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De nada me
arrepiento si mañana
el cielo sigue ahí,
si sigo pisando el suelo por
qué he de protestar,
por qué he de gritar
si todo sigue como hasta ahora.
Mientras las estrellas vuelvan
cada noche a mi sofá
seguiré pensando que
todo está en orden aquí
abao.
Por qué he de salir a
la calle a vocear infelicidades.
De poco puedo arrepentirme
si llenas el hueco de mi cama
y haces oídos sordos
a mis excesos nocturnos con
la madrugada.
De nada me serviría airear
mis penas a cualquier particular.
Para qué malear mi vida
con tontos arrebatos de imprudencias
si aún me queda la luna,
la noche, un corazón,
un amor.
de qué serviría
despistar a los instintos en
una noche como ésta.
Que bajen los buitres y se
coman estos huesos si alguna
vez
rechacé un envite de
la irascible diosa de la lujuria.
Pero, de qué sirven los
besos que se dan si no vuelven
jamás.
De qué sirven los corazones
que dejamos atrás, adónde
huirán,
quiénes los aceptarán
una vez usados y con fecha de
caducidad.
De qué sirve entonces
quejarse de lo que ha de venir.
De nada me arrepiento si el
cielo sigue ahí, encima
de mí
mirándome con ojos de
madre y mirada de esposa.
Por qué voy a gritar
si todo va a seguir como siempre.
De poco voy a quejarme si me
besas detrás de la oreja
y murmuras que me quieres más
que ayer y menos que mañana.
Quizá, quién sabe,
yo sienta lo mismo en esta vil
madrugada. |