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VIERNES 26: EL ODIO Y EL ORDEN
ESTABLECIDO
El segundo
fin de semana del Metalway se
pareció, climatológicamente,
muy poco al primero. Eolo se
tomó unas merecidas vacaciones
(aunque el viernes sobre una
agradable brisa) y dio paso
a la canícula porque
las temperaturas habían
subido. Como suele pasar en
este festival, los conciertos
del mediodía eran casi
insoportables pero la gente
aguantó con voluntad
e ilusión. Hay que reseñar
que la entrada fue sustancialmente
mejor. Más del doble
de gente que los días
previos. La no coincidencia
con otros eventos patrios (aunque
estaban Graspop y Bang Your
Head, al menos, por Europa)
y la presencia de Manowar sirvieron
de reclamo. Además, es
indudable que, por nombres,
el cartel era más atractivo.
Otra cosa es que los grupos
estaban repetidos hasta el abuso
y bastante ya habían
pisado nuestras tierra durante
este mismo curso. Por lo demás,
no hubo cancelaciones ni incidencias
destacadas, solo el circo que
montaron Manowar y todos los
que les rodean, pero eso ya
le contamos en otro apartado.
BLACK
STONE CHERRY: EL SUR EN LA MAÑANA
No me parece
adecuado comenzar un viernes
a las once y media sabiendo
que muchísima gente tenía
que desplazarse desde fuera
de Aragón. Un poco de
margen habría sido inteligente
pero dada la apretada agenda
(once bandas y un solo escenario)
no quedaba otra. Hablando de
escenario, éste fue reforzado
con lonas y telones, dando una
notable sensación. Nada
que ver que el de 2008, como
ya se comprobó en los
días de vendaval cuando
aguantó sin sobresaltos.
Resulta curioso que las dos
bandas que más me apetecía
ver eran las primeras que tenían
que saltar a las tablas. Por
eso, salimos sin dilación
de madrugada de Madrid para
tener tiempo de presenciar las
evoluciones de Black Stone Cherry,
uno de los grupos más
maravillosos que he oído
en el último lustro.
Su mezcla de hard rock con toques
sureños y atmósfera
setentera es impresionante.
Además, esta seguro de
que en vivo no me iban a defraudar.
No era excesivo
el ambiente pero sí que
hubo unos cuantos centenares
de valientes (sobre todo, chavales
jóvenes) que querían
comenzar el día escuchando
buena música. El cuarteto
formado por John Fred Young
a la batería, el bajista
Jon Lawhon, el guitarrista Ben
Wells y regordete vocalista
y guitarra Chris Robertson editaron
un álbum homónimo
brillante pero el salto cualitativo
lo han dado con el memorable
“Folklore and suprestition”,
sin duda en mi top10 de 2008,
una obra maestra, de esas que
encuentras pocas actualmente.
Estos chicos son herederos de
The Black Crowes, Lynyrd Skynyrd,
Led Zeppelín, o de Thin
Lizzy si me apuras, pero también
poseen su propia identidad.
Llevan a rajatabla sus influencias
pero aportan una base un poco
más heavy y pesada que
funciona a la perfección.
En Valdespartera no gozarían
de mejor sonido, de hecho el
bajo estaba sumamente alto,
pero dieron una lección
de formación novel, con
actitud y ganas de comerse el
mundo. Creo que, dentro de su
medida, lo van a conseguir porque
sus directos rebosan potencia.
Comenzaron
con “Rain wizard”
y la increíble “Blind
man”, es decir, los dos
temas que abren sus discos.
Lo hicieron con fuerza y la
gente les acompañó
con aplausos. Todavía
están en fase de rodaje
en su relación con el
público pero estuvieron
simpáticos, sobre todo
cuando Ben comentó que
era la primera vez que estaban
en España pero que les
había encantado: buena
comida, chicas guapas, un día
de playa en Barcelona y eso
que no sabía que era
pero molaba porque en Kentucky
no tenían de esas cosas
(señalando a unas ruinas
que hay encima de una colina
a las afueras de Zaragoza).
Anunció, además,
que volverían en octubre
para una gira de clubes (¡bien!).
No obstante, no tenían
tiempo que perder y, sorprendentemente,
no se centraron en “Folklore
and superstition”, sino
que equilibraron muy bien el
set list. Así, interpretaron
canciones como “Yeah man”
o “Hell or high water”
de su debut que dejando paso
a la fantástica “Please,
come in”, un gran single
para atraer a una audiencia
mayor. “Maybe Sunday”
posee un aura especial y “Lonely
train” es otro hit que
engancha desde la primera vez
que la oyes.
Con todo,
no puedo sino desmonterarme
ante la preciosa, emotiva y
genial “Things my father
said” que, por cierto,
es su nuevo videoclip. Faltó
la intro de piano pero dio igual,
Chris se dejó el alma
y las melodías tristes
de guitarra reinaron en plena
mañana. Con este tema
yo me da por contento aunque
me hubiera gustado que cerraran
con “Reverend Twinkle”
o “The bitter end”,
y no con “We are the kings”,
un corte de su EP “Hell
or high water” a la que
siguió un curioso solo
de batería (aunque no
era el momento de ejecutarlo)
y la interpretación a
medias del “Voodoo child”
de Jimi Hendrix. Eso sí,
eché de menos “Peace
is free” que es una canción
que deberían tocar siempre
para que toda la gente coreara.
La prueba la superaron con buena
nota. No eran las condiciones
ni el horario ideal pero los
de Edmonton estuvieron por encima
de las circunstancias. El tour
de otoño promete grandes
emociones para nosotros. El
futuro para Black Stone Cherry,
prometedor.
PRONG:
EL NIVELÓN DEL PÚBLICO
DEL METALWAY
Determinadas
cosas, no por sabidas, dejan
de ser indignantes. Siento decirlo
pero es así. Tengo muy
claro que este festival tenía
un público muy definido,
amante del heavy metal clásico
y alguna de las variantes cercanas.
No hay problema aunque si meten
a una banda que no es de ese
palo puede suponer que la gente
no se acerque a verles. Vale,
lo respeto, son muchas horas,
el calor al mediodía
aprieta y parece que hay que
dosificarse. Lo malo es que
si estos son un conjunto mítico
con casi un cuarto de siglo
de existencia, que han tocado
con lo más granado del
panorama internacional y cuyas
prestaciones en directo son,
fijo, más que solventes,
es completamente ridículo
que nadie tenga el más
mínimo interés.
Así nos va. Luego nos
quejamos de esto o de aquello,
pero si les sacan de sota, caballo
y rey, se acabó lo que
se daba.
Por si alguien
quiere reengancharse a posteriori,
Prong es la banda de Tommy Victor,
un tipo que ha colaborado con
Danzig, Ministry o Rob Zombie,
además de ser un guitarrista
reputado. Formados en Nueva
York llegaron a obtener un hit
con la fantástica “Snap
your fingers, snap your neck”,
una composición adictiva
que pertenece a su excelente
“Cleansing”. No
obstante, ya tenían bastante
seguimiento antes con discos
como “Prove you wrong”,
a medio camino entre Metallica
y Faith No More. Después
de la habitual deserción
y separación, hace un
lustro regresaron, facturando
desde entonces un par de álbumes,
correctos, que les sirven para
justificar su presencia encima
de un escenario. El Metalway
era una parada apetitosa, si
bien reconozco que los (pocos)
seguidores de Prong en este
país difícilmente
se iban a desplazar exclusivamente
por ellos a Zaragoza.
Cuando salieron,
el propio Victor se quedó
alucinado porque habría
unas ciento cincuenta personas
delante del escenario. Eso sí,
atacaron “For dear life”
como si la vida les fuera en
ello. Es el típico ejemplo,
que aquí comentamos a
veces, de grupo que está
muy por encima de los espectadores.
Tommy insistía una y
otra vez en que hubiera movimiento,
algún pit y demás,
pero nada, todos quietos y no
más de cuatro o cinco
disfrutando y coreando sus canciones.
No contentos con “For
dear life”, nos regalaron
dos más del “Beg
to differ” para comenzar,
el single “Lost and found”
y el tema título. El
sonido no era brillante pero
sí lo suficientemente
bueno para que pudiéramos
disfrutar de un repertorio en
el que se decantaron sobremanera
por el material antiguo, con
lo cual los poco que les seguíamos
quedamos más que satisfechos.
En cualquier caso, cayeron cosas
de “Power of the damager”
como “Worst of it”
o “The banishment”
pero, si mal no recuerdo, nada
de “Scorpio rising”.
Tremendo resultó
cómo en una composición
como “Unconditional”,
de las mejores de Prong, prácticamente
thrash, las primeras filas parecían
un funeral ante el estupor de
Tommy Victor, que se reía
por no llorar. Ni tan siquiera
cuando “Cleansing”
cobraba protagonismo había
reacción alguna. De este
disco cayeron la caserísima
“Cut-rate”, una
“Broken peace” rítmica
y bailonga, y, por supuesto,
“Snap your fingers, snap
your neck”. Otro punto
positivo es que los estadounidenses
gustan de meter sonidos industriales,
sobre todo a partir de “Cleansing”,
pero en directo no llevan ni
un sampler, sino que con guitarra,
bajo y batería solventan
todo, con lo que dan una sensación
de banda de metal aún
mayor. Sus acompañantes,
Aaron Rossi y Mike Longworth,
que en esta gira europea sustituía
a Monte Pittman, sirvieron de
apoyo perfecto para el líder,
más enchufado, si cabe,
que con Ministry.
Vale que son
una debilidad personal, que
no los había visto nunca
y que tenía enormes ganas
de este concierto (probablemente
el que más de este fin
de semana), pero objetivamente
estuvieron, cuanto menos, notables
y es indignante que nadie tenga
la mínima inquietud por
conocer la trayectoria de esta
banda, pero claro, es que “son
modernos”, “no son
metal”, bla, bla, bla,…
Pues nada, para los que se lo
perdieron estando allí,
que sigan contentos y felices
en su ignorancia. Ojalá
puedan alguna vez tocar en frente
de quien sepa aplaudir las bondades
de un excelente grupo que cumplió
una función importante,
junto a otros como Life Of Agony,
Anthrax de John Bush, Helmet
o Corrosion of Conformity, en
los “años difíciles”
del heavy metal. Sin ellos,
por mucho que sean vilipendiados,
festivales como el Metalway
se realizarían en una
sala de mil o dos personas.
¡Larga vida a Prong!
EPICA:
PERSIGUIENDO EL PARAÍSO
Con los holandeses
Epica comenzaba el baile de
bandas requetevistas que iban
a llenar el cartel de este segundo
fin de semanas en Zaragoza.
Resulta que los señores
organizadores de éste,
y de la mayoría de festivales,
no llegan a más de una
rotación de cincuenta
o sesenta grupos, de los que
van tirando año sí,
año no, e incluso, repitiendo
sin pudor como el caso de Pretty
Maids que completaron su particular
“triplete”. Efectivamente,
en ésta y las siguientes
crónicas denotaréis
un cierto “sectarismo”
o predilección porque
unos me agobien y otros (como
Saxon) no me importaría
que tocaran todos los fines
de semana en mi barrio, pero
es que las prestaciones encima
de las tablas determinan irremediablemente
la percepción del espectador.
Es obvio que también
influye cuánto te guste
el conjunto en cuestión
pero si están mal (ya
llegaremos a Queensryche) no
se nos deben caer los anillos
por reconocerlo.
Aunque alguien
se pueda sentir ofendido, Epica
representan el triunfo de la
corrección política.
Que estos tíos tengan
más seguimiento que los
desaparecidos After Forever
debería ser tratado en
el programa de Iker Jiménez.
Que sí, que no niego
que no sean buenos. Es más
“The phantom agony”
me parece hasta notable pero
solo “Prison of desire”
o “Decipher”, los
dos trabajos de AF donde tocó
Mark Jansen, barren lo que puedan
hacer Simone y los suyos en
diez vidas, por no hablar de
nivel entre frontwomen. Como
no podía ser menos, hordas
de jóvenes llegaron para
ver a los de la sureña
región de Limburgo. Supongo
que ya habrían tenido
la oportunidad de presenciar
una de sus descargas con anterioridad
porque son asiduos a España
pero no por ello tenían
menos ganas. El prólogo
“Indigo” fue acompañado
de palmas y los vítores
aparecieron cuando el quinteto
instrumentistas encaró
“The obsessive devotion”.
No obstante, los aullidos “testosterónicos”
afloraron con la irrupción
de la señorita Simons.
El sonido
fue de lo más destacado
del día, si bien las
guitarras estaban un poco bajas
con lo que restaban potencia
a la mezcla. Como en su última
actuación en Madrid,
de teloneros de Sonata Arctica,
Simone tuvo menos presencia
escénica, predominando
las partes más musicales
por encima de las vocales. Probablemente,
se hayan dado cuenta que es
imprescindible (como imagen
y como cantante) pero su carisma
es nulo y el headbanging demasiado
forzado. Mark Jansen, cada vez
controla más el cotarro,
algo que redunda positivamente
en Epica. Por cierto, da un
poco de grima ver a dos cracks
como Isaac Delahaye y Arien
van Weesenbeek por aquí
en vez de en God Dethroned pero,
por lo menos, verán algún
euro en su cuenta bancaria.
El set list no tuvo demasiada
novedad con relación
a lo que ya hicieran hace casi
dos años en el mencionado
tour, lo que demuestra poca
capacidad de innovación.
Me alegró
que metieran “Chasing
the dragon” en vez de
“Never enough” porque
es mi preferida de “The
divine conspiracy” pero
siguen incidiendo en “Sensorium”,
“Quietus” (ya sabéis,
el plagio en su inicio de “A
quest for the crown” de
Falconer) o cerrar con “Consign
to oblivion” por delante
de la excelente “The phantom
agony”. Esto es algo para
hacérselo mirar porque
“The divine conspiracy”
salió en 2007, lo último
que nos hemos echado a la boca
de ellos es el disco en directo
con la orquesta y no hay perspectivas
de entrar al estudio sino, por
el contrario, en otoño
se embarcarán en un nuevo
periplo europeo. Darle un lavado
de cara al repertorio sería
beneficioso para la salud del
grupo y sus seguidores. Epica
son una buena banda, que no
excepcional, en directo cumplen
dada la profesionalidad de Mark,
Isaac y compañía,
pero me resultan demasiado mecánicos.
Quizá sea una percepción
errónea pero, para mi
gusto, no rompen sino que se
quedan en una faena aseada y
pulcra. Es ahí donde
las composiciones cobran papel
primordial pero tampoco considero
que en ese apartado brillen
en exceso. Por lo tanto, me
quedó la sensación
de que no me molestaron pero
tampoco me dejaron ningún
poso.
AMON
AMARTH: DEMASIADO CERCANOS
El metal en
sus diversas vertientes se aleja
sobremanera de la concepción
que había en los ochenta.
