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SEGUNDO FIN DE SEMANA 26-27 DE JUNIO

VIERNES 26: EL ODIO Y EL ORDEN ESTABLECIDO

El segundo fin de semana del Metalway se pareció, climatológicamente, muy poco al primero. Eolo se tomó unas merecidas vacaciones (aunque el viernes sobre una agradable brisa) y dio paso a la canícula porque las temperaturas habían subido. Como suele pasar en este festival, los conciertos del mediodía eran casi insoportables pero la gente aguantó con voluntad e ilusión. Hay que reseñar que la entrada fue sustancialmente mejor. Más del doble de gente que los días previos. La no coincidencia con otros eventos patrios (aunque estaban Graspop y Bang Your Head, al menos, por Europa) y la presencia de Manowar sirvieron de reclamo. Además, es indudable que, por nombres, el cartel era más atractivo. Otra cosa es que los grupos estaban repetidos hasta el abuso y bastante ya habían pisado nuestras tierra durante este mismo curso. Por lo demás, no hubo cancelaciones ni incidencias destacadas, solo el circo que montaron Manowar y todos los que les rodean, pero eso ya le contamos en otro apartado.

BLACK STONE CHERRY: EL SUR EN LA MAÑANA

No me parece adecuado comenzar un viernes a las once y media sabiendo que muchísima gente tenía que desplazarse desde fuera de Aragón. Un poco de margen habría sido inteligente pero dada la apretada agenda (once bandas y un solo escenario) no quedaba otra. Hablando de escenario, éste fue reforzado con lonas y telones, dando una notable sensación. Nada que ver que el de 2008, como ya se comprobó en los días de vendaval cuando aguantó sin sobresaltos. Resulta curioso que las dos bandas que más me apetecía ver eran las primeras que tenían que saltar a las tablas. Por eso, salimos sin dilación de madrugada de Madrid para tener tiempo de presenciar las evoluciones de Black Stone Cherry, uno de los grupos más maravillosos que he oído en el último lustro. Su mezcla de hard rock con toques sureños y atmósfera setentera es impresionante. Además, esta seguro de que en vivo no me iban a defraudar.

No era excesivo el ambiente pero sí que hubo unos cuantos centenares de valientes (sobre todo, chavales jóvenes) que querían comenzar el día escuchando buena música. El cuarteto formado por John Fred Young a la batería, el bajista Jon Lawhon, el guitarrista Ben Wells y regordete vocalista y guitarra Chris Robertson editaron un álbum homónimo brillante pero el salto cualitativo lo han dado con el memorable “Folklore and suprestition”, sin duda en mi top10 de 2008, una obra maestra, de esas que encuentras pocas actualmente. Estos chicos son herederos de The Black Crowes, Lynyrd Skynyrd, Led Zeppelín, o de Thin Lizzy si me apuras, pero también poseen su propia identidad. Llevan a rajatabla sus influencias pero aportan una base un poco más heavy y pesada que funciona a la perfección. En Valdespartera no gozarían de mejor sonido, de hecho el bajo estaba sumamente alto, pero dieron una lección de formación novel, con actitud y ganas de comerse el mundo. Creo que, dentro de su medida, lo van a conseguir porque sus directos rebosan potencia.

Comenzaron con “Rain wizard” y la increíble “Blind man”, es decir, los dos temas que abren sus discos. Lo hicieron con fuerza y la gente les acompañó con aplausos. Todavía están en fase de rodaje en su relación con el público pero estuvieron simpáticos, sobre todo cuando Ben comentó que era la primera vez que estaban en España pero que les había encantado: buena comida, chicas guapas, un día de playa en Barcelona y eso que no sabía que era pero molaba porque en Kentucky no tenían de esas cosas (señalando a unas ruinas que hay encima de una colina a las afueras de Zaragoza). Anunció, además, que volverían en octubre para una gira de clubes (¡bien!). No obstante, no tenían tiempo que perder y, sorprendentemente, no se centraron en “Folklore and superstition”, sino que equilibraron muy bien el set list. Así, interpretaron canciones como “Yeah man” o “Hell or high water” de su debut que dejando paso a la fantástica “Please, come in”, un gran single para atraer a una audiencia mayor. “Maybe Sunday” posee un aura especial y “Lonely train” es otro hit que engancha desde la primera vez que la oyes.

Con todo, no puedo sino desmonterarme ante la preciosa, emotiva y genial “Things my father said” que, por cierto, es su nuevo videoclip. Faltó la intro de piano pero dio igual, Chris se dejó el alma y las melodías tristes de guitarra reinaron en plena mañana. Con este tema yo me da por contento aunque me hubiera gustado que cerraran con “Reverend Twinkle” o “The bitter end”, y no con “We are the kings”, un corte de su EP “Hell or high water” a la que siguió un curioso solo de batería (aunque no era el momento de ejecutarlo) y la interpretación a medias del “Voodoo child” de Jimi Hendrix. Eso sí, eché de menos “Peace is free” que es una canción que deberían tocar siempre para que toda la gente coreara. La prueba la superaron con buena nota. No eran las condiciones ni el horario ideal pero los de Edmonton estuvieron por encima de las circunstancias. El tour de otoño promete grandes emociones para nosotros. El futuro para Black Stone Cherry, prometedor.

PRONG: EL NIVELÓN DEL PÚBLICO DEL METALWAY

Determinadas cosas, no por sabidas, dejan de ser indignantes. Siento decirlo pero es así. Tengo muy claro que este festival tenía un público muy definido, amante del heavy metal clásico y alguna de las variantes cercanas. No hay problema aunque si meten a una banda que no es de ese palo puede suponer que la gente no se acerque a verles. Vale, lo respeto, son muchas horas, el calor al mediodía aprieta y parece que hay que dosificarse. Lo malo es que si estos son un conjunto mítico con casi un cuarto de siglo de existencia, que han tocado con lo más granado del panorama internacional y cuyas prestaciones en directo son, fijo, más que solventes, es completamente ridículo que nadie tenga el más mínimo interés. Así nos va. Luego nos quejamos de esto o de aquello, pero si les sacan de sota, caballo y rey, se acabó lo que se daba.

Por si alguien quiere reengancharse a posteriori, Prong es la banda de Tommy Victor, un tipo que ha colaborado con Danzig, Ministry o Rob Zombie, además de ser un guitarrista reputado. Formados en Nueva York llegaron a obtener un hit con la fantástica “Snap your fingers, snap your neck”, una composición adictiva que pertenece a su excelente “Cleansing”. No obstante, ya tenían bastante seguimiento antes con discos como “Prove you wrong”, a medio camino entre Metallica y Faith No More. Después de la habitual deserción y separación, hace un lustro regresaron, facturando desde entonces un par de álbumes, correctos, que les sirven para justificar su presencia encima de un escenario. El Metalway era una parada apetitosa, si bien reconozco que los (pocos) seguidores de Prong en este país difícilmente se iban a desplazar exclusivamente por ellos a Zaragoza.

Cuando salieron, el propio Victor se quedó alucinado porque habría unas ciento cincuenta personas delante del escenario. Eso sí, atacaron “For dear life” como si la vida les fuera en ello. Es el típico ejemplo, que aquí comentamos a veces, de grupo que está muy por encima de los espectadores. Tommy insistía una y otra vez en que hubiera movimiento, algún pit y demás, pero nada, todos quietos y no más de cuatro o cinco disfrutando y coreando sus canciones. No contentos con “For dear life”, nos regalaron dos más del “Beg to differ” para comenzar, el single “Lost and found” y el tema título. El sonido no era brillante pero sí lo suficientemente bueno para que pudiéramos disfrutar de un repertorio en el que se decantaron sobremanera por el material antiguo, con lo cual los poco que les seguíamos quedamos más que satisfechos. En cualquier caso, cayeron cosas de “Power of the damager” como “Worst of it” o “The banishment” pero, si mal no recuerdo, nada de “Scorpio rising”.

Tremendo resultó cómo en una composición como “Unconditional”, de las mejores de Prong, prácticamente thrash, las primeras filas parecían un funeral ante el estupor de Tommy Victor, que se reía por no llorar. Ni tan siquiera cuando “Cleansing” cobraba protagonismo había reacción alguna. De este disco cayeron la caserísima “Cut-rate”, una “Broken peace” rítmica y bailonga, y, por supuesto, “Snap your fingers, snap your neck”. Otro punto positivo es que los estadounidenses gustan de meter sonidos industriales, sobre todo a partir de “Cleansing”, pero en directo no llevan ni un sampler, sino que con guitarra, bajo y batería solventan todo, con lo que dan una sensación de banda de metal aún mayor. Sus acompañantes, Aaron Rossi y Mike Longworth, que en esta gira europea sustituía a Monte Pittman, sirvieron de apoyo perfecto para el líder, más enchufado, si cabe, que con Ministry.

Vale que son una debilidad personal, que no los había visto nunca y que tenía enormes ganas de este concierto (probablemente el que más de este fin de semana), pero objetivamente estuvieron, cuanto menos, notables y es indignante que nadie tenga la mínima inquietud por conocer la trayectoria de esta banda, pero claro, es que “son modernos”, “no son metal”, bla, bla, bla,… Pues nada, para los que se lo perdieron estando allí, que sigan contentos y felices en su ignorancia. Ojalá puedan alguna vez tocar en frente de quien sepa aplaudir las bondades de un excelente grupo que cumplió una función importante, junto a otros como Life Of Agony, Anthrax de John Bush, Helmet o Corrosion of Conformity, en los “años difíciles” del heavy metal. Sin ellos, por mucho que sean vilipendiados, festivales como el Metalway se realizarían en una sala de mil o dos personas. ¡Larga vida a Prong!

EPICA: PERSIGUIENDO EL PARAÍSO

Con los holandeses Epica comenzaba el baile de bandas requetevistas que iban a llenar el cartel de este segundo fin de semanas en Zaragoza. Resulta que los señores organizadores de éste, y de la mayoría de festivales, no llegan a más de una rotación de cincuenta o sesenta grupos, de los que van tirando año sí, año no, e incluso, repitiendo sin pudor como el caso de Pretty Maids que completaron su particular “triplete”. Efectivamente, en ésta y las siguientes crónicas denotaréis un cierto “sectarismo” o predilección porque unos me agobien y otros (como Saxon) no me importaría que tocaran todos los fines de semana en mi barrio, pero es que las prestaciones encima de las tablas determinan irremediablemente la percepción del espectador. Es obvio que también influye cuánto te guste el conjunto en cuestión pero si están mal (ya llegaremos a Queensryche) no se nos deben caer los anillos por reconocerlo.

Aunque alguien se pueda sentir ofendido, Epica representan el triunfo de la corrección política. Que estos tíos tengan más seguimiento que los desaparecidos After Forever debería ser tratado en el programa de Iker Jiménez. Que sí, que no niego que no sean buenos. Es más “The phantom agony” me parece hasta notable pero solo “Prison of desire” o “Decipher”, los dos trabajos de AF donde tocó Mark Jansen, barren lo que puedan hacer Simone y los suyos en diez vidas, por no hablar de nivel entre frontwomen. Como no podía ser menos, hordas de jóvenes llegaron para ver a los de la sureña región de Limburgo. Supongo que ya habrían tenido la oportunidad de presenciar una de sus descargas con anterioridad porque son asiduos a España pero no por ello tenían menos ganas. El prólogo “Indigo” fue acompañado de palmas y los vítores aparecieron cuando el quinteto instrumentistas encaró “The obsessive devotion”. No obstante, los aullidos “testosterónicos” afloraron con la irrupción de la señorita Simons.

El sonido fue de lo más destacado del día, si bien las guitarras estaban un poco bajas con lo que restaban potencia a la mezcla. Como en su última actuación en Madrid, de teloneros de Sonata Arctica, Simone tuvo menos presencia escénica, predominando las partes más musicales por encima de las vocales. Probablemente, se hayan dado cuenta que es imprescindible (como imagen y como cantante) pero su carisma es nulo y el headbanging demasiado forzado. Mark Jansen, cada vez controla más el cotarro, algo que redunda positivamente en Epica. Por cierto, da un poco de grima ver a dos cracks como Isaac Delahaye y Arien van Weesenbeek por aquí en vez de en God Dethroned pero, por lo menos, verán algún euro en su cuenta bancaria. El set list no tuvo demasiada novedad con relación a lo que ya hicieran hace casi dos años en el mencionado tour, lo que demuestra poca capacidad de innovación.

Me alegró que metieran “Chasing the dragon” en vez de “Never enough” porque es mi preferida de “The divine conspiracy” pero siguen incidiendo en “Sensorium”, “Quietus” (ya sabéis, el plagio en su inicio de “A quest for the crown” de Falconer) o cerrar con “Consign to oblivion” por delante de la excelente “The phantom agony”. Esto es algo para hacérselo mirar porque “The divine conspiracy” salió en 2007, lo último que nos hemos echado a la boca de ellos es el disco en directo con la orquesta y no hay perspectivas de entrar al estudio sino, por el contrario, en otoño se embarcarán en un nuevo periplo europeo. Darle un lavado de cara al repertorio sería beneficioso para la salud del grupo y sus seguidores. Epica son una buena banda, que no excepcional, en directo cumplen dada la profesionalidad de Mark, Isaac y compañía, pero me resultan demasiado mecánicos. Quizá sea una percepción errónea pero, para mi gusto, no rompen sino que se quedan en una faena aseada y pulcra. Es ahí donde las composiciones cobran papel primordial pero tampoco considero que en ese apartado brillen en exceso. Por lo tanto, me quedó la sensación de que no me molestaron pero tampoco me dejaron ningún poso.

