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El metal,
el rock, la música en
general, se puede vivir de muchas
formas, y casi todas son válidas.
Desde aquellos que compran infinidad
de discos, van a conciertos,
bares del estilo que le guste,
etc. hasta los que por uno u
otro motivo no hacen ninguna
de estas cosas sino que se dedican
a descargar de internet sin
acudir a un solo show al año.
Entre medias, una amplia amalgama
de gente que se mueve en uno
u otro sendero en función
de sus circunstancias personales.
No digo que
todo el que afirme ser aficionado
a, por ejemplo, el heavy metal
deba “fichar” en
cada gira que pase por su ciudad
pero, hombre, al menos un mínimo
exigible no estaría mal,
además de los ya consabidos
Iron Maiden, Judas Priest, Helloween
o Blind Guardian. Dentro de
la vorágine de eventos
a los que nos estamos mal acostumbrando,
a finales de mayo y en domingo
llegaban Skyclad, el excelente
grupo británico que por
motivos varios nunca ha conseguido
el reconocimiento que su calidad
merecería. Es curioso
porque gente tan valorada como
Korpiklaani son una broma alcohólica
comparado con estos dioses de
la obrera Newcastle. No obstante,
tampoco vamos a engañarnos.
La marcha de Martin Walkyrier
resultó casi un tiro
de gracia en su popularidad,
si bien con Kevin Ridley han
seguido enarbolando la llama
del folk metal.
Hacía
catorce años que no pisaban
España. En concreto fue
un tour teloneando a Yngwie
J. Malmsteen en el que tuvieron
un sonido pésimo (el
violín no se oía)
y la gente no pudo disfrutar
de su valía. Posteriormente,
Mägo de Oz (sí,
sí, los mismos) les llamaron
para que abrieran las tres noches
seguidas que hicieron en La
Riviera presentando “Finisterra”.
Aunque tuviera que ver a Mägo
no me importaba si allí
estaban Skyclad. Desgraciadamente,
tres días antes del concierto
llegó la noticia de que
Walkyrier dejaba a los británicos
y suspendieron las fechas españolas.
Por fin, todo
aquel que quisiera tenía
oportunidad de resarcirse. Una
promotora joven y con ganas,
precios asequibles, grupo poco
visto, ¿qué menos
que un sitio tan minúsculo
como Ritmo y Compás tuviera
un aspecto decente? Cuando me
acerqué a la entrada
tampoco pensaba que hubiera
hordas de metalheads pero es
que ¡solo había
una persona! Quedaban cinco
minutos para la apertura oficial
y aquello era desolador. La
gente llegó con cuentagotas
y en el momento de máxima
afluencia seríamos cincuenta
aproximadamente los individuos
que acudimos, todo ello gracias
a que Nagasaki, la formación
que abría el show, atrajo
a un puñado de amigos
que dieron algo de colorido.
Llegará la época
de las vacas flacas y diremos
que España queda marginada
y demás chorradas cuando
nosotros mismos nos hemos cargado
esto. En fin…
No había
escuchado con anterioridad a
Nagasaki. Son una banda madrileña
que surgió como un proyecto
paralelo de gente de diversos
grupos de la zona pero que se
ha ido solidificando hasta convertirse
en algo duradero. Esto no quita
para que alguno de sus miembros
siga estando en otras cosas,
de ahí que ni más
ni menos que tres componentes
de Arwen (el bajista Luisma
y los teclista Rosalía
y Roberto) formen parte de Nagasaki.
Además y puntualmente
para este concierto, el baterista
Nacho Arriaga les echó
una mano mientras encontraban
un sustituto para Jorge Sáez.
Tal vez una
actuación con Skyclad
no era el marco más adecuado
para el estilo que practican
pero me parece estupendo que
quieran aprovechar cada oportunidad
que se les ofrezca para despuntar.
Nagasaki pertenecen a toda esa
nueva ola de grupos de hard
rock españoles que lleva
unos cuantos años dando
buena tralla y ofreciendo discos
interesantes. Sinceramente,
creo que ellos están
aún un paso por detrás
de otros compañeros pero
hay que decir que, a pesar de
su experiencia, llevan únicamente
desde octubre de 2006 por lo
que el proceso compositivo,
materia en la que tienen amplio
margen de mejora, está
aún por pulir. Además
de esto, también reconozco
que no conecté demasiado
con la voz de mi tocayo Marco.
Tiene un timbre agradable pero
ese punto nasal que le pone
me tira para atrás. Espero
y deseo que en los próximos
meses corrija este pequeño
defecto que aprecié.
Por lo demás,
me resultó un grupo interesante
y con algunas ideas que se podrían
emparentar a los Sangre Azul
de “El silencio de la
noche” (salvando las distancias,
claro está). Para dar
forma al sonido, el peso lo
lleva Alan Cueto el guitarrista
siempre apoyado en las melodías
de teclados. Como me sucede
en Arwen no logro comprender
el por qué de los dos
teclistas pero vamos, no es
que sea algo bueno o malo en
sí. Las letras son en
castellano y aunque no estaba
familiarizado con sus canciones
(era la primera vez que les
oía), sí que me
quedé con algunos títulos.
