Muy distinta, un “Born” caótico con Warrell perdido puso colofón a un buen concierto, sin duda, pero bastante por debajo de las enormes expectativas que tenía con Nevermore ya que me parece de las mejores bandas de metal de la actualidad. Digamos que se quedaron a medio camino.

BRAINSTORM: SIEMPRE POR ENCIMA

Lo de Brainstorm es significativo. Después de seis discos y más de una década en activo, siempre que vienen es para tocar de los primeros en festivales o de teloneros de algún grupos más importante. Se puede cargar lo que sea contra ellos pero, en mi opinión, las huestes de Andy B. Franck cumplen de sobre con su cometido cada vez que se suben a las tablas y, en particular, es por el vocalista que, además de ser muy bueno, sabe como manejar a una audiencia normalmente no demasiado conocedora de su carrera. La única pega que le veo a esta actuación es que fue exactamente igual a la de Atarfe de hace cuatro meses y es una pena porque pienso que de “Metus mortis” en adelante, que es de donde sacan su repertorio, los teutones tienen canciones más que de sobra para cambiar un poco. Con todo, yo me lo pasé bastante bien desde que las notas de “Worlds are coming through” retumbaron en la tarde vizcaína. Como fue constante de este jornada, el sonido flojete, a Andy no se le escuchaba nítido pero gracias a su chorro vocal, el asunto no llegó a mayores.

Ya casi de memoria sabemos que después viene “Blind suffering”, y luego “The leading”, y luego bla, bla, bla. De todas formas, cada vez que veo al quinteto germano me asalta la misma cuestión sobre el por qué no han dado un salto más en su status. No digo que tengan que encabezar giras de mil personas por noche pero sí para una sala de trescientas o cuatrocientas les debía dar de sobra. Si no, no se entiendo como Andy es capaz de que el respetable come de su mano en “Inside the monster” o vibre con “Highs without the laws” aun sin saberse la letra. También es paradójico que “Shiva´s tears” se haya convertido en imprescindible y bien que me alegro por ello porque es mi preferida de “Soul temptation”. Quizá ese aire árabe que tiene enganche a más de uno.

No vamos a descubrir a estas alturas que Brainstorm no son virtuosos de su instrumento pero sí que ostentan la rara cualidad de ser compactos, es decir, “parecen” alemanes (je, je) porque no hacen alardes pero tampoco fallan. En la parte final, cómo no, “Doorway to survive” y su canción más conocida y comercial de “Liquid monster”, “All the words”, con la que se despidieron bajo una importante ovación que premiaba su buena labor. Previsible repertorio, buen desarrollo.

THE GATHERING: LA CHISPA ADECUADA

Y en estas llegó Anekke. Tardaron algo más de lo previsto The Gathering en salir sobre todo porque Rene Rutten tenía problemas con su guitarra y andaba por el escenario discutiendo con los técnicos de sonido. Después de la última actuación de los holandeses en Madrid, reconozco que me quedé un poco frío sobre sus prestaciones en directo ya que, entonces, el lado roquero de la banda quedó difuminado casi por completo. En Guernica albergaba muchas esperanzas ya que estábamos en un festival metalero por lo supuse que los de Nimega mezclarían tempos y atmósferas. Estaba en lo cierto. Probablemente muchos no consideren a este grupo adecuado pero supuso un contrapunto brillante y reinó en esta jornada inaugural.

Desgraciadamente en España nos quedaremos sin ver la gira otoñal de presentación de “Home” por lo que también era conveniente escuchar algunas piezas de esta obra. Así, comenzaron con “Shortest day” e “In between”, los dos primeros cortes del álbum. Los instrumentos estaban ecualizados correctamente aunque al teclista Frank no lo oía en toda su magnitud. No obstante, fue salir la señora Van Giesbergen y pararse el tiempo. Más guapa que nunca y eliminados esos kilitos de más que le dejó la maternidad, nos recordó a su imagen en aquel lejano “Mandylion” en el que se nos dio a conocer. De voz, como siempre, va sobrada. Probablemente, tenga menos potencia que hace una década pero ha aprendido a modular sus inflexiones hasta conseguir que sus seguidores caigan hipnotizados. Sus movimientos sobre las tablas siguen siendo tan raros que enganchan, qué forma tiene de sentir las canciones más extraña.

En una hora no da tiempo a demasiado pero su selección de temas fue, cuanto menos, inteligente. Como he comentado quisieron enseñarnos “Home” por lo que su ya extensa trayectoria fue pasada casi de puntillas, eso sí, rescatando, al menos, una tema de todos sus discos desde “Mandylion”. Así, pudimos disfrutar de “Liberty bell”, “Saturnine” o la excelente “Broken glass”. El amigo Rene estuvo centrado en tocar la guitarra y no en meter esos infinitos efectos que llegan a saturar. La sección rítmica algo más amena que de costumbre con un Hans más poderoso en la batería y Marjolein, bueno ella es así, centrada en su bajo, con media sonrisa y sin moverse de su sitio.

Cuando Anneke anunció que iban a tocar alguna antigua, los seguidores (no demasiados) de The Gathering que allí estábamos irrumpimos en una ovación. Sin embargo, tampoco esperaba ese impactante final con “In Motion II”, “Eleanor”, “On most surfaces (Inuit)” y, sííííííí, “Strages machines” que había sido fulminada en sus últimas apariciones en vivo. Ya sólo por ese final mereció la pena el Metalway. ¡Qué maravilla y qué grande esa Anneke!. Si bien en estudio nunca perdí la confianza en ellos, sí que en directo me sentía un poco “fuera de juego” con sus rollos semiacústicos. Por ello, necesitaba una reafirmación de fe en mis profundas convicciones y la conseguí con creces. The Gathering se salieron y en el viento quedó un susurro que decía “Anneke, Anneke...”.

ANNIHILATOR: “¡BAJA ESE BAJO!”

Tras la calma llegaba la tormenta. Una semana llevaba por el País Vasco Annihilator y las dos fechas del Metalway eran las únicas veraniegas de la formación canadiense. No tenían disco que presentar pero hay que matizar que el, para mí, buenísimo “Schizo deluxe” no había sido mostrado en directo en nuestro país ya que desde el extinto Rock Machina de 2002, los de Jeff Waters no aparecían por aquí. El gran Jeff ya había anunciado que sería un concierto diferente y, en parte, así resultó. En mi opinión, un repertorio de ensueño para los fans de los primeros discos pero algo confuso por la no inclusión de temas de la época Dave Padden que para eso estaba allí. Además, por lo menos desde mi posición, el sonido arruinó lo que se suponía una gran descarga. En nuestra zona la gente no paraba de gritar “¡Baja ese bajo!” y es que Russ Bergquist tapaba las guitarras de Waters y eso, en Annihilator, es pecado mortal.

La intro (grabada) de la mítica “Crystal Ann” dio el pistoletazo. Ante nosotros estaban los mencionados Waters, Bergquist y Padden, más el batería Ryan Ahoff. Me gustaría mencionar las pintas de Dave Padden, me parecen perfectas pero me chocó ya que me recordaba a todos estos grupos de pseudo rockabilly patrio de los 80 tipo Rebeldes, La Guardia, 091,... Me hizo gracia. El gran Jeff saludó y dijo eso de “This is the King of the Kill!!”. La primera en la frente, pedazo de canción con el guitarra a cargo de las voces y Dave concentrado en la rítmica. Ya en estos compases iniciales la cosa no pintaba bien en cuanto al sonido algo que se fue agudizando según avanzaba el tema.

Otra introducción famosa del grupo abrió fuego a “Set the world on fire” ya con Padden cantando y aquí se vio que, sin ser malo, el hombre estaba tan concentrado en no fallar con la guitarra que a veces parecía un poco frío con la voz. No sé si me explico, lo hizo y se adaptaba con soltura a los temas (los que más le costaban, los de “Never, neverland”) pero resultó un tanto soso incluso cuando nos dio la “bienvenida” a un “The fun palace” que nos le quedó especialmente bien. Jeff tomó el mando de las operaciones vocales en otros dos cortes, “Refresh the demon” (lógico igual que “King of the kill” porque ya hizo en estudio) u en la recuperada “Welcome to your death” de su debut “Alice in hell”. Lástima que los licks y solos se tuvieran que abrir paso entre el amasijo de sonido porque la actuación podría haber sido bestial ya que, a pesar de todo, canciones como “Phantasmagoria” fueron la tralla con ese increíble riff cortesía de Waters.