AMON AMARTH: DEMASIADO CERCANOS

El metal en sus diversas vertientes se aleja sobremanera de la concepción que había en los ochenta. Esa década, donde el hard y el heavy reinaba en el mundo, dejó para la historia un montón de grupos de “arena rock”, es decir, bandas que multiplicaban sus prestaciones en los grandes eventos y cuya música era ideal para degustar entre quince mil enfervorizados seguidores. Ahora, quedan poco a los que se pueda atribuir esta categoría. Incluso algunos han involucionado adaptándose al circuito de clubes y ofreciéndonos noches memorables. Esto significa que en un festival te lo pasas bien pero seguro que en una sala pequeña es donde tal o cual formación te va a volar la cabeza. Ahí es donde surge el problema de las bandas muy vistas y, sobre todo, recientemente vistas: en un sitio como Valdespartera ves un show reducido en un contexto no ideal.

Amon Amarth es uno de estos ejemplos. A mediados de enero tocaron en nuestro país. La sala Heineken de Madrid se convirtió en un escenario perfecto para que los suecos desenfundaran todo su poder durante ochenta minutos ante un público entregado y con energías de sobra para hacer de aquella noche algo grande. Era prácticamente imposible igualarlo. No obstante, albergaba esperanzas porque la vez que más he alucinado con el quinteto de Estocolmo fue en el Atarfe 2004. También es verdad que esa fue la segunda vez que los veía y cuando van unas cuantas más, no es lo mismo. ¿Qué podría hacer que la impresión cambiara? O un concierto anormalmente excepcional o un repertorio rompedor. Ni una cosa ni la otra porque la actuación fue buena pero sin sobresaltos y el set list, una vez más (y ya es una lacra), demasiado repetitivo con solo un cambio. Además, entiendo que Amon Amarth cada vez tienen más seguidores y eso es debido a la popularidad de sus últimas obras pero que únicamente rescaten dos temas de sus cinco primeros álbumes (cuando tienen siete en total) no deja de ser sorprendente.

Con fuerza salieron para ejecutar “Twilight of the thundergod”, el tema que da título a su más reciente entrega, que fue secundado por “Free will sacrifice”. “Asator “ y “Varyags of Miklagaard” completaron un póker de inicio exactamente igual al que hicieran en enero. Ellos lo daban todo, como habitualmente, aunque la falta de movilidad (salvo Johan Hegg) les hace parecer un tanto más frío que en un escenario más pequeño. “Runes to my memory” fue de las que mejor acogida tuvo (increíblemente no interpretaron “Valhalla awaits me”) y “Guardians of Asgaard” sigue resultando un poco empalagosa para lo que pretende ser un conjunto de death metal, que por mucho cuerno vikingo o letras con referencias a esa época, es de lo que se trata cuando hablamos de Amon Amarth.

“Live for the kill”, también de “Twilight of the thundergod”, terminó por ser la única aparición distinta. Es una pena porque nos podían haber sorprendido con cosas antiguas pero escogieron el camino de la defensa a ultranza de su material actual, hecho que en su propia gira es loable, pero en un festival no tanto. La “comercial” “Pursuit of vikings” elevó la temperatura y “Cry of the blackbirds” ocupa en todos sus conciertos lugar preferencial sin ser, en mi opinión, nada destacable. El final llegó con la inevitable e imprescindible “Death in fire” que culminó casi una hora (no llegaron a cumplir horario, tónica general) aceptable, buena sin duda, pero que sería muchísimo más aprovechable por quienes no tienen la suerte de vivir en los puntos de paso habituales de las giras que por los que les han visto en multitud de ocasiones. Amon Amarth son plaza de primera categoría en Europa y en sus directos nunca defraudan.

TESLA: EL HECHO DIFERENCIAL

Si con Amon Amarth nos sentíamos cercanos a su última visitar, qué decir de Tesla, que dos días habían tocado en una abarrotada sala Heineken en la capital del Reino con el mejor sonido que jamás se haya escuchado en ese local. Sin embargo, hemos de matizar un par de aspectos a la hora de analizar el por qué no es totalmente comparable. Tesla se prodigan mucho menos que los suecos, si bien es cierto que van tres años seguidos pisando nuestras tierras. Además, con los norteamericanos tienes la oportunidad de ver algún tema distinto. Es por eso que la actuación del Metalway tenía el aliciente de, además de escuchar de nuevo algunas de mis canciones favoritas de siempre, el anhelo porque, por ejemplo, cayera “Edison´s medicine”, incompresiblemente inédita en gran parte de la gira europea.

Como era una hora más o menos prudencial, las cinco y media de la tarde, y a pesar de que el sol lucía en todo su esplendor, bastante gente se congregó ante la llamada de los californianos. Esta gente cuenta sus apariciones en directo por éxitos rotundos. No conozco a nadie que no se haya rendido a sus encantos. Oír cómo clava los solos Frankie Hannon (el motor de la maquinaria) o deleitarnos con la peculiar voz de Jeff Keith es un placer. Y es que sabes que no te van a defraudar jamás. Desgraciadamente, en Zaragoza no nos regalaron nada extraordinario sino que nos mostraron una versión reducida de lo que hacen en los clubes. El sonido no estuvo mal pero muy lejos de lo de Heineken. Faltaba potencia al conjunto y nitidez, quedaba todo un tanto opaco y plano. No era una catástrofe pero sí que incide en la impresión definitiva.

“Forever more” es un inicio que sirve para comprobar cómo ha calado hondo entre sus seguidores el nuevo disco. Igual podríamos decir de “I wanna live”, un corte más directo, Como comentó Dave Rude en la entrevista que le hicimos antes de su actuación en la capital, vienen dispuestos a reivindicar a muerte “Forever more” aunque, como era lógico, fueron sus composiciones las más perjudicadas por la disponibilidad horaria. Como ocurrió en Madrid, Jeff necesitó unos cuantos temas para calentar su garganta y se le vio algo forzado en “Modern day cowboy” pero te quedas tan ensimismado viendo cómo Hannon combina acústica, eléctrica y participación vocal en la grandiosa canción, que casi ni te enteras. Además, una vez superado este bache, Keith se viene arriba y ya en “Hang tough” todo estaba en su sitio. Por cierto, ¡qué grande, también aquí, este tema!

El hecho de haber recuperado en este tour de “Forever more” la increíble “Getting better” debe ser bienvenido. El cambio después de la estrofa inicial es uno de los más espectaculares del hard rock de los ochenta. A pesar del calor reinante, uno tipos de Sacramento no se asustan con felicidad por algo son los “paletos” de California para el “pijerío” de Los Angeles. Sin gran comunicación, derrochan carisma. No son guapos pero irradian buen rollo cuando se necesita y seriedad en otros momentos como “Song & emotion” que me encanta pero podría haber dejado paso a alguna otra ya que es de las más largas de su carrera. Cumplió su función por nos evitó “Love song” pero un “Changes” habría sido memorable. No llevábamos casi nada y llegó “Signs”, la versión y single más famoso en Estados Unidos, que no en Europa. De hecho, casi nadie se acuerda de que los compositores originales son Five Man Electrical Band, aunque en mi opinión, supera con creces a la de los canadienses. Lo que habría que darle un premio es a quien se le ocurriera que debían hacer su propia revisión de esta canción porque les viene perfecta.

Durante el cambio previo, vi cómo colocaban la antena en el teclado. Esto solo puede significar que tocan “Into the now” o “Edison´s medicine”. Iluso de mí, imaginé que “Into the now” era candidata segura a no entrar en el set list por lo que tendríamos regalo, pero no, fue “Into the now” la elegida aunque, curiosamente, Frankie no utilizó la antena para hacer el sonido “magnético”. Con “Cumin´ atcha live” recuperamos el sabor de la caña burra y honesta que meten los californianos cuando se ponen rudos. Sin consumir sus sesenta minutos, se retiraron con “Rock me to the top”, completando un repertorio que casi la mitad estuvo compuesto por temas de su debut, si bien esto creo que fue más casualidad que otra cosa porque resultó del único disco del que no dejaron canciones en relación al show madrileño. Mentiría si dijera que me gustó más que dos días antes porque es imposible pero también faltaría a la verdad si no afirmara que Tesla estuvieron entre lo mejor del viernes, con todos los condicionantes que había.

TARJA: ¿UN DULCE INVIERNO?

Una experiencia extraña. Tarja entra en ese grupo cada vez más numeroso de artistas que me han dejado de interesar de tal manera que ni tan siquiera recurro a sus antiguos discos a pesar de que en algún momento fue fan de ellos. Sea por hastío o por decepciones, la lista sería larga. Incluso, en este Metalway he tenido ejemplos como Children Of Bodom, pero también Sepultura, Nightwish (y, por ende, nuestra heroína), Cradle Of Filth, Dimmu Borgir en menor medida, In Flames, Soilwork, Shadows Fall,… No sigo que va a parecer el “1, 2, 3… responda otra vez”. La finlandesa hace ya tiempo que dejó atrás su inevitable pasada pero después de una huida hacia delante ahora se entreve una especie de freno y marcha. No hablo de la ansiada, por muchos, reunión con Tuomas, Marco y demás (que aunque lejana, la veremos, por mucha mierda que se hayan tirado), sino a que durante su primera gira (compuesta de canciones navideñas, fundamentalmente) obviaba el material de su anterior banda y ahora no.

Podéis argumentar que actualmente toca su versión “roquera” pero no importa, tampoco hay tanta diferencia y las baladas de Nightwish cabían perfectamente en un repertorio alejado del metal. De lo que se trata es que la Turunen estaba en Zaragoza para deleite de sus fanáticos que copaban las primeras filas con banderas de Finlandia. Por supuesto, bastante público femenino y, en general, expectación para ver a esta mujer que venía rodeada de una banda excepcional. De menos a más podríamos hablar de Maria Ilmoniemi a los teclados, que tuvo infinidad de problemas: el ex Apocalyptica (coincidencia que tocaran justo detrás) Max Lilja al violoncello, Kilo Loureiro de Angra con las seis cuerdas, el archiconocido Mike Terrana y nada menos que el bestial Doug Wimbish, bajista de Living Colour. Desde luego, no se priva de nada Tarja porque la solvencia de esta gente está fuera de cualquier duda.

El concierto, para mí, resultó irregular tirando a flojo. Es curioso observar como la protagonista hace ahora más headbanging y está más motivada que en toda su trayectoria con Nightwish. Enfundada en un vestido rojo que le favorecía se la veía disfrutar siendo la reina de la fiesta. Ella está ahí para defender lo suyo e, imagino, esbozando una sonrisa por lo que ocurre “con los otros”. Como era previsible se centró en “My winter storm”, del que si hubiera tenido tiempo suficiente seguro que habría descargado en su totalidad pero, para abrir boca, comenzó con “Enough” y “My little Phoenix”. Desgraciadamente, los problemas de sonido impedían cualquier tipo de dinamismo, tanto que después de la vitoreada “Wishmaster”, el concierto se paró. A petición popular y una vez que la “jefa” dio su aprobación con la mirada, Terrana se marcó un pequeño solo de batería, para delicia de sus incondicionales.

Otra ración más de material en solitario con “Ciaran´s well”, “I walk alone” y “Lost northern star”, que a su público le gustó, pero a mí me parecieron de lo más insulso y una de las cagadas de la tarde: su horripilante versión del “Poison” de Alice Cooper. Algo habrá Tarja para decir cuando la presentaba que muchos odian cómo la hace. No me extraña. Donde hubo unanimidad fue en “Nemo”… bueno, no para todos, porque el amigo Kilo Loureiro quiere dejar su impronta y se dedica a cambiar los solos originales. Todos sabemos que Emppu es un guitarrista muy limitado pero el demostrar no sé qué desvirtúa la canción. “Sing for me” estuvo bien como anticipo a otra revisión, esta vez del “Oven the hills and far away” de Gary Moore, que ya hacían Nightwish y que siempre me pareció un atentado por muy fidedigna que la hagan, si bien comparado con lo de “Poison” es gloria bendita.

Con todos los problemas que habían tenido habían consumido la hora entre el deleite y la apatía, por lo que tocaba decir adiós con “Die alive”, de lo mejorcito de su repertorio. Reconozco que la chica está más inspirada que hace años, controla su voz y ha madurado mucho como frontwoman, pero su música me aburre soberanamente y las referencias al pasado son concesiones obligatorias a los fans pero que quedan tan frías como cuando Anette Olzon las destroza con la aquiescencia de Holopainen. Tarja Turunen ofreció un show correcto, aceptable dentro de lo que cabe esperar de ella, con unos músicos soberbios pero que no aportan nada más que su técnica (sentimiento e implicación, 0). Es su camino y es respetable. Veremos lo que dura porque, la verdad, dudo… luego existo.

APOCALYPTICA: EL PEREJIL DE TODAS LAS SALSAS

Lo de este grupo con los festivales españoles y más en concreto, con los organizados por Rock n Rock es patológico. Alguien se lo debe hacer mirar porque han estado en el Metalmania, en Guernica, en le Monsters of Rock, en el Metalway de Zaragoza,… y todo ello en un espacio de seis años, en los que han sacado dos discos que han venido a presentar convenientemente a nuestro país. Es lo que decía antes de los programadores de este tipo de eventos: originalidad al poder. Reitero lo que ya habré dicho anteriormente. Con Apocalyptica sucede lo siguiente: la primera vez que les ves, alucinas por las ganas que le echan y la “tralla” que le meten para tocar con cellos: la segunda, el cuento empieza a no resultar tan entretenido; la enésima es cansino, muy cansino. Te quedas con la sensación de “otra vez, no, por dios”. Por supuesto, ellos son mucho más grupo de espacios abiertos que de sala y cuanto menos tiempo, más adecuado, pero ni por esas.

