|
SINOPSIS
Irene vive
con su hijo, David, un joven
estudiante de arquitectura,
y con su padre, Mateo, un anciano
vitalista a pesar de su trágica
historia: Mateo era casi un
niño durante la Guerra
Civil y en la represión
posterior a la contienda perdió
su casa y a toda su familia.
David ha encontrado
a Clara, o Clara lo ha encontrado
a él, en el hipermercado
cercano del que ella es cajera,
y entre ellos ha surgido no
sólo el amor sino también
la comprensión, la complicidad.
LA
HEMOS VISTO Y NOS PARECE QUE...
Patricia Ferreira
ha hecho una película
sentimental que se pasea permanentemente
por el peligroso filo de la
sensiblería, debido a
una excesiva apelación
a la humedad del lacrimal. Aún
así hay cosas muy buenas
en el film, hallazgos en el
guión que compensan el
soponcio que se lleva uno al
ver este historia de trágicas
pérdidas. Y ese hallazgo
es la exploración del
tema de la memoria, tanto en
su manifestación más
íntima y encarnada en
la pérdida de seres queridos,
como en su vertiente reivindicativa,
esa que apela al movimiento
creciente de recuperación
de la memoria histórica
y que encarna el personaje de
Fernán Gómez,
que está soberbio en
su interpretación de
Mateo, el abuelo.
La memoria,
aunque goza de un merecido prestigio,
es muchas veces una cualidad
rebelde, hiriente, torturante.
Hay veces que los recuerdos
que nos gustaría olvidar
acuden inoportunos a nuestra
cabeza como flechas que laceran
nuestro equilibrio emocional,
muchas veces sostenido a base
de artificiosas amnesias. Y
otras veces falla, es selectiva
o conseguimos doblegarla en
parte, aunque en el esfuerzo
nos quedemos perdidos por ese
tortuoso camino del que no quiere
recordar. Pues bien, de todas
estas cosas habla la película
de Ferreira y de la particular
relación que mantienen
los personajes con los recuerdos
de vivencias propias y familiares.
Los contrastes entre esas diferentes
maneras de afrontar la memoria,
y por tanto la vida, son los
que producen los mejores momentos
de una película que se
recrea en los personajes.
Hay otros temas:
las relaciones entre madre e
hijo, tensas por un sentido
posesivo y de protección
mal entendida; la historia del
abuelo, que apela a aquella
guerra fraticida olvidada para
vergüenza de las víctimas...
Pero no dejan de ser ramificaciones
del gran tema que ya anuncia
el título de la película,
la memoria y su antagonista,
el olvido. El compromiso de
la directora de abordar estos
temas es su mayor acierto, pese
al contexto excesivamente dramático
en el que lo ha situado.
Para tirar
de esta historia de personajes
sobre los que recae el peso
de la memoria o del olvido,
pero que en cualquier caso tienen
que mostrar una vida pasada
y presente, la película
cuenta con un reparto siempre
solvente y en ocasiones brillante
como es el caso de Emma Vilarasau
y de Fernando Fernán
Gómez (qué voz,
qué presencia, qué
mirada, qué sabiduría
interpretativa). Los actores
jóvenes también
están a la altura, Roger
Coma, actor habitual en las
películas de Ventura
Pons, Marta Etura, Victor Mosqueira
y Mónica García,
hacen que este “Para Que
No Me Olvides” adquiera
la textura de un film dramático
que bucea en las profundidades
de la memoria a través
de sus miradas e historias conexas.
|




|