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SINOPSIS
En vísperas
de su marcha para Japón,
Rob considera que su fiesta
de despedida es una buena oportunidad
para confesar sentimientos sin
resolver y atar cabos sueltos.
Pero sus planes toman un giro
inesperado cuando la ciudad
sufre una fuerte sacudida. La
multitud se mantiene en un principio
callada para ver las noticias
de un terremoto, y luego se
apresura a la azotea para evaluar
los daños. Una explosión
de vislumbra en el lejano horizonte.
La confusión y el pánico
se apodera de las calles.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Con esta película
da la sensación de que
la huelga de guionistas comenzó
mucho antes de lo que nos han
contado en los telediarios.
En este caso se trata de una
huelga encubierta, porque alguien
firma un guión inexistente,
un entreacto alargado hasta
la saciedad.
La cosa empieza
en una fiesta juvenil que se
alarga, como todo en este filme,
mucho más de lo necesario
y de lo humanamente tolerable,
para contarnos las relaciones
entre un grupo de estereotipados
adolescentes neoyorquinos. Después
irrumpe el caos. No sabemos
de donde viene, ni porqué,
ni cómo se combate, ni
qué estrategia sigue.
Sólo contemplamos escenas
de destrucción y el consiguiente
pánico de la tropa, incluidos
la de los adolescentes. Caos,
destrucción, reacciones
poco realistas de los protagonistas
y ninguna respuesta a las dudas
razonables del espectador, eso
es lo que ofrece este Montruoso
filme.
En fin que
todo es un despropósito
en esta película que
promete mucho y ofrece nada.
Hasta la “ocurrencia”
de que poner a un personaje
con una videocámara en
la mano, a lo The Blair Witch
Project, resulta pesada por
ser llevada hasta el final,
y contraproducente desde un
punto de vista cinematográfico,
ya que hurta la calidad de unos
buenos planos en aras de un
realismo que nos se consigue
ni por asomo.
Sobra decir
que me aburrí soberanamente
en el cine viendo esta memez
pretenciosa, eso sí,
muy bien vendida por los mejores
profesionales que han intervenido
en este filme: los responsables
del marketing. Es una lástima,
porque el género y sus
seguidores no merecen tanto
despropósito. ¡Viva
Gamera! |