Además, por muchos álbumes que saquen siempre vivirán, o les harán vivir, aferrados a su debut “Plays Metallica with four cellos”. Su público lo demanda y ellos dan la carnaza iniciando su actuación con “Whereever I may roam”. Desde donde yo estaba sonaba fatal y los cellos parecían herramientas de ebanistería porque aquello era bastante insufrible. Poco a poco se arregló pero, aun así, deficiente en esa materia. Los temas propios fueron los menos pero, por primera vez en las ocho o más veces que les he visto, trajeron un cantante, su compatriota Tipe Jonhson que revisó “I don´t care” y “Life burns”. Esta novedad a la postre tuvo poca repercusión porque les hace perder la “gracia” que tenían. A mí, los finlandeses me interesan poco pero con un vocalista, nada de nada.

Otro elemento que contribuyó a convertir el concierto en un continuo mirar al reloj fue el solo de batería de Mikko Siren. Que sí, que toca bien, pero no es necesario, en serio. Aquí no sirve la excusa de que lo hacen para que descanse el cantante. Es imprescindible que erradiquen el solo de su repertorio y se dediquen a lo que más saben, que el público haga un sano ejercicio de karaoke metal con “Refuse/resist” de Sepultura y toda la retahíla de canciones de Metallica que en esta ocasión fueron “Fight fire with fire”, “One”, “Seek and destroy”, “Creeping death” y “Enter sandman”. No molestan y siempre es una mejor opción que irte a la funesta “disco metal” para escuchar ¡cuatro veces en un día! “Hangar 18” de Megadeth y eso que solo pasábamos por allí o lo oíamos de fondo. Los tíos le echan agallas y quienes tengan su primer contacto con los de Helsinki alucinarán cuando hacen headbanging y demás historias pero poco más.

Con el “Hall of the mountain king” se despidieron dejando un buen sabor de boca a sus seguidores pero haciéndonos recuperar las butterfly pillow que habíamos utilizado con Opeth cinco días antes. Me da pena decirlo pero la propuesta de Apocalyptica en estudio está agotada y, en directo, me da que también. Seguro que si no se prodigaran tanto encontrarían una nueva generación de gente dispuesta a aplaudirles pero los que ya les hemos padecido por activo y pasivo no podemos sino rogar, implorar y suplicar a los promotores que les dejen descansar en su tierra unos cuantos años para que no ocupen lugar preferencial en ningún cartel dejando su puesto a otros con menos alardes técnicos pero más frescura.

QUEENSRYCHE: CRÓNICA DE UN DESPROPÓSITO

Dentro de los grupos que ya había unas cuantas veces, que como antes dije eran la gran mayoría del segundo fin de semana, había tres que me interesaban especialmente porque soy muy fan de ellos: Candlemass, Immortal y Queensryche. Llegaba el turno de estos a una hora ideal (las nueve y veinte), con el sol poniéndose y un clima muy agradable… pero, ¡¡¡pataplaf!!! Desastre de proporciones bíblicas. Vayamos por partes. Primero voy a hablar de sus “seguidores”, de los seguidores del grupo “de toda la vida” que se sintieron hasta ofendidos porque no tocaron canciones de “Operation: Mindcrime”. Veamos, esta gente no se entera. El año pasado hicieron realidad mi sueño lúbrico. En el Graspop 2004 casi cayó entero pero en 2008, lo que se puede ver en el DVD “Mindcrime at the Moore” se materializó en Barcelona y Bilbao. Los dos “Operation” seguidos, con actores, Pamela Moore y unos cuantos bises de “Empire”. Para mi, perfecto. Una vez más, proclamo que es mi álbum favorito de la historia y prefiero quemar mi casa a romper tamaña obra de arte. ¿Cuáles fueron las cifras de asistencia? Quinientas personas, como máximo, en Bilbao y la mitad en Barcelona. La excusa oficial: “Es que como entre medias tocaron en el Electric Weekend con Metallica y demás”. Correcto pero entonces te gustan Queensryche, no eres seguidor de los de Seattle porque ésta era una oportunidad única.

Si no los viste, pues ajo y agua porque esta vez la gira también era conceptual pero, para deleite de unos pocos, bien distinta. En Estados Unidos hacían tres “suites”: “Rage for order”, su nuevo y mediocre “American soldier” y “Empire”, con siete u ocho cortes de cada uno. De las tres, la del “Rage” gloriosísima en teoría. Además, ¿qué banda se puede permitir el lujo de cambiar el 90% o el 100% de repertorio en un año? Solo los elegidos. Por lo tanto, quejas y lloros al Maestro Armero porque era loable lo que iba a hacer el hoy sexteto. Dicho esto, las prestaciones fueron paupérrimas porque salieron diez minutos tarde, sonaron fatal, el set list lo escogió su enemigo, se les fastidió una intro, se cabrearon y se largaron cuando llevaban escasamente cuarenta minutos en las tablas. Toda una lección de lo que no se debe hacer porque, aunque te enfades, tienes delante a unos tipos que han pagado por verte y merecen un respeto mayor del que demostraron en Valdespartera.

Cuando la impaciencia ya cundía entre el público, saltaron ¡seis! a escena. De todos era conocida la ausencia de Mike Stone que ha sido sustituido por el inefable Parker Lundgren, a la par yerno de Geoff Tate, pero que también hiciera la gira el guitarrista/teclista/corista/cantante principal en un tema/panderetero Jason Ames ha supuesto una novedad. Eso sí, hemos cambiado a un tío que cumplía como Stone y a Pamela por dos sujetos que lo único que aportan es su flequillo emo. Esto significa, asimismo, que Eddie Jackson se va a la parte de atrás, en una tarima y sin moverse, pasando tanto del tema que su micrófono no sonaba y le importa poco porque ni acercaba la boca. A Tate había que intuirle y no disimulaba su enfado, Michael Wilton estaba en otra dimensión y solo nos queda Scott Rockenfield que hacía lo que podía tras su kit.

Empezaron con la suite “Rage for order” y la liaron. Solo a individuos tan peculiares como Tate se les ocurre interpretar las canciones más raras (y menos buenas) y las que ya han tocado otras veces. Había material impresionante donde elegir. A saber: “I dream in infrared”, “I´m gonna get close to you”, “The killing words”, la emotiva “I will remember”.... Pues no, empiezan con “Neue regel”, siguen con “The whisper” (que abrió el concierto de Madrid 2007), enlazan con la grande pero extraña “Screaming in digital” y culminan con la ya conocida (no por demasiados) “Walk in the shadows”. La gran mayoría de los presentes pensaba que se trataban de temas de “American soldier”, algo que denota la cultura del grupo que se tenía. El desconcierto era global. La gente estaba quieta, expectante a que algo les sonara. Tate miraba a lo técnicos y no entendía nada. En fin, un desaguisado.

Irte a tu reciente obra no es lo más adecuado para arreglar esto pero es lo que llegaba. Eso sí, abreviaron y solo ejecutaron “Man down!” y “A dead man´s words”. Con estas pinceladas, cualquiera que no lo haya oído no sentirá la necesidad de acercarse a él. En particular, surrealista el dueto entre Geoff y el tal Jason Ames con ambos compartiendo “liderazgo” en el escenario. Ver para creer. Ya digo que como salieron tarde no se enrollaron (viendo la poca calurosa respuesta del personal era lo más inteligente) y pasaron directamente a la suite del “Empire”. La intro de “Best I can” me dio vida porque jamás la escuché en directo (solo la tocaron en el Electric Weekend en España) y era una asignatura pendiente. Como no era el día, a los diez segundos, se paró el sampler. Lo que faltaba. Se miran entre ellos, Geoff hace una seña y pasan del de “Best I can” a un “Jet city woman” desangelado.

Por si no hubiéramos tenido suficiente, cuando acaban la pobrísima interpretación de “Jet city woman” se produce un reagrupamiento en torno a la batería de Rockenfield. No presagiaba nada bueno y, lamentablemente, no me equivoqué. Obviaron la suite del “Empire” y dispararon “Take hold of the flame”, que lo más potable de su descarga, con rabia y se largaron. Incompresible. Entre lo de Riot y su “Bloodstreets”, el drama de la cancelación de Heaven & Hell, que Jon Oliva no nos compensara con “When the crowds are gone” y esto, no me quedabas balas en la recámara. Solo Twisted Sister podían enderezar el rumbo de un Metalway que, desde el punto de vista personal, iba a la deriva por mucho que la climatología fuera benigna.

TWISTED SISTER: CON HAMBRE DE MÁS

Recuerdo que Dee Snider y Mark “The animal” Mendoza observaban el año pasado a Ted Nugent mientras el cielo megro presagiaba el tormentón que padecimos. Twisted Sister tocaban esa noche pero, como es de todos conocido, el festival se suspendió. La organización decidió, de manera sabia, contratarles para esta edición de 2009 porque los neoyorkinos saben lo que se traen entre manos después de tanto tiempo. Su reunión no ha traído secuelas discográficas, poco importa, pero sí un innecesario “Still hungry” (regrabación de su álbum de mayor éxito con el título ligeramente alterado) y, este año, la reedición de “Stay hungry” con un montón de temas extras para conmemorar el vigésimo quinto aniversario del disco. Por este motivo, los shows que están haciendo son especiales y dedicados a tamaña obra. Además, han anunciado que será la última gira en la que lleven esas pintas glameras y el maquillaje. De aquí en adelante, prometen una imagen más crudo y vaquera. Veremos si lo cumplen.

Sorprendentemente, había mucha gente que no sabía qué le esperaba. Por fortuna, la era de Internet parece no haber llegado a toda la población porque así la magia del momento pilló desprevenido a más de uno. Twisted Sister nunca ha sido una banda de pretensiones exageradas. Buscan disfrutar y hacer disfrutar a sus seguidores. No obstante, muchas veces esto es realmente complicado pero estos cinco veteranos tienen las armas suficientes para darnos lo que queremos: enormes canciones y una puesta en escena demoledora. Con un gran telón de fondo con su símbolo y el número 25, y dos telones laterales, no era preciso un mayor atrezzo para acondicionar la estancia. Eso sí, se hicieron esperar más de lo debido porque con la actuación recortada de Queensryche no parecía lógico que los de la coste Este tardaran demasiado mas no fue así, salieron tarde y este hecho (y su racanería) condicionó el repertorio que quedó exclusivamente dedicado a la interpretación global de “Stay hungry” sin más que echarnos a la boca. Recordemos que el álbum apenas sobrepasa los treinta y cinco minutos. En un set list que vimos estaba apuntada “You can´t stop rock ´n´ roll” pero ni eso.

Se apagaron las luces y, como siempre, su manager les presentó y saltaron a comerse las tablas. Es espectacular ver cómo Mendoza golpea su bajo, Jay Jay French sigué ahí, impertérrito, con su peluca, Eddie “Fingers” Ojeda aporta la calidad técnica y AJ Pero la contundencia. Dee es caso aparte, uno de los mejores frontman de la historia del hard and heavy, sin duda. Es innegable que sus facultades vocales no son las de antaño y le cuesta en determinados pasajes llegar pero tira de experiencia sabiendo ocultar esas carencias. El sonido no estaba mal para la media del festival cuando el tema título atronó en el numeroso público que venía dispuesto a pasarlo bien. A fe que lo consiguieron porque la tralla que metieron desde el pistoletazo de salida supuso que todos estuviéramos enchufados. “Stay hungry” estuvo algo aturullada pero como inicio quedó perfecta, incluso más que “What you don´t know (sure can hurt you)”, la que suele comenzar un repertorio normal.

Quizá lo que diferenció a Twisted Sister del resto es que estamos ante un disco con dos o tres clásicos atemporales y que permanecen vivos en la memoria colectiva. Como lo interpretaban por orden, uno de ellos llegó pronto: “We´re not gonna take it”. ¿Quién, con más de treinta años, no ha cantado este tema miles de veces? La locura y la fiesta se adueñaron de Valdespartera. Allí saltaban, gritaban, aplaudían,… Para colmo, me sorprendió que la mayoría no supiera la gracia del “huevos con aceite”. Cuando terminan la canción, Dee se dirige a Eddie preguntándole cómo se dice el español el estribillo. De esta forma, arrancan de nuevo con todos coreando la frase. A pesar de que lo tenga un poco visto porque lo suelen hacer en todas sus visitas, fue un momento divertido. Un cambio de tercio más serio y, para mí, mejor vino con “Burn in hell”. En el comienzo lento y tétrico, Snider se agacha delante de una luz roja que le enfoca la cara, igual que hace Ronnie James Dio en “Heaven & hell”. Lo que pasa es que Dee es aún más feo que el viejo Elfo y su geta da pavor.

El interpretar “Stay hungry” en su totalidad estaba bien pero yo ya había visto la mayoría de los temas “sueltos”. Por eso, mis alicientes se concentraban en las inéditas. Por ejemplo, el turno era de “Horror teria”. Su primera parte, “Captain Howdy” cayó en el Lorca 2006 si mi memoria no falla. “Captain Howdy” está bien aunque un poco monótono; sin embargo, “Street justice” me encanta y no había tenido el placer. De las que más disfruté. Justo lo contrario de “I wanna rock”. Así como “We´re not gonna take it” fue un himno de adolescencia, “I wanna rock” nunca me ha dicho nada salvo por su desternillante videoclip. Claro que debo ser el único que piensa así porque es otro de los hits de Twisted Sister y se demostró. Sin embargo, la que parte el bacalao en toda ocasión es la balada “The prize”, uno de mis lentos más idolatrados. Aunque Dee lo pasa mal, se defiende bastante bien y todos nos desgañitamos con su memorable puente.