Como siempre otros puntos álgidos en los shows de Annihilator son las interpretaciones de “Alison hell” y “Never, neverland”, probablemente sus cortes más representativos y ambos en una línea épica y monumental que muy pocos pueden lograr. En un momento la banda abandonó en el escenario a excepción del jefe que hizo un breve solo de guitarra, un tanto insulso, para atacar unas notas del “Hell bells” de AC/DC, presentar a la formación y ejecutar ese riff deudor, homenaje o plagio (escoged la que más os guste) de los australianos en la divertida “Shallow grave” que Padden cantó muy bien. Sin más dilación, y aún no habiéndose cumplido la hora convenida, Jeff miró al encargado de los horarios de escenario pero como estaba en otros menesteres, dijo que tenían tiempo para una más y presentó “Human insecticide”, otra pasada de su debut. Sin embargo, no llegaron a tocarla ya que, acto seguido, les anunciaron que no podían alargarse más. Vamos a ver, no llevan una hora y se iba con adelanto (cosa que me parece mal porque los conciertos empiezan en el momento fijado, no antes ni después), y les dicen que ni una más. Me pareció un feísimo detalle aunque Waters y los suyos tampoco hicieron demasiado por remediarlo (ver crónica de Axxis del día siguiente).

En definitiva, un concierto mucho menos interesante de lo que debería haber sido por culpa del horrible sonido. Con todo, a mí Annihilator me gustan tanto que me lo pasé bien con ellos. Eso sí, no entiendo muy bien eso de marginar completamente “Schizo deluxe”, al menos, un tema no hubiera estado de más, no sé, un “Maximum Satan” o “Plasma zombies” habrían sido buena prueba de lo infravalorado que ha sido este disco. Esperamos a su nueva entrega para que se pasen en una gira en condiciones y no sufran la ignominia de tocar ante noventa personas como sucedió en su última visita madrileña, en el “Carnival diablos” tour, junto a Nevermore, Soilwork y Rawhead Rexx.

ÁNGELES DEL INFIERNO: ESCLAVOS DEL GRAN PASADO

No es fácil que un grupo español sea de los principales alicientes de un festival estatal por lo poco que se dejan ver por estas tierras. Pues así sucede con Ángeles del Infierno que, afincados al otro lado del charco desde hace más de una década, sus contadas apariciones en la península llegaban en el Viñarock y sólo por ellos no me voy a pasar tres días viendo a bandas nacionales que, en su mayoría, no me interesan. Nunca jamás acudí a conciertos de los donostiarras y para mí sus dos primeros álbumes están en el olimpo del metal hispano, y los tres siguientes son, como mínimo, notables. Con una introducción un poco larga, saltaron Juan Gallardo, Robert Álvarez y el resto de tíos (si no recuerdo mal, todos mejicanos) que les acompañan bajo los acordes de “El principio del fin”. Según parece, por delante no se oía la voz nada pero desde donde me ubicaba, unos metros más atrás, siendo esto así no era tan exagerado como en las primeras filas y aunque muy acompañado de las voces de todos los de mi alrededor, sí que se distinguía a un Gallardo que, sin ser el de los mejores tiempos (obviaba muchos agudos), cumplió. Por cierto, me hizo bastante gracia el discursito de amor a Euskadi y demás que se marcaba entre tema y tema, sobre todo cuando viene de alguien que se largó a Madrid y, posteriormente, a hacer las Américas sin el mayor miramiento. Además, el acento ese tan raro que ha adquirido allende el Atlántico lo hacía si cabe aún más cómico.

Demagogias aparte, sin ser la actuación de mi vida, disfruté un montón con ese viaje al pasado que sólo se vio truncado con “Todos somos ángeles”, el corte que da título a su cochambrosa última obra, endurecido respecto a su versión en estudio. Sin ser un grupo de alardes instrumentales, la banda estuvo impecable salvo Robert que no sé que le ocurrió pero en un momento dado abandonó unos instantes el escenario. La cosa volvió a la normalidad con dos temazos como “Sombras en la oscuridad” y un “Con las botas puestas” coreado a grito pelado por los asistentes. Se nota que la gente de aquí le tiene un cariño muy grande a Ángeles. Una de las composiciones que no esperaba era “Hoy por ti, mañana por mí” del “666”, álbum al que el grupo tiene en alta estimo, por encima de “Joven para morir”. Desgraciadamente, sólo disponían de una hora (aunque se alargaron 5 minutos para deleite de todos) pero la aprovecharon bien y, sucesivamente cayeron “Héroes del poder”, “Rocker” (con la colaboración estelar de Iñaki Munita, su primer batería), “Esclavos de la noche” o la aplaudida “666”. Mención especial para “A cara o cruz”, del disco del mismo nombre, un trabajo que pasó bastante desapercibido por aquí y me parece sumamente interesante en algunos temas como el ejecutado, “Las calles de mi barrio” o “Detrás de las puertas del mal”.

Muy a nuestro pesar, y también al del grupo, el show tenía que terminar con la gran “Fuera de la ley”, y es que Gallardo se había reservado para darlo todo en el adiós parcial porque rápidamente volvieron a salir para hacer el clásico medley de baladas “Al otro lado del silencio / Si tú no estás aquí / Pensando en ti” que, personalmente, no me vuelve loco, casi preferiría únicamente “Al otro lado del silencio” y luego otra cañera tipo “Diabolicca” “Vivo o muerto” o “Joven para morir”. El colofón, lógicamente, fue para la inmortal “Maldito sea tu nombre” donde Juan clavó hasta los gritos y dejó un gran sabor de boca entre los presentes. Los que más me gustaron del primer día junto a The Gathering. En otro aspecto, uno elegante y relajado, el otro crudo y heavy, pero ambos igualmente válidos. Ahora, a ver cuándo se marcan una gira completa con repertorio de dos horas.

KREATOR: PETROZZA, VARÍA EL SET LIST, ¡POR DIO(S)!

No quiero pecar de osado, pero ver a Kreator otra vez en el festival no me suponía un especial aliciente. Me explico, los de Essen son la repera, de acuerdo, y en directo apisonadoras (nada más recordar su concierto de febrero de 2005 en la extinta Aqualung), pero el temor (luego confirmado) de que clavaran el set list respecto al Metalway 2005 me hizo tomarle las cosas con calma y verlos más en la distancia. Con un sonido decente (que no inmaculado), todos los alicientes se daban para el disfrute de aquellos que lo deseaban. Desde una posición más aséptica, diré que el concierto fue bueno mas inferior al de uno año antes fundamentalmente porque no vi a Mille Petrozza especialmente inspirado en el plano vocal.

“Enemy of god” inauguró el apocalipsis seguida de “Impossible brutality”, es decir, los dos temas estrella de su último disco. El público saltaba y organizaba un buen pitote pero es que ya hasta los discursos me sé: “Guernica, I can feel the agression, Extreme agression!”. Y ahí iban con el clásico de 1989, probablemente su disco más representativo porque es el que mejor muestra la mezcla de violencia sonora con la técnica que adquirieron progresivamente tras empezar con un nivel instrumental pobre (pero excelso compositivamente) hasta por 1984. Al ser algo más corto que en la edición previa, algún corte como “All of the same blood” o “Voices of the dead” quedó fuera pero sí que intentaron dar cancha a muchos de sus discos porque en casi todos los trabajos de Kreator podemos encontrar himnos como la genial “Violent revolution”, “People of the la lie” o la adictiva “Phobia”.

De la banda, poco que comentar, la verdad, ninguno destaca por encima de los demás y así Sami, Christian y Jurgen “Ventor”, son una máquina engrasada que se adapta perfectamente a momentos más técnicos como en “Suicide terrorist” a otros más simples y contundentes tipo “Pleasure to kill” o “Terrible certainty”, la mejor de la velada, sin duda alguna, o por lo menos, la que más me hizo vibrar con ese riff que se repite de nuevo cuando parece que el tema se desvanece. Memorable.

El final de todos los conciertos de los germanos suele ser similar, sobre todo si hablamos de festivales. Tiran de favoritas de los ochenta como “Betrayer”, que estuvo realmente bien, y el habitual medley con “Flag of hate” y “Tormentor” aunque ya le vale a Petrozza la tontería de que el público repita hasta cuatro veces eso del “It´s time to raise the flag of... HATE!”. Se me hace un poco pesado. Por supuesto, Kreator no decepcionaron a nadie, ni a los que verían cada quince días ni a los que los veríamos cada quince días pero variando un poco el repertorio. No obstante, digo yo que un “Riot of violence”, “Renewal”, “Terrorzone” (todas tocadas en su gira) o alguna recuperación sorpresiva como la gloriosa “Under the guillotine” o “Awakening of the gods” hubiera sido la caña.

STRATOVARIUS: LA SINTONÍA DE LOS LUNNIS

¿Y qué hacer después de tanto grupo impresionante (unos más y otros menos esta jornada)? Pues ver a Stratovarius no es lo más adecuado. El primer día de un festival cuando te has levantado pronto y tienes que conducir una larga distancia para, sin solución de continuidad, ponerte a quebrarte el cuello, suele ser el que menos se disfruta de forma global. Si a esto le añadimos que el grupo que cierra no te atrae lo más mínimo, apaga y vámonos. Con todo, aunque fuera un rato, era menester comprobar si Tolkki, Kotipelto y demás estaban en tan baja forma como en noviembre cuando tocaron en Madrid junto a Hammerfall.

