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“Aviso para navegantes: como quiera que este redactor no puede desdoblarse, la crónica que te dispones a leer corresponde a lo vivido y acaecido en el Summercase Festival desarrollado en Boadilla del Monte, Madrid”

Más de 60 grupos repartidos en dos días. Música de seis de la tarde a seis de la mañana. Es el Summercase, un puente aéreo musical entre Madrid y Barcelona. Un cartel atractivo con nombres importantes de la escena independiente de los últimos diez años y grupos que buscan una lanzadera. Un festival que ha contado con el apoyo de las instituciones y de importantes multinacionales, lo cual no le quita el mérito de haber estado muy bien organizado y haber dejado entre la mayoría de los asistentes un muy buen sabor de boca.

El primer día estuvo protagonizado por el sonido más indie. New Order, Happy Mondays, The Divine Comedy y Primal Scream eran los más esperados. Mientras que los dos primeros coincidieron durante casi media hora sobre sus respectivos escenarios, Primal Scream se retrasó quince minutos. La espera y los rayos de una tormenta de verano en el horizonte avecinaban lo peor. Sin embargo, Bobby Gillespie y los suyos se metieron al público en el bolsillo con grandes éxitos, como “Movin On’ Up” o “Swastika Eyes”, salteados con algunos temas de su último disco, el octavo de su carrera. Los de Manchester respondieron a la fama que les precede y ofrecieron un concierto de altura. Puro rock and roll de los años 70. Una vuelta a las raíces, con tributo a Pink Floyd y a los Who, incluido.

Era más de la una de la madrugada cuando Keane y los Chemical Brothers comenzaron sus respectivas actuaciones. Los asistentes se dividieron entonces entre los que quisieron descansar al tiempo que disfrutaban de las melosas melodías del trío inglés, y entre aquellos que prefirieron probar la pócima electrónica de los hermanos químicos. La carpa grande se llenó hasta la bandera para ver a los Chemical Brothers. Sin embargo, para desaliento de muchos, sólo uno de los “Dj” se pasó por Madrid y Barcelona. El cartel ya lo anunciaba: se trataba de un “set”. La sesión mantuvo a la afición bailando sobre unos beats marca de la casa. Siempre arriba, sin acabar de explotar. Sin embargo, se echó en falta algún que otro hit de los que les han hecho famosos.

La segunda jornada del festival se presentaba como el día de la electrónica. Nombres como Daft Punk, Fatboy Slim o Massive Attack habían servido de reclamo meses antes.

Sin embargo, Belle & Sebastian fue el primer grupo de peso en pisar el escenario. Los de Glasgow salieron con la intención de dar un gran concierto y entre el público había mucho fan con ganas de escuchar los clásicos. Pero su música es proclive a la pausa, al ensimismamiento… Fue justo entonces, cuando parecía que aquel concierto, que tan bien había empezado, no despertaría pasiones secretas en el auditorio, cuando Stuart Murdoch y los suyos enlazaron un par de temas de su último disco, y agitaron al respetable al ritmo “hula-hop” de la caderas. Él se lanzó sobre los que ocupaban las primeras filas al tiempo que cantaba rodeado de miembros de seguridad. Posteriormente, se echó unos bailes sobre el escenario con dos chicas que sacó del público, y más tarde, dedicó un cumpleaños feliz muy personal. Fueron auténticos momentos “Popland”, que hablan muy bien de una banda ya mítica en nuestra tierras. Un concierto diferente al de otras ocasiones, apto no sólo para fans.

Y de seguidores de Nina Persson estaba lleno el concierto de The Cardigans. Su cantante, a pesar de su pose dura, distante y algo demacrada, tiene una voz propia, con carácter. La banda ofreció un buen concierto de rock donde no faltaron los temas más conocidos: “Erase/Rewind” o “Love fool” (banda sonora de Romeo y Julieta). Para el final dejaron “My favourite game”. Tocaron bien y dedicaron alguna palabrilla en castellano, pero no se esforzaron en transmitir.

