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U.D.O.+ MAXXWELL

Sala Heineken (Madrid) 07-12-2009

Cuando todos te fallen, siempre te quedarán Saxon, UDO y Dio (recupérese pronto, maestro). La ecuación perfecta del metal. Pasan los años, la juventud se marchó, pero encima de un escenario son los ejemplos más claros de que el heavy va a tener un problema cuando esta gente se retire. Ellos patean culos y dan lecciones allá por donde van. Es complicado, por no decir imposible, encontrar algún grupo (veterano o novel) que esté a su nivel. En esta ocasión le tocaba el turno al “enano gruñón”, que dirían sus detractores. Como es costumbre, no era la primera vez que íbamos a presenciar un concierto suyo en este 2009 que agoniza. En junio, durante las fiestas del Corpus, protagonizó una descarga memorable que, a pesar del sonido deficiente, se ha convertido en uno de los eventos en directo del ejercicio. Aquel día demostró sobradamente, y por si alguien tenía una mínima duda, que sin su voz no hay Accept que valga, por muchos “Tornillos” que le quieran meter Wolf Hoffman y Peter Baltes a la mítica formación germana.

El planteamiento de esta gira era distinto. Simplemente, se trataba de mostrar ante su pública las nuevas canciones que componen “Dominator”. Además, un buen puñado de cortes esenciales en su carrera en solitario y, cómo no, las referencias a Accept pero mucho menores que en un festival. Antes de hablar del concierto, me sorprendió enormemente la escasa asistencia. La sala Heineken estaría, como mucho, a la mitad. Unas trescientas cincuenta personas en su momento álgido. Una pena porque con UDO los locales suelen estar más poblados. No entiendo muy bien la razón. Quizá una mezcla entre saturación de conciertos, crisis y puente en Madrid contribuyeron a este fiasco. Claro que si vienen Iron Maiden, AC/DC o Metallica no hay recesión que valga cuando, paradójicamente, las prestaciones de éstos (obviando los recursos disponibles para el espectáculo) no le llegan ni a la suela del zapato a la del señor Dirkschneider.

Poco, poquísimo público había entrado cuando les tocaba saltar a las tablas a Maxxwell. Completos desconocidos para casi todos, los suizos presentaban un escaso bagaje limitado a su reciente debut, “Dogz on dope”. Con una portada horrenda, su aspecto externo engañaba porque el quinteto de Lucerna parecía que iba a “deleitarnos” con una sobredosis de modernidad que no sería del agrado de la mayoría. Pelos cortos, gorros de lana y sin aspecto “heavy”, arrancaron con “Locked up”, la canción que abre su disco. En un caso típico de acción – reacción un nombre me vino, ipso facto, a mi mente en cuanto escuché a Nobi Suppiger cantar: Steve Lee. El vocalista de Gotthard es influencia para muchos de sus compatriotas. Esa voz rota les delata. Nobi no es menos pero, sinceramente, me pareció que la hacía bastante bien. No es especialmente carismática pero cumple su papel de manera notable.

El sonido era bueno por lo que podíamos apreciar las cualidades, o no, de Maxxwell. Con ellos podemos recordar eso de que cuando no esperas nada, te llevas agradables sorpresas. Cogería dos referencias para comparar a los helvéticos: los mencionados Gotthard y otros paisanos, Pure Inc. ¿Por qué? Además de la voz, con los primeros se asemejan por el tipo de música “base” que practican: hard rock. Sin embargo, no son tan clásicos ni comerciales como las huestes de Steve Lee y Leo Leoni. De ahí la alusión a Pure Inc. Maxxwell tiran mucho de las estructuras más modernas y, por qué no, metaleras. Su propuesta es bastante contundente y los riffs de Hef Häfliger (el verdadero líder del grupo) y Ciryl Montavon son poderosos. La parte rítmica (Tom Kirchhofer al bajo y el baterista Oli Häller) es algo más discreta pero tampoco necesitan más.

Dentro de lo que son los teloneros, les dieron bastante protagonismo y prácticamente desgranaron entero “Dogz on dope”. Más de cuarenta minutos fue tiempo suficiente para calentar al personal con temas como “Boogey man” (con comentario de Nobi sobre el hecho curioso de que coincidiera con un corte de UDO), “Big Shot” o “Down and out”. El respetable, que iba accediendo poco a poco a la Heineken, empezó frío, como el ambiente, pero el bueno hacer de los suizos supuso que nos metiéramos en la actuación. Maxxwell, desde arriba, también lo sintieron y se vinieron arriba en la segunda mitad para completar una buena puesta en escena al despedirse con “Bad to the bone”. Seguramente no pegaban en el contexto general más heavy de los aficionados de UDO, pero la ovación al concluir fue más que merecida. Lo tienen difícil para triunfar, como todos los grupos que navegan entre dos mundos (clásico y moderno), pero derrochan energía.

