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SINOPSIS
Tras una difícil
ruptura sentimental, Elizabeth
se dispone a hacer un viaje
a través de los Estados
Unidos dejando atrás
una vida de recuerdos y un nuevo
amigo, un inglés propietario
de un café en Nueva York.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
“My Blueberry
Nights” no es otra película
de Wong Kar Wai. No es otra
“Happy Together”,
ni “In the Mood for Love
(Deseando Amar)”, ni siquiera
otra “2046”. En
definitiva, nada de mujeres
chinas vestidas de los años
60 envueltas en clásicos
de la música popular
occidental.
El director
chino, criado en Hong Kong,
ha querido alejarse de sus últimas
entregas yéndose a filmar
a Estados Unidos y le ha entregado
a la debutante Norah
Jones la responsabilidad
de unir una serie de historias
que se desarrollan en Nueva
York, Tenessee y Nevada.
Ella necesita
alejarse y se embarca en ese
viaje sin destino en busca de
soluciones para su vida. Sin
embargo, desde el punto de vista
del espectador, el interés
del trayecto acabará
por superar la exploración
interior de la protagonista.
La fuerza dramática
de los acontecimientos la relega
a un segundo plano, convirtiéndose
en una simple testigo, en una
mera narradora de unas historias
con entidad propia, bien construidas
y mejor interpretadas.
Natalie
Portman sólo necesita
unos minutos para dejar en la
retina de los cinéfilos
la imagen de una seductora jugadora,
mientras Jude
Law cautiva al espectador
encarnando a un ensoñador.
Rachel Weisz es pura sensualidad,
el “talón
de Aquiles” de David
Strathairn (“Buenas Noches
y buena suerte”), genial
en su interpretación
de un policía borracho.
Wong Kar Wai
vuelve para entregarnos una
delicia otoñal que ya
estrenó
en Cannes. Una obra casi
teatral impregnada de una fotografía
saturada de colores, y aderezada
con la música del mítico
Ry
Cooder (“Paris, Texas”)
y algunas canciones de la propia
Norah Jones.
Muy probablemente,
esta diserción sobre
la soledad no sea la mejor película
del director chino. Sin embargo,
“My
Blueberry Nights” significa
su intento de avanzar hacia
un cine diferente, sin perder
su estilo propio, aquel que
le ha hecho mundialmente famoso. |