“Tocar el cielo”
sonó al inicio de la
descarga y es de las más
potentes. “Obsesión”
posee un buen estribillo, bastante
adictivo.
Los dos temas
que tienen en su Myspace reflejan
bien lo que comentamos de los
madrileños. Tanto “Sin
rumbo” como “Sirenas
de cristal” tienen mimbres
aunque tal vez falte algo. Si
bien prefiero “Sirena
de cristal” por el notable
riff que posee y sus más
que destacables estrofas, “Sin
rumbo”, que en estudio
no me llama la atención,
en directo multiplicó
su valor. Estuvieron bastante
tiempo en el escenario ante
un público que, en su
mayoría, miraba con respeto
pero sin emoción a pesar
de los esfuerzos que el grupo
hacía.
Tres cuartos
de hora después del comienzo
y cuando cierta sensación
de aburrimiento me estaba entrando,
terminaron su actuación
con una versión del “Lift
U up” de Gotthard. Arriesgada
elección de la que, considero,
no salieron ganadores porque
la voz de Steve Lee es tan característica
que, sin ella, no llego a sacarle
partido a la canción.
Nagasaki, sin brillar, dieron
un concierto correcto, con momentos
buenos como “Sirena de
cristal”, en mi criterio
el camino a seguir, es decir,
un hard cañero y rápido
que no se pierda en excesivos
instantes melosos. Destacar
como tipos tan curtidos en esto
como Steve Ramsey, Graeme English
y Georgina Biddle estaban atendiendo
entre el público al show
de Nagasaki, aplaudiendo cuando
terminaban los temas. Un diez
para ellos.
La espera no
es que se hiciera eterna pero
sí larga. Era domingo
por la noche, la velada había
empezado tarde y el cansancio
acumulado era evidente. Todo
eso quedó mitigado cuando
sonaron las gaitas introductorias
que acompañaron la bajada
del quinteto desde el camerino
de Ritmo y Compás. Imagino
que estarían alucinados
de la pobre respuesta popular
pero eso no les impidió
salir a darlo todo. Eso si,
antes de desgranar un poco lo
que fue su actuación
decir que si bien me pareció
un notable concierto tuvieron
un gran handicap: El repertorio.
Puedo estar de acuerdo en que
quieran revitalizar su última
época con Kevin pero
veamos la diferencia: cuando
cantaba Walkyrier editaron diez
discos y un Ep en nueve años;
con Ridley, un álbum
y un Ep en casi ocho. La diferencia
es clara y el legado de Skyclad
está construido sobre
sus primeras obras por las que
pasaron de puntillas esta noche.
No sé si es que no conozco
cuáles son sus obras
cumbre o que mis gustos son
muy distintos a los de los ingleses,
el caso es que si tuviera que
escoger dieciocho temas, al
menos catorce serían
diferentes.
“Great
blow for a day job” dio
el pistoletazo de salida. El
sonido, de inicio, era aceptable.
Posteriormente, se corrigió
un poco y se pudo disfrutar,
eso sí sin grandes alharacas.
Normalmente se comienza por
algo del último o, en
su defecto, un clásico
dado que Skyclad no tenían
disco que presentar pero optaron
por un corte de un trabajo menor
como “Oui avant garde
a chance”. Curioso. “The
anti body politic” puso
las cosas en su sitio. “Folkemon”
es un álbum que pasó
un tanto inadvertido porque
precedió a los problemas
con Walkyrier pero que, sin
embargo, es fundamental para
sus seguidores. Tanto “Vintage
whine” como “Folkemon”
significaron un resurgir para
Skyclad. Desde estos primeros
compases se vio que quien más
ganas le echaba era una festiva
Georgina que tardó poco
en bajar las escaleras y mezclarse
con la audiencia mientras tocaba
el violín. Todo un punto
el de esta mujer tan británica
en su imagen. El resto quedaba
en manos de Kevin Ridley, permaneciendo
más en un segundo plano
los fundadores Ramsey y English
junto al batería Arron
Walton.
Hace un par
de años que no nos echamos
a la boca algo nuevo de Skyclad.
Lo último fue “Jig
a jig”, el ep de 2006.
En él venía un
muy tema, “Mr. Malaprope
an co.”, corte, directo
y divertido. Todo habían
sido amagos hasta que Kevin
preguntó quién
había estado en el concierto
de hace catorce años.
En vista de que casi nadie levantó
la mano, con el típico
humor inglés dijo: “No
pasa nada, yo tampoco”.
Lanzó esta pregunta porque
llegaba el momento de rememorar
el más glorioso pasado
de la banda. Su debut “The
wayward sons of mother earth”
poseía aún bastante
referencias a Sabbat rozando
en ocasiones el thrash. La composición
más folkie, por llamarla
de alguna forma, era “The
widdershins jig” que ha
permanecido en sus repertorios
desde los primeros. Los pocos
fans que allí estábamos
lo agradecimos sobremanera colaborando
en los coros.