Ahora sí llegaba el momento esperado. Maxxwell fueron fuegos de artificio entretenidos pero la traca final, la “mascletá” quedaba reservada para esta leyenda. Sé que este término es usado con demasiada generosidad y a cualquier advenedizo se le considera “legendario” cuando no merece dicha distinción, pero Udo es un nombre fundamental, no solo en el heavy metal europeo sino a nivel mundial. Asunto distinto es que otros ostenten más honores. Si hay una banda seminal en la Europa continental dentro del género es Accept porque Scorpions quedan cinco pasos por delante en popularidad pero cuarenta por detrás en “pureza”. Los de Hannover optaron por otra vertiente, más comercial, sin duda excelente, pero que les aleja de lo que Accept significaron. De ahí que ver a este pequeño gran hombre sea un acontecimiento. Además, con su “banda rodillo”, arquetipo de maquinaria alemana perfectamente engrasada.

El cambio no fue excesivamente largo aunque ahora veremos por qué diez minutos menos habrían sido vitales. La irrupción del quinteto supuso un estruendo en la sala. Éramos pocos pero ruidosos y alguno, excesivamente pesado como consecuencia del alcohol. Está muy bien la animación y, por supuesto, no estamos en la ópera, pero hay formas y formas. Lo hemos repetido últimamente en alguna otra crónica pero es que hay determinados individuos que solo molestan porque lo grande es que ni tan siquiera se conocen las canciones. Sea como fuere, y con un sonido que estuvo bien aunque lejos de lo ideal, el show comenzó con “The Bogey man”, es decir, el primer corte de “Dominator”. Una cosa que me gustó es que la gente sabía a lo que venía. Me explico. Entiendo que cuando ven a Udo demanden Accept, pero es de necios no conocer, aunque sea un poco, la trayectoria en solitario de este hombre. Por eso, es de aplaudir que la mayoría sí disfrutaban con temas propios, si bien los momentos álgidos llegaban con las referencias al glorioso pasado.

Tanto “The Bogey man” como “Dominator” son canciones de estilo marcial definido. Riffs muy marcados, no excesivamente rápidas, buscando avasallar, en un arte propio de un bulldozer o la selección alemana de fútbol. Sin apasionarme, en estudio me gustan y en directo funcionan. Aunque UDO siempre se caracterizan por ofrecer actuaciones de larga duración resumir su dilatada carrera es imposible. Hay que recordar que son doce discos con esta banda y diez con Accept, por lo que todos tenemos en mente un repertorio distinto e ideal que nunca se cumple. Entonces, llega la diatriba: coger las de siempre, las que más enganchan a la mayoría del público, o variar un poco el set list y tirar del baúl de los recuerdos. Por supuesto, entre ambas opciones elijo la segunda, lo que pasa es que para muchos, a los germanos se les fue la mano cuando cogieron alguna composición “oscura”. Personalmente, pienso que no, pero es una opinión como otra cualquiera.

Uno de los temas más recurrentes es “Independence day” de “Solid”, el álbum posterior al segundo periplo con Accept. En ella empezó el karaoke metal, sello característico de Dirkschneider, pero que, en su caso, solo se hace pesado en instantes puntuales. La primera “golosina” que nos regalaron fue espectacular aunque no todos lo vieron así. Nada menos que el “I don´t wanna be like you”, el single de “Objection overuled”, el disco con el que Accept retomaron su carrera e 1993. Para mí, de lo mejor de la velada, aluciné con esa canción. Aquí podríamos retomar la eterna discusión de si Igor Gianola y Stefan Kaufman pueden hacer el papel del “lobo” Hoffmann. Evidentemente, no, porque Wolf tiene un estilo personalísimo de tocar la guitarra, pero de lo que no tengo dudas es que UDO es mucho más “Accept” que éstos sin Dirkschneider, por mucho Mark Tornillo intente parecerse vocalmente. Otra habitual, “Thunderball” (que se alterna las giras con “Bullet and the bomb”) recibió parabienes y gran acogida.