Esa década, donde el
hard y el heavy reinaba en el
mundo, dejó para la historia
un montón de grupos de
“arena rock”, es
decir, bandas que multiplicaban
sus prestaciones en los grandes
eventos y cuya música
era ideal para degustar entre
quince mil enfervorizados seguidores.
Ahora, quedan poco a los que
se pueda atribuir esta categoría.
Incluso algunos han involucionado
adaptándose al circuito
de clubes y ofreciéndonos
noches memorables. Esto significa
que en un festival te lo pasas
bien pero seguro que en una
sala pequeña es donde
tal o cual formación
te va a volar la cabeza. Ahí
es donde surge el problema de
las bandas muy vistas y, sobre
todo, recientemente vistas:
en un sitio como Valdespartera
ves un show reducido en un contexto
no ideal.
Amon Amarth
es uno de estos ejemplos. A
mediados de enero tocaron en
nuestro país. La sala
Heineken de Madrid se convirtió
en un escenario perfecto para
que los suecos desenfundaran
todo su poder durante ochenta
minutos ante un público
entregado y con energías
de sobra para hacer de aquella
noche algo grande. Era prácticamente
imposible igualarlo. No obstante,
albergaba esperanzas porque
la vez que más he alucinado
con el quinteto de Estocolmo
fue en el Atarfe 2004. También
es verdad que esa fue la segunda
vez que los veía y cuando
van unas cuantas más,
no es lo mismo. ¿Qué
podría hacer que la impresión
cambiara? O un concierto anormalmente
excepcional o un repertorio
rompedor. Ni una cosa ni la
otra porque la actuación
fue buena pero sin sobresaltos
y el set list, una vez más
(y ya es una lacra), demasiado
repetitivo con solo un cambio.
Además, entiendo que
Amon Amarth cada vez tienen
más seguidores y eso
es debido a la popularidad de
sus últimas obras pero
que únicamente rescaten
dos temas de sus cinco primeros
álbumes (cuando tienen
siete en total) no deja de ser
sorprendente.
Con fuerza
salieron para ejecutar “Twilight
of the thundergod”, el
tema que da título a
su más reciente entrega,
que fue secundado por “Free
will sacrifice”. “Asator
“ y “Varyags of
Miklagaard” completaron
un póker de inicio exactamente
igual al que hicieran en enero.
Ellos lo daban todo, como habitualmente,
aunque la falta de movilidad
(salvo Johan Hegg) les hace
parecer un tanto más
frío que en un escenario
más pequeño. “Runes
to my memory” fue de las
que mejor acogida tuvo (increíblemente
no interpretaron “Valhalla
awaits me”) y “Guardians
of Asgaard” sigue resultando
un poco empalagosa para lo que
pretende ser un conjunto de
death metal, que por mucho cuerno
vikingo o letras con referencias
a esa época, es de lo
que se trata cuando hablamos
de Amon Amarth.
“Live
for the kill”, también
de “Twilight of the thundergod”,
terminó por ser la única
aparición distinta. Es
una pena porque nos podían
haber sorprendido con cosas
antiguas pero escogieron el
camino de la defensa a ultranza
de su material actual, hecho
que en su propia gira es loable,
pero en un festival no tanto.
La “comercial” “Pursuit
of vikings” elevó
la temperatura y “Cry
of the blackbirds” ocupa
en todos sus conciertos lugar
preferencial sin ser, en mi
opinión, nada destacable.
El final llegó con la
inevitable e imprescindible
“Death in fire”
que culminó casi una
hora (no llegaron a cumplir
horario, tónica general)
aceptable, buena sin duda, pero
que sería muchísimo
más aprovechable por
quienes no tienen la suerte
de vivir en los puntos de paso
habituales de las giras que
por los que les han visto en
multitud de ocasiones. Amon
Amarth son plaza de primera
categoría en Europa y
en sus directos nunca defraudan.
TESLA:
EL HECHO DIFERENCIAL
Si con Amon
Amarth nos sentíamos
cercanos a su última
visitar, qué decir de
Tesla, que dos días habían
tocado en una abarrotada sala
Heineken en la capital del Reino
con el mejor sonido que jamás
se haya escuchado en ese local.
Sin embargo, hemos de matizar
un par de aspectos a la hora
de analizar el por qué
no es totalmente comparable.
Tesla se prodigan mucho menos
que los suecos, si bien es cierto
que van tres años seguidos
pisando nuestras tierras. Además,
con los norteamericanos tienes
la oportunidad de ver algún
tema distinto. Es por eso que
la actuación del Metalway
tenía el aliciente de,
además de escuchar de
nuevo algunas de mis canciones
favoritas de siempre, el anhelo
porque, por ejemplo, cayera
“Edison´s medicine”,
incompresiblemente inédita
en gran parte de la gira europea.
Como era una
hora más o menos prudencial,
las cinco y media de la tarde,
y a pesar de que el sol lucía
en todo su esplendor, bastante
gente se congregó ante
la llamada de los californianos.
Esta gente cuenta sus apariciones
en directo por éxitos
rotundos. No conozco a nadie
que no se haya rendido a sus
encantos. Oír cómo
clava los solos Frankie Hannon
(el motor de la maquinaria)
o deleitarnos con la peculiar
voz de Jeff Keith es un placer.
Y es que sabes que no te van
a defraudar jamás. Desgraciadamente,
en Zaragoza no nos regalaron
nada extraordinario sino que
nos mostraron una versión
reducida de lo que hacen en
los clubes. El sonido no estuvo
mal pero muy lejos de lo de
Heineken. Faltaba potencia al
conjunto y nitidez, quedaba
todo un tanto opaco y plano.
No era una catástrofe
pero sí que incide en
la impresión definitiva.
“Forever
more” es un inicio que
sirve para comprobar cómo
ha calado hondo entre sus seguidores
el nuevo disco. Igual podríamos
decir de “I wanna live”,
un corte más directo,
Como comentó Dave Rude
en la entrevista que le hicimos
antes de su actuación
en la capital, vienen dispuestos
a reivindicar a muerte “Forever
more” aunque, como era
lógico, fueron sus composiciones
las más perjudicadas
por la disponibilidad horaria.
Como ocurrió en Madrid,
Jeff necesitó unos cuantos
temas para calentar su garganta
y se le vio algo forzado en
“Modern day cowboy”
pero te quedas tan ensimismado
viendo cómo Hannon combina
acústica, eléctrica
y participación vocal
en la grandiosa canción,
que casi ni te enteras. Además,
una vez superado este bache,
Keith se viene arriba y ya en
“Hang tough” todo
estaba en su sitio. Por cierto,
¡qué grande, también
aquí, este tema!
El hecho de
haber recuperado en este tour
de “Forever more”
la increíble “Getting
better” debe ser bienvenido.
El cambio después de
la estrofa inicial es uno de
los más espectaculares
del hard rock de los ochenta.
A pesar del calor reinante,
uno tipos de Sacramento no se
asustan con felicidad por algo
son los “paletos”
de California para el “pijerío”
de Los Angeles. Sin gran comunicación,
derrochan carisma. No son guapos
pero irradian buen rollo cuando
se necesita y seriedad en otros
momentos como “Song &
emotion” que me encanta
pero podría haber dejado
paso a alguna otra ya que es
de las más largas de
su carrera. Cumplió su
función por nos evitó
“Love song” pero
un “Changes” habría
sido memorable. No llevábamos
casi nada y llegó “Signs”,
la versión y single más
famoso en Estados Unidos, que
no en Europa. De hecho, casi
nadie se acuerda de que los
compositores originales son
Five Man Electrical Band, aunque
en mi opinión, supera
con creces a la de los canadienses.
Lo que habría que darle
un premio es a quien se le ocurriera
que debían hacer su propia
revisión de esta canción
porque les viene perfecta.
Durante el
cambio previo, vi cómo
colocaban la antena en el teclado.
Esto solo puede significar que
tocan “Into the now”
o “Edison´s medicine”.
Iluso de mí, imaginé
que “Into the now”
era candidata segura a no entrar
en el set list por lo que tendríamos
regalo, pero no, fue “Into
the now” la elegida aunque,
curiosamente, Frankie no utilizó
la antena para hacer el sonido
“magnético”.
Con “Cumin´ atcha
live” recuperamos el sabor
de la caña burra y honesta
que meten los californianos
cuando se ponen rudos. Sin consumir
sus sesenta minutos, se retiraron
con “Rock me to the top”,
completando un repertorio que
casi la mitad estuvo compuesto
por temas de su debut, si bien
esto creo que fue más
casualidad que otra cosa porque
resultó del único
disco del que no dejaron canciones
en relación al show madrileño.
Mentiría si dijera que
me gustó más que
dos días antes porque
es imposible pero también
faltaría a la verdad
si no afirmara que Tesla estuvieron
entre lo mejor del viernes,
con todos los condicionantes
que había.
TARJA:
¿UN DULCE INVIERNO?
Una experiencia
extraña. Tarja entra
en ese grupo cada vez más
numeroso de artistas que me
han dejado de interesar de tal
manera que ni tan siquiera recurro
a sus antiguos discos a pesar
de que en algún momento
fue fan de ellos. Sea por hastío
o por decepciones, la lista
sería larga. Incluso,
en este Metalway he tenido ejemplos
como Children Of Bodom, pero
también Sepultura, Nightwish
(y, por ende, nuestra heroína),
Cradle Of Filth, Dimmu Borgir
en menor medida, In Flames,
Soilwork, Shadows Fall,…
No sigo que va a parecer el
“1, 2, 3… responda
otra vez”. La finlandesa
hace ya tiempo que dejó
atrás su inevitable pasada
pero después de una huida
hacia delante ahora se entreve
una especie de freno y marcha.
No hablo de la ansiada, por
muchos, reunión con Tuomas,
Marco y demás (que aunque
lejana, la veremos, por mucha
mierda que se hayan tirado),
sino a que durante su primera
gira (compuesta de canciones
navideñas, fundamentalmente)
obviaba el material de su anterior
banda y ahora no.
Podéis
argumentar que actualmente toca
su versión “roquera”
pero no importa, tampoco hay
tanta diferencia y las baladas
de Nightwish cabían perfectamente
en un repertorio alejado del
metal. De lo que se trata es
que la Turunen estaba en Zaragoza
para deleite de sus fanáticos
que copaban las primeras filas
con banderas de Finlandia. Por
supuesto, bastante público
femenino y, en general, expectación
para ver a esta mujer que venía
rodeada de una banda excepcional.
De menos a más podríamos
hablar de Maria Ilmoniemi a
los teclados, que tuvo infinidad
de problemas: el ex Apocalyptica
(coincidencia que tocaran justo
detrás) Max Lilja al
violoncello, Kilo Loureiro de
Angra con las seis cuerdas,
el archiconocido Mike Terrana
y nada menos que el bestial
Doug Wimbish, bajista de Living
Colour. Desde luego, no se priva
de nada Tarja porque la solvencia
de esta gente está fuera
de cualquier duda.
El concierto,
para mí, resultó
irregular tirando a flojo. Es
curioso observar como la protagonista
hace ahora más headbanging
y está más motivada
que en toda su trayectoria con
Nightwish. Enfundada en un vestido
rojo que le favorecía
se la veía disfrutar
siendo la reina de la fiesta.
Ella está ahí
para defender lo suyo e, imagino,
esbozando una sonrisa por lo
que ocurre “con los otros”.
Como era previsible se centró
en “My winter storm”,
del que si hubiera tenido tiempo
suficiente seguro que habría
descargado en su totalidad pero,
para abrir boca, comenzó
con “Enough” y “My
little Phoenix”. Desgraciadamente,
los problemas de sonido impedían
cualquier tipo de dinamismo,
tanto que después de
la vitoreada “Wishmaster”,
el concierto se paró.
A petición popular y
una vez que la “jefa”
dio su aprobación con
la mirada, Terrana se marcó
un pequeño solo de batería,
para delicia de sus incondicionales.
Otra ración
más de material en solitario
con “Ciaran´s well”,
“I walk alone” y
“Lost northern star”,
que a su público le gustó,
pero a mí me parecieron
de lo más insulso y una
de las cagadas de la tarde:
su horripilante versión
del “Poison” de
Alice Cooper. Algo habrá
Tarja para decir cuando la presentaba
que muchos odian cómo
la hace. No me extraña.
Donde hubo unanimidad fue en
“Nemo”… bueno,
no para todos, porque el amigo
Kilo Loureiro quiere dejar su
impronta y se dedica a cambiar
los solos originales. Todos
sabemos que Emppu es un guitarrista
muy limitado pero el demostrar
no sé qué desvirtúa
la canción. “Sing
for me” estuvo bien como
anticipo a otra revisión,
esta vez del “Oven the
hills and far away” de
Gary Moore, que ya hacían
Nightwish y que siempre me pareció
un atentado por muy fidedigna
que la hagan, si bien comparado
con lo de “Poison”
es gloria bendita.
Con todos
los problemas que habían
tenido habían consumido
la hora entre el deleite y la
apatía, por lo que tocaba
decir adiós con “Die
alive”, de lo mejorcito
de su repertorio. Reconozco
que la chica está más
inspirada que hace años,
controla su voz y ha madurado
mucho como frontwoman, pero
su música me aburre soberanamente
y las referencias al pasado
son concesiones obligatorias
a los fans pero que quedan tan
frías como cuando Anette
Olzon las destroza con la aquiescencia
de Holopainen. Tarja Turunen
ofreció un show correcto,
aceptable dentro de lo que cabe
esperar de ella, con unos músicos
soberbios pero que no aportan
nada más que su técnica
(sentimiento e implicación,
0). Es su camino y es respetable.
Veremos lo que dura porque,
la verdad, dudo… luego
existo.
APOCALYPTICA:
EL PEREJIL DE TODAS LAS SALSAS
Lo de este
grupo con los festivales españoles
y más en concreto, con
los organizados por Rock n Rock
es patológico. Alguien
se lo debe hacer mirar porque
han estado en el Metalmania,
en Guernica, en le Monsters
of Rock, en el Metalway de Zaragoza,…
y todo ello en un espacio de
seis años, en los que
han sacado dos discos que han
venido a presentar convenientemente
a nuestro país. Es lo
que decía antes de los
programadores de este tipo de
eventos: originalidad al poder.
Reitero lo que ya habré
dicho anteriormente. Con Apocalyptica
sucede lo siguiente: la primera
vez que les ves, alucinas por
las ganas que le echan y la
“tralla” que le
meten para tocar con cellos:
la segunda, el cuento empieza
a no resultar tan entretenido;
la enésima es cansino,
muy cansino. Te quedas con la
sensación de “otra
vez, no, por dios”. Por
supuesto, ellos son mucho más
grupo de espacios abiertos que
de sala y cuanto menos tiempo,
más adecuado, pero ni
por esas.
