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SKYCLAD + NAGASAKI

Sala Ritmo & Compás (Madrid) 25-05-2008

El metal, el rock, la música en general, se puede vivir de muchas formas, y casi todas son válidas. Desde aquellos que compran infinidad de discos, van a conciertos, bares del estilo que le guste, etc. hasta los que por uno u otro motivo no hacen ninguna de estas cosas sino que se dedican a descargar de internet sin acudir a un solo show al año. Entre medias, una amplia amalgama de gente que se mueve en uno u otro sendero en función de sus circunstancias personales.

No digo que todo el que afirme ser aficionado a, por ejemplo, el heavy metal deba “fichar” en cada gira que pase por su ciudad pero, hombre, al menos un mínimo exigible no estaría mal, además de los ya consabidos Iron Maiden, Judas Priest, Helloween o Blind Guardian. Dentro de la vorágine de eventos a los que nos estamos mal acostumbrando, a finales de mayo y en domingo llegaban Skyclad, el excelente grupo británico que por motivos varios nunca ha conseguido el reconocimiento que su calidad merecería. Es curioso porque gente tan valorada como Korpiklaani son una broma alcohólica comparado con estos dioses de la obrera Newcastle. No obstante, tampoco vamos a engañarnos. La marcha de Martin Walkyrier resultó casi un tiro de gracia en su popularidad, si bien con Kevin Ridley han seguido enarbolando la llama del folk metal.

Hacía catorce años que no pisaban España. En concreto fue un tour teloneando a Yngwie J. Malmsteen en el que tuvieron un sonido pésimo (el violín no se oía) y la gente no pudo disfrutar de su valía. Posteriormente, Mägo de Oz (sí, sí, los mismos) les llamaron para que abrieran las tres noches seguidas que hicieron en La Riviera presentando “Finisterra”. Aunque tuviera que ver a Mägo no me importaba si allí estaban Skyclad. Desgraciadamente, tres días antes del concierto llegó la noticia de que Walkyrier dejaba a los británicos y suspendieron las fechas españolas.

Por fin, todo aquel que quisiera tenía oportunidad de resarcirse. Una promotora joven y con ganas, precios asequibles, grupo poco visto, ¿qué menos que un sitio tan minúsculo como Ritmo y Compás tuviera un aspecto decente? Cuando me acerqué a la entrada tampoco pensaba que hubiera hordas de metalheads pero es que ¡solo había una persona! Quedaban cinco minutos para la apertura oficial y aquello era desolador. La gente llegó con cuentagotas y en el momento de máxima afluencia seríamos cincuenta aproximadamente los individuos que acudimos, todo ello gracias a que Nagasaki, la formación que abría el show, atrajo a un puñado de amigos que dieron algo de colorido. Llegará la época de las vacas flacas y diremos que España queda marginada y demás chorradas cuando nosotros mismos nos hemos cargado esto. En fin…

No había escuchado con anterioridad a Nagasaki. Son una banda madrileña que surgió como un proyecto paralelo de gente de diversos grupos de la zona pero que se ha ido solidificando hasta convertirse en algo duradero. Esto no quita para que alguno de sus miembros siga estando en otras cosas, de ahí que ni más ni menos que tres componentes de Arwen (el bajista Luisma y los teclista Rosalía y Roberto) formen parte de Nagasaki. Además y puntualmente para este concierto, el baterista Nacho Arriaga les echó una mano mientras encontraban un sustituto para Jorge Sáez.

Tal vez una actuación con Skyclad no era el marco más adecuado para el estilo que practican pero me parece estupendo que quieran aprovechar cada oportunidad que se les ofrezca para despuntar. Nagasaki pertenecen a toda esa nueva ola de grupos de hard rock españoles que lleva unos cuantos años dando buena tralla y ofreciendo discos interesantes. Sinceramente, creo que ellos están aún un paso por detrás de otros compañeros pero hay que decir que, a pesar de su experiencia, llevan únicamente desde octubre de 2006 por lo que el proceso compositivo, materia en la que tienen amplio margen de mejora, está aún por pulir. Además de esto, también reconozco que no conecté demasiado con la voz de mi tocayo Marco. Tiene un timbre agradable pero ese punto nasal que le pone me tira para atrás. Espero y deseo que en los próximos meses corrija este pequeño defecto que aprecié.

Por lo demás, me resultó un grupo interesante y con algunas ideas que se podrían emparentar a los Sangre Azul de “El silencio de la noche” (salvando las distancias, claro está). Para dar forma al sonido, el peso lo lleva Alan Cueto el guitarrista siempre apoyado en las melodías de teclados. Como me sucede en Arwen no logro comprender el por qué de los dos teclistas pero vamos, no es que sea algo bueno o malo en sí. Las letras son en castellano y aunque no estaba familiarizado con sus canciones (era la primera vez que les oía), sí que me quedé con algunos títulos. “Tocar el cielo” sonó al inicio de la descarga y es de las más potentes. “Obsesión” posee un buen estribillo, bastante adictivo.