El segundo segmento de la noche tuvo altibajos en conocimiento de las canciones pero no en calidad. “Mission Nº X” es otra de las que como representa de su disco entra y sale en los tours. Una vez le toca a ella, otra a “24/7”. Igual que “Thunderball”, muy aplaudida. Si hubo un único corte que no me gustó fue “Vendetta”. No me gusta en “Mastercutor” y tampoco en vivo. Me parece aburridísima. Para compensar, otra recuperación, la genial “In the darkness”, balada de su debut “Animal house”. No les quedó de diez, pero me pareció impresionante. Uno de los puntos culminantes de la actuación estaba a punto de ocurrir. No por esperado es menos emocionante. Igor se queda solo en el escenario, empieza a marcar unas notas, se le une Stefan y entonan con sus guitarras la melodía archiconocida de “Princess of the dawn”. El respetable se vuelve loco con ella y Udo usa (y abusa) a sus fieles como instrumento para hacer coros interminables.

Ya sabéis que aquí no amamos los solos pero, al menos, he de reconocer que el de Igor Gianola intentó agradar a la concurrencia y creo que lo consiguió gracias a que el tipo se bajó al público con su guitarra y ejecutó su trozo protagonista entre medias del respetable. Acto seguido enlazaron con la otra enorme sorpresa de la gira. Hablamos del “X-T-C”, composición del “Eat the heat” de Accept, el disco que grabaron con David Reece. Como muchos conocéis por entrevistas previas con Udo Dirkschneider en esta publicación, en las demos que hicieron aún con el cantante en la banda, ya registraron “X-T-C” e, incluso, UDO, como grupo, la han editado en un álbum tributo a Accept y en el directo “Nailed to the metal – The missing tracks”. Lo malo es que prácticamente nadie la conocía. Es plausible el riesgo pero excesivo. Daría un listado de veinte cortes de Accept que habrían tenido gran acogida sin ser habituales (desde “Seawinds” hasta “Aiming high”, pasando por “Love child”, “Screaming for a long bite”, “Flash rocking man”…).

Sin duda, este fue la parte del show donde el público estuvo más parado porque “Infected”, tercera y última referencia a “Dominator”, no tuvo una interpretación tan buena como en estudio, que es de las destacadas. Genial sí fue recuperar “Living on a frontline” de “Faceless world” pero tampoco parecía muy familiarizado el respetable con ella. A mí me supo a gloria, y junto a “In the darkness” y “I don´t wanna be like you”, donde mejor me lo pasé. Eso sí, el punto flaco el solo de batería de Francesco Jovino. Demasiado largo y con intervención estelar de Stefan Kaufman, recuperado aunque fuera un minuto para la causa con una batucada junto a Francesco (recordad que Stefan deja de tocar la batería, como hacía en Accept, por problemas físicos). Como habitualmente, al solo le siguió la marcial “Man and machine”, del disco homónimo, que a mí me sobra pero a otros no, entre ellos al quinteto para quien la canción es insustituible.

Con “Mastercutor” creo que UDO han encontrado un tema que será fijo en futuros repertorios porque es la típica composición cañera y con un estribillo poderoso que le gusta a los seguidores. En cierto sentido, es como “Animal house”, que cayó a continuación, si bien “Mastercutor” es más rápida. Para concluir, Igor y Stefan se quedaron ante la audiencia y puntearon una de las melodías más celebradas del heavy: “Metal heart”. Con toda la sala botando y coreando en el estribillo, se despidieron tras noventa minutos excepcionales, como es marca de la casa. Huelga decir que queríamos más y que los bises son territorio Accept, no sin antes una visita a “Holy”, otro corte “Made in UDO” para levantar el puño y dejarse el alma encima del escenario. El teórico éxtasis llegaba con “Balls to the wall”. No sé la razón (a lo mejor el cansancio por abusar un poco del karaoke metal) pero en los coros centrales no hubo tanta animación como en otras.

Entonces, llegó el bochorno. Tras “Balls to the wall” en la gira se marchaban para volver con la traca final formada por “Burning”, “Fast as a shark” y “I´m rebel”. Sin embargo, un aviso del manager les advirtió para permanecieran en las tablas. Udo dejó caer que no había tiempo para más y solo interpretaron “Burning”, dejándonos con la miel en los labios. Esto tiene tres “culpables” por orden decreciente. Primero, y mayoritariamente, los responsables de Heineken por ser inflexibles. Aun quedaban tres minutos para las once y, entre los dos temas, no hubieran pasado de y cinco o y siete. Pero también hay que apuntarlo un poco en el debe del promotor (si sabes que UDO tocan más de dos horas, habla para que salgan pelín antes) y el manager que debería advertir antes de la situación. Sea como fuere, una hora y cincuenta y cinco minutos de puro heavy metal con un quinteto que no deja enemigos en la batallas. La sensación agridulce final no pude empañar otra lección de los alemanes. ¡Y que dure muchos años!


U.D.O.

 

 

 

 


Maxxwell

 


U.D.O.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Marco Antonio Romero
Fotos: David Ortego