Además,
por muchos álbumes que
saquen siempre vivirán,
o les harán vivir, aferrados
a su debut “Plays Metallica
with four cellos”. Su
público lo demanda y
ellos dan la carnaza iniciando
su actuación con “Whereever
I may roam”. Desde donde
yo estaba sonaba fatal y los
cellos parecían herramientas
de ebanistería porque
aquello era bastante insufrible.
Poco a poco se arregló
pero, aun así, deficiente
en esa materia. Los temas propios
fueron los menos pero, por primera
vez en las ocho o más
veces que les he visto, trajeron
un cantante, su compatriota
Tipe Jonhson que revisó
“I don´t care”
y “Life burns”.
Esta novedad a la postre tuvo
poca repercusión porque
les hace perder la “gracia”
que tenían. A mí,
los finlandeses me interesan
poco pero con un vocalista,
nada de nada.
Otro elemento
que contribuyó a convertir
el concierto en un continuo
mirar al reloj fue el solo de
batería de Mikko Siren.
Que sí, que toca bien,
pero no es necesario, en serio.
Aquí no sirve la excusa
de que lo hacen para que descanse
el cantante. Es imprescindible
que erradiquen el solo de su
repertorio y se dediquen a lo
que más saben, que el
público haga un sano
ejercicio de karaoke metal con
“Refuse/resist”
de Sepultura y toda la retahíla
de canciones de Metallica que
en esta ocasión fueron
“Fight fire with fire”,
“One”, “Seek
and destroy”, “Creeping
death” y “Enter
sandman”. No molestan
y siempre es una mejor opción
que irte a la funesta “disco
metal” para escuchar ¡cuatro
veces en un día! “Hangar
18” de Megadeth y eso
que solo pasábamos por
allí o lo oíamos
de fondo. Los tíos le
echan agallas y quienes tengan
su primer contacto con los de
Helsinki alucinarán cuando
hacen headbanging y demás
historias pero poco más.
Con el “Hall
of the mountain king”
se despidieron dejando un buen
sabor de boca a sus seguidores
pero haciéndonos recuperar
las butterfly pillow que habíamos
utilizado con Opeth cinco días
antes. Me da pena decirlo pero
la propuesta de Apocalyptica
en estudio está agotada
y, en directo, me da que también.
Seguro que si no se prodigaran
tanto encontrarían una
nueva generación de gente
dispuesta a aplaudirles pero
los que ya les hemos padecido
por activo y pasivo no podemos
sino rogar, implorar y suplicar
a los promotores que les dejen
descansar en su tierra unos
cuantos años para que
no ocupen lugar preferencial
en ningún cartel dejando
su puesto a otros con menos
alardes técnicos pero
más frescura.
QUEENSRYCHE:
CRÓNICA DE UN DESPROPÓSITO
Dentro de los
grupos que ya había unas
cuantas veces, que como antes
dije eran la gran mayoría
del segundo fin de semana, había
tres que me interesaban especialmente
porque soy muy fan de ellos:
Candlemass, Immortal y Queensryche.
Llegaba el turno de estos a
una hora ideal (las nueve y
veinte), con el sol poniéndose
y un clima muy agradable…
pero, ¡¡¡pataplaf!!!
Desastre de proporciones bíblicas.
Vayamos por partes. Primero
voy a hablar de sus “seguidores”,
de los seguidores del grupo
“de toda la vida”
que se sintieron hasta ofendidos
porque no tocaron canciones
de “Operation: Mindcrime”.
Veamos, esta gente no se entera.
El año pasado hicieron
realidad mi sueño lúbrico.
En el Graspop 2004 casi cayó
entero pero en 2008, lo que
se puede ver en el DVD “Mindcrime
at the Moore” se materializó
en Barcelona y Bilbao. Los dos
“Operation” seguidos,
con actores, Pamela Moore y
unos cuantos bises de “Empire”.
Para mi, perfecto. Una vez más,
proclamo que es mi álbum
favorito de la historia y prefiero
quemar mi casa a romper tamaña
obra de arte. ¿Cuáles
fueron las cifras de asistencia?
Quinientas personas, como máximo,
en Bilbao y la mitad en Barcelona.
La excusa oficial: “Es
que como entre medias tocaron
en el Electric Weekend con Metallica
y demás”. Correcto
pero entonces te gustan Queensryche,
no eres seguidor de los de Seattle
porque ésta era una oportunidad
única.
Si no los
viste, pues ajo y agua porque
esta vez la gira también
era conceptual pero, para deleite
de unos pocos, bien distinta.
En Estados Unidos hacían
tres “suites”: “Rage
for order”, su nuevo y
mediocre “American soldier”
y “Empire”, con
siete u ocho cortes de cada
uno. De las tres, la del “Rage”
gloriosísima en teoría.
Además, ¿qué
banda se puede permitir el lujo
de cambiar el 90% o el 100%
de repertorio en un año?
Solo los elegidos. Por lo tanto,
quejas y lloros al Maestro Armero
porque era loable lo que iba
a hacer el hoy sexteto. Dicho
esto, las prestaciones fueron
paupérrimas porque salieron
diez minutos tarde, sonaron
fatal, el set list lo escogió
su enemigo, se les fastidió
una intro, se cabrearon y se
largaron cuando llevaban escasamente
cuarenta minutos en las tablas.
Toda una lección de lo
que no se debe hacer porque,
aunque te enfades, tienes delante
a unos tipos que han pagado
por verte y merecen un respeto
mayor del que demostraron en
Valdespartera.
Cuando la
impaciencia ya cundía
entre el público, saltaron
¡seis! a escena. De todos
era conocida la ausencia de
Mike Stone que ha sido sustituido
por el inefable Parker Lundgren,
a la par yerno de Geoff Tate,
pero que también hiciera
la gira el guitarrista/teclista/corista/cantante
principal en un tema/panderetero
Jason Ames ha supuesto una novedad.
Eso sí, hemos cambiado
a un tío que cumplía
como Stone y a Pamela por dos
sujetos que lo único
que aportan es su flequillo
emo. Esto significa, asimismo,
que Eddie Jackson se va a la
parte de atrás, en una
tarima y sin moverse, pasando
tanto del tema que su micrófono
no sonaba y le importa poco
porque ni acercaba la boca.
A Tate había que intuirle
y no disimulaba su enfado, Michael
Wilton estaba en otra dimensión
y solo nos queda Scott Rockenfield
que hacía lo que podía
tras su kit.
Empezaron
con la suite “Rage for
order” y la liaron. Solo
a individuos tan peculiares
como Tate se les ocurre interpretar
las canciones más raras
(y menos buenas) y las que ya
han tocado otras veces. Había
material impresionante donde
elegir. A saber: “I dream
in infrared”, “I´m
gonna get close to you”,
“The killing words”,
la emotiva “I will remember”....
Pues no, empiezan con “Neue
regel”, siguen con “The
whisper” (que abrió
el concierto de Madrid 2007),
enlazan con la grande pero extraña
“Screaming in digital”
y culminan con la ya conocida
(no por demasiados) “Walk
in the shadows”. La gran
mayoría de los presentes
pensaba que se trataban de temas
de “American soldier”,
algo que denota la cultura del
grupo que se tenía. El
desconcierto era global. La
gente estaba quieta, expectante
a que algo les sonara. Tate
miraba a lo técnicos
y no entendía nada. En
fin, un desaguisado.
Irte a tu
reciente obra no es lo más
adecuado para arreglar esto
pero es lo que llegaba. Eso
sí, abreviaron y solo
ejecutaron “Man down!”
y “A dead man´s
words”. Con estas pinceladas,
cualquiera que no lo haya oído
no sentirá la necesidad
de acercarse a él. En
particular, surrealista el dueto
entre Geoff y el tal Jason Ames
con ambos compartiendo “liderazgo”
en el escenario. Ver para creer.
Ya digo que como salieron tarde
no se enrollaron (viendo la
poca calurosa respuesta del
personal era lo más inteligente)
y pasaron directamente a la
suite del “Empire”.
La intro de “Best I can”
me dio vida porque jamás
la escuché en directo
(solo la tocaron en el Electric
Weekend en España) y
era una asignatura pendiente.
Como no era el día, a
los diez segundos, se paró
el sampler. Lo que faltaba.
Se miran entre ellos, Geoff
hace una seña y pasan
del de “Best I can”
a un “Jet city woman”
desangelado.
Por si no
hubiéramos tenido suficiente,
cuando acaban la pobrísima
interpretación de “Jet
city woman” se produce
un reagrupamiento en torno a
la batería de Rockenfield.
No presagiaba nada bueno y,
lamentablemente, no me equivoqué.
Obviaron la suite del “Empire”
y dispararon “Take hold
of the flame”, que lo
más potable de su descarga,
con rabia y se largaron. Incompresible.
Entre lo de Riot y su “Bloodstreets”,
el drama de la cancelación
de Heaven & Hell, que Jon
Oliva no nos compensara con
“When the crowds are gone”
y esto, no me quedabas balas
en la recámara. Solo
Twisted Sister podían
enderezar el rumbo de un Metalway
que, desde el punto de vista
personal, iba a la deriva por
mucho que la climatología
fuera benigna.
TWISTED
SISTER: CON HAMBRE DE MÁS
Recuerdo que
Dee Snider y Mark “The
animal” Mendoza observaban
el año pasado a Ted Nugent
mientras el cielo megro presagiaba
el tormentón que padecimos.
Twisted Sister tocaban esa noche
pero, como es de todos conocido,
el festival se suspendió.
La organización decidió,
de manera sabia, contratarles
para esta edición de
2009 porque los neoyorkinos
saben lo que se traen entre
manos después de tanto
tiempo. Su reunión no
ha traído secuelas discográficas,
poco importa, pero sí
un innecesario “Still
hungry” (regrabación
de su álbum de mayor
éxito con el título
ligeramente alterado) y, este
año, la reedición
de “Stay hungry”
con un montón de temas
extras para conmemorar el vigésimo
quinto aniversario del disco.
Por este motivo, los shows que
están haciendo son especiales
y dedicados a tamaña
obra. Además, han anunciado
que será la última
gira en la que lleven esas pintas
glameras y el maquillaje. De
aquí en adelante, prometen
una imagen más crudo
y vaquera. Veremos si lo cumplen.
Sorprendentemente,
había mucha gente que
no sabía qué le
esperaba. Por fortuna, la era
de Internet parece no haber
llegado a toda la población
porque así la magia del
momento pilló desprevenido
a más de uno. Twisted
Sister nunca ha sido una banda
de pretensiones exageradas.
Buscan disfrutar y hacer disfrutar
a sus seguidores. No obstante,
muchas veces esto es realmente
complicado pero estos cinco
veteranos tienen las armas suficientes
para darnos lo que queremos:
enormes canciones y una puesta
en escena demoledora. Con un
gran telón de fondo con
su símbolo y el número
25, y dos telones laterales,
no era preciso un mayor atrezzo
para acondicionar la estancia.
Eso sí, se hicieron esperar
más de lo debido porque
con la actuación recortada
de Queensryche no parecía
lógico que los de la
coste Este tardaran demasiado
mas no fue así, salieron
tarde y este hecho (y su racanería)
condicionó el repertorio
que quedó exclusivamente
dedicado a la interpretación
global de “Stay hungry”
sin más que echarnos
a la boca. Recordemos que el
álbum apenas sobrepasa
los treinta y cinco minutos.
En un set list que vimos estaba
apuntada “You can´t
stop rock ´n´ roll”
pero ni eso.
Se apagaron
las luces y, como siempre, su
manager les presentó
y saltaron a comerse las tablas.
Es espectacular ver cómo
Mendoza golpea su bajo, Jay
Jay French sigué ahí,
impertérrito, con su
peluca, Eddie “Fingers”
Ojeda aporta la calidad técnica
y AJ Pero la contundencia. Dee
es caso aparte, uno de los mejores
frontman de la historia del
hard and heavy, sin duda. Es
innegable que sus facultades
vocales no son las de antaño
y le cuesta en determinados
pasajes llegar pero tira de
experiencia sabiendo ocultar
esas carencias. El sonido no
estaba mal para la media del
festival cuando el tema título
atronó en el numeroso
público que venía
dispuesto a pasarlo bien. A
fe que lo consiguieron porque
la tralla que metieron desde
el pistoletazo de salida supuso
que todos estuviéramos
enchufados. “Stay hungry”
estuvo algo aturullada pero
como inicio quedó perfecta,
incluso más que “What
you don´t know (sure can
hurt you)”, la que suele
comenzar un repertorio normal.
Quizá
lo que diferenció a Twisted
Sister del resto es que estamos
ante un disco con dos o tres
clásicos atemporales
y que permanecen vivos en la
memoria colectiva. Como lo interpretaban
por orden, uno de ellos llegó
pronto: “We´re not
gonna take it”. ¿Quién,
con más de treinta años,
no ha cantado este tema miles
de veces? La locura y la fiesta
se adueñaron de Valdespartera.
Allí saltaban, gritaban,
aplaudían,… Para
colmo, me sorprendió
que la mayoría no supiera
la gracia del “huevos
con aceite”. Cuando terminan
la canción, Dee se dirige
a Eddie preguntándole
cómo se dice el español
el estribillo. De esta forma,
arrancan de nuevo con todos
coreando la frase. A pesar de
que lo tenga un poco visto porque
lo suelen hacer en todas sus
visitas, fue un momento divertido.
Un cambio de tercio más
serio y, para mí, mejor
vino con “Burn in hell”.
En el comienzo lento y tétrico,
Snider se agacha delante de
una luz roja que le enfoca la
cara, igual que hace Ronnie
James Dio en “Heaven &
hell”. Lo que pasa es
que Dee es aún más
feo que el viejo Elfo y su geta
da pavor.
El interpretar
“Stay hungry” en
su totalidad estaba bien pero
yo ya había visto la
mayoría de los temas
“sueltos”. Por eso,
mis alicientes se concentraban
en las inéditas. Por
ejemplo, el turno era de “Horror
teria”. Su primera parte,
“Captain Howdy”
cayó en el Lorca 2006
si mi memoria no falla. “Captain
Howdy” está bien
aunque un poco monótono;
sin embargo, “Street justice”
me encanta y no había
tenido el placer. De las que
más disfruté.
Justo lo contrario de “I
wanna rock”. Así
como “We´re not
gonna take it” fue un
himno de adolescencia, “I
wanna rock” nunca me ha
dicho nada salvo por su desternillante
videoclip. Claro que debo ser
el único que piensa así
porque es otro de los hits de
Twisted Sister y se demostró.
Sin embargo, la que parte el
bacalao en toda ocasión
es la balada “The prize”,
uno de mis lentos más
idolatrados. Aunque Dee lo pasa
mal, se defiende bastante bien
y todos nos desgañitamos
con su memorable puente.
El otro corte
no escuchado hasta ahora es
“Don´t let me down”,
una composición bastante
simple y que pasa desapercibida
en el álbum. En directo
estuvo bien por la novedad.
Nos acercábamos a la
conclusión del disco,
y con ello, de la velada (algo
que no sabíamos por entonces).