El otro corte no escuchado hasta ahora es “Don´t let me down”, una composición bastante simple y que pasa desapercibida en el álbum. En directo estuvo bien por la novedad. Nos acercábamos a la conclusión del disco, y con ello, de la velada (algo que no sabíamos por entonces). Tanto “Don´t let me down” como “The beast” rebajaron la intensidad del público que no del quinteto porque se nota que les gusta descargar la machacona “The beast”. El final, lógicamente, vino con “S.M.F.” y los presentes nos convertimos en unos “sick motherfuckers”. Twisted Sister triunfaron sin ambages. Otra cosa es que nos “deban” un cuarto de hora, algo que me parece impresentable. Si nos regalan un par de temas más, hubiera sido, junto a Saxon, el concierto del Metalway.

MOTORHEAD: ¿NACIDOS PARA GANAR?

¿Hace falta recordar lo que pienso de Motorhead antes de entrar a valorar su actuación? Seguramente, sí, para regocijo personal y náuseas de algunos. No me gustan, no puedo con ellos. Sí, tienen algunos himnos inmortales e, incluso, álbumes que merecen la pena pero mi desafección está por encima de lo racional y entre en terreros de la bilis. Y es raro, porque este tipo de rock acelerado, ruidoso y macarra (me niego a llamar a esto heavy metal), debería estar en alto nivel en mi escala pero, chico, todos tenemos fobias en la vida y las mías, en música, se llaman Motorhead, AC/DC y los Kiss de los setenta. No digo que odie a esos conjuntos pero no comprendo la devoción que muchos profesan, la considero aún más irracional que mi rechazo. Por eso, cuando me topo con ellos en eventos que voy a cubrir, suelo vacunarme antes por el posible hate mail que puede llegar a nuestra redacción con todo tipo de lindezas por “meterme” con sus héroes. Eso sí, reconozco que me encanta eso del hate mail…

Un festival patrio es escenario perfecto para encontrar a Lemmy y los suyos. De acuerdo en que son una institución pero la originalidad brilla por su ausencia cuando les ponen, siempre en posición preferente, dentro de un cartel. La última vez que les vi (Metalway 2005) sentí pena por ver cómo los británicos eran literalmente arrasados por Korn (que me gustan muchísimo menos que Motorhead) que actuaron justo detrás, mal que les pese a la mayoría de los allí presentes que intentaron negarlo solo por el hecho de que Jonathan Davies y los suyos “no son metal”. Debe ser que tenía mala suerte con el trío porque en el Graspop 2004 tampoco es que dieran un concierto para recordar, así que, al menos en mi experiencia, la supuesta eterna juventud y demoledor directo de los Motor, como que no. No hay dos sin tres, dice el refrán, y me preparé concienzudamente para disfrutar (o, cuanto menos, no dormirme) los setenta minutos que duró su descarga. Eso sí, los tipos cumplen porque no nos escatimaron ni un minuto. Profesionales sin mácula.

Me llevé un alegría porque la cosa comenzó genial, nada menos que “Iron fist”, uno de mis temas favoritos del grupo. Sonaban alto, demasiado altos quizá, pero más o menos claros. Si a “Iron fist” le añadimos “Stay clean”, esta sí, más habitual, el inicio era casi inmejorable y empecé a pensar en un show basado en las canciones que yo elegiría “Eat the rich”, “Hellraiser”, “Orgasmatron”, “Iron horse/born to lose”, etc. Nada más lejos de la realidad porque aquello se convirtió en un repaso a los clásicos básicos de Lemmy y cía. más una rendición no demasiado importante de sus tres últimos discos: “Motorizer”, “Kiss of death” e “Inferno”. Solo con éste estoy familiarizado y agradecí que tocaran “In the name of tragedy”, ya imprescindible e ideal para este tipo de situaciones, “Rock out”, “Be my baby”. Entre medias llegaban otras que la gente aplaudía a rabiar como “Love me like a reptile” o “Metropolis” que resultó notable.

Entre las que no esperaba, algunos fueron más destacables que otras. En el plano positivo, una furiosa “Over the top” y en el negativa la, para mí, intrascendente “Going to Brazil”. Si querían algo de “1916” podían haberse decantado por “The one to sing the blues” o “R.A.M.O.N.E.S.”. Pero si hablamos de intrascendencia, el solo de Phil Campbell es un ejemplo que viene ni que pintado a tal alusión. Malo lo de Mikkey Dee pero que Campbell nos quiere hacer parecer que es un maestro de las seis cuerdas, me mató. Rompió la dinámica medianamente positiva que llevábamos y ni “Another perfect day” me hizo remontar. Para concluir su actuación regular apareció Dee Snider de espontáneo para acompañarles en la fantástica “Killed by death”. Quedaba únicamente la traca final y no hace falta ir a Harvard para saber que sus himnos definitivos se los reservan para culminar el repertorio: “Ace of spaced” y “Overkill” dieron la réplica al “I wanna rock” o “We´re not gonna take it” para erigirse en canción más coreada del día (creo, sinceramente, que ganaron Twisted Sister). “Ace of spades” vino precedida por un breve ejercicio de Mikkey Dee con su kit de batería a modo de minisolo que no molestó más de lo debido.

La sensación general de sus seguidores es que fue otro gran show de Motorhead (ya sabéis que es políticamente incorrecto decir nada de ellos) pero inferior a otras citas a lo largo de la geografía española que se han sucedido en la larguísima trayectoria del grupo. Personalmente, sin llegar a divertirme, de las tres veces que les he visto, me ha parecido la más entretenida y eso que un set list prometedor terminó en correcto. El carisma de Lemmy entre su gente es algo que permanecerá para la posterioridad. Por supuesto, hay que poner en valor el hecho de que Kilminster tiene más de sesenta años. Sin embargo, siendo todos argumentos válidos, los acepto desde un plano objetivo. Si me pongo en la piel del subjetivismo, que al fin y al cabo es la que nos mueve en la música, aunque tuvimos momentos interesantes, me aburrí. Es mi problema pero debía reflejarlo. Si alguien conoce la solución a esta patología, que me avise. Gracias.

WARLOCK: REUNIÓN Y UN CUARTO

Me gustaría saber quién fue el genio que engañó a los programadores del Metalway para poner a Warlock de cabeza de cartel un día. No tengo nada contra los alemanes, me gustan, pero hay un montón de razones que confirman la “jaimitada” de la acción. Empecemos: 1) Warlock es Doro. Así se hizo ver en el pasado y con el paso de lo años, esta sensación se ha acrecentado aún más. 2) Doro suele hacer giras habitualmente (en España tiene el “abono” sacado) y su repertorio se centra en la banda que le dio la fama. 3) Si traes a Doro aseguras bastantes canciones de Warlock y por un precio mucho más ajustado. 4) Warlock no fueron una banda puntera en los ochenta, digan lo que digan algunos. Eran un combo prometedor que se iba consolidando pero siempre en segunda fila. Podríamos seguir pero no merece la pena cuando los hechos están ahí. Lo importante era pensar que disfrutaríamos de temas que la alemana no suele tocar en solitario. Ahora bien, cuando comprobé que disponían de setenta minutos, la cosa cambió. Un mes antes, Pesch había tocado en Bilbao, incluyendo nada menos que doce cortes de Warlock. En el tiempo estipulado, poco más iba a caer. Viendo los resultados posteriores, mis sospechas se hicieron realidad.

La formación que presentaban era, probablemente, la más exitosa. Con los guitarras Peter Szigeti y Nico Arvanitis, más el batería Michael Eurich. De los que grabaron “True as steel” solo faltaba Frank Rittl que fue sustituido por el inefable e hiperactivo Nick Douglas, el bajista de la banda de Doro. Las dudas sobre la compenetración del quinteto tenían que estar presentes. Quitando un Wacken y el vigésimo quinto aniversario de la “divina rubia”, no se les había visto juntos en un escenario en más de dos décadas. He de señalar que me convencieron rotundamente en su puesta en escena. Sonaron poderosos, contundentes y ocupando el largo y ancho de la tablas. Szigeti y Arvanitis se movieron más de lo que esperado e, incluso, hacían juegos entre ellos y con su “mentora”. Nick estaba algo más comedido porque era consciente que “no jugaba en casa” pero paulatinamente se animó. Los coros no se escuchaban especialmente bien pero la sensación general, en ese aspecto, debe ser calificada de positiva.

Otra prueba de que era un tanto surrealista ponerles encabezando el día fue que ni mucho menos reunieron el mayor número de gente. Eran las dos de la madrugada pero con Twisted Sister y Motorhead la expectación era infinitamente mayor. Cuando comenzó la intro, aproximadamente el sesenta por ciento de los asistentes del viernes aguardábamos la entrada de Warlock, que irrumpieron con “Earthshaker rock” de “Hellbound”. Con ella empezamos a darnos cuenta de que estaba bien pero ya lo “habúiamos visto” antes. No sé si me entendéis, es salir Doro y da igual que estén los componentes de hace veinte años o cuatro mercenarios competentes. Ella es el centro de atención por lo que la reunión no es quede descafeinada sino que se ciñe a un episodio nostálgico más para los propios miembros que para los fans. “I rule the ruins” sirvió de primera parada en “Triumph and agony” que, a la postre, iba a ser su álbum estelar, si bien se dejaron cosas que nunca imaginé que obviaran como “Metal tango” (que, a veces, toca Doro) o “Three minute warning”.

Y es que ésta es una de las cosas que no entiendo. Es verdad que nos dieron un par de “golosinas”. En concreto, hablamos de “All night” de “Hellbound”, y “Midnite in china” y “Fight for rock” de “True as steel”. Vale que al ser mayoría de componentes de este disco tuviera que tener presencia prioritaria pero es que ¡casi son las canciones que yo no hubiera elegido jamás! “Speed of sound”, “Mr. Rock” o de otros discos como las mencionadas en el párrafo anterior o “After the bomb”, “Out of control”,… me quedé atónito porque, por un lado, me apetecía ver rarezas pero, por otro, no eran las deseadas. Ellos las interpretaban con precisión y le echaban ganas pero, incomprensiblemente, seguí disfrutando más con “Burning the witches” (slavo el inevitable alargue) o la genial “East meets west”. Seguramente, Peter, Nico y Michael escogerían un corte atípico cada uno y por eso quedó tan extraño el repertorio.

No obstante, hubo cosas positivas como, por fin, escuchar “Für immer” en su tempo correcto, algo que parecía un milagro que ocurriera. Si bien no es una de mis favoritas, me quité la espinita clavada que tenía de no divertirme con ella jamás. Eurich marcó un ritmo que nunca ha conseguido Johnny Dee, por diez vidas que lo intente. Szigeti ejecutó con solvencia el “Prelude to madness” que antecedió a “Metal racer”. Una vez presentado el quinteto, la inefable “All we are” también sonó como debía y no acelerada pero este tema no tiene remedio, me hastía. Tras menos de ¡una hora! abandonaron las tablas. No tardaron en regresar con la seminal “Hellbound”, de las grandes interpretaciones de su show, y, de forma vergonzante, no se les ocurre mejor idea que concluir con “Breaking the law” de Judas Priest. Recapitulemos: Warlock sacaron cuatro discos de estudio, disponían de un tiempo muy limitado que, para colmo, no consumieron, y encima tienen los santos (palabra censurada) de marcarse una versión. Intolerable porque nos quedamos con solamente doce composiciones del grupo estrella, del que tenía el nombre más alto en el cartel y de esa reunión “especial” que muchos esperaban como agua de mayo. Un engaño y manifiestamente deficiente, aunque el rato que tocaron lo hicieron francamente bien.


SABADO 27: LOS VERDADEROS HIJOS DE ODÍN

Vosotros tendréis vuestra propia opinión pero a mí me resulta un tanto patético esperar todo el santo día a que aparezcan los, supuestamente, reyes del metal porque, o eres muy fanático (que se cuentan por miles quienes no querían ver más allá de sus narices) o debes ser consciente de que Manowar pueden dar la de arena o ¿la de arena? No quiero meterme con ellos más de lo estrictamente necesario pero que nos deleitaran con algo histórico era casi tan difícil como que te toque la primitiva. Eso sí, el reintegro, la pedrea y las terminaciones nos acompañaron. Por lo demás, a priori teníamos un cartel con cosas típicas y la vuelta de Immortal a tierras españoles después del inolvidable “Fuck the sun” y “See you… in hell” del Metalmania 2003 que supuso el fin, momentáneo de sus actividades. Del resto, hubo pocas sorpresas y las que tuvimos fueron más bien negativas.

HOLYHELL: ¡SANTO DIOS!

Llegar de apadrinados de Manowar parece abrir muchas puertas. De lo contrario, difícilmente se entiende cómo HolyHell han conseguido entrar en varios de los festivales más importantes de Europa cuando su debut se edita estos días y cuentan con el bagaje previo de un mísero EP. Alguien puede decir que la trayectoria de ciertos miembros es prolífica. Puede ser, pero a nivel popular solo Rhino tiene el plurito de haber tocado con Manowar porque, sí, Joe Stump mola pero ¿quién demonios conoce a Reign Of Terror, MVP o su extensa carrera en solitario como guitar hero de tercera generación? Pero claro, entrar en la dinámica “Magic Circle” significa una proyección que puede volverse en tu contra, solo hay que recordar cómo terminaron Rhapsody. El caso es que se sentaron en la misma mesa que los “Kings of Metal” el viernes, y el propio sábado les organizaron de manera improvisada otro “meeting” con los periodistas que casi fueron cazados con lazo después de las fotos a Primal Fear.