Como los finlandeses son perros viejos, y sabiendo que los fans estarían casi derrotados, empezaron descaradamente fuertes, tanto que casi parecía que le habían dado la vuelta al concierto. “Hunting high and law”, para goce de muchos, fue la elegida y los más fanáticos aplaudieron a rabiar. Sin embargo, y pese a que el sonido era aceptable, no había química ni brilla y, para colmo, a Kotipelto se le vio flojete, cosa que en la gira mencionada no ocurrió ya que el pequeño Timo fue el más potable de todos junto a Jörg Michael. Para que la gente siguiera con sus dosis de subidón power finlandés, ni más ni menos que “Black diamond”, su himno más afamado. ¿Os resulta insuficiente? Pues toma “Kiss of Judas”, eso sí, tan mal tocada como últimamente (mención especial en incompetencia voluntaria para Jens Johansson) y con las voces fuera de tono. Aquí el cansancio nos pudo y con las notas “The abyss of your eyes” (si mal no recuerdo) fuimos alejándonos del recinto. Yo lo siento por ellos pero este regreso de Stratovarius no ha sido lo triunfal que ellos preveían, ni en disco ni en directo. Y lo peor de todo, es que hasta los más acérrimos empiezan a dudar porque el éxodo era importante y los que se quedaron me comentaron que ni “Paradise” ni “Twilight symphony” ni cosas más modernas como “Eagleheart” consiguieron levantar el clima de monotonía y tedio. Fin de la historia de este cansado día en tierras vascas.

SÁBADO 29

La segunda entrega del Metaway era, para mí, la más fuerte de largo con presencias brillantes y algunas inéditas como los dioses Celtic Frost. A la una de la tarde el sol era abrasador. La nubes se habían disipado por completo y el cielo azul presagiaba que la canícula nos acompañaría. Así fue aunque siempre precisando que las noches en esta zona son benignas y frescas, ideales para disfrutar de buen Metal aunque sea oscuro y místico.

AXXIS: HUMOR Y MÚSICA, COMBINACIÓN PERFECTA

En las mismas puertas de acceso nos enteramos de un cambio, Axxis abrían la jornada y Rage ocupaban su lugar. Peavy y los suyos se han “especializado” en llegar tarde a festivales españoles y ser cambios de ubicación horaria. Menos mal que nos levantamos pronto porque me hubiera molestado muchísimo perderme de nuevo a los de Bernard Weib en un festival con lo que me gustan. Además, como era previsible, no salimos decepcionados con la banda comandado por el simpático frontman.

Presentaban su último trabajo, “Paradise in flames”, y así salieron con la intro de mismo nombre que antecede a “Dance with the dead”. No hizo falta más que un segundo para ver que Lakonia (la chica que colabora en el álbum) estaba con ellos en escena para dar réplica a Bernard en algunos agudos y aportar un rollo gótico que, sinceramente, no me atrae para Axxis aun reconociendo que esta adaptación del “Pimpinella metal” es bastante más graciosa que la de Lacuna Coil porque, a veces, parece como si la muchacha huyera del amigo Weib que la mira con cara lasciva (aunque, inciso “Salsa heavy”, por lo que vi la chica está con el guitarra Guido Wehmeyer). El sonido en esta segunda jornada fue mucho mejor que en la apertura y a los germanos se les distinguía bastante bien pudiendo, todo aquel que quisiera, disfrutar con una descarga que continuó con “Tales of glory island”, de largo la mejor canción de “Paradise in flames”.

Tuvieron la suerte de gozar de bastante público ya que muchos de los que habían venido a ver a Rage se quedaron e hicieron bien. Curiosamente Lakonia también se quedó para hacer coros algunos temas antiguos. No tenían demasiado tiempo para dar muchas sorpresas en el repertorio pero sí nos obsequiaron con “My little war” del “The big thrill”, trabajo que en la gira que de hace dos años por España venía representado por “Stay don´t leave me” y “Brother moon”. El resto de clásicos ya serían de los que no pueden faltar como “Save me” del genial Axxis “II”. Como estaba prevista, y dado que tenían a Lakonia con ellos, tocaron su single “Take my hand” donde se les ha ido un poco la mano en el metal gótico pero que, al fin y al cabo, no desentonó.

Si en Madrid hace un par de temporadas fue el momento de Loli, esta vez Mar de Valencia resultó la agraciada en el “sorteo a dedo” de Bernard por sacar una chica al escenario. Lo que pasa es que de tino no anda fino porque Mar tampoco conocía demasiado a Axxis. No importó porque, primero, le dieron una cámara de vídeo para grabar y luego una pandereta para acompañar. Lo que me pareció fatal es esa versión medio acústica de “Kingdom of the night”. No pegaba nada, sobre todo teniendo increíbles baladas como “Fire and ice”, “Hold you” o el medio tiempo “Touch the rainbow”. El único fallo de la mañana, sin duda. Volviendo a la vertiente metalera cayó la fantástica “Wind in the night (Shalom)” de “Time machine” las voces y los coros brillaron.

Con Mar de vuelta al público encararon el final de actuación con uno de sus hits más conocidos, “Living in a world” y la cañera “Angel of death”. Aquí llegó otro momento glorioso porque el manager de escenario le dijo a Bernard que una más y ya está. El teutón con mirada inocente le asintió pero, en vez de hacer caso, empalmaron “Angel of death” con la maravillosa “Little look back”. Pero no contento con eso, nada más terminar dijo “¿Queréis una más? Sí, pues hala” e interpretaron, ya en tempo correcto, “Kingdom of the night” con lo que se alargaron más de su horario pero había merecido la pena. Un concierto sobresaliente con una cantante que derrocha simpatía y buen hacer. Como siempre, Axxis grandes.

ARCH ENEMY: ENEMIGOS DE SÍ MISMOS

Que no se me malinterprete, Arch Enemy dieron un notable concierto en Guernica sobre todo para ser las 14:30 y estar a cuarenta grados (es la leche ver, a tres metros tuyo, a un tipo derrumbarse por una lipotimia, nunca te acostumbras). Mi problema con los suecos es, primero, la evolución que han llevado a cabo en los últimos trabajos que, si bien han conseguido una mayor aceptación popular especialmente en Estados Unidos, a mí me resultan fríos y sin alma, por muy bien ejecutados que estén. La segunda, aunque menor, de las trabas con las que me encuentro es Angela Gossow. Que sí, que estoy de acuerdo, que tiene un vozarrón, que es una metalera en toda regla y que ya estaba bien de tantas pseudo sopranos en el heavy pero, seamos claros, esta chica no ha inventado nada y prefiero mil veces a Sabina Claessen que, además, lleva dos décadas pegando berridos. Lo siento pero los registros de la Gossow no me dicen nada y cada vez que toca una antigua echo de menos a Johan Liiva.

Sea como fuera, la maquinaria de Halmstad surgió potente con un par de temas de “Doomsday machine” que si bien en el País Vasco ya había sido presentado gira como ésta no pasó por Madrid no tuve oportunidad de ver si cosas como “Skeleton dance” o “Nemesis” adquieren una nueva dimensión sobre las tablas. A mí me parece que son brutales pero carecen de las melodías que encontrábamos en sus álbumes de los 90. Los riffs son curradísimos, Michael Ammott es un crack y el fichaje de Fredrik Akesson es un acierto porque se le ve acoplado a la perfección. Hasta aquí, ni una queja pero es que ni los solos recuerdan a los Arch Enemy del inicio, únicamente hace falta escuchar, por ejemplo, los infinitos juegos de guitarra cuando tocan “Bury me an angel”, la noche y el día, pero como las canciones primigenias que tocan son cada vez menos, este efecto se diluye. Además, yo por mí, que no interpretaran ninguna porque Angela es tan diferente a Johan que acabo pensando que lo hace mal aposta (por supuesto, no es así, que quede claro).

Espero que no de la imagen que tengo animadversión por la chica porque no es así, si Arch Enemy hubiera seguido el camino del “Wages of sin”, seguro que su propuesta me seguiría atrayendo a pesar de que tampoco éste es mi favorito, pero si oigo en directo cosas como “Burning angel” o “Ravenous” me vengo arriba. Por el contrario, si las afamadas “We will rise” o “Dead eyes see no future” son las que suenan, me quedó frío incluso con la calorina que caía en Guernica a la hora de comer. Evidentemente no soy tonto (o por lo menos, intento no serlo) y la gente que iba a verles se lo pasó en grande con estas composiciones, tanto como cuando ejecutaron antiguas. Una cosa que no logro comprender es esa pausa que se marcaron después de la quinta canción para hacer un tema medio instrumental, qué raro ese interludio y qué insulso resultó.

En definitiva, Arch Enemy dieron un gran concierto para sus fans en el que ni el mayor detractor del grupo puede decir nada malo sobre ellos. A mí, ni fu ni fa, un buen show pero que pasó desapercibido en mi impresión general de esta edición del Metalway.