Los dos temas que tienen en su Myspace reflejan bien lo que comentamos de los madrileños. Tanto “Sin rumbo” como “Sirenas de cristal” tienen mimbres aunque tal vez falte algo. Si bien prefiero “Sirena de cristal” por el notable riff que posee y sus más que destacables estrofas, “Sin rumbo”, que en estudio no me llama la atención, en directo multiplicó su valor. Estuvieron bastante tiempo en el escenario ante un público que, en su mayoría, miraba con respeto pero sin emoción a pesar de los esfuerzos que el grupo hacía.

Tres cuartos de hora después del comienzo y cuando cierta sensación de aburrimiento me estaba entrando, terminaron su actuación con una versión del “Lift U up” de Gotthard. Arriesgada elección de la que, considero, no salieron ganadores porque la voz de Steve Lee es tan característica que, sin ella, no llego a sacarle partido a la canción. Nagasaki, sin brillar, dieron un concierto correcto, con momentos buenos como “Sirena de cristal”, en mi criterio el camino a seguir, es decir, un hard cañero y rápido que no se pierda en excesivos instantes melosos. Destacar como tipos tan curtidos en esto como Steve Ramsey, Graeme English y Georgina Biddle estaban atendiendo entre el público al show de Nagasaki, aplaudiendo cuando terminaban los temas. Un diez para ellos.

La espera no es que se hiciera eterna pero sí larga. Era domingo por la noche, la velada había empezado tarde y el cansancio acumulado era evidente. Todo eso quedó mitigado cuando sonaron las gaitas introductorias que acompañaron la bajada del quinteto desde el camerino de Ritmo y Compás. Imagino que estarían alucinados de la pobre respuesta popular pero eso no les impidió salir a darlo todo. Eso si, antes de desgranar un poco lo que fue su actuación decir que si bien me pareció un notable concierto tuvieron un gran handicap: El repertorio. Puedo estar de acuerdo en que quieran revitalizar su última época con Kevin pero veamos la diferencia: cuando cantaba Walkyrier editaron diez discos y un Ep en nueve años; con Ridley, un álbum y un Ep en casi ocho. La diferencia es clara y el legado de Skyclad está construido sobre sus primeras obras por las que pasaron de puntillas esta noche. No sé si es que no conozco cuáles son sus obras cumbre o que mis gustos son muy distintos a los de los ingleses, el caso es que si tuviera que escoger dieciocho temas, al menos catorce serían diferentes.

“Great blow for a day job” dio el pistoletazo de salida. El sonido, de inicio, era aceptable. Posteriormente, se corrigió un poco y se pudo disfrutar, eso sí sin grandes alharacas. Normalmente se comienza por algo del último o, en su defecto, un clásico dado que Skyclad no tenían disco que presentar pero optaron por un corte de un trabajo menor como “Oui avant garde a chance”. Curioso. “The anti body politic” puso las cosas en su sitio. “Folkemon” es un álbum que pasó un tanto inadvertido porque precedió a los problemas con Walkyrier pero que, sin embargo, es fundamental para sus seguidores. Tanto “Vintage whine” como “Folkemon” significaron un resurgir para Skyclad. Desde estos primeros compases se vio que quien más ganas le echaba era una festiva Georgina que tardó poco en bajar las escaleras y mezclarse con la audiencia mientras tocaba el violín. Todo un punto el de esta mujer tan británica en su imagen. El resto quedaba en manos de Kevin Ridley, permaneciendo más en un segundo plano los fundadores Ramsey y English junto al batería Arron Walton.

Hace un par de años que no nos echamos a la boca algo nuevo de Skyclad. Lo último fue “Jig a jig”, el ep de 2006. En él venía un muy tema, “Mr. Malaprope an co.”, corte, directo y divertido. Todo habían sido amagos hasta que Kevin preguntó quién había estado en el concierto de hace catorce años. En vista de que casi nadie levantó la mano, con el típico humor inglés dijo: “No pasa nada, yo tampoco”. Lanzó esta pregunta porque llegaba el momento de rememorar el más glorioso pasado de la banda. Su debut “The wayward sons of mother earth” poseía aún bastante referencias a Sabbat rozando en ocasiones el thrash. La composición más folkie, por llamarla de alguna forma, era “The widdershins jig” que ha permanecido en sus repertorios desde los primeros. Los pocos fans que allí estábamos lo agradecimos sobremanera colaborando en los coros.