Antes de eso, abrían fuego a esta última jornada del Metalway. Quedaba por comprobar si todas las excelencias que Joey di Maio nos había vendido el día anterior tenían reflejo encima de un escenario. Mi familiaridad con la música del quinteto estadounidense provenía de lo que había escuchado en su myspace. No me llamó la atención pero tampoco estuve todo lo atento que debía. Además, con los mimbres que había en el grupo estaba seguro que si las canciones eran de mi agrado, serían capaces de dar un buen espectáculo, aunque fueran las doce de la mañana. Además de los mencionados Stump y Rhino, el alma mater es Francisco Palomo que fuera integrante de Cristal y Acero, una formación mexicana bastante mítica. Completan el combo Jay Rigney y Maria Breon, mujer veterana pero de la que no conocíamos su existencia hasta ahora. No obstante, podía ser que se haya movido en el circuito de clubes de Nueva York y deleitarnos con sus portentosas cualidades.

Pues va a ser que no. Con un sonido más que aceptable y la manager de Manowar observando atentamente en el foso de fotógrafos, comenzaron con “Holy water” de su álbum homónimo que había salido a la venta el día anterior. La música esta a medio camino entre el power metal con voz “operística” y el neoclásico, esto es, una mezcla entre Yngwie y Nightwish. Personalmente, se me hizo tedioso. Si bien no están mal, a las tres canciones terminas aburriéndote. En “Eclipse” sacaron a relucir otra de sus características, las letras oscuras y deudoras de los Black Sabbath en la época de Dio. Vamos, que “Eclipse” imitaba a “Heaven & hell” cosa fina. María es una buena vocalista pero su presencia escénica y su carisma es nulo. Cuando hay partes instrumentales no saben dónde meterse y opta por abandonar sigilosamente. Joe Stump estuvo correcto pero no deja de ser un sucedáneo de Yngwie, su originalidad es escasa. El resto, bien, cumplidores, en especial Francisco que tiene un pedazo de equipo impresionante, digno de Jon Lord.

El tema que inicia el disco, “Winds of light”, resultó a la postre el único que me gustó por ser más directo que el resto y no tan sinfónico y forzado. “Armageddon” me pareció monótona y dejó por mentiroso a Palomo, que el día anterior en su única intervención en la rueda de prensa decía que HolyHell jamás tocarían con pregrabadas y que lo que sonaba era de verdad. ¿Qué se cree? ¿Qué somos tontos? ¿Qué los periodistas no acudiríamos al concierto de su banda? Surrealista y una tomadura de pelo. Es más, estoy seguro que había voces dobladas, me apuesto una mano. Para continuar con el bluff, una versión: “Holy diver” de Dio, ¿cuál si no? Y ahí es donde me vino a la mente otra formación: Benedictus. Los de San Diego son algo más heavies pero sus similitudes son sonrojantes. La revisión del clásico del metal, prescindible. Para cerrar, “Apocalypse”, que daba título a su EP pero que también está en “HolyHell”, como los otros dos cortes originales que aparecían en el mini. Es decir, que si os interesa el grupo no os compréis el EP porque solo aporta el “Phantom of the Opera” de Iron Maiden, que miedo me da escucharlo. ¿Conclusión? HolyHell = Tocomocho mix.

CANDLEMASS: EL MAL SAMARITANO

En la línea del subjetivismo que adorna ésta y, que nadie se engaña, todas las crónicas, se podría afirmar: “Candlemass repite del año pasado, vaya rollo”. A eso respondo: “¿Y qué?” Tienen nuevo disco, el sobresaliente “Death magick doom”, únicamente es la tercera vez que descargan en nuestro país y, qué diablos, son dioses. Fin de la discusión. Les habían puesto a una hora insidiosa para un conjunto de doom metal pero ellos, si se lo toman en serio, son capaces de superar las adversidades. En el anterior Metalway dieron un concierto notable y hacía aún más calor. Otra cosa es discutir la viabilidad de Candlemass sin Messiah Marcolin. Para mí, no es ni tan siquiera planteable por dos motivos: Leif Edling es el único que puede clamar algo porque fundó la banda y Robert Lowe es de los pocos elegidos que no hace el ridículo sustituyendo a Marcolin. Solo hace escuchar “King of the grey islands” o “Death magick doom”.

Tenía muchas ganas de oír temas nuevos porque sabía que los clásicos iban a ser los mismos de siempre. Encima, el año que viene en Keep It True hacen un repertorio especial tocaron entero el “Epicus doomicus metallicus” con Johan Langquist, el cantante original del disco, un hecho histórico. Ahora que se cumplen veinticinco años desde su formación, la vigencia de Candlemass es total y seguro que cuando acabe este 2009 “Death magick doom” estará en mi lista de favoritas. Por eso, es escuchar la cinta introductoria con la “Marcha fúnebre” de Chopin y sentir un cosquilleo por el cuerpo. Es una de las mejores entradas que hay para ambientar un show. Aunque podrían hacerlo más teatral, el quinteto escandinavo salta sin grandes alardes, enchufa sus instrumentos y empieza con “Emperor of the void”, la más destacada de “King of the grey islands”.

Robert Lowe sigue igual de amanerado que hace doce meses, con sus lentillas más propias de Marilyn Manson que de un componente de un grupo serio pero le coges el punto. Lo que no es tolerable es que se olvide de parte de las letras, algo que le sucedió en un par de cortes. No sé si tenía resaca o jet lag, pero restó bastante a la impresión general porque luego cantó muy bien, en su línea, se le oía bajo pero aceptable, como en “Dark are the veils of death”. No es Messiah pero casi y le imprime su propia interpretación que no queda nada mal. Por supuesto, “Samarithan” la hace suya porque desde tiempos inmemoriales Solitude Aeternus (su conjunto de siempre) la tocaban. No había excesiva gente para verles pero sí que estábamos unos cuantos fanáticos de los suecos que con estos tres temas estábamos metidos de lleno en la actuación.

No obstante, era el momento de la actualidad y para ello escogieron las previsibles. Por una parte, “If I ever die”, una de las composiciones más cañeras de toda su carrera, ideal para el headbanging; unida por la guitarra de Lars Johansson, la genial “The hammer of doom”, una elegía digna de los Black Sabbath más inspirados con un riff a lo Tony Iommi que te deja boquiabierto. En “If I ever die” es donde Lowe se olvidó un trozo y deslució la ejecución pero no importó porque se salieron. La gloria estaba a su alcance y “At the gallows end” significó un clímax en todos los presentes porque ese tema es pura dinamita y emoción, en una reflexión del reo ante su inminente muerte. Para rematar la faena, “Solitude”, sin duda su canción más conocida. No sonó especialmente bien pero pudimos disfrutarla. Se me hizo raro que cayera tan pronto porque quedaba más de un cuarto de hora de concierto pero más extraño me pareció que, al concluir, se marcharan.

Estaba atónito ante lo acontecido y no encontraba explicación. Luego, en la firma de discos, nos comentaron que les habían dicho que tenían que terminar pero no encajan las piezas porque no iban con retraso. Menos aún me cuadra el asunto cuando regresaron y en vez de hacer una suya cogen y se marcan el “Kill the king” de Rainbow para regocijo popular y cabreo monumental del equipo de Cuantoyporquetanto. Aunque sea que se toquen una del “Dactylis glomerata” pero que, al menos, sea de Candlemass. Un desastre total de una actuación mutilada, que llevaba camino de ser muy grande pero un mal samaritano nos privó de lo que merecíamos. Le pediremos explicaciones.

PRIMAL FEAR: SUENAN LAS ALARMAS

Llevaba un tiempo descansando de las huestes de Ralph y Mats. Es saludable. Acostumbrado a verles cada tres meses, y dado que la gira en la que abrieron para UDO coincidió con Gorefest en Madrid, el hecho de permanecer más de dos años sin un concierto hizo acrecentar mis ganas de Primal Fear. A esto ayudaba que de no interesarme nada su propuesta musical, “New religion” y, en menor medida, “16:6” han reactivado mi pasión por el quinteto alemán. No se agolpaba demasiada gente en torno al escenario porque quedaban más de diez minutos pero, casi por sorpresa, saltó la intro que acompaña la salida de los germanos. Situación pareja a la vivida con Lita Ford una semana antes, cogió desprevenida a una gran mayoría que tuvo que apresurar su paseo desde las tiendas para llegar con la descarga empezada. Malo que comiencen tarde y acorten el set, pero hacerlo antes sin avisar no es muy normal, por lo que el concierto fue aumentando en asistencia según se desgranaban canciones.

Nada más irrumpir en las tablas comprobamos que Magnus Karlsson no se encontraba presente. Según anunciaron unos días antes, Magnus había sido padre de gemelos y no estaba disponible para la semana previa al Metalway; sin embargo, creía que en Zaragoza sí le veríamos pero tampoco. Eso sí, Ralph Scheepers en la presentación de la banda no mencionó nada sino que se limitó a pedir el aplauso para Alex Beyrodt, igual que para el resto de compañeros. Alex, como sabéis muchos, es un avezado guitarrista que formó Silent Force con el gran D.C. Cooper, además de pertenecer a Sinner. Recientemente, comentamos en estas páginas su disco como Voodoo Circle, un ejercicio destacado de metal neóclásico. Junto a Henny Wolter se repartieron los solos de manera eficiente.Por cierto, que Ralph dijo Alex Beyrodt de las Islas Canarias, por lo que supongo que, como tantos compatriotas allí vivirá. Además de los líderes Mats y Ralph, el enorme baterista canadiense Randy Black completa un quinteto poderoso.

La actuación dio inicio con “Under the radar” de “16:6” que tuvo bastante protagonismo en esta hora de la comida en España. El sonido no era malo con dos matices. El doble bombo retumbaba y ocultaba al resto de instrumentos y el micro de Scheepers, en un momento dado, tuvo problemas, tantos que el vocalista se cogió un cabreo monumental hasta que se solventaron. El repertorio fue una especie de “cuentos de ayer y de hoy” que dirían los Ñu. Si exceptuamos “Metal is forever” la época intermedia de Primal Fear fue ninguneada cosa que, por otro lado, no me extraña porque no se acerca en calidad ni a la primera ni a las últimas entregas. De esta forma, iban mezclando cortes conocidos por todos como “Batallions of fate” o “Nuclear fire” con novedades tipo “Killbound” o la propia “Six times dead (16:6)” que quedó especialmente rotunda en directo. Para mí, la prueba del 8 es si un show baja cuando suenan cosas recientes y os aseguro que no es el caso. Es más, “Fighting the darkness”, el increíble corte de “New religion”, fue de las más aplaudidas aunque no la interpretaron en su totalidad y los teclados estaban grabados. Su segunda parte, “The darkness”, se sustituyó por solos de guitarra infumables que sí hicieron que la actuación se resintiera.

En el colmo de la mala suerte, cuando regresan todos los miembros y encaran “Riding the Tagle”, la canción que abre “16:6”, se hicieron patentes los fallos del micrófono, que iba y venía sin saber muy bien Ralph por qué. Cambió de aparato, se fue al ordenador, pero nada. Se oyó el chorreo que le echó a los técnicos y cómo maldecía. Por fortuna, fue solo un tema y en “Metal is forever” se escuchó con nitidez. Como es habitual, la gente acogió “Metal is forever” en plan estelar cuando me parece una composición absurda y aburrida. No lo entiendo. Será que voy contracorriente. Con ella se marcharon momentáneamente pero no tardaron en dar carpetazo a su set list con la fenomenal “Chainbreaker” de su debut que nos dejó a todos satisfechos. Como suele suceder en estos casos, nos faltaron cosas aquí y allá lo que significa que el concierto estuvo bien. Esperaremos hasta octubre, en donde regresan con Brainstorm en un tour que promete. Por ahora, el veredicto es que he recuperado la fe en Primal Fear. Probablemente, si me acostumbro de nuevo a verlos “cada fin de semana” caiga en la apatía, así que, aprovechemos la conyuntura.

DESTRUCTION: UN PASEO POR EL INFIERNO

La explicación de los problemas de conexiones en los vuelos para poner en la infame carpa metal a los Destruction no se los cree nadie porque con cambiar un poco los horarios y acoplarse todos habría valido. Total, que como Primal Fear acabaron antes (salieron, como hemos comentado, más pronto de lo estipulado), el trío liderado por Marcel Schmier no había iniciado su actuación. Se produjo una espera que incidió en el solapamiento inevitable de estos y Pretty Maids. Como había que elegir, opté por los daneses que los tengo “menos vistos”. Con todo, nos acercamos un rato a comprobar las “excelencias” del antro que decían llamar escenario. Es innoble meter ahí a un grupo porque no se reunían las condiciones mínimas. No sé si Schmier a lo largo de la descarga hizo comentario al respecto porque no se suele morder la lengua.

Sea como fuere, las tablas, que servían para ciertos sujetos pincharan las misma canciones durante todo el día, se acopló mínimamente para que los de Baden Wurttemberg pudieron disfrutar de unas condiciones mínimas. Como era previsible, y dado que Destruction no son AOR precisamente, la bola de sonido que se creó resultó infecta. Mark, Mike y Marcel lo estaban dando todo pero era imposible. La gente, que es “burro grande, ande o no ande”, se lo pasaba pipa y aguantaba el peor enemigo posible de la carpa: el calor. Te adentrabas dos metros y era indescriptible. La estancia a pleno sol era más agradable y llevadera que la carpa metal. Me pareció extraño que no evacuaran a alguien porque soportar eso se me antoja inhumano. Unos héroes los que se metieron al corazón de la “jungla”.

El rato que vi estuvieron como siempre, demoledores. Abrieron con “Soul collector” de “Inventor of evil”, un disco que no pasará a la historia pero que es mejor que su última obra, y muy pronto tiraron de “Bestial invasion” que, en otras ocasiones, iba al final del set list. “D.evolution” nos recordó por qué el álbum homónimo decepciona tanto y “Eternal ban” redundó en esta impresión de que, compositivamente, cualquier tiempo pasado fue mejor. Mientras estaba flipando con “Life without sense”, una de mis preferidas, me di media vuelta y Pretty Maids ya asomaban por el escenario principal por lo que pusimos rumbo a éste. Destruction continuaron arrasando y seguramente caerían las habituales “Mad butcher”, “Nailed to the cross”, “Curse the gods”, “Total desaster”, etc. Caballos ganadores.