Quienes sí conectaron con el público fue Daft Punk. Lo suyo fue un auténtico calambre sonoro. El dúo francés salió al escenario oculto tras sus trajes de robot y respaldado por una pantalla roja que decía TECNO. Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bangalter aparecían y desaparecían dentro de su nave espacial, una auténtica pirámide lumínica, donde preparaban su “mélange”: una mezcla de sus distintos discos. Temazo tras temazo, palmaditas, y más bailoteo. ¿Quién no se ha soltado al ritmo de “One more time” o “Around the world”? Pues eso es lo que hubo el sábado noche en la nave de Daft Punk: “I´m gonna celebrate, oh, yeah, allright, don´t stop dancing”.

Y de esta forma dejaron a la audiencia acelerada, y en su mayoría desubicada, para un concierto de Massive Attack. 3D y Daddy G aparecieron bajo una luna decreciente respaldados por un buen número de músicos y las cantantes Horace Andy (fiel desde el début de la banda) y Elizabeth Fraser (ex Cocteau Twins). Una puesta en escena sencilla: con luces monocromáticas y sin pantallas. Una interpretación a pelo, sin efectos: sólo melodías, ritmos y voces. Los reyes del Trip Hop, con el permiso de Portishead, dieron un repaso a los grandes éxitos de la banda. Quince años en la carretera da para que cada tema suene a hit. Pero supieron reinterpretar sus canciones más conocidas haciéndolas evolucionar, endulzándolas con guitarras psicodélicas. En esta línea, el final de la actuación fue espectacular, apoteósica.

Un auténtico gustazo de concierto veraniego que quizá quedó desamparado entre el tecno desenfrenado de Daft Punk y el fiestón de Fatboy Slim

Porque lo que está claro es que Norman Cook, entre otros tantos alias, Fatboy Slim, es un auténtico hooligan de las pistas de baile. Un payaso, un provocador, que se mezcla con el público a través de la música y la gesticulación desde el escenario. Se dice que su biblioteca sonora es enorme, y quizá por esta razón no tuvo ningún reparo en mezclar temas propios (“Praise you”, “The Rockafeller Skank” o “Right here, Right now”) con éxitos de Gorillaz (“Feels Good Inc”) o ese hit de internet de Gnarls Barkley llamado “Crazy”. Todo un personaje con carisma.

Pero la fiesta no acabó ahí. Los que no estaban dispuestos a abandonar la sede de Boadilla del Monte tan pronto aún tenían una cita con Djs Are Not Rockstars fearturing Princess Superstar, o lo que es lo mismo, una chica punk agitando al personal subida a los platos de dos djs expertos en reinterpretar temas archiconocidos. Un cóctel explosivo, de donde salieron clásicos remezclados, pero perfectamente reconocibles por todas las generaciones, como el “Smells like teen spirit” de Nirvana o “The Wall” de Pink Floyd. Entre los asistentes, que a las cinco de la madrugada todavía llenaban la carpa grande, se escuchaba “¡qué bueno tío!”. Sin embargo, el punto álgido de la actuación llegó con la banda sonora de “Cazafantasmas”. Sobre el estribillo de la mítica película de Bill Murray y Dan Aykroyd, Princess Superstar pedía a gritos: Who are you gonna call?! A lo que el respetable respondía al unísono: Ghostbusters!!!

Una fiesta más que un festival, eso es lo que fue el Summercase. Caras de felicidad y de satisfacción entre los asistentes. Porque a pesar de algunas quejas, como por ejemplo que el suelo de Boadilla, lleno de pedruscos, era un auténtico infierno para los píes, o bien, que los minis (cachis) eran pequeños, hay que destacar la gran organización del evento y un cartel atractivo que lo incluye, por méritos propios, entre las referencias musicales de este verano a nivel europeo. Cabe preguntarse, entonces, si en España hemos llegado a la madurez en festivales de música. Y la verdad, es que mucho se ha andado desde aquel primer Festimad, por ejemplo. A la primera edición del Summercase celebrada en Boadilla del Monte y en Barcelona han acudido 54.200 personas, y la organización ya ha anunciado que habrá un “Summercase 2007”. Sólo cabe desear entonces que citas como ésta se afiancen de verdad en nuestro país.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

http://www.summercase.com

Texto y fotos: David Montero Sierra