Tanto “Don´t let
me down” como “The
beast” rebajaron la intensidad
del público que no del
quinteto porque se nota que
les gusta descargar la machacona
“The beast”. El
final, lógicamente, vino
con “S.M.F.” y los
presentes nos convertimos en
unos “sick motherfuckers”.
Twisted Sister triunfaron sin
ambages. Otra cosa es que nos
“deban” un cuarto
de hora, algo que me parece
impresentable. Si nos regalan
un par de temas más,
hubiera sido, junto a Saxon,
el concierto del Metalway.
MOTORHEAD:
¿NACIDOS PARA GANAR?
¿Hace
falta recordar lo que pienso
de Motorhead antes de entrar
a valorar su actuación?
Seguramente, sí, para
regocijo personal y náuseas
de algunos. No me gustan, no
puedo con ellos. Sí,
tienen algunos himnos inmortales
e, incluso, álbumes que
merecen la pena pero mi desafección
está por encima de lo
racional y entre en terreros
de la bilis. Y es raro, porque
este tipo de rock acelerado,
ruidoso y macarra (me niego
a llamar a esto heavy metal),
debería estar en alto
nivel en mi escala pero, chico,
todos tenemos fobias en la vida
y las mías, en música,
se llaman Motorhead, AC/DC y
los Kiss de los setenta. No
digo que odie a esos conjuntos
pero no comprendo la devoción
que muchos profesan, la considero
aún más irracional
que mi rechazo. Por eso, cuando
me topo con ellos en eventos
que voy a cubrir, suelo vacunarme
antes por el posible hate mail
que puede llegar a nuestra redacción
con todo tipo de lindezas por
“meterme” con sus
héroes. Eso sí,
reconozco que me encanta eso
del hate mail…
Un festival
patrio es escenario perfecto
para encontrar a Lemmy y los
suyos. De acuerdo en que son
una institución pero
la originalidad brilla por su
ausencia cuando les ponen, siempre
en posición preferente,
dentro de un cartel. La última
vez que les vi (Metalway 2005)
sentí pena por ver cómo
los británicos eran literalmente
arrasados por Korn (que me gustan
muchísimo menos que Motorhead)
que actuaron justo detrás,
mal que les pese a la mayoría
de los allí presentes
que intentaron negarlo solo
por el hecho de que Jonathan
Davies y los suyos “no
son metal”. Debe ser que
tenía mala suerte con
el trío porque en el
Graspop 2004 tampoco es que
dieran un concierto para recordar,
así que, al menos en
mi experiencia, la supuesta
eterna juventud y demoledor
directo de los Motor, como que
no. No hay dos sin tres, dice
el refrán, y me preparé
concienzudamente para disfrutar
(o, cuanto menos, no dormirme)
los setenta minutos que duró
su descarga. Eso sí,
los tipos cumplen porque no
nos escatimaron ni un minuto.
Profesionales sin mácula.
Me llevé
un alegría porque la
cosa comenzó genial,
nada menos que “Iron fist”,
uno de mis temas favoritos del
grupo. Sonaban alto, demasiado
altos quizá, pero más
o menos claros. Si a “Iron
fist” le añadimos
“Stay clean”, esta
sí, más habitual,
el inicio era casi inmejorable
y empecé a pensar en
un show basado en las canciones
que yo elegiría “Eat
the rich”, “Hellraiser”,
“Orgasmatron”, “Iron
horse/born to lose”, etc.
Nada más lejos de la
realidad porque aquello se convirtió
en un repaso a los clásicos
básicos de Lemmy y cía.
más una rendición
no demasiado importante de sus
tres últimos discos:
“Motorizer”, “Kiss
of death” e “Inferno”.
Solo con éste estoy familiarizado
y agradecí que tocaran
“In the name of tragedy”,
ya imprescindible e ideal para
este tipo de situaciones, “Rock
out”, “Be my baby”.
Entre medias llegaban otras
que la gente aplaudía
a rabiar como “Love me
like a reptile” o “Metropolis”
que resultó notable.
Entre las
que no esperaba, algunos fueron
más destacables que otras.
En el plano positivo, una furiosa
“Over the top” y
en el negativa la, para mí,
intrascendente “Going
to Brazil”. Si querían
algo de “1916” podían
haberse decantado por “The
one to sing the blues”
o “R.A.M.O.N.E.S.”.
Pero si hablamos de intrascendencia,
el solo de Phil Campbell es
un ejemplo que viene ni que
pintado a tal alusión.
Malo lo de Mikkey Dee pero que
Campbell nos quiere hacer parecer
que es un maestro de las seis
cuerdas, me mató. Rompió
la dinámica medianamente
positiva que llevábamos
y ni “Another perfect
day” me hizo remontar.
Para concluir su actuación
regular apareció Dee
Snider de espontáneo
para acompañarles en
la fantástica “Killed
by death”. Quedaba únicamente
la traca final y no hace falta
ir a Harvard para saber que
sus himnos definitivos se los
reservan para culminar el repertorio:
“Ace of spaced”
y “Overkill” dieron
la réplica al “I
wanna rock” o “We´re
not gonna take it” para
erigirse en canción más
coreada del día (creo,
sinceramente, que ganaron Twisted
Sister). “Ace of spades”
vino precedida por un breve
ejercicio de Mikkey Dee con
su kit de batería a modo
de minisolo que no molestó
más de lo debido.
La sensación
general de sus seguidores es
que fue otro gran show de Motorhead
(ya sabéis que es políticamente
incorrecto decir nada de ellos)
pero inferior a otras citas
a lo largo de la geografía
española que se han sucedido
en la larguísima trayectoria
del grupo. Personalmente, sin
llegar a divertirme, de las
tres veces que les he visto,
me ha parecido la más
entretenida y eso que un set
list prometedor terminó
en correcto. El carisma de Lemmy
entre su gente es algo que permanecerá
para la posterioridad. Por supuesto,
hay que poner en valor el hecho
de que Kilminster tiene más
de sesenta años. Sin
embargo, siendo todos argumentos
válidos, los acepto desde
un plano objetivo. Si me pongo
en la piel del subjetivismo,
que al fin y al cabo es la que
nos mueve en la música,
aunque tuvimos momentos interesantes,
me aburrí. Es mi problema
pero debía reflejarlo.
Si alguien conoce la solución
a esta patología, que
me avise. Gracias.
WARLOCK:
REUNIÓN Y UN CUARTO
Me gustaría
saber quién fue el genio
que engañó a los
programadores del Metalway para
poner a Warlock de cabeza de
cartel un día. No tengo
nada contra los alemanes, me
gustan, pero hay un montón
de razones que confirman la
“jaimitada” de la
acción. Empecemos: 1)
Warlock es Doro. Así
se hizo ver en el pasado y con
el paso de lo años, esta
sensación se ha acrecentado
aún más. 2) Doro
suele hacer giras habitualmente
(en España tiene el “abono”
sacado) y su repertorio se centra
en la banda que le dio la fama.
3) Si traes a Doro aseguras
bastantes canciones de Warlock
y por un precio mucho más
ajustado. 4) Warlock no fueron
una banda puntera en los ochenta,
digan lo que digan algunos.
Eran un combo prometedor que
se iba consolidando pero siempre
en segunda fila. Podríamos
seguir pero no merece la pena
cuando los hechos están
ahí. Lo importante era
pensar que disfrutaríamos
de temas que la alemana no suele
tocar en solitario. Ahora bien,
cuando comprobé que disponían
de setenta minutos, la cosa
cambió. Un mes antes,
Pesch había tocado en
Bilbao, incluyendo nada menos
que doce cortes de Warlock.
En el tiempo estipulado, poco
más iba a caer. Viendo
los resultados posteriores,
mis sospechas se hicieron realidad.
La formación
que presentaban era, probablemente,
la más exitosa. Con los
guitarras Peter Szigeti y Nico
Arvanitis, más el batería
Michael Eurich. De los que grabaron
“True as steel”
solo faltaba Frank Rittl que
fue sustituido por el inefable
e hiperactivo Nick Douglas,
el bajista de la banda de Doro.
Las dudas sobre la compenetración
del quinteto tenían que
estar presentes. Quitando un
Wacken y el vigésimo
quinto aniversario de la “divina
rubia”, no se les había
visto juntos en un escenario
en más de dos décadas.
He de señalar que me
convencieron rotundamente en
su puesta en escena. Sonaron
poderosos, contundentes y ocupando
el largo y ancho de la tablas.
Szigeti y Arvanitis se movieron
más de lo que esperado
e, incluso, hacían juegos
entre ellos y con su “mentora”.
Nick estaba algo más
comedido porque era consciente
que “no jugaba en casa”
pero paulatinamente se animó.
Los coros no se escuchaban especialmente
bien pero la sensación
general, en ese aspecto, debe
ser calificada de positiva.
Otra prueba
de que era un tanto surrealista
ponerles encabezando el día
fue que ni mucho menos reunieron
el mayor número de gente.
Eran las dos de la madrugada
pero con Twisted Sister y Motorhead
la expectación era infinitamente
mayor. Cuando comenzó
la intro, aproximadamente el
sesenta por ciento de los asistentes
del viernes aguardábamos
la entrada de Warlock, que irrumpieron
con “Earthshaker rock”
de “Hellbound”.
Con ella empezamos a darnos
cuenta de que estaba bien pero
ya lo “habúiamos
visto” antes. No sé
si me entendéis, es salir
Doro y da igual que estén
los componentes de hace veinte
años o cuatro mercenarios
competentes. Ella es el centro
de atención por lo que
la reunión no es quede
descafeinada sino que se ciñe
a un episodio nostálgico
más para los propios
miembros que para los fans.
“I rule the ruins”
sirvió de primera parada
en “Triumph and agony”
que, a la postre, iba a ser
su álbum estelar, si
bien se dejaron cosas que nunca
imaginé que obviaran
como “Metal tango”
(que, a veces, toca Doro) o
“Three minute warning”.
Y es que ésta
es una de las cosas que no entiendo.
Es verdad que nos dieron un
par de “golosinas”.
En concreto, hablamos de “All
night” de “Hellbound”,
y “Midnite in china”
y “Fight for rock”
de “True as steel”.
Vale que al ser mayoría
de componentes de este disco
tuviera que tener presencia
prioritaria pero es que ¡casi
son las canciones que yo no
hubiera elegido jamás!
“Speed of sound”,
“Mr. Rock” o de
otros discos como las mencionadas
en el párrafo anterior
o “After the bomb”,
“Out of control”,…
me quedé atónito
porque, por un lado, me apetecía
ver rarezas pero, por otro,
no eran las deseadas. Ellos
las interpretaban con precisión
y le echaban ganas pero, incomprensiblemente,
seguí disfrutando más
con “Burning the witches”
(slavo el inevitable alargue)
o la genial “East meets
west”. Seguramente, Peter,
Nico y Michael escogerían
un corte atípico cada
uno y por eso quedó tan
extraño el repertorio.
No obstante,
hubo cosas positivas como, por
fin, escuchar “Für
immer” en su tempo correcto,
algo que parecía un milagro
que ocurriera. Si bien no es
una de mis favoritas, me quité
la espinita clavada que tenía
de no divertirme con ella jamás.
Eurich marcó un ritmo
que nunca ha conseguido Johnny
Dee, por diez vidas que lo intente.
Szigeti ejecutó con solvencia
el “Prelude to madness”
que antecedió a “Metal
racer”. Una vez presentado
el quinteto, la inefable “All
we are” también
sonó como debía
y no acelerada pero este tema
no tiene remedio, me hastía.
Tras menos de ¡una hora!
abandonaron las tablas. No tardaron
en regresar con la seminal “Hellbound”,
de las grandes interpretaciones
de su show, y, de forma vergonzante,
no se les ocurre mejor idea
que concluir con “Breaking
the law” de Judas Priest.
Recapitulemos: Warlock sacaron
cuatro discos de estudio, disponían
de un tiempo muy limitado que,
para colmo, no consumieron,
y encima tienen los santos (palabra
censurada) de marcarse una versión.
Intolerable porque nos quedamos
con solamente doce composiciones
del grupo estrella, del que
tenía el nombre más
alto en el cartel y de esa reunión
“especial” que muchos
esperaban como agua de mayo.
Un engaño y manifiestamente
deficiente, aunque el rato que
tocaron lo hicieron francamente
bien.
SABADO 27: LOS VERDADEROS HIJOS
DE ODÍN
Vosotros tendréis
vuestra propia opinión
pero a mí me resulta
un tanto patético esperar
todo el santo día a que
aparezcan los, supuestamente,
reyes del metal porque, o eres
muy fanático (que se
cuentan por miles quienes no
querían ver más
allá de sus narices)
o debes ser consciente de que
Manowar pueden dar la de arena
o ¿la de arena? No quiero
meterme con ellos más
de lo estrictamente necesario
pero que nos deleitaran con
algo histórico era casi
tan difícil como que
te toque la primitiva. Eso sí,
el reintegro, la pedrea y las
terminaciones nos acompañaron.
Por lo demás, a priori
teníamos un cartel con
cosas típicas y la vuelta
de Immortal a tierras españoles
después del inolvidable
“Fuck the sun” y
“See you… in hell”
del Metalmania 2003 que supuso
el fin, momentáneo de
sus actividades. Del resto,
hubo pocas sorpresas y las que
tuvimos fueron más bien
negativas.
HOLYHELL:
¡SANTO DIOS!
Llegar de apadrinados
de Manowar parece abrir muchas
puertas. De lo contrario, difícilmente
se entiende cómo HolyHell
han conseguido entrar en varios
de los festivales más
importantes de Europa cuando
su debut se edita estos días
y cuentan con el bagaje previo
de un mísero EP. Alguien
puede decir que la trayectoria
de ciertos miembros es prolífica.
Puede ser, pero a nivel popular
solo Rhino tiene el plurito
de haber tocado con Manowar
porque, sí, Joe Stump
mola pero ¿quién
demonios conoce a Reign Of Terror,
MVP o su extensa carrera en
solitario como guitar hero de
tercera generación? Pero
claro, entrar en la dinámica
“Magic Circle” significa
una proyección que puede
volverse en tu contra, solo
hay que recordar cómo
terminaron Rhapsody. El caso
es que se sentaron en la misma
mesa que los “Kings of
Metal” el viernes, y el
propio sábado les organizaron
de manera improvisada otro “meeting”
con los periodistas que casi
fueron cazados con lazo después
de las fotos a Primal Fear.
Antes de eso,
abrían fuego a esta última
jornada del Metalway. Quedaba
por comprobar si todas las excelencias
que Joey di Maio nos había
vendido el día anterior
tenían reflejo encima
de un escenario. Mi familiaridad
con la música del quinteto
estadounidense provenía
de lo que había escuchado
en su myspace. No me llamó
la atención pero tampoco
estuve todo lo atento que debía.