PRETTY MAIDS: NO HAY DOS SIN TRES

No se puede titular de otra forma la crónica de los daneses porque a mí no me molestan pero suena a chiste que estén tres años seguidos en el Metalway, Monsters Of Rock o como se llame este evento. O han hecho alguna promesa a la Virgen del Pilar o es incomprensible. La única cuestión era dilucidar si Pretty Maids se iban a marcar un repertorio completamente distinto porque, en ese caso, la presencia estaría más que justificada. Vale, “Future world”, “Red hot and heavy” y, si acaso, “Back to back” deben estar, pero el resto no hace falta porque poseen cantidad de material como para confeccionar un conjunto de canciones excelente y del agrado del respetable que aguantaba estoicamente el calor que a esa hora azotaba Zaragoza. Pero no, es mucho más fácil repetir los mismos cortes una y otra vez, en un deja vu del que solo echaba de menos los nubarrones lejanos que se acercaban desde el Moncayo doce meses antes.

Tampoco quiero exagerar porque alguna cosilla novedosa sí que hubo, además de una alteración sustancial del orden pero eso es secundario. “Future world” puso Valdespartera en aviso aunque muchos la escucharon de camino desde las tiendas o la carpa metal. Es imposible no venirte arriba con esta composición pero la sorpresa llegó con “Lethal heroes”. Acostumbrados a “Rock the house” de “Jump the gun” que escogieran su tema de apertura, y favorita personal, me encantó. Lástima que Ronnie Atkins sufrió muchísimo con ella. Al bueno de Ronnie le noté más cascado, se ahogaba, no sé si por el calor o porque no había calentado suficiente la voz. La guitarra de Ken se oía pero no todo lo nítida que mereceríamos. No obstante, el sonido no era muy malo, simplemente mejorable, porque, por ejemplo, los teclados de Morten Sandanger de Mercenary sí que estaban puestos en su justa medida.

Ya digo que “Lethal heroes”, que vuelve loco, no me enganchó del todo como tampoco “Welcome to the real world”. Ésta la podían haber cambiado perfectamente por otra de su maravilloso última trabajo porque repetirla respecto a 2008 cuando no es un clásico del grupo está de más. Eché en falta un concierto más dinámico porque los parones entre canciones eran excesivamente largos y Ronnie gusta de pedir la colaboración de la audiencia, a veces erróneamente, porque es atrevido suponer que los presenten conocían “Walk away” por mucho que fuera single porque pertenece a “Scream”, un disco que la mayoría no escuchará en su vida. Digamos que “Walk away” fue la sustituta natural de “Sin decade” en representación de años no tan exitosos en el quinteto danés. Si me hubieran dejado, habría sido más acertado algo más trallero como “Nightmare in the neighbourhood” por elegir otra de “Sin decade”.

Por suerte, nos olvidamos rápidamente de ella porque llegó el punto culminante de su show con la recuperada “Yellow rain” de “Future world”. Librarnos de “We came to rock” es importante pero si su sustituta es esta excelsa composición, el cambio es exponencial. Ovación para los de Jutlandia. Siguiendo este segmento brillante saltó en los bafles el “Carmina Burana” y la emoción se desató con la versión de Hammerfall… ¡perdón! Dejémonos de ironía y comentemos las excelencias de “Back to back” con Atkins bastante más acertado que en los compases iniciales. Para completar el trío de imprescindibles, la comercial “Rodeo” que sí suele entrar en todas las rotaciones. Considero que el concierto ya había merecido la pena. No se puede calificar de glorioso pero sí de notable, cosa que con los precedentes no era fácil. Hay que añadir que los seguidores habituales u ocasionales de los daneses contribuyeron mucho a que Pretty Maids se animaran.

Con “Please, don´t leave me”, la versión de marras del tema escrito por John Sykes e interpretado por Phil Lynott justo antes de que John se uniera a Thin Lizzy que, curiosamente, es el single más famoso de Pretty Maids, Atkins descansó un ratito dejando al público que cantara el estribillo de la balada. “Love games”, la cuarta (sobre diez totales) de “Future world” hicieron el amago de irse pero quedaba, lógicamente, “Red hot and heavy”, un corte que no es de los que idolatro dentro de la extensa discografía del quinteto pero comprendo que debe estar siempre. Reitero que la sensación global es que Pretty Maids nos ofrecieron un buen espectáculo, quizá el máximo de lo que pueden dar de sí hoy en día pero que les deja en buena posición. Es una pena que no sean tan grandes como ellos piensan que deberían para afrontar una gira europea de garantías que les trajera a nuestro país con un repertorio completo.

DARK TRANQUILLITY: DEMASIADO CERCANOS (II)

Toda la introducción que hicimos para Amor Amarth se puede aplicar a sus compatriotas. Dark Tranquillity se pasaron por algunas localidades españolas a finales de enero con éxito rotundo de público y crítica. Si bien se centraron en exceso en sus obras más recientes dejando de lado el material antiguo, el nivel fue muy alto y todos nos sentimos satisfechos con aquella gira. Por lo tanto, para los que acudimos entonces no había aliciente salvo el lógico entre los fanáticos del grupo que desearían tenerles cada tres semanas por aquí. Este concierto en el Metalway estaba reservado para los sufridos metaleros de lugares que no tienen la suerte de ser sede habitual de los tours que recorren la península Ibérica. Sin embargo, siempre te queda la esperanza de que los suecos se hubieran guardado un as en la manga en forma de canción “oscuro” dentro de su catálogo. Es evidente que el optimismo dentro de la música solo se materializa en casos que se cuentan con los dedos de una mano.

En la línea desde la salida de Primal Fear el concierto de unos de los precursores del sonido Gotemburgo comenzó antes de lo previsto, cinco minutos. Aun así, bastante público se agolpaba delante del escenario porque si bien el calor no había remitido, la psicología humana funciona a tope por no estar a las horas centrales del día porque, perdón por el inciso, cuando se suelen marcar las temperaturas más elevadas en las ciudades y alrededores es a las siete de la tarde porque el asfalto y el calor intrínseco de la urbe hace que andar por las calles parezca hacerlo por el mismísimo infierno. Con la maravillosa “The treason wall” comenzaron Dark Tranquillity un concierto estándar, ni bueno ni malo, una actuación correcta, que para siempre supone no decepcionar pero que tampoco pasará a los anales de la historia del festival. “Lost to apathy” animó a una audiencia que estuvo más parada de lo que hubiera imaginado, esto es, disfrutaba pero no se volvía loca, tal vez por lo anteriormente comentado sobre las prestaciones del sexteto en directo.

Mikael Stanne estuvo bien aunque detecté que quizá tenga en breve problemas de voz nuevamente porque se le está “blackerizando”, creo que me entenderéis si utilizo esta palabra inventada. “The lesser faith” y “Focus shift” fueron las primeras apariciones de “Fiction”, un álbum que, para mí, día a día gana. No es un clásico ni se encuentra en mi top3 del grupo pero supera con creces a “Character”, para mi gusto (aunque no el de la mayoría) el único lunar de su increíble trayectoria. El sonido no era nítido sino más bien opaco con la guitarra de Nicklas Sundin en un segundo plano, tapada por el resto de instrumentos. El sector más destacable de la descarga vino al enlazar dos cortes tan grandiosos como “The wonders at your feet” y la imprescindible “Final resistance” donde, ahora sí, se vio más movimiento entre los fans. De vuelta a “Fiction”, otro par de composiciones no tan inspiradas ahondaron en la enésima presentación del disco. Reitero que es muy bueno pero de doce temas escoger seis para tocar en el Metalway, máxime cuando en breve grabas una obra nueva, no parece excesivamente inteligente ni lógico.

Otro momento álgido, fue “ThereIn” de “Projector” donde Stanne invitó al público a que cantaran con él la parte de voz melódico, y a fe que lo hicimos. La único cosa “rara” que presenciamos en el show fue que Mikael, tres lustros después, se enfundó la guitarra para tocar los primeros acordes de “Yesterworld”. En Madrid también nos habían puesto el caramelo pero lo hizo Martin Henriksson directamente. Aquí Stanne rememoró los inicios de Dark Tranquillity donde él se ocupaba de las seis cuerdas. Como viene siendo costumbre en la gira, cuarenta segundos y a darle con “Punish my heaven”, la única que cayó del seminal “The gallery”. El repertorio se completó con “The mundane and the magic” y “Terminus (where death is most alive)” y yo me vuelvo a preguntar el por qué tienen que interpretar “The mundane and the magic” si se obligan a llevar enlatada la voz femenina. Para eso, que opten por una de las múltiples canciones mejores que esa que tienen en su extensa carrera. “Terminus” me temo que nos la “comeremos” de por vida pero es lo que hay. No voy a afirmar rotundamente que el concierto de Dark Tranquillity me sobró pero a poco que hubieran puesto una formación no demasiado habitual (aunque no fuera de mis preferidas) fijo que me habría hecho más ilusión. Es el problema de este Metalway, que un adicto a las giras y con edad superior a veinticinco ha visto demasiadas veces a casi todos.

MOONSPELL: DEMASIADO CERCANOS (III)

¡Qué decir, entonces, de los paisanos del inefable Cristiano Ronaldo! En este caso, un mes desde que el desafortunadísimo periplo europeo con Cradle Of Filth y Turisas nos rindiera visita y ya teníamos por aquí a unos abonados a los festivales de Rock N Rock y, en general, de la península. La pregunta sigue en el aire, aunque también la podéis chequear en la crónica del mencionado tour. ¿Por qué Moonspell solo aparecen por aquí en grandes eventos y como teloneros? Es un misterio sin resolver (desde aquí nuestro homenaje al gran Julián Lago) porque la última vez que los trajeron a dar un concierto de cabezas de cartel (en la época del “Darkness and hope”) la entrada que registró la sala Heineken de Madrid fue más que notable. Por lo tanto, resulta incomprensible que no haya nadie que se plantee llamarles por teléfono a Lisboa, que cojan la furgoneta y estén un fin de semana por España. No tengo dudas sobre la rentabilidad de la jugada.

Lo que pasa es que yo no soy promotor por lo que toca apechugar con esto. Imaginaos mis ganas de Moonspell a estas alturas de la película. Sabía, por supuesto (la inocencia y esperanza se me acabó en Dark Tranquillity), que no cabría el corte recuperado o las variaciones del set list. Nos íbamos a tragar el mismo espectáculo que con Cradle y, si acaso, por motivos de tiempo, una canción más. Esto merece una reflexión porque no es que lo haya descubierto ahora sino que ha sido más el paso del tiempo. El endurecimiento de los lusos en sus últimos trabajos es indudable. Podemos aplaudir este hecho pero se han convertido en un grupo más “normal” y “convencional”. Antes emanaban química y sus canciones tenían una magia especial (en determinados álbumes) pero ahora, sí, molan, se dejan oír, pero no destacan sobremanera. Esta es mi opinión y por ello no es que me hayan dejado de interesar porque siempre sacan cosas que merecen la pena pero actualmente no les tengo en el pedestal que hace años.

Ante un recinto bastante poblado y con cuatro o cinco banderas portuguesas, el quinteto saltó con “At tragic heights”, el extenso tema que abre “Night eternal”. El sonido no era malo pero seguía en la tónica general, le falta brillo y lustre. Únicamente Manowar tuvieron ese plus que se necesita para catalogar este aspecto como positivo. Como si estuviera viviendo un deja-vu permanente, siguieron por “Night eternal” y la sobresaliente “Finisterra”. ¡El orden exactamente igual que en mayo! Es que ni en eso se puede alterar un poco la dinámica. “Finisterra” gustó mucho entre la audiencia que gritó a rabiar con “Opium”, ejecutado de forma manifiestamente mejorable, en particular por un Fernando Ribeiro cada día más metido en el papel que “interpretó” en su efímero proyecto Daemonarch. Esto hace que los tonos rasgados de los años iniciáticos de Moonspell queden raros con estas tesituras. Por cierto, a ver si de dan cuenta que sin Anneke no pueden tocar “Scorpion flower” en directo. Es como Dark Tranquillity con “The mundane and the magic”, no sé qué perra les ha entrado.

Finalmente, no metieron más temas (¿Por qué una hora en festival la mayoría de grupos lo consideran sinónimo a diez canciones?) pero sí alteraron un par respecto al mes pasado. “Moon in mercury” y “Luna” dejaron paso a “Blood tells” de “Finisterra” (muy buen tema) y la excelente “Nocturna” del, para mí, su último gran trabajo, “Darkness and hope”. Como podéis suponer, considero que fue el mejor rato de la tarde porque de aquí hasta el final no había que ser muy listo para saber que restaban únicamente “Vampyria”, que jamás entenderá el por qué se le tiene tanto cariño cuando es la menos buena de la obra maestra “Wolfheart” (no cuenta “Tebraruna” que veo venir a alguno), “Alma mater” que de tanto que la he escuchado por primera vez no me hizo volverme loco y “Full moon mandes”, que sí, que es una canción especial para ellos y todo lo que queráis, pero le daría una temporadita en el banquillo en pro de otras de “Irreligious” como ya comenté en la crónica de la gira.