Además, creo que certifiqué mi alejamiento con un tío al que venero como guitarrista, Michael Ammott. Bueno, siempre nos quedarán Spiritual Beggars.

DARK FUNERAL: MÚSICA PARA HACER LA DIGESTIÓN

El cambio de ubicación de Axxis nos vino bien, definitivamente. Yo que, para variar, estaba dispuesto a no comer en el festival, como es tónica habitual, para no perderme grupos pensé que no estaría mal un arroz pero ante mí existía la posibilidad de no ver a Rage. Acudimos a la carpa comedor y desde allí escuchamos las notas de “Speak of the dead” que daba inicio a la descarga. Como no sería justo comentar un concierto que sólo oyes desde lejos, diré que un solo de batería a las cuatro de la tarde es lo menos apropiado para que la paella se asiente en el estómago y si encima luego cae el de guitarra, pues apaga y vámonos. Eso sí, puede asegurar que el repertorio volvió a ser más de lo mismo quitando los ocho partes de la “Suite Lingua Mortis” (únicamente “No regrets” tocaron de ésta) pero el “Don´t fear the winter”, “Soundchasers” o “Higher than the sky” de turno permanecieron invariables al paso de los años.

Una vez de vuelta a la zona de actuaciones en sí misma, nos aprestamos a presenciar la actuación de Dark Funeral, unos más a sumar a la lista de “bandas del Metalway que habíamos visto en los siete últimos meses”. En concreto, los suecos vinieron de gira a finales de marzo y bien podemos asegurar que lo único que se alteraron fueron las condiciones atmosféricas respecto a aquel día lluvioso que antecedía a la primavera. A las 17:00 Caligula, Ahriman y demás podían achicharrarse bajo el sol. Eso sí, como son muy auténticos, no renunciaron ni a su maquillaje ni a sus cueros, en especial, el “dicharachero” vocalista que debía hacer gala en toda su extensión de su condición de “black star”.

Como normalmente en sus tours no sobrepasan los setenta minutos, tampoco echamos en falta demasiadas canciones, eso sí, estos tampoco cambian el set list ni para atrás. Ante un público no excesivamente numeroso pero, sorprendentemente, bastante más que el que acudió a ver otras formaciones ese mismo día, comenzaron con “King antichrist” de “Attera tottus sanctus”. Pensaba que el sonido iba a ser caótico pero no, la cosa estuvo más que aceptable para unos tipos como Dark Funeral que sólo una de las seis veces que los he visto han sonado como dios (perdón, satán) manda. “Diabolis interium” y la celebrada “Ravenna strigoi mortii” continuaron con un show bastante pulcro y oscuro (a pesar de la hora) que se veía alterado con los “estelares” comentarios de Emperor Magus Caligula (hilarante la reacción de muchos ante eso de “Spania!”, como si el hombre tuviera que venir con el tema de los problemas internos del país estudiado).

Desde que se convirtieron en quinteto todo es más coherente en Dark Funeral y el bajo ejerce su labor de base rítmica no como antes que era un estorbo para el cantante. Así, se pueden apreciar mejor cortes como “Vobiscum Sathanas” o “666 voices inside” que para su público pasan por fundamentales. El hecho de que eso ya lo había visto no ayudó a divertirme más. Muy al contrario, viendo lo que faltaba me resultaba un poco aburrido el black metal de los escandinavos por mucho que Caligula siguiera empeñado en su peculiar conexión con el público invitándoles a hacer coros (!!!) en “Hail murder” con la excusa de que es de las pocas que se pueden cantar por la audiencia. Sin comentarios.

Ejerciendo su papel de estrellas, se marcharon para regresar y regalarnos a nosotros, pobres sureños, un par de cortes más. Y menos mal que lo hicieron porque un concierto de Dark Funeral sin “My dark desires”, tema seminal del black sueco, resultaría incompleto. Como siempre, esta gran composición sirve para dejar un buen sabor de boca a una actuación, para mí, correcta, supongo que para sus fans irredentos bastante buena dadas las circunstancias. No desentonaron.

METAL CHURCH: UNA “MASTER CLASS” DE HEAVY METAL

Cuando anunciaron la presencia de Metal Church en el Metalway, una doble sensación me invadió. Por un lado, amo a esta banda, por el otro, que sólo quede Kurdt Vanderhoof me resulta un tanto lastimoso. Además, reconozco que cuando les vi con la casi formación original en la gira de su disco de regreso, “Masterpiece”, no satisficieron mi tremenda excitación. Sin estar mal, no llegaron a ser lo gloriosos que preveía. Ahora los tiempos han cambiado. Uno tras otro fueron huyendo todos los miembros clásicos (entre ellos el fallecido David Wayne) y ya para su reciente “A light in the dark” ni tan siquiera quedaba Kirk Arrington, el único que había estado en todos los discos. Eso sí, la formación actual de los de Seattle no debe ser menoscabada porque, además de Vanderhoof, en las guitarras está el ex Malice Jay Reynolds (o la Bruja del Norte, je, je, je), al bajo el activo Steve Unger, a la batería el gran Jeff Plate (Savatage, Trans-Siberian Orchestra) y como cantante el antiguo componente de Rottweiler, Ronnie Munroe, que ya en “The weight of the world” dio muestras de su capacidad. Ellos nos deleitaron con uno de los más vibrantes conciertos de esta edición del festival.

Y eso que no demasiada gente se dio cita cuando sonaron los primeros acordes de “A light in the dark”. Incluso me atrevería a afirmar que menos que en Dark Funeral. La ecualización no estuvo mal y en las primeras filas se oía decentemente. La mayor alegría que me dieron vino rápido. Si bien en la gira de reunión, sólo tocaban temas de los discos con Wayne, desde que se volvió a ir rescatan cortes de los años con Mike Howe donde editaron álbumes tan buenos como “Blessing in disguise” o “The human factor”. De toda esa época hay una canción que me marcó porque fue la primera que escuché de Metal Church y, a día de hoy, me sigue pareciendo increíble. Me refiero a la épica “Badlands” que ha sido rescatada para bien del baúl de los recuerdos. A mí, con eso, ya habían despejado mi escepticismo. Para más inri, continuaron con dos clásicos que en directo funcionan de miedo, “Ton of bricks” y “Start the fire”, coreadas por los acérrimos del grupo que allí estábamos. Es necesario decir que Ronnie Munroe es un gran vocalista y clavaba los temas de Wayne. En los de Mike Howe sí que noté diferencia pero tampoco salieron perjudicados.

“Leave them behind” fue la única aparición de “The weight of the world”, creo que suficiente con eso porque es la mejor canción y a éste lo considero un álbum marrado. No así el más que bueno “A light in the dark” del que aparte del mencionado tema título nos obsequiaron la fantástica “Mirror of lies”. Bueno, tan presentaron como tal la alucinante “Watch the children prey”, revisitada en este trabajo como tributo a David Wayne aunque la historia siempre dirá que es de “The dark”. Quizá la que menos lograda les quedó fue “Date with poverty” del “Human factor”, un tanto deslavazada. Curiosamente aún no había caído nada de su debut pero se reservaron la traca grande para el final con los himnos “Gods of wrath” (coreadísima por la gente), la brutal descarga de power americano “Beyond the black” y el corte más característico, “Metal church”, con el que se despidieron no sin antes cosechar una colosal ovación de los allí congregados. Un excelente concierto, una lección de heavy metal con mayúsculas por parte de estos veteranos combatientes de la escena. Nunca ganarán titulares, ni harán giras masivas, ni vivirán cómodamente de esto, pero me rindo a sus pies por la demostración que hicieron en la calurosa tarde vizcaína.

MY DYING BRIDE: “LA VIDA EN EL FILO”

Los festivales tienen estas cosas. Sin tiempo para asumir las magníficas prestaciones de Metal Church, una botellita de agua y otra vez plantados ante los británicos My Dying Bride, combo de tesituras diametralmente opuestas a las de los norteamericanos. Del heavy directo y a la yugular pasábamos al doom, a los largos desarrollos, a la tortura física y mental. El placer que te dan uno y otros será opuesto pero la felicidad última puede llegar a ser similar. Si el día anterior decíamos que The Gathering no es un grupo de festivales, qué no podríamos comentar Aaron y sus compañeros, no por el hecho de no ser metaleros sino porque los amplios espacios y las concentraciones masivas de neófitos del género no son lo suyo. Para disfrutar a tope de los de Halifax se necesitan, y ellos mismos también, las condiciones idóneas. Con todo, a mí me pareció un muy buen concierto que fue de menos a más, y eso que las más conocidas las pusieron en la primera parte del show.