Además, con los mimbres
que había en el grupo
estaba seguro que si las canciones
eran de mi agrado, serían
capaces de dar un buen espectáculo,
aunque fueran las doce de la
mañana. Además
de los mencionados Stump y Rhino,
el alma mater es Francisco Palomo
que fuera integrante de Cristal
y Acero, una formación
mexicana bastante mítica.
Completan el combo Jay Rigney
y Maria Breon, mujer veterana
pero de la que no conocíamos
su existencia hasta ahora. No
obstante, podía ser que
se haya movido en el circuito
de clubes de Nueva York y deleitarnos
con sus portentosas cualidades.
Pues va a
ser que no. Con un sonido más
que aceptable y la manager de
Manowar observando atentamente
en el foso de fotógrafos,
comenzaron con “Holy water”
de su álbum homónimo
que había salido a la
venta el día anterior.
La música esta a medio
camino entre el power metal
con voz “operística”
y el neoclásico, esto
es, una mezcla entre Yngwie
y Nightwish. Personalmente,
se me hizo tedioso. Si bien
no están mal, a las tres
canciones terminas aburriéndote.
En “Eclipse” sacaron
a relucir otra de sus características,
las letras oscuras y deudoras
de los Black Sabbath en la época
de Dio. Vamos, que “Eclipse”
imitaba a “Heaven &
hell” cosa fina. María
es una buena vocalista pero
su presencia escénica
y su carisma es nulo. Cuando
hay partes instrumentales no
saben dónde meterse y
opta por abandonar sigilosamente.
Joe Stump estuvo correcto pero
no deja de ser un sucedáneo
de Yngwie, su originalidad es
escasa. El resto, bien, cumplidores,
en especial Francisco que tiene
un pedazo de equipo impresionante,
digno de Jon Lord.
El tema que
inicia el disco, “Winds
of light”, resultó
a la postre el único
que me gustó por ser
más directo que el resto
y no tan sinfónico y
forzado. “Armageddon”
me pareció monótona
y dejó por mentiroso
a Palomo, que el día
anterior en su única
intervención en la rueda
de prensa decía que HolyHell
jamás tocarían
con pregrabadas y que lo que
sonaba era de verdad. ¿Qué
se cree? ¿Qué
somos tontos? ¿Qué
los periodistas no acudiríamos
al concierto de su banda? Surrealista
y una tomadura de pelo. Es más,
estoy seguro que había
voces dobladas, me apuesto una
mano. Para continuar con el
bluff, una versión: “Holy
diver” de Dio, ¿cuál
si no? Y ahí es donde
me vino a la mente otra formación:
Benedictus. Los de San Diego
son algo más heavies
pero sus similitudes son sonrojantes.
La revisión del clásico
del metal, prescindible. Para
cerrar, “Apocalypse”,
que daba título a su
EP pero que también está
en “HolyHell”, como
los otros dos cortes originales
que aparecían en el mini.
Es decir, que si os interesa
el grupo no os compréis
el EP porque solo aporta el
“Phantom of the Opera”
de Iron Maiden, que miedo me
da escucharlo. ¿Conclusión?
HolyHell = Tocomocho mix.
CANDLEMASS:
EL MAL SAMARITANO
En la línea
del subjetivismo que adorna
ésta y, que nadie se
engaña, todas las crónicas,
se podría afirmar: “Candlemass
repite del año pasado,
vaya rollo”. A eso respondo:
“¿Y qué?”
Tienen nuevo disco, el sobresaliente
“Death magick doom”,
únicamente es la tercera
vez que descargan en nuestro
país y, qué diablos,
son dioses. Fin de la discusión.
Les habían puesto a una
hora insidiosa para un conjunto
de doom metal pero ellos, si
se lo toman en serio, son capaces
de superar las adversidades.
En el anterior Metalway dieron
un concierto notable y hacía
aún más calor.
Otra cosa es discutir la viabilidad
de Candlemass sin Messiah Marcolin.
Para mí, no es ni tan
siquiera planteable por dos
motivos: Leif Edling es el único
que puede clamar algo porque
fundó la banda y Robert
Lowe es de los pocos elegidos
que no hace el ridículo
sustituyendo a Marcolin. Solo
hace escuchar “King of
the grey islands” o “Death
magick doom”.
Tenía
muchas ganas de oír temas
nuevos porque sabía que
los clásicos iban a ser
los mismos de siempre. Encima,
el año que viene en Keep
It True hacen un repertorio
especial tocaron entero el “Epicus
doomicus metallicus” con
Johan Langquist, el cantante
original del disco, un hecho
histórico. Ahora que
se cumplen veinticinco años
desde su formación, la
vigencia de Candlemass es total
y seguro que cuando acabe este
2009 “Death magick doom”
estará en mi lista de
favoritas. Por eso, es escuchar
la cinta introductoria con la
“Marcha fúnebre”
de Chopin y sentir un cosquilleo
por el cuerpo. Es una de las
mejores entradas que hay para
ambientar un show. Aunque podrían
hacerlo más teatral,
el quinteto escandinavo salta
sin grandes alardes, enchufa
sus instrumentos y empieza con
“Emperor of the void”,
la más destacada de “King
of the grey islands”.
Robert Lowe
sigue igual de amanerado que
hace doce meses, con sus lentillas
más propias de Marilyn
Manson que de un componente
de un grupo serio pero le coges
el punto. Lo que no es tolerable
es que se olvide de parte de
las letras, algo que le sucedió
en un par de cortes. No sé
si tenía resaca o jet
lag, pero restó bastante
a la impresión general
porque luego cantó muy
bien, en su línea, se
le oía bajo pero aceptable,
como en “Dark are the
veils of death”. No es
Messiah pero casi y le imprime
su propia interpretación
que no queda nada mal. Por supuesto,
“Samarithan” la
hace suya porque desde tiempos
inmemoriales Solitude Aeternus
(su conjunto de siempre) la
tocaban. No había excesiva
gente para verles pero sí
que estábamos unos cuantos
fanáticos de los suecos
que con estos tres temas estábamos
metidos de lleno en la actuación.
No obstante,
era el momento de la actualidad
y para ello escogieron las previsibles.
Por una parte, “If I ever
die”, una de las composiciones
más cañeras de
toda su carrera, ideal para
el headbanging; unida por la
guitarra de Lars Johansson,
la genial “The hammer
of doom”, una elegía
digna de los Black Sabbath más
inspirados con un riff a lo
Tony Iommi que te deja boquiabierto.
En “If I ever die”
es donde Lowe se olvidó
un trozo y deslució la
ejecución pero no importó
porque se salieron. La gloria
estaba a su alcance y “At
the gallows end” significó
un clímax en todos los
presentes porque ese tema es
pura dinamita y emoción,
en una reflexión del
reo ante su inminente muerte.
Para rematar la faena, “Solitude”,
sin duda su canción más
conocida. No sonó especialmente
bien pero pudimos disfrutarla.
Se me hizo raro que cayera tan
pronto porque quedaba más
de un cuarto de hora de concierto
pero más extraño
me pareció que, al concluir,
se marcharan.
Estaba atónito
ante lo acontecido y no encontraba
explicación. Luego, en
la firma de discos, nos comentaron
que les habían dicho
que tenían que terminar
pero no encajan las piezas porque
no iban con retraso. Menos aún
me cuadra el asunto cuando regresaron
y en vez de hacer una suya cogen
y se marcan el “Kill the
king” de Rainbow para
regocijo popular y cabreo monumental
del equipo de Cuantoyporquetanto.
Aunque sea que se toquen una
del “Dactylis glomerata”
pero que, al menos, sea de Candlemass.
Un desastre total de una actuación
mutilada, que llevaba camino
de ser muy grande pero un mal
samaritano nos privó
de lo que merecíamos.
Le pediremos explicaciones.
PRIMAL
FEAR: SUENAN LAS ALARMAS
Llevaba un
tiempo descansando de las huestes
de Ralph y Mats. Es saludable.
Acostumbrado a verles cada tres
meses, y dado que la gira en
la que abrieron para UDO coincidió
con Gorefest en Madrid, el hecho
de permanecer más de
dos años sin un concierto
hizo acrecentar mis ganas de
Primal Fear. A esto ayudaba
que de no interesarme nada su
propuesta musical, “New
religion” y, en menor
medida, “16:6” han
reactivado mi pasión
por el quinteto alemán.
No se agolpaba demasiada gente
en torno al escenario porque
quedaban más de diez
minutos pero, casi por sorpresa,
saltó la intro que acompaña
la salida de los germanos. Situación
pareja a la vivida con Lita
Ford una semana antes, cogió
desprevenida a una gran mayoría
que tuvo que apresurar su paseo
desde las tiendas para llegar
con la descarga empezada. Malo
que comiencen tarde y acorten
el set, pero hacerlo antes sin
avisar no es muy normal, por
lo que el concierto fue aumentando
en asistencia según se
desgranaban canciones.
Nada más
irrumpir en las tablas comprobamos
que Magnus Karlsson no se encontraba
presente. Según anunciaron
unos días antes, Magnus
había sido padre de gemelos
y no estaba disponible para
la semana previa al Metalway;
sin embargo, creía que
en Zaragoza sí le veríamos
pero tampoco. Eso sí,
Ralph Scheepers en la presentación
de la banda no mencionó
nada sino que se limitó
a pedir el aplauso para Alex
Beyrodt, igual que para el resto
de compañeros. Alex,
como sabéis muchos, es
un avezado guitarrista que formó
Silent Force con el gran D.C.
Cooper, además de pertenecer
a Sinner. Recientemente, comentamos
en estas páginas su disco
como Voodoo Circle, un ejercicio
destacado de metal neóclásico.
Junto a Henny Wolter se repartieron
los solos de manera eficiente.Por
cierto, que Ralph dijo Alex
Beyrodt de las Islas Canarias,
por lo que supongo que, como
tantos compatriotas allí
vivirá. Además
de los líderes Mats y
Ralph, el enorme baterista canadiense
Randy Black completa un quinteto
poderoso.
La actuación
dio inicio con “Under
the radar” de “16:6”
que tuvo bastante protagonismo
en esta hora de la comida en
España. El sonido no
era malo con dos matices. El
doble bombo retumbaba y ocultaba
al resto de instrumentos y el
micro de Scheepers, en un momento
dado, tuvo problemas, tantos
que el vocalista se cogió
un cabreo monumental hasta que
se solventaron. El repertorio
fue una especie de “cuentos
de ayer y de hoy” que
dirían los Ñu.
Si exceptuamos “Metal
is forever” la época
intermedia de Primal Fear fue
ninguneada cosa que, por otro
lado, no me extraña porque
no se acerca en calidad ni a
la primera ni a las últimas
entregas. De esta forma, iban
mezclando cortes conocidos por
todos como “Batallions
of fate” o “Nuclear
fire” con novedades tipo
“Killbound” o la
propia “Six times dead
(16:6)” que quedó
especialmente rotunda en directo.
Para mí, la prueba del
8 es si un show baja cuando
suenan cosas recientes y os
aseguro que no es el caso. Es
más, “Fighting
the darkness”, el increíble
corte de “New religion”,
fue de las más aplaudidas
aunque no la interpretaron en
su totalidad y los teclados
estaban grabados. Su segunda
parte, “The darkness”,
se sustituyó por solos
de guitarra infumables que sí
hicieron que la actuación
se resintiera.
En el colmo
de la mala suerte, cuando regresan
todos los miembros y encaran
“Riding the Tagle”,
la canción que abre “16:6”,
se hicieron patentes los fallos
del micrófono, que iba
y venía sin saber muy
bien Ralph por qué. Cambió
de aparato, se fue al ordenador,
pero nada. Se oyó el
chorreo que le echó a
los técnicos y cómo
maldecía. Por fortuna,
fue solo un tema y en “Metal
is forever” se escuchó
con nitidez. Como es habitual,
la gente acogió “Metal
is forever” en plan estelar
cuando me parece una composición
absurda y aburrida. No lo entiendo.
Será que voy contracorriente.
Con ella se marcharon momentáneamente
pero no tardaron en dar carpetazo
a su set list con la fenomenal
“Chainbreaker” de
su debut que nos dejó
a todos satisfechos. Como suele
suceder en estos casos, nos
faltaron cosas aquí y
allá lo que significa
que el concierto estuvo bien.
Esperaremos hasta octubre, en
donde regresan con Brainstorm
en un tour que promete. Por
ahora, el veredicto es que he
recuperado la fe en Primal Fear.
Probablemente, si me acostumbro
de nuevo a verlos “cada
fin de semana” caiga en
la apatía, así
que, aprovechemos la conyuntura.
DESTRUCTION:
UN PASEO POR EL INFIERNO
La explicación
de los problemas de conexiones
en los vuelos para poner en
la infame carpa metal a los
Destruction no se los cree nadie
porque con cambiar un poco los
horarios y acoplarse todos habría
valido. Total, que como Primal
Fear acabaron antes (salieron,
como hemos comentado, más
pronto de lo estipulado), el
trío liderado por Marcel
Schmier no había iniciado
su actuación. Se produjo
una espera que incidió
en el solapamiento inevitable
de estos y Pretty Maids. Como
había que elegir, opté
por los daneses que los tengo
“menos vistos”.
Con todo, nos acercamos un rato
a comprobar las “excelencias”
del antro que decían
llamar escenario. Es innoble
meter ahí a un grupo
porque no se reunían
las condiciones mínimas.
No sé si Schmier a lo
largo de la descarga hizo comentario
al respecto porque no se suele
morder la lengua.
Sea como fuere,
las tablas, que servían
para ciertos sujetos pincharan
las misma canciones durante
todo el día, se acopló
mínimamente para que
los de Baden Wurttemberg pudieron
disfrutar de unas condiciones
mínimas. Como era previsible,
y dado que Destruction no son
AOR precisamente, la bola de
sonido que se creó resultó
infecta. Mark, Mike y Marcel
lo estaban dando todo pero era
imposible. La gente, que es
“burro grande, ande o
no ande”, se lo pasaba
pipa y aguantaba el peor enemigo
posible de la carpa: el calor.
Te adentrabas dos metros y era
indescriptible. La estancia
a pleno sol era más agradable
y llevadera que la carpa metal.
Me pareció extraño
que no evacuaran a alguien porque
soportar eso se me antoja inhumano.
Unos héroes los que se
metieron al corazón de
la “jungla”.
El rato que
vi estuvieron como siempre,
demoledores. Abrieron con “Soul
collector” de “Inventor
of evil”, un disco que
no pasará a la historia
pero que es mejor que su última
obra, y muy pronto tiraron de
“Bestial invasion”
que, en otras ocasiones, iba
al final del set list. “D.evolution”
nos recordó por qué
el álbum homónimo
decepciona tanto y “Eternal
ban” redundó en
esta impresión de que,
compositivamente, cualquier
tiempo pasado fue mejor. Mientras
estaba flipando con “Life
without sense”, una de
mis preferidas, me di media
vuelta y Pretty Maids ya asomaban
por el escenario principal por
lo que pusimos rumbo a éste.
