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LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON

Anoche soñé que Clint Eastwood me entregaba el oscar, el Dorothy Chandler Pavillion estaba a rebosar, el hombre sin nombre me felicitaba ofreciéndome una pícara sonrisa y todas las starts se volvían locas de envidia.

Anoche soñé que mis manos quedaban inmortalizadas en el paseo de la fama, exploraban a sus vecinas, unas preciosas, grandes y cuidadas del señor Cary Grant y otras alargadas y huesudas, las de Barbara Stanwyck.

Anoche soñé que me compraba un montón de ropa de Carolina Herrera y de Armani en lujosas tiendas de Rodeo Drive, mientras me probaba un vestido de seda negro al lado Julia Roberts se probaba uno de Versace, la mar de bien que nos sentaban a las dos.

Anoche soñé con una banda de gángsters, no cesaban de perseguirme, Edward G. Robinson y James Cagney encabezaban el clan, me torturaban, yo cantaba como una descosida y luego me tiraban precipicio abajo en un tal Mulholland, mi existencia se acababa allí.

Anoche soñé que me paseaba por el Monumental Valley, los indios en plena vorágine ritual no me hacían el menor caso, en cambio John Ford me agarró del brazo, me puso en medio de aquellos indios, me guiñó un ojo y gritó, acción.

Anoche soñé que perdía todos mis ahorros en el mejor casino de Las Vegas, enloquecida pedía préstamos y volvía a perder, no podía afrontar mis deudas, unos hombres mal educados y mal hablados, sobre todo uno bajito al que al parecer se la sudaba todo, me encerraban en un maletero, me acribillaban a balazos y me enterraban en el infinito del desierto.

Anoche soñé en una joyería con muchos diamantes, Tiffanys, quería comprarme un anillo con mis iniciales grabadas costara lo que costara, en este sueño tenía dinero a montones.

Anoche soñé que me alojaba en un hotelazo de cinco estrellas en Palm Springs y para encima mi acompañante Richard Gere se derretía con mi presencia.

Anoche soñé que los pétreos presidentes que Hitchcock inmortalizó en su North by northwest se reían de mis chistes y me contaban otros que podrían hacer enrojecer a mas de uno, eran muy simpáticos esos señores.

Anoche soñé que era la única espectadora en algún teatro de Broadway contemplando el buen hacer de Al Pacino con una obra del maestro Mamet, al final me preguntaba si quería tomar unas copas con él, ¡cómo no iba a querer¡.

Anoche soñé, bendita ilusión.

 
Ángeles García Requejo