“Like gods of the sun” abrió el camino, quizá eligieron ésta porque ante ellos el astro rey les iluminaba o más bien, les calentaba aún más. El señor Stainthorpe, siempre metido en el papel de alma torturada, llevaba un mono que debía tener hielos por dentro porque si no, era inaguantable porque caía la tarde pero la temperatura seguía siendo elevada. El sonido resultaba flojo, los problemas de bajo demasiado alto del primer día, se repitieron aquí aunque paulatinamente la cosa mejoró hasta quedar en aceptable a pesar de que a la señorita Sarah Stanton se le oía más bien poco con su teclado. Por cierto, este chico debe beber vinagre porque jamás he visto a alguien de piel tan blanca. Los más enchufados eran los guitarristas Andrew Craighan y Hamish Glencross (¡resucita a Solstice, por favor!), y el bajo Ade Jackson se mostraba como el más activo yendo de un lado a otro de las tablas.

Como suele ser normal en una actuación festivalera de My Dying Bride, al no disponer de un gran minutaje, varían el repertorio y no sabes qué te vas a encontrar. Además, como su excelente “Songs of darkness, words of light” tiene ya dos años, no es perentorio dedicarle un panegírico. Con todo, una par de temas cayeron, el primero de los cuales, “The blue lotus”, es realmente oscuro y melancólico. En la línea del grupo diréis, sí, pero unos más que otros porque la siguiente que tocaron, “For you”, probablemente sea el único “single” potencial que han compuesto y se notó en los más fanáticos que rugieron al adivinar las notas de la misma. Claro que la mayor ovación se la llevó la más que conocida y admirada “The cry of mankind”, su tema bandera, con esa melodía que se te queda para toda la vida metida en el cerebro. Es insustituible y favorita personal, pero en directo sin el violín de Martin Powell, nunca alcanza las cotas de estudio (o las de su lejanísima ya gira con Iron Maiden).

Entre los no familiarizados con su propuesta vi caras de espanto y aburrimiento, seguro que esperando momento más “happy” con Gamma Ray pero reitero que es lo que hay. A mí no me estaba impresionando el sexteto porque les tengo en un altísimo concepto. Sin embargo, en la segunda mitad de la actuación, y gracias también a una ecualización más acertada, mi grado de excitación se vino arriba. Paradójicamente, llegaba el momento de repasar obras más actuales aunque es cierto que en My Dying Bride la calidad entre antiguo y moderno ha estado muy pareja, máxime cuando un álbum tan maravilloso como “The dreadful hours” es infinitamente más doom que “Like gods of the sun” o “34.788%... Complete”. Así, el tema que da título a aquél resultó tremendamente emotivo y “Catherine Blake”, de su último disco, ya consiguió que mis sensaciones fueran gratamente favorables. Además, interpretaron ocho canciones en total por lo que se demuestra una vez más que, salvo casos puntuales, no es necesaria la comunicación con la audiencia sino el centrarse en lo suyos. ¿Que queda muy fría la cosa?. De acuerdo, pero me imagino que se entiende que My Dying Bride no demandan coros, vítores ni cantos futbolísticos.

Para despedirse, tiraron de fondo de catálogo y recuperaron para la vida en la carretera una de sus canciones más death, la genial “The forever people” de su debut “As the flower withers”, un epítome del género que sirvió para que algunos hicieran headbanging y todo porque fue, a la postre, lo más death metal puro de todo el Metalway, por mucho que Angela Gossow se empeñe. A mí esta media hora postrera me hizo amortizar y renovar mi confianza en My Dying Bride. Nunca la había perdido (y menos en estudio), pero una reafirmación de convicciones no viene mal. Por muchos que os digan, grandes los ingleses.

TESTAMENT: ¡POR FIN!

El titular bien podría servir de resumen ilustrativo de mi impresión de la descarga de Testament en Guernica. Dos veces con anterioridad había visto a los de la Bay Area, siempre en festivales. En el Graspop 2004 fue un concierto soso y frío, muy por debajo de las expectativas que tenía creadas. Hace cuatro meses, en el Atarfe Vega Rock, estuvo bien pero el sonido impidió que resultara una descarga memorable. Parecía que andaban un poco fuera de tono. Todo esto se diluyó cuando entraba la noche del sábado y ya habíamos superado el ecuador del evento.

Para que esto sucediera, hubo un condicionante fundamental: De largo, el mejor sonido de todos los conciertos vividos en esta edición. Por lo menos, desde donde yo me ubicaba, todo estaba en su sitio y se pudo distinguir nítidamente al grandísimo Alex Skolnick que dio una demostración con su guitarra. Con el escenario y el juego de luces completo a su disposición, el quinteto saltó a las tablas y Chuck Billy gritó: “The preacheeeeerrrr!!!” y el público empezó a botar con si este concierto fuera el último. El repertorio elegido fue, salvo en un par de temas menos, igual a Atarfe incluso en el orden. Como es habitual desde que se reunió la formación clásica (aquí como en Atarfe, salvo Louie Clemente, excepcionalmente suplido en el Metalway por el tremendo Paul Bostaph, actualmente en Exodus) sólo tocan de sus cinco primeros trabajos, centrándose en los dos iniciales, “The legacy” y “The new order”. Precisamente, el tema que da título a este fue la siguiente en interpretarse. Al igual que sucediera en Granada, todos andaban muy enchufados porque Greg Christian y Eric Peterson no paraban de moverse. Tal vez al que vi un poco más justo fue a Chuck Billy, pero tampoco anduvo mal. Además, eso de meter aquí y allá alguna voz más death (como hacía en “Demonic”) me parece perfecto porque ni abusa ni desvirtúa el sentido del tema.

Una tras otra se sucedieron composición muy conocidas por una amplia mayoría que gozaba con lo que allí ocurría: “The haunting”, la más accesible “Electric crown”, la aplaudidísima “Sins of omission”. La verdad es que es genial poder disfrutar de esta gente en todo su esplendor. Eso sí, les pondría el reto, ya que están en tan buena forma, de intentar plasmarlo (como parece que va a ser así) en disco porque me parece un poco injusto que debido a esta reunión se ignore una obra como “The Gathering” que es brutal. Volviendo al show, si bien no son de mis favoritas, tanto “Into the pit” como “Trial by fire” me parecieron de lo mejorcito de la velada pero rápidamente les dieron réplica “Practice what you preach” (con ese principio que me parece esencial dentro de la historia del thrash) y “The legacy”, favorita de los fans y una balada intensa como pocas he escuchado.

No obstante, siempre en Testament queda un apartado especial y es deleitarse con el solo que Alex en “Over the wall”, un corte que multiplica por dos su valía gracias al genio Skolnick. Con la nitidez de Guernica, uno se transportó al séptimo cielo viendo cómo se despedían momentáneamente para regresar y ofrecernos un par de canciones más: Una de mis preferidas, “Alone in the dark”, que antes iba y venía en el repertorio, y el habitual cierre con la trallerísima “Disciples of the watch”. Aquí puedo aseguraros que hubo unanimidad. Probablemente algunos echasen de menos “Souls of black”, otros, como yo, les gustaría que no se hubiera caído “Burnt offerings” o que se incluyera “C.O.T.L.O.D.”, pero nadie dirá: “Testament me defraudaron”. Sin ninguna duda, visto de un modo objetivo en la difícil conjunción repertorio, sonido, actitud de la banda, público, lo mejor del Metalway 2006, de largo.

GAMMA RAY: YA NO SÉ QUÉ DECIR

Una vez concluido Testament, uno mira el programa y ve que veinte minutos más tarde comienzan Gamma Ray, probablemente, la banda que más gente congregó hasta este instante en Guernica. No seré yo el que le niegue nada a Kai Hansen, es un tipo que se lo merece todo por haber estado ahí peleando en los complicados 90 y haciendo emerger a su formación mientras otros contemporáneos se venían abajo. El problema es que tras más de una década viéndoles y con diez conciertos suyos a mis espaldas, lo que puedan ofrecerme en una hora no me va a satisfacer porque tirarán de clásicos recurrentes que fueron precisamente los que vimos en Atarfe hace unos meses, sólo que aquí disponían de bastante menos tiempo. En todo caso, a mí me gustaron más que en el sur de España.

Con un sonido aceptable, que no brillante, arrancaron fuerte con “Rebellion in dreamland”, esta vez no unida a “Land of the free” pero tampoco interpretada en su totalidad porque antes del gran final, la cortaron y enlazaron con “Gardens of the sinner”. La gente respondió a esto como se esperaba, es decir, coreando y vitoreando cada pose de un Hansen siempre limitado como vocalista pero eficiente. “New world order” bajó un poco la temperatura aunque a mí me encanta el estribillo. No se olvidan de “Majestic” y así descargaron, primero, “Fight” y luego la notable “Blood religion”. Personalmente, me agradaría que incluyeran de tarde en tarde “Strange world” porque me parece un temazo pero estos dos tampoco le andan a la zaga.

