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Cuando todos
te fallen, siempre te quedarán
Saxon, UDO y Dio (recupérese
pronto, maestro). La ecuación
perfecta del metal. Pasan los
años, la juventud se
marchó, pero encima de
un escenario son los ejemplos
más claros de que el
heavy va a tener un problema
cuando esta gente se retire.
Ellos patean culos y dan lecciones
allá por donde van. Es
complicado, por no decir imposible,
encontrar algún grupo
(veterano o novel) que esté
a su nivel. En esta ocasión
le tocaba el turno al “enano
gruñón”,
que dirían sus detractores.
Como es costumbre, no era la
primera vez que íbamos
a presenciar un concierto suyo
en este 2009 que agoniza. En
junio, durante las fiestas del
Corpus, protagonizó una
descarga memorable que, a pesar
del sonido deficiente, se ha
convertido en uno de los eventos
en directo del ejercicio. Aquel
día demostró sobradamente,
y por si alguien tenía
una mínima duda, que
sin su voz no hay Accept que
valga, por muchos “Tornillos”
que le quieran meter Wolf Hoffman
y Peter Baltes a la mítica
formación germana.
El planteamiento
de esta gira era distinto. Simplemente,
se trataba de mostrar ante su
pública las nuevas canciones
que componen “Dominator”.
Además, un buen puñado
de cortes esenciales en su carrera
en solitario y, cómo
no, las referencias a Accept
pero mucho menores que en un
festival. Antes de hablar del
concierto, me sorprendió
enormemente la escasa asistencia.
La sala Heineken estaría,
como mucho, a la mitad. Unas
trescientas cincuenta personas
en su momento álgido.
Una pena porque con UDO los
locales suelen estar más
poblados. No entiendo muy bien
la razón. Quizá
una mezcla entre saturación
de conciertos, crisis y puente
en Madrid contribuyeron a este
fiasco. Claro que si vienen
Iron Maiden, AC/DC o Metallica
no hay recesión que valga
cuando, paradójicamente,
las prestaciones de éstos
(obviando los recursos disponibles
para el espectáculo)
no le llegan ni a la suela del
zapato a la del señor
Dirkschneider.
Poco, poquísimo
público había
entrado cuando les tocaba saltar
a las tablas a Maxxwell. Completos
desconocidos para casi todos,
los suizos presentaban un escaso
bagaje limitado a su reciente
debut, “Dogz on dope”.
Con una portada horrenda, su
aspecto externo engañaba
porque el quinteto de Lucerna
parecía que iba a “deleitarnos”
con una sobredosis de modernidad
que no sería del agrado
de la mayoría. Pelos
cortos, gorros de lana y sin
aspecto “heavy”,
arrancaron con “Locked
up”, la canción
que abre su disco. En un caso
típico de acción
– reacción un nombre
me vino, ipso facto, a mi mente
en cuanto escuché a Nobi
Suppiger cantar: Steve Lee.
El vocalista de Gotthard es
influencia para muchos de sus
compatriotas. Esa voz rota les
delata. Nobi no es menos pero,
sinceramente, me pareció
que la hacía bastante
bien. No es especialmente carismática
pero cumple su papel de manera
notable.
El sonido era
bueno por lo que podíamos
apreciar las cualidades, o no,
de Maxxwell. Con ellos podemos
recordar eso de que cuando no
esperas nada, te llevas agradables
sorpresas. Cogería dos
referencias para comparar a
los helvéticos: los mencionados
Gotthard y otros paisanos, Pure
Inc. ¿Por qué?
Además de la voz, con
los primeros se asemejan por
el tipo de música “base”
que practican: hard rock. Sin
embargo, no son tan clásicos
ni comerciales como las huestes
de Steve Lee y Leo Leoni. De
ahí la alusión
a Pure Inc. Maxxwell tiran mucho
de las estructuras más
modernas y, por qué no,
metaleras. Su propuesta es bastante
contundente y los riffs de Hef
Häfliger (el verdadero
líder del grupo) y Ciryl
Montavon son poderosos. La parte
rítmica (Tom Kirchhofer
al bajo y el baterista Oli Häller)
es algo más discreta
pero tampoco necesitan más.
Dentro de lo
que son los teloneros, les dieron
bastante protagonismo y prácticamente
desgranaron entero “Dogz
on dope”. Más de
cuarenta minutos fue tiempo
suficiente para calentar al
personal con temas como “Boogey
man” (con comentario de
Nobi sobre el hecho curioso
de que coincidiera con un corte
de UDO), “Big Shot”
o “Down and out”.
El respetable, que iba accediendo
poco a poco a la Heineken, empezó
frío, como el ambiente,
pero el bueno hacer de los suizos
supuso que nos metiéramos
en la actuación. Maxxwell,
desde arriba, también
lo sintieron y se vinieron arriba
en la segunda mitad para completar
una buena puesta en escena al
despedirse con “Bad to
the bone”. Seguramente
no pegaban en el contexto general
más heavy de los aficionados
de UDO, pero la ovación
al concluir fue más que
merecida. Lo tienen difícil
para triunfar, como todos los
grupos que navegan entre dos
mundos (clásico y moderno),
pero derrochan energía.