Destruction continuaron arrasando
y seguramente caerían
las habituales “Mad butcher”,
“Nailed to the cross”,
“Curse the gods”,
“Total desaster”,
etc. Caballos ganadores.
PRETTY
MAIDS: NO HAY DOS SIN TRES
No se puede
titular de otra forma la crónica
de los daneses porque a mí
no me molestan pero suena a
chiste que estén tres
años seguidos en el Metalway,
Monsters Of Rock o como se llame
este evento. O han hecho alguna
promesa a la Virgen del Pilar
o es incomprensible. La única
cuestión era dilucidar
si Pretty Maids se iban a marcar
un repertorio completamente
distinto porque, en ese caso,
la presencia estaría
más que justificada.
Vale, “Future world”,
“Red hot and heavy”
y, si acaso, “Back to
back” deben estar, pero
el resto no hace falta porque
poseen cantidad de material
como para confeccionar un conjunto
de canciones excelente y del
agrado del respetable que aguantaba
estoicamente el calor que a
esa hora azotaba Zaragoza. Pero
no, es mucho más fácil
repetir los mismos cortes una
y otra vez, en un deja vu del
que solo echaba de menos los
nubarrones lejanos que se acercaban
desde el Moncayo doce meses
antes.
Tampoco quiero
exagerar porque alguna cosilla
novedosa sí que hubo,
además de una alteración
sustancial del orden pero eso
es secundario. “Future
world” puso Valdespartera
en aviso aunque muchos la escucharon
de camino desde las tiendas
o la carpa metal. Es imposible
no venirte arriba con esta composición
pero la sorpresa llegó
con “Lethal heroes”.
Acostumbrados a “Rock
the house” de “Jump
the gun” que escogieran
su tema de apertura, y favorita
personal, me encantó.
Lástima que Ronnie Atkins
sufrió muchísimo
con ella. Al bueno de Ronnie
le noté más cascado,
se ahogaba, no sé si
por el calor o porque no había
calentado suficiente la voz.
La guitarra de Ken se oía
pero no todo lo nítida
que mereceríamos. No
obstante, el sonido no era muy
malo, simplemente mejorable,
porque, por ejemplo, los teclados
de Morten Sandanger de Mercenary
sí que estaban puestos
en su justa medida.
Ya digo que
“Lethal heroes”,
que vuelve loco, no me enganchó
del todo como tampoco “Welcome
to the real world”. Ésta
la podían haber cambiado
perfectamente por otra de su
maravilloso última trabajo
porque repetirla respecto a
2008 cuando no es un clásico
del grupo está de más.
Eché en falta un concierto
más dinámico porque
los parones entre canciones
eran excesivamente largos y
Ronnie gusta de pedir la colaboración
de la audiencia, a veces erróneamente,
porque es atrevido suponer que
los presenten conocían
“Walk away” por
mucho que fuera single porque
pertenece a “Scream”,
un disco que la mayoría
no escuchará en su vida.
Digamos que “Walk away”
fue la sustituta natural de
“Sin decade” en
representación de años
no tan exitosos en el quinteto
danés. Si me hubieran
dejado, habría sido más
acertado algo más trallero
como “Nightmare in the
neighbourhood” por elegir
otra de “Sin decade”.
Por suerte,
nos olvidamos rápidamente
de ella porque llegó
el punto culminante de su show
con la recuperada “Yellow
rain” de “Future
world”. Librarnos de “We
came to rock” es importante
pero si su sustituta es esta
excelsa composición,
el cambio es exponencial. Ovación
para los de Jutlandia. Siguiendo
este segmento brillante saltó
en los bafles el “Carmina
Burana” y la emoción
se desató con la versión
de Hammerfall… ¡perdón!
Dejémonos de ironía
y comentemos las excelencias
de “Back to back”
con Atkins bastante más
acertado que en los compases
iniciales. Para completar el
trío de imprescindibles,
la comercial “Rodeo”
que sí suele entrar en
todas las rotaciones. Considero
que el concierto ya había
merecido la pena. No se puede
calificar de glorioso pero sí
de notable, cosa que con los
precedentes no era fácil.
Hay que añadir que los
seguidores habituales u ocasionales
de los daneses contribuyeron
mucho a que Pretty Maids se
animaran.
Con “Please,
don´t leave me”,
la versión de marras
del tema escrito por John Sykes
e interpretado por Phil Lynott
justo antes de que John se uniera
a Thin Lizzy que, curiosamente,
es el single más famoso
de Pretty Maids, Atkins descansó
un ratito dejando al público
que cantara el estribillo de
la balada. “Love games”,
la cuarta (sobre diez totales)
de “Future world”
hicieron el amago de irse pero
quedaba, lógicamente,
“Red hot and heavy”,
un corte que no es de los que
idolatro dentro de la extensa
discografía del quinteto
pero comprendo que debe estar
siempre. Reitero que la sensación
global es que Pretty Maids nos
ofrecieron un buen espectáculo,
quizá el máximo
de lo que pueden dar de sí
hoy en día pero que les
deja en buena posición.
Es una pena que no sean tan
grandes como ellos piensan que
deberían para afrontar
una gira europea de garantías
que les trajera a nuestro país
con un repertorio completo.
DARK
TRANQUILLITY: DEMASIADO CERCANOS
(II)
Toda la introducción
que hicimos para Amor Amarth
se puede aplicar a sus compatriotas.
Dark Tranquillity se pasaron
por algunas localidades españolas
a finales de enero con éxito
rotundo de público y
crítica. Si bien se centraron
en exceso en sus obras más
recientes dejando de lado el
material antiguo, el nivel fue
muy alto y todos nos sentimos
satisfechos con aquella gira.
Por lo tanto, para los que acudimos
entonces no había aliciente
salvo el lógico entre
los fanáticos del grupo
que desearían tenerles
cada tres semanas por aquí.
Este concierto en el Metalway
estaba reservado para los sufridos
metaleros de lugares que no
tienen la suerte de ser sede
habitual de los tours que recorren
la península Ibérica.
Sin embargo, siempre te queda
la esperanza de que los suecos
se hubieran guardado un as en
la manga en forma de canción
“oscuro” dentro
de su catálogo. Es evidente
que el optimismo dentro de la
música solo se materializa
en casos que se cuentan con
los dedos de una mano.
En la línea
desde la salida de Primal Fear
el concierto de unos de los
precursores del sonido Gotemburgo
comenzó antes de lo previsto,
cinco minutos. Aun así,
bastante público se agolpaba
delante del escenario porque
si bien el calor no había
remitido, la psicología
humana funciona a tope por no
estar a las horas centrales
del día porque, perdón
por el inciso, cuando se suelen
marcar las temperaturas más
elevadas en las ciudades y alrededores
es a las siete de la tarde porque
el asfalto y el calor intrínseco
de la urbe hace que andar por
las calles parezca hacerlo por
el mismísimo infierno.
Con la maravillosa “The
treason wall” comenzaron
Dark Tranquillity un concierto
estándar, ni bueno ni
malo, una actuación correcta,
que para siempre supone no decepcionar
pero que tampoco pasará
a los anales de la historia
del festival. “Lost to
apathy” animó a
una audiencia que estuvo más
parada de lo que hubiera imaginado,
esto es, disfrutaba pero no
se volvía loca, tal vez
por lo anteriormente comentado
sobre las prestaciones del sexteto
en directo.
Mikael Stanne
estuvo bien aunque detecté
que quizá tenga en breve
problemas de voz nuevamente
porque se le está “blackerizando”,
creo que me entenderéis
si utilizo esta palabra inventada.
“The lesser faith”
y “Focus shift”
fueron las primeras apariciones
de “Fiction”, un
álbum que, para mí,
día a día gana.
No es un clásico ni se
encuentra en mi top3 del grupo
pero supera con creces a “Character”,
para mi gusto (aunque no el
de la mayoría) el único
lunar de su increíble
trayectoria. El sonido no era
nítido sino más
bien opaco con la guitarra de
Nicklas Sundin en un segundo
plano, tapada por el resto de
instrumentos. El sector más
destacable de la descarga vino
al enlazar dos cortes tan grandiosos
como “The wonders at your
feet” y la imprescindible
“Final resistance”
donde, ahora sí, se vio
más movimiento entre
los fans. De vuelta a “Fiction”,
otro par de composiciones no
tan inspiradas ahondaron en
la enésima presentación
del disco. Reitero que es muy
bueno pero de doce temas escoger
seis para tocar en el Metalway,
máxime cuando en breve
grabas una obra nueva, no parece
excesivamente inteligente ni
lógico.
Otro momento
álgido, fue “ThereIn”
de “Projector” donde
Stanne invitó al público
a que cantaran con él
la parte de voz melódico,
y a fe que lo hicimos. La único
cosa “rara” que
presenciamos en el show fue
que Mikael, tres lustros después,
se enfundó la guitarra
para tocar los primeros acordes
de “Yesterworld”.
En Madrid también nos
habían puesto el caramelo
pero lo hizo Martin Henriksson
directamente. Aquí Stanne
rememoró los inicios
de Dark Tranquillity donde él
se ocupaba de las seis cuerdas.
Como viene siendo costumbre
en la gira, cuarenta segundos
y a darle con “Punish
my heaven”, la única
que cayó del seminal
“The gallery”. El
repertorio se completó
con “The mundane and the
magic” y “Terminus
(where death is most alive)”
y yo me vuelvo a preguntar el
por qué tienen que interpretar
“The mundane and the magic”
si se obligan a llevar enlatada
la voz femenina. Para eso, que
opten por una de las múltiples
canciones mejores que esa que
tienen en su extensa carrera.
“Terminus” me temo
que nos la “comeremos”
de por vida pero es lo que hay.
No voy a afirmar rotundamente
que el concierto de Dark Tranquillity
me sobró pero a poco
que hubieran puesto una formación
no demasiado habitual (aunque
no fuera de mis preferidas)
fijo que me habría hecho
más ilusión. Es
el problema de este Metalway,
que un adicto a las giras y
con edad superior a veinticinco
ha visto demasiadas veces a
casi todos.
MOONSPELL:
DEMASIADO CERCANOS (III)
¡Qué
decir, entonces, de los paisanos
del inefable Cristiano Ronaldo!
En este caso, un mes desde que
el desafortunadísimo
periplo europeo con Cradle Of
Filth y Turisas nos rindiera
visita y ya teníamos
por aquí a unos abonados
a los festivales de Rock N Rock
y, en general, de la península.
La pregunta sigue en el aire,
aunque también la podéis
chequear en la crónica
del mencionado tour. ¿Por
qué Moonspell solo aparecen
por aquí en grandes eventos
y como teloneros? Es un misterio
sin resolver (desde aquí
nuestro homenaje al gran Julián
Lago) porque la última
vez que los trajeron a dar un
concierto de cabezas de cartel
(en la época del “Darkness
and hope”) la entrada
que registró la sala
Heineken de Madrid fue más
que notable. Por lo tanto, resulta
incomprensible que no haya nadie
que se plantee llamarles por
teléfono a Lisboa, que
cojan la furgoneta y estén
un fin de semana por España.
No tengo dudas sobre la rentabilidad
de la jugada.
Lo que pasa
es que yo no soy promotor por
lo que toca apechugar con esto.
Imaginaos mis ganas de Moonspell
a estas alturas de la película.
Sabía, por supuesto (la
inocencia y esperanza se me
acabó en Dark Tranquillity),
que no cabría el corte
recuperado o las variaciones
del set list. Nos íbamos
a tragar el mismo espectáculo
que con Cradle y, si acaso,
por motivos de tiempo, una canción
más. Esto merece una
reflexión porque no es
que lo haya descubierto ahora
sino que ha sido más
el paso del tiempo. El endurecimiento
de los lusos en sus últimos
trabajos es indudable. Podemos
aplaudir este hecho pero se
han convertido en un grupo más
“normal” y “convencional”.
Antes emanaban química
y sus canciones tenían
una magia especial (en determinados
álbumes) pero ahora,
sí, molan, se dejan oír,
pero no destacan sobremanera.
Esta es mi opinión y
por ello no es que me hayan
dejado de interesar porque siempre
sacan cosas que merecen la pena
pero actualmente no les tengo
en el pedestal que hace años.
Ante un recinto
bastante poblado y con cuatro
o cinco banderas portuguesas,
el quinteto saltó con
“At tragic heights”,
el extenso tema que abre “Night
eternal”. El sonido no
era malo pero seguía
en la tónica general,
le falta brillo y lustre. Únicamente
Manowar tuvieron ese plus que
se necesita para catalogar este
aspecto como positivo. Como
si estuviera viviendo un deja-vu
permanente, siguieron por “Night
eternal” y la sobresaliente
“Finisterra”. ¡El
orden exactamente igual que
en mayo! Es que ni en eso se
puede alterar un poco la dinámica.
“Finisterra” gustó
mucho entre la audiencia que
gritó a rabiar con “Opium”,
ejecutado de forma manifiestamente
mejorable, en particular por
un Fernando Ribeiro cada día
más metido en el papel
que “interpretó”
en su efímero proyecto
Daemonarch. Esto hace que los
tonos rasgados de los años
iniciáticos de Moonspell
queden raros con estas tesituras.
Por cierto, a ver si de dan
cuenta que sin Anneke no pueden
tocar “Scorpion flower”
en directo. Es como Dark Tranquillity
con “The mundane and the
magic”, no sé qué
perra les ha entrado.
Finalmente,
no metieron más temas
(¿Por qué una
hora en festival la mayoría
de grupos lo consideran sinónimo
a diez canciones?) pero sí
alteraron un par respecto al
mes pasado. “Moon in mercury”
y “Luna” dejaron
paso a “Blood tells”
de “Finisterra”
(muy buen tema) y la excelente
“Nocturna” del,
para mí, su último
gran trabajo, “Darkness
and hope”. Como podéis
suponer, considero que fue el
mejor rato de la tarde porque
de aquí hasta el final
no había que ser muy
listo para saber que restaban
únicamente “Vampyria”,
que jamás entenderá
el por qué se le tiene
tanto cariño cuando es
la menos buena de la obra maestra
“Wolfheart” (no
cuenta “Tebraruna”
que veo venir a alguno), “Alma
mater” que de tanto que
la he escuchado por primera
vez no me hizo volverme loco
y “Full moon mandes”,
que sí, que es una canción
especial para ellos y todo lo
que queráis, pero le
daría una temporadita
en el banquillo en pro de otras
de “Irreligious”
como ya comenté en la
crónica de la gira.
Estamos ante
el mismo caso de Dark Tranquillity
y Amon Amarth aunque reconozco
que con Moonspell disfruté
un poquito más. Son enormes
bandas, con bagaje y calidad
de sobra para deleitarnos, pero
tantas veces con, salvo alguna
excepción, los mismos
temas satura al fanático
número uno. Creo que
los lusitanos, en su próxima
entrega, deberían plantearse
un lavado de cara del repertorio.