Otro tanto para anotar en el haber de Kai vino de la recuperación de “Man on a mission”. Sabiendo lo buenísimo que es “Land of the free”, y asumiendo que “Rebellion in dreamland” es incontestable, creo que saludable que le den cancha a distintas composiciones del mismo y vayan rotando. Eso sí, en el debe queda que nada se ejecutase del sobresaliente “Somewhere out in space” aunque reconozco que nunca llueve al gusto de todos con bandas con tanta trayectoria. Para mí, el trozo más aburrido llegó con “Heavy metal universe” (nunca me hizo gracia) y con “The silence”, ésta sí pero el amigo Hansen no llega ni de lejos. Siempre que Gamma Ray actúan el público espera algo de Helloween. De un tiempo a esta parte les ha dado por tirar de lo fácil y darle a los fans lo que deseen que no es otra cosa que “I want out”. Claro que el respetable se vuelve literalmente loco con ella y se le puede calificar de himno del Metalway 2006 porque al día siguiente volvería a aparecer ya con Helloween que, curiosamente, la habían sacrificado en la última gira.

Estábamos ya cerca del final pero una más de “Powerplant” no tardaría en llegar, evidentemente me refiero a “Send me a sign”, otra de las que suelen caer sí o sí. No se me olvide comentar que Henjo Richter está ya completamente recuperado e hizo la buena labor habitual con la guitarra, Dan Zimmermann (¡qué diferencia a cuando sale con Freedom Call!) le pegó a la batería más fuerte que de costumbre y Dirk Sclachter parece que no está pero siempre llena escenario. En definitiva, podría decir muchas cosas, o tal vez pasar bastante de ellos en un acontecimiento así, pero Gamma Ray cumplieron y dieron lo que su público demandaba, power metal europeo de los 90 en su mejor versión. Por mucho que Kai Hansen no llegue, lo suple con carisma.

MINISTRY: ¿DÓNDE OS DEJASTEIS LA MELODÍA?

Como era previsible estando en España, se produjo un éxodo masivo a la finalización de Gamma Ray. Después tocaban Ministry, “¿Quién?” preguntaban. “Unos que tocan metal moderno de ese”, respondían. Perdónales señor porque no saben lo que dicen. Un grupo que lleva tocando desde 1981 metal moderno cuando posiblemente hayan pasado por muchas fases en su carrera menos esa. Desde el industrial post punk de sus inicios, lo que Al Jourgensen ha sufrido es una involución que le ha llevado a grabar bestialidades como las recientes “Houses of the molé” y “Rio grande blood”, con cotas metálicas no alcanzadas ni cuando abrazó este género allá por el año 1992 con el seminal “Psalm 69”. Nunca me he considerado demasiado fan suyo pero tenía gran curiosidad por ver cómo se desenvolvían estos enajenados. Además, contaban con un gran aliciente: La pedazo de formación que llevan en esta gira.

Pues si hablamos de un “all stars” no estaríamos exagerando ni magnificando el asunto. A saber, detrás de un kit de batería adornado con huesos, Joey Jordison de Slipknot; al bajo un icono de underground, Paul Raven de Killing Joke; teclados y programaciones John Bendel que está o ha estado entre otros en Frontline Assembly, Killing Joke, Fear Factory y Prong: y a las guitarras, Mike Scaccia que fuera miembro de los fenomenales thrashers Rigor Mortis y el inigualable Tommy Victor, alma mater de Prong. Por si esto fuera poco, tuvieron que llegar ellos, los denostados por el heavy de a pie, para dar espectáculo visual cono hicieran Korn el año pasado. Un escenario bien repartido y una pantalla presidiendo en donde se sucedían las imágenes, muchas de ellas con la cara de enemigo más odiado, George W. Bush.

El núcleo de su actuación se basó, sobre todo, en sus dos últimas obras ya que el contexto así lo demandaba y supongo que también la escenificación requería ese estilo de música. Eso sí, no hubiera estado de más alguna presencia más de “Psalm 69”. Así, “Fear (is big business)” y “Sr Peligro” hicieron echar a andar la máquina que arrasó con los pocos valientes congregados. Aquello era una colección de riffs brutales con una base rítmica ultracelerada y unas programaciones que ahondaban más en la sensación de ruido. Por encima de todo, la voz nada delicada de Jourgensen desgañitándose con sus proclamas antisistema desde su micrófono en forma de cruz. Vamos, una nana para los no iniciados. Con “No W” empezaron los insultos a la hipócrita (según ellos) sociedad americana y, sobre todo, a sus gobernantes. No sé si habréis visto el vídeo de la canción, echadle un visto que una imagen vale más que mil palabras. “Waiting”, “Worthless” y “Wrong”, todas de “Houses of the Molé” (el álbum en el que todos los temas menos el primero “No W”, empieza con W), se alternaban con “Lieslieslies” o la propia “Rio Grande Blood”. Yo, más que perdido, estaba ya asustado porque llevábamos treinta y cinco minutos y ni rastro de melodías, supongo que las dosis de “felicidad” se las había llevado Kai Hansen de regreso a Alemania.

Cuando todo parecía perdido logré reconocer soniquetes más familiares. Llegó el mini repaso a su pasado más laureado, encadenando “N.W.O.” y “Just one fix”. A mí me supieron a poco pero las recibí como gloria bendita entre tanto potencia. Algo más de “Psalm 69” no hubiera estado de más como el single “Jesus built my hot rod”, típica canción para desfasar en directo aunque supongo que al amigo Al le parecerá excesivamente accesible. El recuerdo concluyó con “Thieves”, la composición que les hizo ver que podían ganar otro público distinto y más mayoritario a finales de los 80 con “The mind is a terrible thing to taste”.

Entre la indiferencia de muchos y la satisfacción de unos pocos, la “bendita tortura” concluyó con “Khyber pass”, también de su reciente trabajo. A mí me gustaron mucho aunque reconozco que más tiempo me hubieran rallado completamente. Ministry son una banda poco digerible para las masas por la escasa pasión que demuestran por las melodías pero ver a estos tipos hacer el bestia es algo que hay que experimentar al menos una vez. Notables.

CELTIC FROST: LA MADRE DE TODOS LOS DEBATES

Me hace mucha gracia escuchar las opiniones vertidas por público y periodistas después de la actuación de Celtic Frost en el Metalway. En primer lugar, la gran mayoría se rasgaban las vestiduras por su posición de cabezas de cartel el sábado. Lógico, estamos en España y preferimos mil veces a Gamma Ray o a Rage, con todos los respectos para ambos que me encantan. Luego, que si eran fríos, ¿qué esperaban? ¿A los Mötley Crue?. La propuesta de Celtic Frost pide ese tiempo de ambientación escénica. Que si Tom G. Warrior estaba ausente. Normal, este hombre desde que deshizo en el 92 a los suizos (y antes también aunque no siempre lo demostrara) es un auténtico marciano, que vive en su mundo, con su visiones cosmogónicas particulares y demás.

Hechas estas pequeñas matizaciones, que luego seguirán, decir que poquísima gente se quedó a ver a una leyenda del metal como Celtic Frost lo que demuestra el nivel cultural medio del heavy patrio. No digo que te tengan que gustar porque soy el primero en decir que, de nuevas y con el grado de frikismo del cuarteto, dudo que captaran muchos seguidores pero qué menos que la curiosidad de contemplar una de las reuniones más solicitadas y ansiadas de la última década, corroborada (algunos de lo que muy pocos pueden presumir) con el excelente disco “Monotheist”, una joya. Huelga decir que, con todos los problemas (por motivos laborales) que hemos pasado parte del equipo de esta publicación, sino hubieran tocado Celtic Frost dudo mucho que removiera Roma con Santiago por estar en Guernica. Por muchos nombres interesantes que se congregasen en esta edición, salvo Ministry y Ángeles del Infierno, al resto los había visto encima de un escenario. Con los donostiarras, sé que tarde o temprano vendrán. Ministry me apetecían pero más porque sabía que no fallaban que por pasión por esa formación.

En Celtic Frost se conjugaban ambas cosas, dificultad por verles (imagino que no durarán mucho) y devoción por un grupo sin el cual ningún estilo extremo (englobo black, death y doom) habría tenido el desarrollo histórico que conocemos hoy en día. Con su encarnación previa, Hellhammer (como diría el otro, dos bandas distintas y un solo dios verdadero) sentaron las bases (junto a Bathory, y por encima de Venom) del black y marcaron algunos retazos del death venidero. Ya bajo la denominación de Celtic Frost editaron obras que sobrepasan cualquier tipo de comentario, álbumes atemporales que vagan del thrash primitivo de “Morbid tales” al avant garde rupturista de “Into the pandemonium”, quedándose a medio camino su pieza clave “To Megatherion” donde absolutamente todo es genial comenzando por esa portada impactante de H.R. Giger (el diseñador de “Alien, el octavo pasajero” y “Dune”, entre otras) y terminando por las atmósferas diabólicas de “Tears in a prophet´s dream”). Vamos, unos “don nadies” para encabezar el festival.