Ahora sí
llegaba el momento esperado.
Maxxwell fueron fuegos de artificio
entretenidos pero la traca final,
la “mascletá”
quedaba reservada para esta
leyenda. Sé que este
término es usado con
demasiada generosidad y a cualquier
advenedizo se le considera “legendario”
cuando no merece dicha distinción,
pero Udo es un nombre fundamental,
no solo en el heavy metal europeo
sino a nivel mundial. Asunto
distinto es que otros ostenten
más honores. Si hay una
banda seminal en la Europa continental
dentro del género es
Accept porque Scorpions quedan
cinco pasos por delante en popularidad
pero cuarenta por detrás
en “pureza”. Los
de Hannover optaron por otra
vertiente, más comercial,
sin duda excelente, pero que
les aleja de lo que Accept significaron.
De ahí que ver a este
pequeño gran hombre sea
un acontecimiento. Además,
con su “banda rodillo”,
arquetipo de maquinaria alemana
perfectamente engrasada.
El cambio no
fue excesivamente largo aunque
ahora veremos por qué
diez minutos menos habrían
sido vitales. La irrupción
del quinteto supuso un estruendo
en la sala. Éramos pocos
pero ruidosos y alguno, excesivamente
pesado como consecuencia del
alcohol. Está muy bien
la animación y, por supuesto,
no estamos en la ópera,
pero hay formas y formas. Lo
hemos repetido últimamente
en alguna otra crónica
pero es que hay determinados
individuos que solo molestan
porque lo grande es que ni tan
siquiera se conocen las canciones.
Sea como fuere, y con un sonido
que estuvo bien aunque lejos
de lo ideal, el show comenzó
con “The Bogey man”,
es decir, el primer corte de
“Dominator”. Una
cosa que me gustó es
que la gente sabía a
lo que venía. Me explico.
Entiendo que cuando ven a Udo
demanden Accept, pero es de
necios no conocer, aunque sea
un poco, la trayectoria en solitario
de este hombre. Por eso, es
de aplaudir que la mayoría
sí disfrutaban con temas
propios, si bien los momentos
álgidos llegaban con
las referencias al glorioso
pasado.
Tanto “The
Bogey man” como “Dominator”
son canciones de estilo marcial
definido. Riffs muy marcados,
no excesivamente rápidas,
buscando avasallar, en un arte
propio de un bulldozer o la
selección alemana de
fútbol. Sin apasionarme,
en estudio me gustan y en directo
funcionan. Aunque UDO siempre
se caracterizan por ofrecer
actuaciones de larga duración
resumir su dilatada carrera
es imposible. Hay que recordar
que son doce discos con esta
banda y diez con Accept, por
lo que todos tenemos en mente
un repertorio distinto e ideal
que nunca se cumple. Entonces,
llega la diatriba: coger las
de siempre, las que más
enganchan a la mayoría
del público, o variar
un poco el set list y tirar
del baúl de los recuerdos.
Por supuesto, entre ambas opciones
elijo la segunda, lo que pasa
es que para muchos, a los germanos
se les fue la mano cuando cogieron
alguna composición “oscura”.
Personalmente, pienso que no,
pero es una opinión como
otra cualquiera.
Uno de los
temas más recurrentes
es “Independence day”
de “Solid”, el álbum
posterior al segundo periplo
con Accept. En ella empezó
el karaoke metal, sello característico
de Dirkschneider, pero que,
en su caso, solo se hace pesado
en instantes puntuales. La primera
“golosina” que nos
regalaron fue espectacular aunque
no todos lo vieron así.
Nada menos que el “I don´t
wanna be like you”, el
single de “Objection overuled”,
el disco con el que Accept retomaron
su carrera e 1993. Para mí,
de lo mejor de la velada, aluciné
con esa canción. Aquí
podríamos retomar la
eterna discusión de si
Igor Gianola y Stefan Kaufman
pueden hacer el papel del “lobo”
Hoffmann. Evidentemente, no,
porque Wolf tiene un estilo
personalísimo de tocar
la guitarra, pero de lo que
no tengo dudas es que UDO es
mucho más “Accept”
que éstos sin Dirkschneider,
por mucho Mark Tornillo intente
parecerse vocalmente. Otra habitual,
“Thunderball” (que
se alterna las giras con “Bullet
and the bomb”) recibió
parabienes y gran acogida.
El segundo
segmento de la noche tuvo altibajos
en conocimiento de las canciones
pero no en calidad. “Mission
Nº X” es otra de
las que como representa de su
disco entra y sale en los tours.
Una vez le toca a ella, otra
a “24/7”. Igual
que “Thunderball”,
muy aplaudida. Si hubo un único
corte que no me gustó
fue “Vendetta”.