Con dejar “Opium”
y “Alma mater” debería
ser suficiente, así podrían
dar cobertura a un montón
de composiciones que están
esperando turno y sus seguidores
agradecerían. Y, por
supuesto, dejar de ser teloneros
de Cradle Of Filth (¿Fernando
y el pequeñín
Dani pareja de hecho metálica?)
y embarcarse en su propia gira.
Sé que estoy soñando
despierto pero como es gratis,
lo suelto.
GOTTHARD:
EL HABITAT NATURAL
La tarde iba
cayendo en Valdespartera y musicalmente
daba un giro radical. De bandas
más cañeras (dentro
de su melodía) como Dark
Tranquillity o Moonspell pasábamos
a un conjunto como Gotthard
cuya propuesta es ideal para
pabellones, estadios o festivales
como éste. Es paradigmático
el caso de los suizos. De no
venir jamás a España,
gracias a “Lipservice”
se convirtieron en una de las
formaciones más demandadas.
Por ello, nos los encontramos
hasta en la sopa. Así,
contando con que “Lipservice”
se editó en 2005 contaría
tres giras de cabezas de cartel,
Metalway de Guernica, evento
motero, Lorca, Kobetasonik y
ahora nuevamente en la cita
veraniega de Rock n Rock. Incluso
estoy seguro que alguna se me
olvida. Menuda sobre exposición
a Steve Lee, Leo Leoni y compañía.
No obstante, esta actuación
presentaba dos aspectos fundamentales.
El primero es que se trataban
de los shows de despedida de
“Domino effect”
porque en otoño volverán
a nuestra país pero ya
con disco debajo del brazo,
“Need to believe”,
del que he escuchado el single
y, bueno, no me dice nada, es
un tema para atraer al gran
público, esperemos al
resto porque no creo que defraude.
En segundo lugar tenía
que comprobar si la tendencia
a la bajas de sus últimas
visitas seguía, con lo
cual problema al canto, o habían
recuperado las ganas. En mi
opinión, la gira del
“Domino effect”
no fue todo lo buena que debía,
en particular porque Steve estaba
muy tocado de la voz.
Los fans de
Gotthard han salido de debajo
de las piedras en estos últimos
ejercicios. Cualquier hard roquero
que se precie debe afirmar que
les conocía desde la
demo. Por ello, todos los condicionantes
externos eran favorables, solo
quedaba que el sexteto diera
un buen show y a fe que lo hicieron.
Salieron con muchísima
fuerza y ese “Master of
illusion” que es ideal
para comenzar una descarga.
La más moderna y rítmica
“Gone too far”,
también de “Domino
effect”, nos dejó
claro que no habían venido
a cumplir. Además, Steve
Lee no solo ha recuperado sus
registros habituales sino que
gracias a su clase y carisma
llevó en volandas a una
audiencia que coreó las
canciones con ilusión.
Como era previsible, el repertorio
se centró en los dos
últimos discos y solo
obtuvimos pinceladas de su prolífica
carrera como la genial “Top
of the world”, siempre
punto de referencia y destacable.
Otro aspecto
a comentar es que se dieron
cuenta dónde estaban
y se olvidaron de las baladas.
Solo un corte lento, “The
call”, y un par de medios
tiempos. El resto, composiciones
marchosas como el clásico
de Deep Purple “Hush”
(aunque la han hecho “suya”
en un set list reducido no la
metería nunca) o la trallera
“All we are”, que
daba inicio a “Lipservice”,
que cosechó una de las
ovaciones de la tarde. Lee,
que como estaba en plan maestro
de ceremonias, sacó la
armónica con lo que suponíamos
que llegaba “Sister moon”
que se ha quedado como única
referencia a “G.”,
al menos en estos conciertos
de verano. Me extrañaría
que no tuvieran entrada “Make
my day”, “Mighty
queen” o, sobre todo,
“One life, one soul”.
Puestos a explorar el pasado,
la potente “Mountain mamma”
hizo que los “actores
secundarios”, que no por
ello menos importantes, jugaran
su baza y tanto Freddy con su
solo como la base rítmica
formada por Marc Lynn y Hena
Habegger dieron empaque a la
magnífica composición.
La última
parte de la actuación
se centró en “Lipservice”,
comenzando con “Said &
done”, que se ha asentado
por encima de otras canciones
más fáciles de
oír como “Dream
on”. Antes de la traca
final, la adictiva “The
oscar goes to you”, para
mí la mejor de “Domino
effect”, un álbum
cuyo único “defecto”
es haber salido después
de “Lipservice”
que, se acepte o no, es un joya.
Prueba de cómo ha calado
en la gente fue “Lift
U up”. Tremendo cómo
botaba el público, tanto
que la banda quedó alucinada
y eso que ya están acostumbrados
a ver cómo nos las gastamos
en España. Cerraron con
otro de los singles de “Lipservice”,
la fantástica “Anytime,
anywhere”, aunque sin
bailarina. Esto es una anécdota
porque el concierto solo puede
ser calificado de notable alto.
Si estás acostumbrado
a ver a Gotthard en directo
no hubo sorpresas pero no me
quedan dudas que su hábitat
natural son los escenarios grandes,
con un público dispuesto
a pasarlo bien y cantar la multitud
de himnos de hard rock que los
suizos poseen. Iba a decir que
nos veíamos en la gira
de otoño pero algún
inteligente promotor no ha tenido
una idea más brillante
que hacerles coincidir en Madrid
con Over The Rainbow por lo
que me temo que dejaré
a los de la Confederación
Helvética para la “segunda
vuelta”.
STRATOVARIUS:
¿ES SIN TIMO UN TIMO?
Sí,
lo sé, he tirado de título
fácil pero es que lo
han dejado a huevo. El bochorno
y la vergüenza ajena que
han provocado Stratovarius en
este último lustro es
directamente proporcional a
la ínfima calidad de
todos sus trabajos desde “Infinite”.
Porque podemos asentir o dejarnos
llevar pero es innegable que
los finlandeses son uno de los
pocos grupos que mantuvieron
la llama del heavy metal viva
en los noventa. ¿A costa
de qué? Dirán
muchos, con razón. Probablemente
a costa de desorientar a mucha
gente joven pensando que los
sonidos clásicos son
los suyos o los Helloween, Gamma
Ray, Blind Guardian o el resto
de formaciones que, con mayor
o menor acierto, se denominan
power metal europeo. La oleada
de “felicidad” se
acabó y todos ellos evolucionaron,
casi siempre con poco acierto,
pero se han mantenido en una
línea de seguimiento
bastante importante, comparado
con el resto de bandas que pululan
por la escena. Después
de los grandes nombres, son
este tipo de conjuntos los que
más atraen al público,
nos guste o no.
La cuestión
no es esa, radica en algo más
grave. Desde 2003 Stratovarius
se dedicaron a cavar su propia
tumba. Es verdad que el artífice
del drama fue Timo Tolkki pero
la actitud de sus compañeros
(comenzando por Jens Johansson)
no contribuyó a que la
cosa mejoró. Después
del surrealista episodio de
Granada (apuñalamientos,
micciones inapropiadas, litros
de alcohol y todas las salvajadas
que queráis añadir),
parecía imposible que
alcanzaran cotas más
altas de ridículo (el
pasaje de Miss K. como vocalista
es lo más grande que
he visto en años) y optaron
por terminar una etapa. Sin
embargo, la cabeza distraída
de Tolkki no daba para mucho
porque el disco homónimo
fue una decepción para
la mayoría de sus seguidores.
El guitarrista anunció,
el año pasado, la disolución
del grupo pero no, sus compañeros
no estaban dispuestos y replicaron
que Stratovarius seguirían
vivos y coleando pero sin la
presencia de su miembro más
longevo (que no fundador). Realmente
lo intento pero pensar en Stratovarius
sin Tolkki se me hace difícil,
muy difícil.
La consecuencia
de todo esto es que el otrora
reputado guitarrista se ha montado
su propia versión del
grupo con ex compañeros
de la etapa “Dreamspace”
mientras que los cuatro quintos
restantes tiran hacia delante,
reclutan a Matias Kupiainen
a las seis cuerdas y lanzan
al ruedo “Polaris”.
De Matias poco sabemos, únicamente
que proviene de formaciones
menores de death metal, pero
por lo que demostró en
el Metalway podemos concluir
que posee habilidad y técnica,
ejecutando correctamente los
cortes antiguos. Eso sí,
es como una fregona, el tío
se colocó en su lado
del escenario y no se movió
nada. Parecía como el
niño pequeño que
le dicen: “Quédate
aquí y no molestes”.
Kupiainen, obediente, acató
lo que sus jefes le dijeron
(o, acaso, él es así)
y se dedicó a tocar como
un mecano. Si esto es lo que
el resto quiere, perfecto, pero
ya veremos qué viabilidad
tiene el quinteto. De “Polaris”
poco voy a decir porque no lo
he escuchado lo suficiente pero
es el típico caso de
“vuelvo a lo de siempre
pero intento matizarlo y me
quedo a medio camino”.
Si encima la inspiración
no llega…
Había
expectación pero más
dirigida al morbo que por la
emoción de ver de nuevo
a Stratovarius en acción.
La banda era consciente y sabía
que tenía que dar un
golpe de efecto rápidamente
para meterse a la gente en el
bolsillo. Uno de sus singles
más conocidos, “Hunting
high and low” abrió
fuego con un sonido irregular
pero aceptable que se prolongaría
en los escasos cincuenta minutos
que permanecieron sobre las
tablas. “Speed of light”
cabalgó con velocidad
y penetró en sus fieles
que botaron sin parar. Ya me
di cuenta de por dónde
van los tiros en esta “nueva
banda”. Jens Johansson
parece “el capo”.
Curioso que siempre había
estado relegado por todos sus
jefes. Lauri es el que aporta
dinamismo. Kotipelto bastante
tiene con centrarse en no desafinar
y Jorg Michael cumple pero está
“a otra cosa” (lo
de no quitar las gafas de sol
es de traca). Con “Kiss
of Judas” completaron
un inicio de ensueño
para cualquier fan que se precie.
Sin embargo,
hete tú que el concierto
pegó un giro de ciento
ochenta grados con “Deep
unknown”, la primera canción
de “Polaris”. Dijeron
que ya bastaba de clásicos
y optaron por temas del “Infinite”
en adelante, material más
complejo (y mucho peor). “A
millions light years away”
pasó con más pena
que gloria e “Eagleheart”
quedó en evidencia porque
no le llega ni a la suelta del
zapato a las composiciones antiguas.
La balada nueva “Winter
skies” (con solo de teclados
de la “estrella”
Jens Johansson) va en la línea
de “Forever” pero
a años luz. Con “Higher
we go” completaron la
triada de canciones recientes
y no cosecharon excesivos aplausos
porque, para entonces, el show
se había venido abajo
irremediablemente y ni una aturullada
“Black diamond”,
con la intro de teclados de
Johansson, salvó los
muebles de una actuación
que comenzó bien pero
se fue diluyendo como un azucarillo.
Para colmo, no solo nos “robaron”
diez minutos sino que Lauri
cogió el micrófono
cuando se despedían y
nos pidió que contáramos
hasta cuatro en finlandés,
que él nos enseñaba.
Moraleja: El alcohol, en dosis
elevadas, es muy malo y deja
secuelas.
IMMORTAL:
DIOSES VIKINGOS ENTRE LA ESPAÑA
CAÑÍ
De las mejores
confirmaciones del Metalway
era la presencia de Immortal,
seis años después
de su última actuación
en nuestro país. Después
de su asueto, retomaron sus
actividades en directo (y, en
breve, editarán su esperadísimo
álbum) y ahora le tocaba
el turno a España. Tuve
la suerte de verles en el Graspop
el año pasado y fue espectacular.
Enorme actuación, de
lo mejorcito del festival, coronada
por pirotecnia y fuego. Éxito
rotundo de un trío que
posee una característica
de la que ya podrían
aprender muchos (empezando por
los que tocaron después
que ellos): la autoparodia.
Estos noruegos saben reírse
de sí mismos y tomarse
el black metal como lo que es,
un estilo de música que
nos ha ofrecido discos geniales
y algunas de las situaciones
más deplorables que se
pueda imaginar el ser humano.
Por eso, el humor está
muy bien, sobre todo si cuando
se pone a tocar no dejan enemigos
a su paso…
Olvidaba un
pequeño detalle. Aquí
esto del black como que no se
entiende bien en un festival
tradicional como este Metalway
y es cosa de “osos panda”
muy colgados que hacen un ruido
infernal. Por eso, la desbandada
después de Stratovarius
fue masiva y no hubo más
porque había que guardar
sitio privilegiado para ver
a los “kings of metal”.
Total, que cuando Immortal salían
al escenario se podía
estar a una distancia prudencial
sin ningún agobio. Si
es que está claro que
es mejor ver a unos acabados
que a estos “impresentables”
escandinavos, ¡a dónde
vamos a parar! Dejo las ironías
porque, y esto sí que
es serio, Abbath, Horgh y Apollyon
se iban a encontrar con un adversario
más contra el que no
pudieron combatir: el sonido.
Es evidente que Manowar no podían
ver eclipsada su descarga ni
por un momento y, “casualmente”,
Immortal tuvieron el sonido
más bajo de todo el festival
(incluyendo primer fin de semana).
¿Será culpa de
sus técnicos? Lo dudo.
Para buscar culpables, pasaos
por el camerino del “reyes”.
El repertorio
que escogieron dejó un
poco de lado su parte más
black ortodoxo tirando de canciones
épicas como viene siendo
habitual desde su retorno. No
obstante, intentó ser
equilibrado y contener un poco
de todo. Empezaron fortísimo
con “The sun no longer
rises”, única representación
de “Pure holocaust”,
y quizá uno de los cortes
más representativos de
su trayectoria porque irradia
magia, oscuridad y misticismo.
Reitero el asunto del sonido
porque fue de vergüenza
ajena. De “At the heart
of winter” solo recordaron
“Solarfall”, para
mí la menos gloriosa
de ese disco que, creo, representa
lo que Immortal quieren ser
a día de hoy. Con todo,
su vuelta, aparte de por motivos
económicos (como el 100%
de bandas, no lo olvidemos),
cobra sentido para continuar
el sendero marcado por “Sons
of northern darkness”,
su última obra de estudio
que ya tiene siete años,
y del que enlazaron tres canciones
seguidas. El tema que le da
título está bien
pero preferiría la gloria
suprema de “Beyond the
north waves”, de sus composiciones
más emotivas. Las que
no pueden faltar son “Tyrants”
y la “comercial”
(en parámetros Immortal)
“One on one” que
fue vitoreada por los pocos
seguidores auténticos
de los noruegos que se encontraban
en Valdespartera.
Abbath, siempre
socarrón, se dedicó
a repartir caretos extraños,
sacar la lengua y soltar comentarios
tan cachondos como “thank
you, ladies and motherfuckers”.