Loas objetivas aparte (si fuera subjetivo habría dicho unas cuantas burradas más), no hay que ser muy listo para afirmar que la actuación de Celtic Frost fue confuso. En mi opinión, a ratos desconcertante, a ratos sublime. Ellos me proporcionaron los mejores momentos del fin de semana pero, a la vez, las mayores sensaciones de desazón. Con un juego de luces tétricos, dispararon la eterna intro, “Totengott”, que no terminaba nunca. Uno a uno, de forma pausada aparecieron los cuatro componentes del combo. El batería Franco Sesa es, tal vez, el que más se acercaba a la imagen de antaño de grupo (y eso que él en los 80 no estaba); A Anders Odden se le denotaba que ya ha disuelto definitivamente Cadáver (o Cadaver Inc.) y está concentrado en los EBM techno rockers Apoptygma Berzerk; Lo de Martin Erin Ain es muy fuerte. Parece un sacerdote negro, con su sotana, melenas y barba, aspecto amenezador. Queda Thomas Gabriel Fisher, que va a su bola. De riguroso negro (como el resto) pero con atuendo nada metalero coronado por un gorrito, allí salió con un aura hipnótica para encarar “Procrearion of the wicked” con un compás mucho más lento de la versión original para sembrar la duda entre los atónitos asistentes. Para continuar con la “broma”, llegó “Dethroned emperor”, también excesivamente ralentizada. No voy a negarlo, estaba viendo a Celtic Frost pero, hasta ahí, me sentía raro, no disfrutaba.

Si quedábamos pocos, menos aún permanecimos tras este inicio tan poco convencional. Craso error porque ya con “The usurper”, el tempo de la actuación cobró sentido y empezó el primer headbanging (no demasiado) entre los fans del grupo. El sonido era espectacular, casi tan bueno como el de Testament, con lo que los alicientes estaban ahí, todo quedaba en manos de los originarios de Zurich (aunque la Tom y Martin vivan en Estados Unidos y Anders sea noruego). Por cierto, el que llevaba las riendas en la escasa comunicación con el público (gélido y menos participativo aún que Celtic Frost) era Martin Eric Ain que anunció un tema de su nuevo disco, “Ain Elohim”, sensacional encima de las tablas y es que las composiciones de “Monotheist” poseen una atmósfera malévola que acongoja con unas disonancias melódicas imposibles.

El concierto había subido de tono de manera exponencial y despegó definitivamente con “Necromantical screams” y “Dawn of Meggido”. Quizá el título del primero refleja lo que era la música de Celtic Frost es sus obras iniciales y es que cada vez que Tom hacía uno de sus legendarios “Uurrggh” me transportaba a mediados de los 80, años en los que veía “V” o “Galáctica” pero no atisbaba que estos tipos procedentes de la monótona suiza escribieran semejantes canciones. De vuelta a su debut, “Morbid tales”, y ya en una fase salvaje, con Warrior y Eric Ain nos adentramos en la cripta del barón Gilles de Rais para desmelenarnos con la brutal “Into the crypt of Rays” que unida a la no menos brillante “Visions of mortality” supuso el momento culminante de la madrugada.

Faltaba, no obstante, “Circle of the tyrants” donde hubo, por fin, una especie de pit, no muy numeroso pero sí significativo con algún descerebrado que se pasó en sus acometidas aunque el asunto no llegó a mayores. Martin tomó la palabra y nos recitó en alemán un trozo de la letra de “Sinagoga satanae” que en el álbum se encuentra en el tramo final de la canción pero que aquí precedió al mencionado corte que ponía los pelos como escarpias. A éste quedó adherido otra composición de “Monotheist”, si no recuerdo mal “Progeny”, y, de repente, a su conclusión y cuando tan sólo llevaban sesenta y tres minutos (más cinco de intro, sesenta y ocho) sobre los setenta y cinco estipulados, desaparecieron del escenario para no volver, lo que provocó la decepción generalizada por un final tan poco ortodoxo. Desconozco las razones aunque supongo que algo tendría que ver la frialdad de la gente y la poca asistencia pero ellos deben ser profesionales sin importarles el número de personas que estén en el recinto.

Con este sabor agridulce acabó la segunda jornada del Metalway. Mi resumen de la actuación de Celtic Frost ya lo dije arriba pero ahondando en puntos débiles, señalar que si de otros me quejo que no cumplen horarios, pues de ellos también, máxime cuando obviaron un álbum tan significativo en la historia del metal como “Into the pandemonium”, del cual venía interpretando, como poco, “Sorrows of the moon”, “Babylon fell” e “Inner sanctum”. Tampoco me parece correcta la ralentización, porque sí, de algunas canciones. Por lo demás, como todo esto va por gustos, a mí me fliparon y salí completamente satisfecho. No fue el concierto de mi vida pero sí que lo recordaré por si acaso no tengo otra ocasión porque con Tom, Martin y demás, nunca puedes predecir qué deparará el futuro.

DOMINGO 30

Muy a mi pesar, esta última jornada del Metalway iba a ser “interruptus” para nosotros. Habiendo asumido esto, lo que no estaba en los planes es que el aliciente fundamental de este nublado domingo iba a jugarnos una mala pasada. Jon Oliva perdió el avión pero su banda no. ¿Sospechoso? Muchísimo. Sea como fuere su actuación se retrasó hasta casi las 4 de la madrugada, lo que hacía del todo imposible verlo e implicó un cabreo considerable que amargó el viaje de vuelta. Si ya molesta perderse grupos, encima no ver a uno de los que más te apetece, os lo podéis imaginar.

RUNIC: LA FUERZA VIKINGA DE LEVANTE

Si hay algo de lo que estoy seguro es que en España vivimos días de vino y rosas en el metal, especialmente en el extremo. Cada vez que hago una reseña al respecto, suelo comentarlo pero no está demás repetirlo porque “Liar flags”, el debut completo de los castellonenses Runic (tras su mini de hace unos años, Awaiting the sound of unavoidable”) se come con patatas a la gran mayoría de representantes nórdicos del viking metal. Algunos podrán dudar de la validez de una propuesta así en la cálida España. ¡Tonterías!. Entonces, ¿qué pasa? ¿Que un grupo alemán no puede tocar thrash de la Bay Area californiana?.

El día anterior ya comprobé en la zona de prensa que la actuación de Runic se había adelantado a la una. Aunque el cansancio era importante, nos levantamos con tiempo para llegar a ver cómo un sujeto con atuendo vikingo anunciaba la llegada de la banda con la inicial “When the demons ride” que también abre “Liar flags”. El sonido no era pulcro aunque se distinguían los instrumentos. Bajo mi punto de vista, para gozar del quinteto en toda su extensión, es menester que Runic apuesten a caballo ganador y se arriesguen a girar con regularidad. Sé que es muy fácil decirlo y muy difícil materializarlo pero siendo un buen concierto, para mí estuvo por debajo de la excelsa calidad del disco.

Me hizo gracia (como anécdota porque es un cosa intrascendente para mí) que, salvo Eneas el teclista y tal vez el batería Rivas), el resto no daban aire pagano en su apariencia. Lo digo porque, por ejemplo, los cántabros Cristal Moors sí que llevan esto hasta el extremo luciendo ropajes de batalla. Ya digo que resulta más una curiosidad que otra cosa que el cantante y guitarra Juan dé más el pego como miembro de Black Label Society o el segundo guitarra Iban pasaría por pertenecer a alguna formación española más convencional. Si bien la actuación se basó en “Liar flags” no dejaron de lado “Showdown”, el mejor tema del mini, que no desentonó para nada entre el resto. Grandes también las dos partes de “The last days of Aghrapur”, “Ambush” y Lost empire” donde surgieron por primera vez, tres chicas que hicieron coros aunque, por desgracia, no se las oía mucho.

“Vs myself” tal vez sea la canción que más conecte con aquellos en la audiencia que no conocían demasiado a Runic, y “To the fallen ones” es mi preferida de “Liar flags” porque aborda diferentes pasajes siempre de manera brillante. Cómo no, la versión de “The search”, de la banda sonora de “Conan”, que aparecía en “Awainting the sound of unavoidable”, fue inpertretada con éxito (una lástima que no cupiera la magnífica adaptación del “Nau” de Luar Na Lubre. “Liar flags” sirvió casi de preámbulo para la despedida con una, para mí, descafeinada revisión del “Blinded by fear” de At The Gates que nunca igualará a la que hacían en su momento The Heretic.

Una buena actuación de una gente que, en otras bandas, está más que curtida en el metal. No sería de extrañar que cosecharan éxitos a nivel internacional si se la jugara y gozaran de un poco de suerte. Me apetece verlos con treinta conciertos más como Runic, eso sí que puede llegar a ser impresionante. Con todo, reitero, bastante bien.

CRUCIFIED BARBARA: BOSTEZOS AL MEDIODÍA

La única representación de hard rock propiamente dicha venía a cargo de este cuarteto sueco. Eso y su condición de féminas, que siempre atrae, hizo que un buen número de gente se acercara a ver a estas muchachitas de la periferia de Estocolmo aun sin conocer una sola nota de su trayectoria que únicamente consta del debut, “In distorsion we trust” más un par de singles previos. Cuando buceé para intentar saber algo más de ellas antes de la descarga en el Metalway de Guernica, me chocó cómo jugaban con títulos archiconocidos del mundo del metal en sus canciones o, al menos, eso me pareció a mí al leer nombres como “Hide´em all”, “I need a cowboy from hell” o la propia “In distortion we trust”. Sin embargo, la realidad distaba mucho de cualquier parecido en calidad respecto a la bandas que supuestamente homenajean.