Parecía que nos dirigíamos al buen camino pero, nuevamente, me desconcertó que cayera “Helion”, otro tema de la segunda mitad de los noventa, en concreto de “The answer machine”. Ya digo que probablemente la percepción que yo tenga sea errónea pero la reacción de la mayoría fue quedarse quietos. Aquí se dio inicio a la parte más floja de la noche, sobre todo por las canciones interpretadas. “The song of no-involment” vino a ser la primera mención a “A semblance of normality”, su único larga duración con Ridley, y “They think it´s all over – well is it now?” un guiño más instrumental de “Jig a jig”.

El concierto se desarrollaba con dinamismo y rapidez, en buena medida debido a la elección de cortes entre dos y tres minutos, quizá para dar la sensación de fiesta folk más que de evento de heavy metal con amplios desarrollos musicales. Siguiendo con esta tendencia y dentro de “A semblance of normality”, “The parliament of fools” resultó el aperitivo de “Anotherdrinkingsong”, la sublimación del sonido Skyclad del siglo XXI. Tema para cantar en las tabernas con una buena pinta y que en directo funciona de escándalo con el medio centenar de individuos coreándolo sin parar.

Esta canción provocó que el show creciera, algo a lo que ayudó “Another fine mess”, otro de las composiciones habituales, única que tocaron de “The silent whales of the lunar sea”. En este contexto “Jig a jig” hizo que Georgina bajara de nuevo a bailar entre sus seguidores (aunque muy pocos se animaban) y ya puestos en esta fiesta de colegas, Kevin se libró de su guitarra, ejerció de frontman, bajó del escenario y nos hizo compartir micro a algunos con “Spinning Jenny”, con seguridad su canción más famosa, perteneciente al excelso a “A burnt offering for the bone idol”. Me da pena que de ese disco únicamente apareciera “Spinning Jenny” porque “A declaration of indiference” debería ser fundamental si bien a lo mejor es demasiado metalera para estos Skyclad.

La cosa marchaba de lujo y Ridley nos contó que unas de sus giras, un seguidor se les había acercado para que tocaran un tema que hacía mucho que no incluían en los set lists. Obviamente, esto sucede casi cada día pero esta vez le habían hecho. Se me hacía la boca agua pensando cuál sería pero, para mi desgracia, era “Bury me”. Por supuesto que me gusta mucho esa canción de “Vintage whine” pero desde luego el fan tenía que tener algo especial con ella porque tampoco es tan especial. Con todo, de las mejores. Tiempo les dio para mostrarnos una nueva composición, “Still small beer”, muy en la línea de lo que vino a ser “Jig a jig” o “A semblance of normality”, bien pero nada excepcional.

Estábamos casi en el final y si hay un disco que refleja “lo mejor de ambos mundos” de Skyclad, esto es, Walkyrier y Ridley, la parte heavy y la folk, es “Irrational anthems”. Reconozco que en su momento me dio un gran bajón cuando lo compré pero no debo desmerecer que algunos de sus temas son de los mejores de la carrera de los de Newcastle. Escogieron los más representativos y destacados, “Inequality street” y la genial “Penny dreadful” que puso la sala patas arriba. En poco más de hora y cuarto dieron por finiquitada la actuación. Sí, habían sonado dieciséis canciones pero todas muy cortas. Se demandaba mucho más pero la gente se quedó callada y sin demasiado aliento para que volvieran a salir.

Los pocos que animamos tuvimos recompensa porque regresaron a las tablas de Ritmo y Compás para tocar “Thinking allowed”, otra de las más conocidas y también referencia única a “Jonah´s ark”. El cierre estaba reservado para la versión de Tempole Tudor, “Swords of a thousand man” que se adapta a las mil maravillas a la propuesta de Skyclad. Ni noventa minutos se alcanzaron y, lo que es peor, en la hoja del repertorio estaban escritas, además de las interpretadas, “Emerald” (la versión de Thin Lizzy), “No deposit, no return”, “”Earth mother, the sun and the furious host” (supongo que estas dos serían la parte acústica) y la cañera “Think back and lie of England”. Con ellas hubiera podido perdonar que de mi favorita de la banda, “Prince of the poverty line”, no cayera absolutamente nada, cosa incomprensible dado que en anteriores tours siempre había una o dos. Por todo esto, mi percepción no puede ser de felicidad completa. Nunca negaré que ellos estuvieron realmente bien pero estas omisiones oscurecieron la ilusión que había depositado en ver a Skyclad. Notable concierto, manifiestamente mejorable.


Skyclad

 


Nagasaki

 

 

 


 


Skyclad

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.myspace.com/officialskyclad

Marco Antonio Romero
Fotografias: David Ortego