Estamos ante el mismo caso de Dark Tranquillity y Amon Amarth aunque reconozco que con Moonspell disfruté un poquito más. Son enormes bandas, con bagaje y calidad de sobra para deleitarnos, pero tantas veces con, salvo alguna excepción, los mismos temas satura al fanático número uno. Creo que los lusitanos, en su próxima entrega, deberían plantearse un lavado de cara del repertorio. Con dejar “Opium” y “Alma mater” debería ser suficiente, así podrían dar cobertura a un montón de composiciones que están esperando turno y sus seguidores agradecerían. Y, por supuesto, dejar de ser teloneros de Cradle Of Filth (¿Fernando y el pequeñín Dani pareja de hecho metálica?) y embarcarse en su propia gira. Sé que estoy soñando despierto pero como es gratis, lo suelto.

GOTTHARD: EL HABITAT NATURAL

La tarde iba cayendo en Valdespartera y musicalmente daba un giro radical. De bandas más cañeras (dentro de su melodía) como Dark Tranquillity o Moonspell pasábamos a un conjunto como Gotthard cuya propuesta es ideal para pabellones, estadios o festivales como éste. Es paradigmático el caso de los suizos. De no venir jamás a España, gracias a “Lipservice” se convirtieron en una de las formaciones más demandadas. Por ello, nos los encontramos hasta en la sopa. Así, contando con que “Lipservice” se editó en 2005 contaría tres giras de cabezas de cartel, Metalway de Guernica, evento motero, Lorca, Kobetasonik y ahora nuevamente en la cita veraniega de Rock n Rock. Incluso estoy seguro que alguna se me olvida. Menuda sobre exposición a Steve Lee, Leo Leoni y compañía. No obstante, esta actuación presentaba dos aspectos fundamentales. El primero es que se trataban de los shows de despedida de “Domino effect” porque en otoño volverán a nuestra país pero ya con disco debajo del brazo, “Need to believe”, del que he escuchado el single y, bueno, no me dice nada, es un tema para atraer al gran público, esperemos al resto porque no creo que defraude. En segundo lugar tenía que comprobar si la tendencia a la bajas de sus últimas visitas seguía, con lo cual problema al canto, o habían recuperado las ganas. En mi opinión, la gira del “Domino effect” no fue todo lo buena que debía, en particular porque Steve estaba muy tocado de la voz.

Los fans de Gotthard han salido de debajo de las piedras en estos últimos ejercicios. Cualquier hard roquero que se precie debe afirmar que les conocía desde la demo. Por ello, todos los condicionantes externos eran favorables, solo quedaba que el sexteto diera un buen show y a fe que lo hicieron. Salieron con muchísima fuerza y ese “Master of illusion” que es ideal para comenzar una descarga. La más moderna y rítmica “Gone too far”, también de “Domino effect”, nos dejó claro que no habían venido a cumplir. Además, Steve Lee no solo ha recuperado sus registros habituales sino que gracias a su clase y carisma llevó en volandas a una audiencia que coreó las canciones con ilusión. Como era previsible, el repertorio se centró en los dos últimos discos y solo obtuvimos pinceladas de su prolífica carrera como la genial “Top of the world”, siempre punto de referencia y destacable.

Otro aspecto a comentar es que se dieron cuenta dónde estaban y se olvidaron de las baladas. Solo un corte lento, “The call”, y un par de medios tiempos. El resto, composiciones marchosas como el clásico de Deep Purple “Hush” (aunque la han hecho “suya” en un set list reducido no la metería nunca) o la trallera “All we are”, que daba inicio a “Lipservice”, que cosechó una de las ovaciones de la tarde. Lee, que como estaba en plan maestro de ceremonias, sacó la armónica con lo que suponíamos que llegaba “Sister moon” que se ha quedado como única referencia a “G.”, al menos en estos conciertos de verano. Me extrañaría que no tuvieran entrada “Make my day”, “Mighty queen” o, sobre todo, “One life, one soul”. Puestos a explorar el pasado, la potente “Mountain mamma” hizo que los “actores secundarios”, que no por ello menos importantes, jugaran su baza y tanto Freddy con su solo como la base rítmica formada por Marc Lynn y Hena Habegger dieron empaque a la magnífica composición.

La última parte de la actuación se centró en “Lipservice”, comenzando con “Said & done”, que se ha asentado por encima de otras canciones más fáciles de oír como “Dream on”. Antes de la traca final, la adictiva “The oscar goes to you”, para mí la mejor de “Domino effect”, un álbum cuyo único “defecto” es haber salido después de “Lipservice” que, se acepte o no, es un joya. Prueba de cómo ha calado en la gente fue “Lift U up”. Tremendo cómo botaba el público, tanto que la banda quedó alucinada y eso que ya están acostumbrados a ver cómo nos las gastamos en España. Cerraron con otro de los singles de “Lipservice”, la fantástica “Anytime, anywhere”, aunque sin bailarina. Esto es una anécdota porque el concierto solo puede ser calificado de notable alto. Si estás acostumbrado a ver a Gotthard en directo no hubo sorpresas pero no me quedan dudas que su hábitat natural son los escenarios grandes, con un público dispuesto a pasarlo bien y cantar la multitud de himnos de hard rock que los suizos poseen. Iba a decir que nos veíamos en la gira de otoño pero algún inteligente promotor no ha tenido una idea más brillante que hacerles coincidir en Madrid con Over The Rainbow por lo que me temo que dejaré a los de la Confederación Helvética para la “segunda vuelta”.

STRATOVARIUS: ¿ES SIN TIMO UN TIMO?

Sí, lo sé, he tirado de título fácil pero es que lo han dejado a huevo. El bochorno y la vergüenza ajena que han provocado Stratovarius en este último lustro es directamente proporcional a la ínfima calidad de todos sus trabajos desde “Infinite”. Porque podemos asentir o dejarnos llevar pero es innegable que los finlandeses son uno de los pocos grupos que mantuvieron la llama del heavy metal viva en los noventa. ¿A costa de qué? Dirán muchos, con razón. Probablemente a costa de desorientar a mucha gente joven pensando que los sonidos clásicos son los suyos o los Helloween, Gamma Ray, Blind Guardian o el resto de formaciones que, con mayor o menor acierto, se denominan power metal europeo. La oleada de “felicidad” se acabó y todos ellos evolucionaron, casi siempre con poco acierto, pero se han mantenido en una línea de seguimiento bastante importante, comparado con el resto de bandas que pululan por la escena. Después de los grandes nombres, son este tipo de conjuntos los que más atraen al público, nos guste o no.

La cuestión no es esa, radica en algo más grave. Desde 2003 Stratovarius se dedicaron a cavar su propia tumba. Es verdad que el artífice del drama fue Timo Tolkki pero la actitud de sus compañeros (comenzando por Jens Johansson) no contribuyó a que la cosa mejoró. Después del surrealista episodio de Granada (apuñalamientos, micciones inapropiadas, litros de alcohol y todas las salvajadas que queráis añadir), parecía imposible que alcanzaran cotas más altas de ridículo (el pasaje de Miss K. como vocalista es lo más grande que he visto en años) y optaron por terminar una etapa. Sin embargo, la cabeza distraída de Tolkki no daba para mucho porque el disco homónimo fue una decepción para la mayoría de sus seguidores. El guitarrista anunció, el año pasado, la disolución del grupo pero no, sus compañeros no estaban dispuestos y replicaron que Stratovarius seguirían vivos y coleando pero sin la presencia de su miembro más longevo (que no fundador). Realmente lo intento pero pensar en Stratovarius sin Tolkki se me hace difícil, muy difícil.

La consecuencia de todo esto es que el otrora reputado guitarrista se ha montado su propia versión del grupo con ex compañeros de la etapa “Dreamspace” mientras que los cuatro quintos restantes tiran hacia delante, reclutan a Matias Kupiainen a las seis cuerdas y lanzan al ruedo “Polaris”. De Matias poco sabemos, únicamente que proviene de formaciones menores de death metal, pero por lo que demostró en el Metalway podemos concluir que posee habilidad y técnica, ejecutando correctamente los cortes antiguos. Eso sí, es como una fregona, el tío se colocó en su lado del escenario y no se movió nada. Parecía como el niño pequeño que le dicen: “Quédate aquí y no molestes”. Kupiainen, obediente, acató lo que sus jefes le dijeron (o, acaso, él es así) y se dedicó a tocar como un mecano. Si esto es lo que el resto quiere, perfecto, pero ya veremos qué viabilidad tiene el quinteto. De “Polaris” poco voy a decir porque no lo he escuchado lo suficiente pero es el típico caso de “vuelvo a lo de siempre pero intento matizarlo y me quedo a medio camino”. Si encima la inspiración no llega…

Había expectación pero más dirigida al morbo que por la emoción de ver de nuevo a Stratovarius en acción. La banda era consciente y sabía que tenía que dar un golpe de efecto rápidamente para meterse a la gente en el bolsillo. Uno de sus singles más conocidos, “Hunting high and low” abrió fuego con un sonido irregular pero aceptable que se prolongaría en los escasos cincuenta minutos que permanecieron sobre las tablas. “Speed of light” cabalgó con velocidad y penetró en sus fieles que botaron sin parar. Ya me di cuenta de por dónde van los tiros en esta “nueva banda”. Jens Johansson parece “el capo”. Curioso que siempre había estado relegado por todos sus jefes. Lauri es el que aporta dinamismo. Kotipelto bastante tiene con centrarse en no desafinar y Jorg Michael cumple pero está “a otra cosa” (lo de no quitar las gafas de sol es de traca). Con “Kiss of Judas” completaron un inicio de ensueño para cualquier fan que se precie.

Sin embargo, hete tú que el concierto pegó un giro de ciento ochenta grados con “Deep unknown”, la primera canción de “Polaris”. Dijeron que ya bastaba de clásicos y optaron por temas del “Infinite” en adelante, material más complejo (y mucho peor). “A millions light years away” pasó con más pena que gloria e “Eagleheart” quedó en evidencia porque no le llega ni a la suelta del zapato a las composiciones antiguas. La balada nueva “Winter skies” (con solo de teclados de la “estrella” Jens Johansson) va en la línea de “Forever” pero a años luz. Con “Higher we go” completaron la triada de canciones recientes y no cosecharon excesivos aplausos porque, para entonces, el show se había venido abajo irremediablemente y ni una aturullada “Black diamond”, con la intro de teclados de Johansson, salvó los muebles de una actuación que comenzó bien pero se fue diluyendo como un azucarillo. Para colmo, no solo nos “robaron” diez minutos sino que Lauri cogió el micrófono cuando se despedían y nos pidió que contáramos hasta cuatro en finlandés, que él nos enseñaba. Moraleja: El alcohol, en dosis elevadas, es muy malo y deja secuelas.

IMMORTAL: DIOSES VIKINGOS ENTRE LA ESPAÑA CAÑÍ

De las mejores confirmaciones del Metalway era la presencia de Immortal, seis años después de su última actuación en nuestro país. Después de su asueto, retomaron sus actividades en directo (y, en breve, editarán su esperadísimo álbum) y ahora le tocaba el turno a España. Tuve la suerte de verles en el Graspop el año pasado y fue espectacular. Enorme actuación, de lo mejorcito del festival, coronada por pirotecnia y fuego. Éxito rotundo de un trío que posee una característica de la que ya podrían aprender muchos (empezando por los que tocaron después que ellos): la autoparodia. Estos noruegos saben reírse de sí mismos y tomarse el black metal como lo que es, un estilo de música que nos ha ofrecido discos geniales y algunas de las situaciones más deplorables que se pueda imaginar el ser humano. Por eso, el humor está muy bien, sobre todo si cuando se pone a tocar no dejan enemigos a su paso…

Olvidaba un pequeño detalle. Aquí esto del black como que no se entiende bien en un festival tradicional como este Metalway y es cosa de “osos panda” muy colgados que hacen un ruido infernal. Por eso, la desbandada después de Stratovarius fue masiva y no hubo más porque había que guardar sitio privilegiado para ver a los “kings of metal”. Total, que cuando Immortal salían al escenario se podía estar a una distancia prudencial sin ningún agobio. Si es que está claro que es mejor ver a unos acabados que a estos “impresentables” escandinavos, ¡a dónde vamos a parar! Dejo las ironías porque, y esto sí que es serio, Abbath, Horgh y Apollyon se iban a encontrar con un adversario más contra el que no pudieron combatir: el sonido. Es evidente que Manowar no podían ver eclipsada su descarga ni por un momento y, “casualmente”, Immortal tuvieron el sonido más bajo de todo el festival (incluyendo primer fin de semana). ¿Será culpa de sus técnicos? Lo dudo. Para buscar culpables, pasaos por el camerino del “reyes”.

El repertorio que escogieron dejó un poco de lado su parte más black ortodoxo tirando de canciones épicas como viene siendo habitual desde su retorno. No obstante, intentó ser equilibrado y contener un poco de todo. Empezaron fortísimo con “The sun no longer rises”, única representación de “Pure holocaust”, y quizá uno de los cortes más representativos de su trayectoria porque irradia magia, oscuridad y misticismo. Reitero el asunto del sonido porque fue de vergüenza ajena. De “At the heart of winter” solo recordaron “Solarfall”, para mí la menos gloriosa de ese disco que, creo, representa lo que Immortal quieren ser a día de hoy. Con todo, su vuelta, aparte de por motivos económicos (como el 100% de bandas, no lo olvidemos), cobra sentido para continuar el sendero marcado por “Sons of northern darkness”, su última obra de estudio que ya tiene siete años, y del que enlazaron tres canciones seguidas. El tema que le da título está bien pero preferiría la gloria suprema de “Beyond the north waves”, de sus composiciones más emotivas. Las que no pueden faltar son “Tyrants” y la “comercial” (en parámetros Immortal) “One on one” que fue vitoreada por los pocos seguidores auténticos de los noruegos que se encontraban en Valdespartera.