El problema principal que les veo es que su música no engancha, es decir, si yo toco black metal, doom o sludge no pretendo que mis canciones sean inmediatamente aceptadas ya que están escritas para una minoría que es capaz de aguantar diez rotaciones al cd para conseguir aceptar esas composiciones difíciles. Por el contrario, el hard rock representa la inmediatez, la animación, el coro tarareable, el himno generacional. Crucified Barbara no poseen ninguna de esas cualidades. Sus temas son lentos y pesados pero a diferencia de formaciones como Black Label Society no son intensas ni heavies, todo lo contrario, se muestran apáticas, en particular su vocalista Mia a la que su apodo de “Coldheart” (“corazón frío”) le viene que ni pintado. Pongo un par de ejemplos que presentan analogías con las escandinavas, Skew Siskin (de quienes Mia llevaba puesta una camiseta) y Nikki Puppett. Skew Siskin, aparte de estar compositivamente a años luz, cuentan con una cantante carismática de la que llena el escenario con su presencia. Nikki Puppett no poseen grandes cualidades como escritores de hits pero sí que con su música sencilla y actitud dejaron una agradable sensación como teloneros de Michael Schenker.

Respecto a lo que tocaron, fueron escrupulosamente tocando cosas de “In distortion we trust”, como el tema título, la antes mencionada “I need a cowboy from hell” o sus singles “Losing the game”, “Play me hard” o “Rock ´n´ Roll Bachelor”, de todas las que escuché la más potable. No se olvidaron de rendir tributo a sus héroes y destrozaron el “Shout it out loud” de Kiss de manera casi vergonzante. ¡Es que la gente ni se movía con dicha canción!. Eso es la prueba definitiva porque, evidentemente, un 95% de los presentes la conocía. Instrumentalmente no son nada del otro jueves, tampoco se les pide, mas algo de garra extra sí podían haber. Desgraciadamente, escogieron la opción de permanecer quietas y no conectar con el respetable. No sé si el sol las sedó o qué pero la impresión resultó flojita, necesitando estas Crucified Barbara un replanteamiento claro en su evolución como grupo de estudio pero, sobre todo, encima de las tablas.

´S PAIN (es decir, la banda de Jon Oliva) + METAL CHURCH reloaded

A la conclusión de las muchachas suecas que tanto tedio nos habían provocado, alguien de la organización salió a comentarnos este cambio de planes tan detestable para nuestros intereses. A mí, del bajón, me entraron ganas de coger el coche y volverme a Madrid pero había que apurar y cumplir al máximo en el festival con lo que allí nos dirigimos para ver a la banda de Jon Oliva tocar unas versiones. El individuo que nos dio la noticia dijo, textualmente, que saldrían estos más Metal Church con lo que supuse que montarían un guirigay extraño y tirarían de clásicos de ayer y siempre del heavy metal. Pues no.

Los que salieron fueron los componentes del grupo del vocalista y teclista de Savatage, en primer lugar, y tiraron de repertorio de Jimmy Hendrix, “Hey Joe” o “Voodoo child”, cantadas por el magnífico guitarra Matt Laporte. Eso sí, cuando llegó el “Confortable numb” de Pink Floyd sentí una especie de Deja Vu y una imagen de los hermanos Cavannagh de Anathema vino a mí. ¡No puede ser!. ¡Esta canción me persigue!. Así, huimos a gastar los últimos euros en el metal market, más que nada porque las penas, con discos, son menos penas, y estábamos tristes por no poder ver a Oliva.

Para colmo, cuando estábamos casi en pleno pago, la música de fondo (la del escenario) me sonó familiar. Era “The dark” de Metal Church que se había quedado fuera el día anterior. La historia es que los de Seattle se subieron a tocar, no versiones (o sí, como ahora veremos), sino a terminar lo que sería un set completo suyo salvo “Batallions”. Por ello, se marcaron el corte que daba título a su segundo trabajo que concluyó cuando terminaba de subir el terraplén. Cerraron con “Highway star” (por eso decía lo de la versión), el tema de Deep Purple que también hicieron en su debut y habitual en las descargas de sus tours. Pues eso, que tuvimos a Metal Church casi completos aunque en días partidos.

MOONSPELL: DESPEDIDA Y CIERRE

Nuestra “deadline” pasaba por decir adiós tras el concierto de los portugueses. Apurar para ver a Within Temptation era una tontería sabiendo que su repertorio es el mismo, pero reducido, que pudimos ver el año pasado dos veces en el plazo de tres meses. Sin embargo, con Moonspell existía el aliciente de escuchar temas de su reciente y más que notable “Memorial”, quizá la propuesta más extrema de toda su trayectoria sabiendo que los lusos siempre gustan de interpretar material de rabiosa actualidad junto a las imprescindibles. Además, como desde hace unos años, no sé por qué nadie los trae en las giras. No lo entiendo porque viniendo de Lisboa, en un par de fines de semanas cubrirían casi todos los circuitos habituales de la España metalera.

Un par de telones pequeños, unos más grande fondo y la más que cascada rama de árbol adherida al teclado (que la quiten ya, por dios, que es ridículo) era el atrezzo con el que saltó el quinteto con la intro de apertura, “In memoriam”. Rápidamente atacaron “Finisterra”, tema cañerísimo con el que Moonspell se sueltan la melena redimiéndose definitivamente de los oscuros días de “Butterfly effect”. Hablando de melenas, me da a mí que el amigo Ribeiro se ha puesto extensiones porque nunca le he visto con esa mata de pelo. Por cierto, horripilante su guardapolvos rojo. El resto del grupo, como siempre, eso sí, destacar que Pedro Paixao (teclados y segunda guitarra) estuvo algo más comedido que de costumbre, algo a agradecer porque sus poses llegaban a ser cargantes.

Continuaron con la excelente “Memento mori”, una de mis preferidas de “Memoria”. El sonido, como el año pasado, era aceptable pero no lucía en exceso. Curioso de lo de Fernando. Si en el Metalway 2005 falló en algunas voces más blackeras, en esta edición fue justo al contrario. Probablemente el esfuerzo de llegar a las notas rasgadas supuso que perdiera potencia en los tonos graves y profundos con lo que apenas se le distinguía. Tirando de nuevo trabajo, llegó “Blood tells”, otro de los grandes momentos del disco y que la numerosa gente congregada recibió con animación. Eso sí, no tanta como cuando llegaron las históricas. “Opium” es la típica para cantar, saltar y dar palmas, y “Wolfshade”, ideal para el headbanging. El riff de guitarra siguiente no necesitó presentación. En las últimas visitas siempre la habían empalmado con “Vampyria” mutilando el glorioso final. Esta vez “Alma mater” cobró todo su esplendor y ya por esto, la opinión sobre Moonspell sería positiva.

Lo que no me pareció de recibo es que se largaran todos menos Mike Gaspar que empezó con el ritmo de batería de la instrumental “Proliferation” viendo como se incorporan bajo y guitarras, en un insulso pasaje para descanso de Fernando. Al volver éste, llegaron dos más de “Memorial”, la intensa “Upon the blood of men” y “At the image of pain”. Yo tan contento pero los que nos han disfrutado aún del trabajo estarían un tanto perdidos porque cinco de diez más las dos intros. Para concluir, “Nocturna” del buen “Of darkness and hope” y, cómo no, “Full moon madness”, a plena luz del día como les suele suceder en Guernica. Del “The antidote” nada de nada, ¿sintomático?. Yo no le veo tan prescindible pero en una hora no caben demasiadas cosas. Eso sí, yo les diría que como grupo veterano que son, ya podían variar un poquito más sus típicas, es decir, no estaría de más obviar “Wolfshade” y meter “An erotic alchemy” o suprimir “Full moon madness” y tirar de “Ravenclaws” o “Ruin and misery”. Más que nada para que aquellos que los hemos visto una decena de veces no nos sepamos el repertorio de memoria. Con todo, una notable actuación, como siempre, de los portugueses.

Por desgracia, nuestro Metalway concluye. Nos quedamos sin ver cómo Carlos de Castro sufre cantando “Resistiré”; sin los discursitos del jocoso Tobias; sin “examinar” a Andy Deris; sin pedir a Mustaine que compramos la paz que él vende; sin el karaoke “bardo”; y, sobre todo, sin dejarnos la garganta con los composiciones de Savatage. Así es la vida y no enviamos nuestros barcos para luchar contra los elementos. Dar las gracias al compañero y amigo David Ortego por el apoyo logístico y moral durante todo el festival y terminar con lo de siempre: ¡Nos vemos en el Metalway 2007!... donde quiera que se celebre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.metalwayfestival.com