Parecía
que nos dirigíamos al
buen camino pero, nuevamente,
me desconcertó que cayera
“Helion”, otro tema
de la segunda mitad de los noventa,
en concreto de “The answer
machine”. Ya digo que
probablemente la percepción
que yo tenga sea errónea
pero la reacción de la
mayoría fue quedarse
quietos. Aquí se dio
inicio a la parte más
floja de la noche, sobre todo
por las canciones interpretadas.
“The song of no-involment”
vino a ser la primera mención
a “A semblance of normality”,
su único larga duración
con Ridley, y “They think
it´s all over –
well is it now?” un guiño
más instrumental de “Jig
a jig”.
El concierto
se desarrollaba con dinamismo
y rapidez, en buena medida debido
a la elección de cortes
entre dos y tres minutos, quizá
para dar la sensación
de fiesta folk más que
de evento de heavy metal con
amplios desarrollos musicales.
Siguiendo con esta tendencia
y dentro de “A semblance
of normality”, “The
parliament of fools” resultó
el aperitivo de “Anotherdrinkingsong”,
la sublimación del sonido
Skyclad del siglo XXI. Tema
para cantar en las tabernas
con una buena pinta y que en
directo funciona de escándalo
con el medio centenar de individuos
coreándolo sin parar.
Esta canción
provocó que el show creciera,
algo a lo que ayudó “Another
fine mess”, otro de las
composiciones habituales, única
que tocaron de “The silent
whales of the lunar sea”.
En este contexto “Jig
a jig” hizo que Georgina
bajara de nuevo a bailar entre
sus seguidores (aunque muy pocos
se animaban) y ya puestos en
esta fiesta de colegas, Kevin
se libró de su guitarra,
ejerció de frontman,
bajó del escenario y
nos hizo compartir micro a algunos
con “Spinning Jenny”,
con seguridad su canción
más famosa, perteneciente
al excelso a “A burnt
offering for the bone idol”.
Me da pena que de ese disco
únicamente apareciera
“Spinning Jenny”
porque “A declaration
of indiference” debería
ser fundamental si bien a lo
mejor es demasiado metalera
para estos Skyclad.
La cosa marchaba
de lujo y Ridley nos contó
que unas de sus giras, un seguidor
se les había acercado
para que tocaran un tema que
hacía mucho que no incluían
en los set lists. Obviamente,
esto sucede casi cada día
pero esta vez le habían
hecho. Se me hacía la
boca agua pensando cuál
sería pero, para mi desgracia,
era “Bury me”. Por
supuesto que me gusta mucho
esa canción de “Vintage
whine” pero desde luego
el fan tenía que tener
algo especial con ella porque
tampoco es tan especial. Con
todo, de las mejores. Tiempo
les dio para mostrarnos una
nueva composición, “Still
small beer”, muy en la
línea de lo que vino
a ser “Jig a jig”
o “A semblance of normality”,
bien pero nada excepcional.
Estábamos
casi en el final y si hay un
disco que refleja “lo
mejor de ambos mundos”
de Skyclad, esto es, Walkyrier
y Ridley, la parte heavy y la
folk, es “Irrational anthems”.
Reconozco que en su momento
me dio un gran bajón
cuando lo compré pero
no debo desmerecer que algunos
de sus temas son de los mejores
de la carrera de los de Newcastle.
Escogieron los más representativos
y destacados, “Inequality
street” y la genial “Penny
dreadful” que puso la
sala patas arriba. En poco más
de hora y cuarto dieron por
finiquitada la actuación.
Sí, habían sonado
dieciséis canciones pero
todas muy cortas. Se demandaba
mucho más pero la gente
se quedó callada y sin
demasiado aliento para que volvieran
a salir.
Los pocos que
animamos tuvimos recompensa
porque regresaron a las tablas
de Ritmo y Compás para
tocar “Thinking allowed”,
otra de las más conocidas
y también referencia
única a “Jonah´s
ark”. El cierre estaba
reservado para la versión
de Tempole Tudor, “Swords
of a thousand man” que
se adapta a las mil maravillas
a la propuesta de Skyclad. Ni
noventa minutos se alcanzaron
y, lo que es peor, en la hoja
del repertorio estaban escritas,
además de las interpretadas,
“Emerald” (la versión
de Thin Lizzy), “No deposit,
no return”, “”Earth
mother, the sun and the furious
host” (supongo que estas
dos serían la parte acústica)
y la cañera “Think
back and lie of England”.
Con ellas hubiera podido perdonar
que de mi favorita de la banda,
“Prince of the poverty
line”, no cayera absolutamente
nada, cosa incomprensible dado
que en anteriores tours siempre
había una o dos. Por
todo esto, mi percepción
no puede ser de felicidad completa.
Nunca negaré que ellos
estuvieron realmente bien pero
estas omisiones oscurecieron
la ilusión que había
depositado en ver a Skyclad.
Notable concierto, manifiestamente
mejorable.
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Skyclad

Nagasaki




Skyclad





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