No me gusta en “Mastercutor”
y tampoco en vivo. Me parece
aburridísima. Para compensar,
otra recuperación, la
genial “In the darkness”,
balada de su debut “Animal
house”. No les quedó
de diez, pero me pareció
impresionante. Uno de los puntos
culminantes de la actuación
estaba a punto de ocurrir. No
por esperado es menos emocionante.
Igor se queda solo en el escenario,
empieza a marcar unas notas,
se le une Stefan y entonan con
sus guitarras la melodía
archiconocida de “Princess
of the dawn”. El respetable
se vuelve loco con ella y Udo
usa (y abusa) a sus fieles como
instrumento para hacer coros
interminables.
Ya sabéis
que aquí no amamos los
solos pero, al menos, he de
reconocer que el de Igor Gianola
intentó agradar a la
concurrencia y creo que lo consiguió
gracias a que el tipo se bajó
al público con su guitarra
y ejecutó su trozo protagonista
entre medias del respetable.
Acto seguido enlazaron con la
otra enorme sorpresa de la gira.
Hablamos del “X-T-C”,
composición del “Eat
the heat” de Accept, el
disco que grabaron con David
Reece. Como muchos conocéis
por entrevistas previas con
Udo Dirkschneider en esta publicación,
en las demos que hicieron aún
con el cantante en la banda,
ya registraron “X-T-C”
e, incluso, UDO, como grupo,
la han editado en un álbum
tributo a Accept y en el directo
“Nailed to the metal –
The missing tracks”. Lo
malo es que prácticamente
nadie la conocía. Es
plausible el riesgo pero excesivo.
Daría un listado de veinte
cortes de Accept que habrían
tenido gran acogida sin ser
habituales (desde “Seawinds”
hasta “Aiming high”,
pasando por “Love child”,
“Screaming for a long
bite”, “Flash rocking
man”…).
Sin duda, este
fue la parte del show donde
el público estuvo más
parado porque “Infected”,
tercera y última referencia
a “Dominator”, no
tuvo una interpretación
tan buena como en estudio, que
es de las destacadas. Genial
sí fue recuperar “Living
on a frontline” de “Faceless
world” pero tampoco parecía
muy familiarizado el respetable
con ella. A mí me supo
a gloria, y junto a “In
the darkness” y “I
don´t wanna be like you”,
donde mejor me lo pasé.
Eso sí, el punto flaco
el solo de batería de
Francesco Jovino. Demasiado
largo y con intervención
estelar de Stefan Kaufman, recuperado
aunque fuera un minuto para
la causa con una batucada junto
a Francesco (recordad que Stefan
deja de tocar la batería,
como hacía en Accept,
por problemas físicos).
Como habitualmente, al solo
le siguió la marcial
“Man and machine”,
del disco homónimo, que
a mí me sobra pero a
otros no, entre ellos al quinteto
para quien la canción
es insustituible.
Con “Mastercutor”
creo que UDO han encontrado
un tema que será fijo
en futuros repertorios porque
es la típica composición
cañera y con un estribillo
poderoso que le gusta a los
seguidores. En cierto sentido,
es como “Animal house”,
que cayó a continuación,
si bien “Mastercutor”
es más rápida.
Para concluir, Igor y Stefan
se quedaron ante la audiencia
y puntearon una de las melodías
más celebradas del heavy:
“Metal heart”. Con
toda la sala botando y coreando
en el estribillo, se despidieron
tras noventa minutos excepcionales,
como es marca de la casa. Huelga
decir que queríamos más
y que los bises son territorio
Accept, no sin antes una visita
a “Holy”, otro corte
“Made in UDO” para
levantar el puño y dejarse
el alma encima del escenario.
El teórico éxtasis
llegaba con “Balls to
the wall”. No sé
la razón (a lo mejor
el cansancio por abusar un poco
del karaoke metal) pero en los
coros centrales no hubo tanta
animación como en otras.
Entonces, llegó
el bochorno. Tras “Balls
to the wall” en la gira
se marchaban para volver con
la traca final formada por “Burning”,
“Fast as a shark”
y “I´m rebel”.
Sin embargo, un aviso del manager
les advirtió para permanecieran
en las tablas. Udo dejó
caer que no había tiempo
para más y solo interpretaron
“Burning”, dejándonos
con la miel en los labios. Esto
tiene tres “culpables”
por orden decreciente. Primero,
y mayoritariamente, los responsables
de Heineken por ser inflexibles.
Aun quedaban tres minutos para
las once y, entre los dos temas,
no hubieran pasado de y cinco
o y siete. Pero también
hay que apuntarlo un poco en
el debe del promotor (si sabes
que UDO tocan más de
dos horas, habla para que salgan
pelín antes) y el manager
que debería advertir
antes de la situación.
Sea como fuere, una hora y cincuenta
y cinco minutos de puro heavy
metal con un quinteto que no
deja enemigos en la batallas.
La sensación agridulce
final no pude empañar
otra lección de los alemanes.
¡Y que dure muchos años!
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U.D.O.


Maxxwell



U.D.O.








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