Abbath, siempre socarrón, se dedicó a repartir caretos extraños, sacar la lengua y soltar comentarios tan cachondos como “thank you, ladies and motherfuckers”. ¡Menudo crack esta hecho! Lo que pasa es que, en ocasiones, el artista está muy por encima de los que le están viendo y en una parada al concluir una canción, unos cuantos gañanes empezaron a gritar: “Manowar, Manowar”. Patético y bochornoso, muy propio de un país de pandereta y tercermundista en lo que a heavy metal se refiere, que si les sacas de los tres grupos de turno, no tienen ni puñetera de qué se cuece y luego van por los bares de “perdonavidas” del metal. Para todos ellos debería haber caído la ira de Odin porque sí, muchachuelos, si el supremo dios vikingo tiene que elegir entre un individuo que dice apellidarse DiMaio y tres guerreros de Bergen, que Joel, Eric y demás vayan temblando.

El trío siguió a su bola, con Horgh marcando sus frenéticos ritmos (oí decir por ahí que era un batería limitado, es que me parto de risa) o llevando en tempo en temas como la maravillosa “Damned in black”. Durante la primera parte de la actuación habían aderezado su espectáculo con pirotecnia pero Abbath nos tenía reservado una sorpresa adicional. A mitad de “United forces of evil”, Horgh y Apollyon se quedaron solos con sus instrumentos para que el líder del grupo abandonara un momento el escenario y retornara con una antorcha para hacer el clásico número de fuego que, desde luego, es más divertido que romper cuerdas de bajo, dar discursito o beber cerveza de un trago. Les quedaba aún un rato e interpretaron un tema que no logré adivinar pero podría ser nuevo, con un estilo épica realmente genial. Para cerrar su gran actuación, que ni el boicot pudo arruinar, “Batlles in the north” enlazada con un trozo de “Blashyrkh”. Cumplieron con el tiempo que tenían asignado, lo dieron todo, acertaron con el repertorio y ofrecieron algo más. Sobresalientes.

MANOWAR: FUEGOS DE ARTIFICIO Y FUNDAMENTO

El Metalway agonizaba y solo faltaban ellos, aquellos por quienes la mayoría de los presentes habían pagado su boleto. No voy a negar que solo por Manowar se dobló la asistencia del primer fin de semana, si bien la coincidencia con el Kobetasonik también influyó. Con los “reyes del metal” la controversia está asegurada. Tienen tantos seguidores como detractores, aunque estos últimos eran franca minoría porque no vas a ir a un sitio directamente a criticar. Considero que cuando en disco han estado centrados, los de Nueva York son más grandes que la vida. Sus siete primeros discos son ley y solo bandas del calibre de Iron Maiden o favoritos personales tipo Riot o Savatage pueden competir en sus septetos de entregas iniciales con Joel y compañía. Ahora bien, “The triumph of steel” data de 1992, desde entonces, ¿qué? Tres trabajos y su nuevo EP en el que proclaman con orgullo que cantan un tema, el flojito “Father”, en dieciséis idiomas. De estos álbumes, en mi opinión “Louder than hell” está bien aunque no llega, ni por asomo, a sus predecesores, “Warriors of the world” no me gustó aunque ahora lo tolero mejor y “Gods of war” es mediocre. Si este último lo hubiera firmado una banda que no se llamara Manowar habría sido masacrado.

Independientemente de las valoraciones que cada uno hagamos de su discografía, donde está el punto flaco del grupo es en sus directos. Y no porque no puedan sino porque no quieren. La gente es poco exigente y queda satisfecha con ver a sus ídolos pero somos bastantes los que necesitamos un show de verdad de los grupos que amamos. Se puede interpretar de diferentes formas pero, para mí, el amor a los fans no sacar tías a magrearlas, leer discursos interminables o regalar las cuerdas de tu bajo después de una ceremonia interminable. Como ellos mismos dirían, sobre un escenario, lo mejor que nos deben ofrecer a sus seguidores es salir a matar, con el poder su heavy metal épico y tradicional, el de las pieles y los taparrabos. Todo lo que no sea eso me parece insuficiente. Mis experiencias anteriores con el cuarteto habían sido frustrantes por lo que las expectativas que tenía eran bajas. Sin embargo, cuando adoras tanto discos como “Sign of the hammer” o “Hail to England” siempre te queda la esperanza de que hagan como en su festival el año pasado o como en Bulgaria hace un par, es decir, que nos deleiten con un extenso repertorio lleno de clásicos.

Antes de que alguien piense que fui a Zaragoza a pegarles un palito a los “kings of metal”, voy a decir que disfruté. Disfruté más que en ninguno de los anteriores conciertos de los estadounidenses que haya presenciado con anterioridad. Tuvieron momentos vibrantes y eso que pienso que el repertorio resultó decepcionante, muy parecido al del Metalway de hace cuatro. Para colmo, quitaron nada menos que “Sign of the hammer”, “Black, wind, fire and steel” y “Carry on”, con lo que tres discos tan fundamentales como “Fighting the world”, “The triumph of steel” o “Sign of the hammer”, además de “Into glory ride”, quedaron inéditos. Con todo, cuando se pusieron a tocar me gustaron y, encima, se marcaron un “Battle hymn” jodidamente grande. Sonaron como un tiro, hicieron sus chorradas pero no abusaron más de lo inevitable (que sería intocable en el resto de grupos) y Eric Adams, aunque tiró de reverb, estuvo pletórico.

Ahora bien, a todos aquellos que salían del recinto de Valdespartera emocionados, yo les haría una pregunta muy sencilla: ¿Es ésta la mejor actuación posible de Manowar? Si la respuesta es positiva, me resultaría muy triste; si es negativa, no entiendo el por qué del clamor popular por la banda. No estoy hablando de imposibles, es decir, que solo toquen del material que más me atrae, que estén tres horas en las tablas o que se dejen de interludio. No. Estoy barajando la posibilidad de que sobre el mismo número de temas, se haga una elección más racional del set list y un mayor aprovechamiento del tiempo. Lo siento pero más variedad respecto a su anterior visita y menos concentración de canciones de obras “prescindibles” (entiéndase el sentido de la palabra) hubiera redundado en que aquello, sin ser la panacea, podría haber terminado en éxtasis colectivo. ¿Mereció la pena? Sí. ¿Podrían haberlo hecho mucho mejor? También.
Como buenas estrellas se hicieron esperar. La audiencia estaba impaciente pero no había movimiento en el escenario salvo la colocación de sus habituales muros de bafles flanqueando la batería de Donnie Hamzik que sustituye a Scott Columbus en este periplo por el viejo continente. En eso, obviamente, hemos ganado. Aunque Hamzik no es un virtuoso, ya sabemos que Columbus es un fiasco con las baquetas, incapaz de reproducir determinados ritmos. Por fin, cuando el reloj casi marcaba la una y media de la madrugada, con una noche ideal para disfrutar de la música, una voz en off nos anunció la presencia de Manowar y advirtió a los posers que abandonaran el festival (en fin...) . Tras esta bienvenida retumbó la genial banda sonora de “Ben Hur”. La emoción se iba apoderando del respetable y los sentimientos “metaleros” explotaron con las salida del cuarteto, bien embutido en cuero y con sus armas de destrucción masivas preparadas para el ataque. Como no cabía otra, el tema que da nombre a la banda desató la ira de los dioses. Aunque hubo que hacer unos pequeños ajustes y Eric necesitó un par de cortes para estar a tope, el sonido era impoluto y la ejecución adecuada.

Alargaron el final de “Manowar” para poner unas cuantas posturitas y hacer el clásico saludo que fue correspondido por los miles de fieles que había entrado en catarsis. Más aún, con la genial “Blood of my enemies”, una de las pocas composiciones inmortales que tocaron. Lástima que la repitieran con relación a Guernica y perdiera el efecto “razzia”. Es muy grande pero la sustituyen por “Hail to England” o “Army of immortals” y hasta a mí me da algo. Me pareció curioso que en 2005, cuando “Warriors of the world” era aún “el álbum a presentar” solo ejecutaran dos temas y en esta ocasión añadieran “Hand of doom”. Lo hicieron bien pero es lo que comentaba antes, en un repertorio no demasiado extenso se me antoja que sobraba. Adams saludó brevemente al personal y recordó lo que adoran a sus fans, que los hacen todo por ellos y bla, bla, bla,… para, de inmediato, levantar el ánimo de un muerto con “Brothers of metal, part 1” con esa comunión de almas metálicas coreando el estribillo.

Ya podíamos deducir una valoración de lo que estábamos viendo. El comienzo era notable. Karl Logan muy parado, como siempre, pero ya que no destaca, por lo menos no le obligaban a que intentara destacar; Donnie es limitado pero no arruina las canciones como Columbus; Joey DiMaio no estuvo especialmente activo y se dedicó más a tocar y ofrecer un muestrario de “poserismo” ante el fotógrafo oficial de Magic Circle que captaba instantáneas de forma un tanto molesta; y Eric Adams lo hizo muy bien, sobresaliente. Tiene ayudas puntuales pero el tipo conserva las cuerdas vocales casi intactas. Esto lo pensaba mientras “Call to arms”, otra del “Warriors of the world”, me resultaba indiferente. Caso distinto el de “Heart of steel”, típica pero imprescindible. Acompañado de Francisco Palomo de HolyHell a los teclados, Eric nos emocionó con su sentida interpretación del himno – balada por excelencia de Manowar. Espectacular. Aprovechando la presencia de Francisco, tiraron del “Gods of war” para ofrecernos dos canciones, de las más interesantes del disco, “Sleipnir” y “Loki, god of fire”. Obviamente, no recibieron el apoyo de otras pero reconozco que no me pareció que desentonaran. Casi sin parar llegó “Kings of metal” y el delirio se apoderó de los asistentes al Metalway.

Nada menos que habían ejecutado nueve canciones seguidas sin parar, un hito en los últimos años de Manowar. Hasta yo, que iba con recelo, estaba plenamente satisfecho. Cono lo bueno no es duradero, Donnie, Karl y Joey dejaron que Adams se explayara un poco y jugara con la audiencia. Fue corto pero, de inmediato, saltó DiMaio con lo temí que llegara el solo de bajo. Dicho y hecho, pero no contento con eso, soltó su discurso. Para lo que es él, la charla fue más breve de lo habitual y la hizo de memoria en español. No recuerdo que en ninguna de las anteriores ocasiones que le vi no se ayudara de una chuleta. En algo hemos mejorado. Siguiendo con la parafernalia, la exaltación del por qué, según ellos, Manowar es el único grupo que trata a sus fans como se merecen, sacaron a un chico de entre el público a tocar la guitarra. Por lo que me aseguran, no estaba preparado pero el chaval dominaba el instrumento más que bien. Hasta Joey se quedó sorprendido cuando intercambiaran solos.

Con todo el grupo de vuelta pero aun con el espontáneo como protagonista, encararon “The gods made heavy metal”. Eso sí, le bajaron los técnicos la guitarra durante la canción aunque bien podría haberle dejado la regleta arriba porque no habría desentonado. Como premio le regalaron una guitarra firmada. Eso que se llevará el colega a la tumba. Fijo que aunque a gente como yo nos resultara un rollo, para él fue un día inolvidable. Para justificar que Hamzik hace esta gira, han incluido más composiciones de “Battle hymns” de lo habitual. Una de ellas, “Fast taker”, haría eones que no caería en un tour normal. Es una canción que refleja a unos Manowar primigenios, más rockanrolleros por llamarlo de alguna forma, pero muchos lo agradecimos. Ponía el contrapunto a la pomposidad y majestuosidad impostada (y, para mí, un tanto falsa) de “Warriors of the world”, una de las favoritas del respetable y que, pensé, cerraría el show, pero tenían todavía un poco más.

La grandiosa “Kill with power” nos hizo vibrar y dejó la zozobra porque abandonaron las tablas un instante después de su final. Sin embargo, quedaba aún otra de las imprescindibles. No es de mis preferidas pero del set list jamás la mueven. Hablamos de “Hail and kill”, la tercera presencia del “Kings of metal” a cuya conclusión llegó el numerito de romper las cuerdas por parte de DiMaio que aburrió hasta la náusea. No digo que no tengan que hacer porque eso no sería Manowar pero en dosis más justas no sería tan cansino para los que no nos tragamos todo lo que hagan nuestros ídolos. Habían transcurrido más de noventa minutos en los que sonaron catorce canciones, ninguna especialmente larga. Personalmente, creo que es un poco escaso pero estaba en minoría respecto a la opinión generalizada. La gente tenía una sonrisa en el rostro.

No obstante, falta lo que, para mí, fue el momento de su descarga y, por qué no, del fin de semana. Nos regalaron “Battle hymn” que no está cayendo en casi ningún sitio de la gira. La verdad es que ahí se me pusieron los pelos como escarpias porque amo esta canción. La épica y el sabor añejo que posee hace de “Battle hymn” una composición que justifica la gloria de Manowar. Cuando estaban inspirados eran capaces de crear joyas como ésta, esencia pura de un subgénero como el metal épico, tantas veces copiada y no demasiadas con acierto. No fue de las más aplaudidas pero considero que significó el culmen de la velada. Cosas de la vida, con el outro de “The crown and the ring” la gente se emocionó mucho más. Acostumbrados a que sonara por los samplers mientras el cuarteto se despedía, esta vez hubo interpretación vocal de Eric Adams, adornada por un castillo de fuegos artificiales que dejaron boquiabierto al personal. Lo de los cohetes fue la leche pero esto es un concierto y no lo puedo considerar como “impresionante”, “increíble” y todos los epítetos que escuché. En las fiestas de mi barrio (Hortaleza) también los hay. Aún así, fue un gran final para dos semanas plagadas de avatares, con más sombras que luces, y que dejaron dudas sobre la continuidad del Metalway, al menos en tierras mañas. Veremos qué nos depara el futuro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.metalwayfestival.com

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego