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La unión entre el jazz y el cine es de las más fructíferas, tanto en calidad como en cantidad, dentro del panorama cultural del presente siglo. Nos viene a la memoria una serie de ejemplos significativos en los que se aborda este fenómeno musical desde prismas radicalmente diferentes.

Cootom Club y Kansas City son historias de amor, cercanas al cine negro, con el jazz como incomparable telón de fondo. Byrd, de Clint Eastwood, es una biografía de uno de los músicos emblemáticos del "Be-Bop", Charlie Parker. Woody Allen en Acuerdos y Desacuerdos recrea la historia de un guitarrista de jazz. Win Wenders en Buenavista Club Social se acerca al jazz latino con un documental…

Por el contrario Calle 54 no es un documental, sino una película con la música, el jazz latino, como absoluto protagonista, ya que todos los recursos técnicos, narrativos, culturales y artísticos de Fernando Trueba están al servicio de ella. El objetivo de esta película es que el espectador oiga y vea la ejecución en directo de estas músicas mejor que en casa o, incluso, en un concierto en vivo.

Como el mismo Trueba escribió en 1998 en el jazz latino hay "clasicismo e innovación, tradición y vanguardia, belleza y experimentación, todo en dosis perfectamente mezcladas". Todos estos conceptos están presentes en su película. Su papel como cineasta es el de maestro de ceremonias, correa de transmisión, tratando de acortar la distancia entre los espectadores y las músicas propuestas.

Calle 54 es una película cálida, que enamora, llena de adorables contrastes, el frió, la nieve siempre presente en el rodaje de los documentos verbales con cada uno de los artistas frente a los envoltorios de color con que ha rodado Trueba a cada músico. Además como en una colección de cuentos, cada ejecución musical recibe un tratamiento visual diferente, primando en todos ellos la unidad sonora al haber grabado excelentemente todas las composiciones en un mismo emplazamiento físico (Operadores de Sonido: Pierre Gamet & Martín Gamet).

Teniendo en cuenta que cada pieza es una historia viva en si misma, es una gozada asistir al ceremonial que supone bucear en suaves travellings circulares introductorios de cada artista hasta a su posterior desarrollo. Las diferentes apariciones han sido rodadas con seis cámaras cubriendo un área de rodaje cada una de ellas pero con la libertad de movimientos que supone la cercanía suficiente a las canciones como para prever la manera de recogerlas, por lo que queda un sensación gozosa al asistir al ejercicio de maestría y acierto.

En la película sucede como en las canciones que se recogen, son poli rítmicas, siempre esta sucediendo algo, quizás con sencillez esta es la mejor manera de describir el excelente manjar que supone para los sentidos acercarse a una oferta abierta y experimental.

A lo largo de la cinta se asiste a todo un ejercicio de, coherencia narrativa, cinematográfica y musical, puesto que todos los detalles han sido cuidados; desde el orden de las apariciones, arrancando con Paquito Rivera y su “Suite Panamericana” definitivo mapa musical, tapiz de todos los ritmos, el nudo dosificado de la película, no rueda dos pianistas seguidos, dos solos seguidos, por lo que mantiene cierta coherencia, hasta el encuentro, en el final, de padre y el hijo, Bebo Valdés y Chucho Valdés interpretando “La comparsa”.

Inolvidable resulta el pie descalzo de Eliane Elías, pianista brasileña, sobre el pedal subiendo lentamente, a contraluz, se agolpan las emociones ante la sensualidad y la emoción que transpira de la impecable ejecución técnica de la “Samba Triste”. Tardaremos tiempo en olvidar la luz azul y violeta que acompaña la delirante “From Within” del prodigioso Michel Camillo, ni a Tito Puente en su blanco paraíso, ni a Chico Farelli, rodado en blanco y negro pues la imagen que asocia Trueba a la época en que nació esta música... seguramente no podremos borrar de nuestros oídos y memorias este mosaico de artistas vitalistas, sobre vividores, exiliados, política y musicalmente que profesan un amor tangible, en la película, hacia la música que se toca.


Calle 54 no pretende ser un catalogo sonoro sobre esta corriente musical, ni realiza un recorrido histórico, es algo mucho más sensorial basado en la música que se ofrece con el objetivo de enganchar a quien conoce estos sonidos y enamorar a los profanos de estas cálidas y apasionadas melodías.