¡Menudo crack esta hecho!
Lo que pasa es que, en ocasiones,
el artista está muy por
encima de los que le están
viendo y en una parada al concluir
una canción, unos cuantos
gañanes empezaron a gritar:
“Manowar, Manowar”.
Patético y bochornoso,
muy propio de un país
de pandereta y tercermundista
en lo que a heavy metal se refiere,
que si les sacas de los tres
grupos de turno, no tienen ni
puñetera de qué
se cuece y luego van por los
bares de “perdonavidas”
del metal. Para todos ellos
debería haber caído
la ira de Odin porque sí,
muchachuelos, si el supremo
dios vikingo tiene que elegir
entre un individuo que dice
apellidarse DiMaio y tres guerreros
de Bergen, que Joel, Eric y
demás vayan temblando.
El trío
siguió a su bola, con
Horgh marcando sus frenéticos
ritmos (oí decir por
ahí que era un batería
limitado, es que me parto de
risa) o llevando en tempo en
temas como la maravillosa “Damned
in black”. Durante la
primera parte de la actuación
habían aderezado su espectáculo
con pirotecnia pero Abbath nos
tenía reservado una sorpresa
adicional. A mitad de “United
forces of evil”, Horgh
y Apollyon se quedaron solos
con sus instrumentos para que
el líder del grupo abandonara
un momento el escenario y retornara
con una antorcha para hacer
el clásico número
de fuego que, desde luego, es
más divertido que romper
cuerdas de bajo, dar discursito
o beber cerveza de un trago.
Les quedaba aún un rato
e interpretaron un tema que
no logré adivinar pero
podría ser nuevo, con
un estilo épica realmente
genial. Para cerrar su gran
actuación, que ni el
boicot pudo arruinar, “Batlles
in the north” enlazada
con un trozo de “Blashyrkh”.
Cumplieron con el tiempo que
tenían asignado, lo dieron
todo, acertaron con el repertorio
y ofrecieron algo más.
Sobresalientes.
MANOWAR:
FUEGOS DE ARTIFICIO Y FUNDAMENTO
El Metalway
agonizaba y solo faltaban ellos,
aquellos por quienes la mayoría
de los presentes habían
pagado su boleto. No voy a negar
que solo por Manowar se dobló
la asistencia del primer fin
de semana, si bien la coincidencia
con el Kobetasonik también
influyó. Con los “reyes
del metal” la controversia
está asegurada. Tienen
tantos seguidores como detractores,
aunque estos últimos
eran franca minoría porque
no vas a ir a un sitio directamente
a criticar. Considero que cuando
en disco han estado centrados,
los de Nueva York son más
grandes que la vida. Sus siete
primeros discos son ley y solo
bandas del calibre de Iron Maiden
o favoritos personales tipo
Riot o Savatage pueden competir
en sus septetos de entregas
iniciales con Joel y compañía.
Ahora bien, “The triumph
of steel” data de 1992,
desde entonces, ¿qué?
Tres trabajos y su nuevo EP
en el que proclaman con orgullo
que cantan un tema, el flojito
“Father”, en dieciséis
idiomas. De estos álbumes,
en mi opinión “Louder
than hell” está
bien aunque no llega, ni por
asomo, a sus predecesores, “Warriors
of the world” no me gustó
aunque ahora lo tolero mejor
y “Gods of war”
es mediocre. Si este último
lo hubiera firmado una banda
que no se llamara Manowar habría
sido masacrado.
Independientemente
de las valoraciones que cada
uno hagamos de su discografía,
donde está el punto flaco
del grupo es en sus directos.
Y no porque no puedan sino porque
no quieren. La gente es poco
exigente y queda satisfecha
con ver a sus ídolos
pero somos bastantes los que
necesitamos un show de verdad
de los grupos que amamos. Se
puede interpretar de diferentes
formas pero, para mí,
el amor a los fans no sacar
tías a magrearlas, leer
discursos interminables o regalar
las cuerdas de tu bajo después
de una ceremonia interminable.
Como ellos mismos dirían,
sobre un escenario, lo mejor
que nos deben ofrecer a sus
seguidores es salir a matar,
con el poder su heavy metal
épico y tradicional,
el de las pieles y los taparrabos.
Todo lo que no sea eso me parece
insuficiente. Mis experiencias
anteriores con el cuarteto habían
sido frustrantes por lo que
las expectativas que tenía
eran bajas. Sin embargo, cuando
adoras tanto discos como “Sign
of the hammer” o “Hail
to England” siempre te
queda la esperanza de que hagan
como en su festival el año
pasado o como en Bulgaria hace
un par, es decir, que nos deleiten
con un extenso repertorio lleno
de clásicos.
Antes de que
alguien piense que fui a Zaragoza
a pegarles un palito a los “kings
of metal”, voy a decir
que disfruté. Disfruté
más que en ninguno de
los anteriores conciertos de
los estadounidenses que haya
presenciado con anterioridad.
Tuvieron momentos vibrantes
y eso que pienso que el repertorio
resultó decepcionante,
muy parecido al del Metalway
de hace cuatro. Para colmo,
quitaron nada menos que “Sign
of the hammer”, “Black,
wind, fire and steel”
y “Carry on”, con
lo que tres discos tan fundamentales
como “Fighting the world”,
“The triumph of steel”
o “Sign of the hammer”,
además de “Into
glory ride”, quedaron
inéditos. Con todo, cuando
se pusieron a tocar me gustaron
y, encima, se marcaron un “Battle
hymn” jodidamente grande.
Sonaron como un tiro, hicieron
sus chorradas pero no abusaron
más de lo inevitable
(que sería intocable
en el resto de grupos) y Eric
Adams, aunque tiró de
reverb, estuvo pletórico.
Ahora bien,
a todos aquellos que salían
del recinto de Valdespartera
emocionados, yo les haría
una pregunta muy sencilla: ¿Es
ésta la mejor actuación
posible de Manowar? Si la respuesta
es positiva, me resultaría
muy triste; si es negativa,
no entiendo el por qué
del clamor popular por la banda.
No estoy hablando de imposibles,
es decir, que solo toquen del
material que más me atrae,
que estén tres horas
en las tablas o que se dejen
de interludio. No. Estoy barajando
la posibilidad de que sobre
el mismo número de temas,
se haga una elección
más racional del set
list y un mayor aprovechamiento
del tiempo. Lo siento pero más
variedad respecto a su anterior
visita y menos concentración
de canciones de obras “prescindibles”
(entiéndase el sentido
de la palabra) hubiera redundado
en que aquello, sin ser la panacea,
podría haber terminado
en éxtasis colectivo.
¿Mereció la pena?
Sí. ¿Podrían
haberlo hecho mucho mejor? También.
Como buenas estrellas se hicieron
esperar. La audiencia estaba
impaciente pero no había
movimiento en el escenario salvo
la colocación de sus
habituales muros de bafles flanqueando
la batería de Donnie
Hamzik que sustituye a Scott
Columbus en este periplo por
el viejo continente. En eso,
obviamente, hemos ganado. Aunque
Hamzik no es un virtuoso, ya
sabemos que Columbus es un fiasco
con las baquetas, incapaz de
reproducir determinados ritmos.
Por fin, cuando el reloj casi
marcaba la una y media de la
madrugada, con una noche ideal
para disfrutar de la música,
una voz en off nos anunció
la presencia de Manowar y advirtió
a los posers que abandonaran
el festival (en fin...) . Tras
esta bienvenida retumbó
la genial banda sonora de “Ben
Hur”. La emoción
se iba apoderando del respetable
y los sentimientos “metaleros”
explotaron con las salida del
cuarteto, bien embutido en cuero
y con sus armas de destrucción
masivas preparadas para el ataque.
Como no cabía otra, el
tema que da nombre a la banda
desató la ira de los
dioses. Aunque hubo que hacer
unos pequeños ajustes
y Eric necesitó un par
de cortes para estar a tope,
el sonido era impoluto y la
ejecución adecuada.
Alargaron
el final de “Manowar”
para poner unas cuantas posturitas
y hacer el clásico saludo
que fue correspondido por los
miles de fieles que había
entrado en catarsis. Más
aún, con la genial “Blood
of my enemies”, una de
las pocas composiciones inmortales
que tocaron. Lástima
que la repitieran con relación
a Guernica y perdiera el efecto
“razzia”. Es muy
grande pero la sustituyen por
“Hail to England”
o “Army of immortals”
y hasta a mí me da algo.
Me pareció curioso que
en 2005, cuando “Warriors
of the world” era aún
“el álbum a presentar”
solo ejecutaran dos temas y
en esta ocasión añadieran
“Hand of doom”.
Lo hicieron bien pero es lo
que comentaba antes, en un repertorio
no demasiado extenso se me antoja
que sobraba. Adams saludó
brevemente al personal y recordó
lo que adoran a sus fans, que
los hacen todo por ellos y bla,
bla, bla,… para, de inmediato,
levantar el ánimo de
un muerto con “Brothers
of metal, part 1” con
esa comunión de almas
metálicas coreando el
estribillo.
Ya podíamos
deducir una valoración
de lo que estábamos viendo.
El comienzo era notable. Karl
Logan muy parado, como siempre,
pero ya que no destaca, por
lo menos no le obligaban a que
intentara destacar; Donnie es
limitado pero no arruina las
canciones como Columbus; Joey
DiMaio no estuvo especialmente
activo y se dedicó más
a tocar y ofrecer un muestrario
de “poserismo” ante
el fotógrafo oficial
de Magic Circle que captaba
instantáneas de forma
un tanto molesta; y Eric Adams
lo hizo muy bien, sobresaliente.
Tiene ayudas puntuales pero
el tipo conserva las cuerdas
vocales casi intactas. Esto
lo pensaba mientras “Call
to arms”, otra del “Warriors
of the world”, me resultaba
indiferente. Caso distinto el
de “Heart of steel”,
típica pero imprescindible.
Acompañado de Francisco
Palomo de HolyHell a los teclados,
Eric nos emocionó con
su sentida interpretación
del himno – balada por
excelencia de Manowar. Espectacular.
Aprovechando la presencia de
Francisco, tiraron del “Gods
of war” para ofrecernos
dos canciones, de las más
interesantes del disco, “Sleipnir”
y “Loki, god of fire”.
Obviamente, no recibieron el
apoyo de otras pero reconozco
que no me pareció que
desentonaran. Casi sin parar
llegó “Kings of
metal” y el delirio se
apoderó de los asistentes
al Metalway.
Nada menos
que habían ejecutado
nueve canciones seguidas sin
parar, un hito en los últimos
años de Manowar. Hasta
yo, que iba con recelo, estaba
plenamente satisfecho. Cono
lo bueno no es duradero, Donnie,
Karl y Joey dejaron que Adams
se explayara un poco y jugara
con la audiencia. Fue corto
pero, de inmediato, saltó
DiMaio con lo temí que
llegara el solo de bajo. Dicho
y hecho, pero no contento con
eso, soltó su discurso.
Para lo que es él, la
charla fue más breve
de lo habitual y la hizo de
memoria en español. No
recuerdo que en ninguna de las
anteriores ocasiones que le
vi no se ayudara de una chuleta.
En algo hemos mejorado. Siguiendo
con la parafernalia, la exaltación
del por qué, según
ellos, Manowar es el único
grupo que trata a sus fans como
se merecen, sacaron a un chico
de entre el público a
tocar la guitarra. Por lo que
me aseguran, no estaba preparado
pero el chaval dominaba el instrumento
más que bien. Hasta Joey
se quedó sorprendido
cuando intercambiaran solos.
Con todo el
grupo de vuelta pero aun con
el espontáneo como protagonista,
encararon “The gods made
heavy metal”. Eso sí,
le bajaron los técnicos
la guitarra durante la canción
aunque bien podría haberle
dejado la regleta arriba porque
no habría desentonado.
Como premio le regalaron una
guitarra firmada. Eso que se
llevará el colega a la
tumba. Fijo que aunque a gente
como yo nos resultara un rollo,
para él fue un día
inolvidable. Para justificar
que Hamzik hace esta gira, han
incluido más composiciones
de “Battle hymns”
de lo habitual. Una de ellas,
“Fast taker”, haría
eones que no caería en
un tour normal. Es una canción
que refleja a unos Manowar primigenios,
más rockanrolleros por
llamarlo de alguna forma, pero
muchos lo agradecimos. Ponía
el contrapunto a la pomposidad
y majestuosidad impostada (y,
para mí, un tanto falsa)
de “Warriors of the world”,
una de las favoritas del respetable
y que, pensé, cerraría
el show, pero tenían
todavía un poco más.
La grandiosa
“Kill with power”
nos hizo vibrar y dejó
la zozobra porque abandonaron
las tablas un instante después
de su final. Sin embargo, quedaba
aún otra de las imprescindibles.
No es de mis preferidas pero
del set list jamás la
mueven. Hablamos de “Hail
and kill”, la tercera
presencia del “Kings of
metal” a cuya conclusión
llegó el numerito de
romper las cuerdas por parte
de DiMaio que aburrió
hasta la náusea. No digo
que no tengan que hacer porque
eso no sería Manowar
pero en dosis más justas
no sería tan cansino
para los que no nos tragamos
todo lo que hagan nuestros ídolos.
Habían transcurrido más
de noventa minutos en los que
sonaron catorce canciones, ninguna
especialmente larga. Personalmente,
creo que es un poco escaso pero
estaba en minoría respecto
a la opinión generalizada.
La gente tenía una sonrisa
en el rostro.
No obstante,
falta lo que, para mí,
fue el momento de su descarga
y, por qué no, del fin
de semana. Nos regalaron “Battle
hymn” que no está
cayendo en casi ningún
sitio de la gira. La verdad
es que ahí se me pusieron
los pelos como escarpias porque
amo esta canción. La
épica y el sabor añejo
que posee hace de “Battle
hymn” una composición
que justifica la gloria de Manowar.
Cuando estaban inspirados eran
capaces de crear joyas como
ésta, esencia pura de
un subgénero como el
metal épico, tantas veces
copiada y no demasiadas con
acierto. No fue de las más
aplaudidas pero considero que
significó el culmen de
la velada. Cosas de la vida,
con el outro de “The crown
and the ring” la gente
se emocionó mucho más.
Acostumbrados a que sonara por
los samplers mientras el cuarteto
se despedía, esta vez
hubo interpretación vocal
de Eric Adams, adornada por
un castillo de fuegos artificiales
que dejaron boquiabierto al
personal. Lo de los cohetes
fue la leche pero esto es un
concierto y no lo puedo considerar
como “impresionante”,
“increíble”
y todos los epítetos
que escuché. En las fiestas
de mi barrio (Hortaleza) también
los hay. Aún así,
fue un gran final para dos semanas
plagadas de avatares, con más
sombras que luces, y que dejaron
dudas sobre la continuidad del
Metalway, al menos en tierras
mañas. Veremos qué
nos depara el futuro.
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